Artículos escritos por Antonio Fernández Ortiz

Tiempo Ensimismado

Entrevista a Antonio Fernández Ortiz: El tiempo de la vida y de la tierra

Tiempo EnsimismadoEl tiempo de la vida y de la tierra

Entrevista a Antonio Fernández Ortiz

Por José M. Mariscal Cifuentes

 

Publicada en la revista El Viejo Topo, número 402-403 de julio/agosto de 2021

 

 

 

 

Antonio Fernández Ortiz (Cieza, Murcia) trabajó en el campo desde la infancia, aprendiendo de su familia el oficio de agricultor. Tras licenciarse en Historia, llegó a Moscú para investigar en un centro adscrito a la Academia de Ciencias de la URSS. Ha publicado diversos artículos en revistas rusas y españolas, así como libros sobre la Unión Soviética. Su último libro, una novela: El tiempo ensimismado (Piel de Zapa, 2021).

Lo que más llama la atención de tu obra literaria es la conexión que en ambas novelas mantienes entre Rusia y Espartania, algo que tiene que ver con tu propia biografía, pero has hallado nexos de carácter histórico y antropológico, en torno a la categoría del campesinado, que trascienden esa biografía.

El lugar del que procedo, en el que crecí, era el del mundo campesino; mejor dicho lo que quedaba de dicho mundo en España en el último tercio del pasado siglo. Mi familia, las gentes que me rodeaban, los compañeros de trabajo de mis padres y de mis tíos, eran jornaleros que tenían, la mayoría de ellos, unas pequeñas parcelas de tierra que trabajaban cuando podían, con un modelo antropológico profundamente solidario, de cierta concepción de la fraternidad asentada en la práctica de la ayuda mutua.

Luego, cuando voy a la Universidad me imbuyo en lecturas e interpretaciones que provocan un primer choque con mi propia vivencia. Me encuentro que para las interpretaciones del marxismo vulgar que voy conociendo el campesino es presentado poco menos que como un pequeñoburgués, un elemento desclasado que indefectiblemente terminaba convirtiéndose en clase obrera o burguesía rural, algo que no tiene nada que ver con lo que yo había visto y vivido. Y resulta que la Revolución rusa, la aprendo entonces, como revolución obrera, y también se deslizan interpretaciones en las que la crítica a la Unión Soviética procede de su descalificación como verdadero comunismo, pues el protagonismo del elemento campesino daba al traste con la pureza del proceso.

Y precisamente te vas a Rusia cuando acabas los estudios de Historia.

Efectivamente, con ese bagaje y con mi título me vengo a Rusia. Pasado un tiempo, cuando ya había adquirido cierta fluidez con el idioma y me sentí en disposición de participar en un seminario al que me invitan, escribo una ponencia. Yo tenía muy trillado “El origen del capitalismo en Rusia”, el escrito de juventud de Lenin, y desde él presenté un artículo, digamos, canónico: la transición del feudalismo al capitalismo, etc. Pues bien, presenté el trabajo y Sergei Kará-Murzá me cogió en un aparte para decirme que tenía dos opciones, seguir basándome en modelos y en puntos de vista que sobre el modelo soviético se tienen en occidente, o querer entender la Unión Soviética de verdad, en cuyo caso debería, no olvidar, sino aparcar la literatura marxista. Me indicó que me zambullese en la filosofía rusa, especialmente la filosofía cristiana rusa. Cuando en la biblioteca Lenin me prestan algunos de los libros de una extensa lista me encuentro con muchas ediciones originales del siglo XIX escritas en ruso con el alfabeto anterior a la Revolución.

¿Eso era un problema?

Claro, tiene que ver con los caracteres del alfabeto cirílico que usaba el ruso antes de la normalización de 1918. Fue complicado al principio, pero poco a poco, y con una paciencia infinita para no caer en la desesperación, fui traduciendo páginas y familiarizándome con aquello, y creo que es el tiempo mejor empleado de mi vida. Y es que después de aclararme con la forma del idioma, tuve que hacerlo con el contenido de aquellos escritos, autores poco o nada conocidos en occidente como Piotr Chaadaev, contemporáneo de Pushkin y uno de los padres de la filosofía moderna rusa; Nikolai Fiodorov, el padre del cosmismo ruso; Konstantin Leontev y sus reflexiones sobre el mundo eslavo y tártaro-mongol; Vladimir Vernadskii y sus concepciones sobre la biosfera, además de los pensadores eslavófilos o populistas que hicieron auténticas obras etnográficas, algunas no exentas de idealizaciones. Para poder entenderlos tuve también que ir leyendo la historia agraria de Rusia, conocer las estructuras del campo soviético, el papel de la comunidad campesina, su derecho consuetudinario, … Me encuentro con hilos de los que tirar, con hilos de los que aún estoy tirando. Por ejemplo leo que el mundo campesino ruso fue destruido por el estalinismo y la colectivización del campo, pero yo comienzo a viajar por el país y a conocerlo y el ambiente que me encuentro es muy campesino. Y como contraste Yakovlev, secretario del Comité Central y jefe del departamento de Agitación y Propaganda, uno de los arquitectos de la perestroika, dice que el koljós soviético es una prolongación del socialismo campesino ruso, y que por lo tanto hay que desmantelarlo. Un gran puzle que me empeñé en resolver…

¿Seguías teniendo aquella pregunta originaria en el fondo? Quiero decir, cuando ibas haciendo ese trabajo, ¿tratabas de dar respuesta a aquel primer choque entre la academia y tu experiencia vivencial con respecto al campesinado? ¿Comprendiste desde Rusia a Espartania?

Así es, por desgracia y por suerte. Por desgracia porque resulta desolador que la Universidad de Murcia esté a 40 kilómetros de mi pueblo y a 5 de la huerta murciana y, sin embargo viva ajena al mundo que inmediatamente le rodea, un choque asentado en el desprecio o al menos una desconsideración, una falta de comprensión del mundo rural. Por suerte, porque todo ese estudio y la investigación me hace ver la gran conexión entre esta tierra y la mía, y no se trata de una conexión de alta cultura, sino precisamente en torno a las estructuras y herencias del mundo campesino.

Pero eres historiador y has escrito numerosos ensayos, algunos de ellos publicados por El Viejo Topo y, sin embargo, decides mostrar esa conexión telúrica a través de la narrativa, no mediante un estudio comparativo.

Precisamente porque se trata, como bien dices, de una conexión telúrica. He tenido la ocasión de escuchar decenas de relatos orales sobre vicisitudes particulares de personajes cuya verosimilitud sólo es abordable desde la fantasía. Yo tenía la necesidad de mostrar esos relatos y el fruto fue Memorias de Espartania (su primera novela, ed. Montesinos), donde se trataba de homenajear a mi familia. Mi abuelo fue de los que fundaron el PCE en la región, y yo ya sabía que el partido no es solamente una cuestión de obreros, sino de campesinos. En El tiempo ensimismado sigue apareciendo esa constelación de personajes y hechos históricos que constituyen y dan cuenta de un modo de vida, de una concepción del mundo que ha sido arrasada por la Modernidad capitalista. El anecdotario de la novela es un haz de pinceladas picarescas e irónicas que son parte importante de la vida de los pueblos. Me parecía que la narrativa me permitía completar las piezas del puzle con la imaginación y que eso, a la vez, mostraba de una manera más adecuada el mundo de la vida.

También vas entonces incorporando elementos de análisis que te hacen entender el proceso revolucionario en la Unión Soviética y sus conflictos internos, uno de tus temas favoritos.

Es que la visión desde occidente de los conflictos internos del proceso revolucionario soviético es simplista y maniquea. En la Universidad, por ejemplo, se contaba como ejemplo de la represión estalinista el juicio sobre el general Tujachevskii. Sin embargo, en Rusia descubro cosas espeluznantes, como su represión de la rebelión de los campesinos en la región de Tambov. El conflicto de los años 30 tiene que ver con revolucionarios de la vieja guardia que no entienden ni soportan la presencia del mundo campesino en la Revolución, y sobre todo no soportan que, en un momento determinado, esos jóvenes que acceden al partido a través del Konsomol, que hacen su proceso de alfabetización, que estudian, que se hacen ingenieros, van ascendiendo y desplazando a la vieja guardia que se niegan a salir. ¿Cómo es posible que un miembro del Ejército Rojo tenga una actitud represiva tan fuerte hacia los campesinos? ¿Por qué esa actitud tan violenta, que masacra incluso tras la rendición? Porque para todo esa socialdemocracia obrerista a la alemana el campesinado estorbaba. Es duro de decir, pero es así, y así se entienden muchos conflictos.

¿Y la génesis de la revolución también está influenciada por el mundo campesino?

Por supuesto. Los soviets de obreros en las fábricas eran en realidad soviets de campesinos, porque eso eran, campesinos, su concepción del mundo era campesina, y llevan a la urbe las asambleas campesinas en las que han vivido, en las que han crecido. Es más, son obreros que en las épocas de cosecha vuelven al campo a trabajar, son campesinos que están “liberados” por la familia, porque cuando se produce la liberación de las tierras, los campesinos tiene que pagar un rescate al Estado en moneda, pero no hay moneda en el campo, no da la cosecha para alimentar a la familia y pagar el rescate. Las familias recurren a enviar al joven, al hermano, al hijo, a la fábrica, a la mina, a conseguir dinero.

 

Tiempo ensimismado¿Y qué relación encuentras ahí con el campesinado español?

Es que tienen mucho que ver con lo que ocurre en España. Madoz y Mendizábal echan a los campesinos, por las plazas deambulan enjambres de campesinos sin tierra, esperando a que les elija el capataz de turno o echándose al bandolerismo que propicia la creación de la Guardia Civil. El modelo ruso mantiene el vínculo porque la comunidad campesina, no solo no desprecia, sino que acoge de vuelta a los que se van, los considera y los necesita. Ese vínculo es tan importante que los soldados cuando se van al frente en la primera guerra mundial no solo sufren la guerra sino la distancia y el no poder volver de vez en cuando a su comunidad, a su economía doméstica. No pueden atender los campos ni contribuir al sostenimiento de sus familias, que se están muriendo de hambre. Eso es un factor fundamental de la implosión del ejército ruso, los bolcheviques son campesinos y entienden a la perfección esa dinámica del conflicto bélico.

Es curioso, porque tus personajes siempre vuelven, incluso cuando se encuentran desorientados y caminan a tientas, sus pasos les terminan llevando de vuelta a “su” lugar, a Espartania. ¿Espartania se constituye en un territorio de resistencia, digamos antropológica? ¿De concepción del ser humano en comunidad?

Regresan porque es la base, el fundamento. En el propio desarrollo de la escritura se me fue manifestando una verdad, la verdad de las gentes que vuelven. Lo que vincula a Rusia con España es ese mundo de obreros y campesinos, al mismo tiempo, porque es un modelo en el cual el obrero no es del todo obrero y el campesino no ha dejado de ser campesino, y lo más importante, la solidaridad del mundo cristiano, del mundo campesino se prolonga en el mundo de la producción fabril. No han sido atomizados, no han perdido el vínculo orgánico de la solidaridad, ahí está la clave. No es una solidaridad teórica, es una solidaridad orgánica, y ese es el suelo en el que se asumen los planteamientos revolucionarios, pero como por intuición, porque casan, no porque los campesinos se pusieran a estudiar las cartas de Marx a los populistas rusos o el tomo primero de El Capital. Ellos son los que fundan los partidos comunistas, en España, en Italia, en Rusia. Los manufactureros del Esparto son gente cuyo vínculo con su origen se expresa en valores que no se enuncian sino que se practican. La solidaridad no es una palabra vacía que aparezca en los discursos, es el contenido absoluto de la forma comunitaria que no se resiste a desaparecer con la manufactura, y que está además imbuida de religiosidad. Esa concepción solidaria se la llevan a las fábricas y a la manufactura, y cuando hay una huelga la hacen más con una idea atávica de justicia que por una idea de “derecho”. El concepto de derecho, les es ajeno; sin embargo el de justicia, les es orgánico.

Te has nutrido de relatos escuchados y no directamente vividos, aunque desde esa concepción del tiempo, sí serías de ese tiempo. ¿Hay algo de nostalgia al fondo de tu relato?

En absoluto, no lo creo, entre otras cosas porque ese mundo campesino no tiene nada que ver con una idealización romántica del rural. Es un mundo difícil, no es un mundo idílico, ni se muestra como tal, al contrario, la severidad, las figuras femeninas condenadas a cumplir su rol. No es un mundo fácil, con rivalidades y una violencia estructural, está en el Pascual Duarte o en Los santos inocentes, no sólo la violencia del señorito, sino la situación de violencia estructural donde la idea de justicia está atravesada por las jerarquías. No hay tanto una reivindicación de un mundo pasado sino una muestra de aquel mundo, que no era el mundo de la incultura, sino que era un mundo de gentes con ideales y conocimientos prácticos de vida que se pusieron al servicio de la lucha.

Efectivamente, la violencia es expuesta, no introduces elementos de juicio sobre ella, sino que la muestras de forma descarnada.

Como es. Hay una parte de esa violencia que es estructural, que viene determinada por las relaciones que tienen los personajes, que son, con perdón, relaciones de producción. Creo que es necesario contar como le cortaron las orejas al cura Zorro en un acto de máxima justicia proletaria, eso fue así. Y son las relaciones de producción las que constituyen esa violencia. Se ve también en Shólojov, en Los cuentos del Don o en El Don apacible se muestra la violencia sin tapujos. Los puristas obreristas que consideraban que la revolución tenía que ser pura e inmaculada siempre odiaron a Shólojov porque había tenido la valentía de mostrar la crueldad del conflicto, de la lucha de clases en el campo, y literalmente intentaron matarlo, acusándolo de ser blanco. Quien tuvo que salir en su defensa física e intelectual, y decidió que aquella novela se publicaba, fue Stalin. Eso me ayudó a entender que la mejor manera de mostrar el conflicto en las tierras de Espartania no era precisamente de forma edulcorada y ni mucho menos me iba a conformar definiendo un “deber ser” de esas comunidades, sino más bien mostrando la realidad radical y su angustioso devenir. Por eso decidí abordarlo desde la literatura.

Hablemos del tiempo de El tiempo ensimismado. Me parece que ahí, en el título, está también el tema de tu novela. Es curioso después de lo que has dicho sobre el marxismo académico occidental, porque fue precisamente Marx el que, en el maravilloso capítulo 8 del tomo I de El Capital, realiza un profundo análisis sobre la naturaleza de la temporalidad bajo el capitalismo, y de los violentos esfuerzos para imbuir al campesinado y los pueblos colonizados de un sentido “adecuado” de la temporalidad.

El tiempo ensimismado es el eje del conflicto entre el mundo del campesinado y la modernidad capitalista que destruye ese mundo. Por eso recurro a la casa de Pepín el de las cartas, el lugar donde se encuentran los muertos, porque es el lugar donde se rompe el tiempo, y desde el cual se puede concebir el tiempo desde la eternidad. El tiempo cronológico está roto en la novela, no hay sucesión de hechos, los hechos no son todos al mismo tiempo sino en el mismo tiempo. Y Marx, que no el marxismo ilustrado, tenía razón. Precisamente, en los años 30 en la URSS se produce una lucha por la reconstrucción del tiempo en los espacios industriales, el plan quinquenal tenía un principio racionalizador de la producción, pero es fundamental entender que ese plan no tenía una concepción lineal del tiempo, sino circular, acorde con los ciclos temporales de la naturaleza, del tiempo como contenido de la experiencia humana y no como algo desgajado de ella y a la que después nos sometemos. El plan es la traslación de la concepción campesina del tiempo a la fábrica, y en ese ciclo se produce lo que hay que producir, se recoge la “cosecha” del plan. Se llega al final del plan y nace otro. Para una gente que viene de siglos de funcionar en comunidad, no hay que olvidar que aunque la tierra era de los señores feudales, la gestión comunitaria, como costumbre campesina, es un hecho histórico. Autogestión del tiempo que se traslada a la fábrica.

Lo que planteas me resulta una tesis preciosa, ¿tiene que ver con las luchas intestinas al proceso de construcción de la Unión Soviética?

Tiene que ver todo, por eso se producen unas luchas tan terribles. Cuando se habla de obrerismo, no sólo se trata de la delimitación del sujeto revolucionario o transformador, sino de un marxismo occidental que asume el modelo temporal de la modernidad capitalista, y esos modelos chocan. Trostky, Bujarin y otros, son señores que estaban absolutamente convencidos de que la revolución tenía que regirse bajo las ideas de un marxismo occidental, alemán principalmente, bajo un modelo obrerista de gestión de fábricas. Los únicos que lo entendieron fueron “los otros”, esos bolcheviques de origen campesino. La derrota de aquellos no es porque se pelearan con Stalin, el conflicto está en otra dimensión, en otro nivel, y la concepción del tiempo es crucial para entenderlo.

¿Y en Espartania?

El que arranca el esparto en el campo no tiene el tiempo limitado, solo las fuerzas del cuerpo, del suyo, de los hijos y, el que tenía suerte, de un animal de carga; sin embargo el trabajador asalariado de la manufactura del esparto está sometido a una jornada determinada. Pero, al mismo tiempo quien está en la fábrica, no deja de estar en el campo reproduciéndose por tanto un modelo antropológico similar al del campesino-obrero ruso. La manufactura del esparto no tuvo cambios sustanciales en el modelo tecnológico, y en los setenta, se hundió. Y hasta que desapareció mantuvo esas particularidades. Sin embargo, en Espartania, en la manufactura del esparto, al no existir la idea del plan, se vive el tiempo de una forma dual y dialéctica. Por un lado el tiempo cíclico del campo y por otro el tiempo lineal de la manufactura, que va imponiéndose paulatinamente hasta llegar a prevalecer. Recuerdo que los niños que tenían padres o madres picando el esparto en las naves a las afueras cuando salíamos del colegio, llegaban a su casa y salían con una cesta en la que llevaban la comida a sus progenitores en las fábricas, recuerdo las sirenas marcar los tiempos de la jornada.

Vayamos a algunas de esas piezas del puzzle en tu novela. La trama está atravesada tanto por esas historias de vida como por hechos históricos concretos con los que juegas, entre los que la cuestión del “oro de Moscú” es la pieza fundamental.

La responsabilidad del oro en España la tiene Negrín, primero como ministro de Hacienda y luego como presidente del Consejo de Ministros, es él quien da directamente las órdenes al respecto, a través de un canal que tiene establecido con Moscú para poder obtener divisas con las que adquirir armamento y lo que la República necesitase. El oro salió de Cartagena hacia Moscú y de allí a sucursales de bancos soviéticos en Francia y a Inglaterra. Una vez allí depositado, ese oro se cambiaba en divisa en París o en Londres. Hay un telegrama, que aparece en el libro en el que se cuenta, en una fecha concreta, el detalle de las cantidades entregadas, las sacadas al mercado, etc.

¿Los telegramas, documentos y circulares que publicas son verdaderos?

Absolutamente todos, son documentos extraídos de los archivos moscovitas. Hay una historia curiosa al respecto de la documentación referente al “oro de Moscú”. Negrín es quien tiene en su poder todas las órdenes y comunicaciones relativas a las entregas y disposiciones, un expediente que Negrín se lleva al exilio, donde es más que maltratado por su partido, el PSOE. Nunca abandona ese dossier hasta que antes de su muerte habla con uno de sus hijos, y le hace entrega de la documentación. Negrín le indica que tras su fallecimiento entregue el dossier a la representación diplomática española más próxima, al Estado español, aunque sea fascista.

¿Por qué?

Era una cuestión contable, ahí estaba todo el detalle del uso de las divisas, y Negrín sabía que esa documentación en manos de PSOE iba a ser ocultada o manipulada o destruida. Él quería dejar claro el uso que se había hecho del oro. Los que han dicho que el oro se utilizó para pagar a los rusos, que nos engañaron con el precio del petróleo y de las armas, etc. saben que mienten y que el oro fue vendido en los mercados internacionales. Ahí está la documentación, en el Banco de España, desde finales de los años 50. Franco hizo gestiones con la Unión Soviética para contrastar esa documentación con sus registros. Hace tiempo, a pesar de la propaganda, que quedaron claros los usos del oro.

Un acto de lucidez absoluta, saber que una buena manera de que se mantuviera la documentación era dejársela a Franco. Pero dime, toda esa documentación ya la tenías o la has trabajado para la novela.

Yo tenía un material, que era muy escaso, pero tenía la idea de meterlo. La idea proviene de un hecho cierto, que la esposa de Negrín era una chica judía, que había vivido en la Rusia zarista y que sus padres eran banqueros que emigraron a Europa central con la revolución, y así monté parte de la trama. Me la imaginaba estableciendo contacto, a petición de Negrín, con poderosos familiares y amigos de la banca internacional, de esa banca a la que nuestros ahorros le viene al pairo porque solo trabajan con grandes cuentas y nadie conoce su nombre. Luego continué buscando documentación y encontré la que aparece en la novela y alguna más que ha servido para la “cocina” de la novela.

En la novela, entonces, más que de demostrar, se trata de mostrar, no juzgas ni evalúas, pero sin embargo me parece un acto de justicia. ¿En qué puede ayudar lo que ahí muestras al juicio sobre nuestra historia y a la construcción de un proyecto socialista?

Si no entendemos lo que nos ha pasado, no estamos en condiciones de seguir adelante, seguiremos persiguiendo a un fantasma. Es fundamental entender qué es lo que nos ha pasado, cuáles eran las claves del conflicto y cómo estas han quedado ocultas por capas de falsos debates asentados sobre una realidad inexistente. El problema de la lucha de clases ha quedado oculto bajo el conflicto de las identidades. Hemos hecho una lectura parcial e insuficiente de los grandes conflictos, donde se ha jugado la historia de los pueblos y la realidad presente, donde se ha dirimido el modelo de sociedad futura. Nosotros tenemos, como occidentales, nuestra parte de responsabilidad en la desaparición de la Unión Soviética por habernos decantado en el conflicto sin conocerlo en su esencia, en su dinámica. Cuando la Liga Comunista Revolucionaria o las Juventudes Socialistas pedían firmas en la Universidad de Murcia por la disolución del Pacto de Varsovia estaban sin duda contribuyendo a la derrota soviética. Seguimos con esa falta de conocimiento. No entendimos que lo más cerca que se ha estado de tocar el cielo con la manos fue ese modelo de socialismo. Si no analizamos, evaluamos, conocemos con consistencia la dinámica concreta de las batallas que jugó la Unión Soviética, la izquierda vivirá como Sísifo.

FIN

 

 

Revolución rusa y literatura

LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL” IX

Novena parte:
Pushkin, conciencia nacional y literatura.

 

«Rusia se despertará de su sueño,

Y sobre los restos de la autocracia

¡Escribirán nuestros nombres!«

Alexander Pushkin

 

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

1.- Pugachov y las insurrecciones campesinas.

Aunque la obra de Pushkin tuvo una influencia determinante en la literatura rusa, fue, sin embargo, infravalorada y menospreciada por amplios sectores de la alta sociedad aristocrática y burguesa, por una parte del mundo académico y universitario, por la intelligentsia y las élites de la cultura rusa. No obstante, y aún a pesar de aquella actitud, Pushkin como poeta, como escritor y pensador fue una personalidad determinante en la aparición y desarrollo de la conciencia nacional rusa.

Podemos establecer varios periodos en su corta pero intensa vida. Un primer periodo hasta su expulsión de S. Peterburgo en el año 1820, en el que, por ejemplo, conoció en 1816 a P. Chaadaev, de quien ya hemos hablado en otras ocasiones y con el que mantuvo una cordial y fructífera amistad.

Un segundo periodo se corresponde con su exilio en la ciudad de Kishinev en 1820-1823. Como decíamos en la anterior entrega, Pushkin estuvo vinculado al movimiento decabrista al que vio como una oportunidad para modernizar a Rusia y fue precisamente en Kishiniev donde se radicalizaron sus posiciones políticas, aproximándose a los futuros decabristas. Hay que indicar que el movimiento decabrista no tuvo un programa político unificado, sino un conjunto de ideas y propuestas que tuvieron su origen en las diferentes “sociedades y uniones” que funcionaron por separado durante el corto periodo de existencia del movimiento. Puede hablarse de tres ideas o propuestas principales. Una, la transformación del Imperio ruso en una monarquía constitucional, con un fuerte control parlamentario. Otra, la creación de una república federal, la abolición de la servidumbre y el reparto de tierras entre las unidades familiares campesinas, Y una tercera, la formación de una república unitaria fuerte y centralizada, con abolición de la servidumbre y reparto de la tierra entre las comunidades campesinas. Pushkin, en lo político, defendió la liberación de los campesinos y una monarquía de tipo constitucional, con una “ley eterna” que estuviese siempre por encima del monarca.

Durante su exilio en Mijailovskoe, entre los años 1824 a 1826, tuvo lugar la consolidación de las posiciones patrióticas de Pushkin, con dos frentes muy significativos, por un lado continuó con su crítica del absolutismo imperial ruso, centrándolo en la figura del zar Alejandro I y por otro lado consolidó sus posiciones antiliberales, que resultaron proféticas en la medida que marcaron el principio de la crítica a la intelligentsia radical rusa occidentalista.

La obra de teatro Boris Godunov, escrita en Mijailovskoe, es una expresión madura de su concepción de Rusia y su destino histórico y una importante reflexión en la búsqueda de la conciencia nacional rusa. Precisamente el estudio del periodo conocido en la historiografía rusa como Smuta (periodo de los disturbios), le llevó al convencimiento del importante papel que las personalidades singulares y de fuerte carácter juegan en la historia como expresión de la voluntad popular. En este sentido su referencia es, sin duda, Pedro I el Grande.

La profundización en la historia rusa que realizó Pushkin para escribir esta obra genial le llevó a entender la naturaleza de las insurrecciones campesinas rusas y de su terrible y despiadada fuerza. Posteriormente, fruto de aquellos estudios, publicó en 1834 su Istoria Pugachova (Historia de Pugachov), una genial investigación histórica sobre las guerras campesinas de 1773 a 1775, que tuvieron como figura visible al legendario Emilian Pugachov. Una continuación de aquel trabajo fue su novela Kapitanskaya dochka (La hija del capitán), ambientada en aquellas guerras campesinas y publicada por primera vez en el año 1836.

2.- Indulto.

Según la ley de sucesión al trono imperial ruso elaborada por Pablo I en 1797, en caso de muerte del zar sin hijos herederos, el trono pasaba a un hermano del difunto según el orden de nacimiento. Es decir, tras la muerte de Alejandro I, que no tuvo hijos, el trono le correspondería a su hermano Constantino, que ya en vida de Alejandro I, llevó el título de zarevich.

Dicen las crónicas que antes de la muerte de Alejandro I, Constantino renunció al trono de forma voluntaria por haber contraído matrimonio morganático con una princesa polaca. Aunque el motivo pudo ser otro: “no quiero que me estrangulen como a mi padre, mientras duermo”. Parece que decía a sus amigos.

El caso es que la renuncia quedó recogida en documentos de carácter privado que conservados por Alejandro I deberían hacerse públicos a su muerte. Pero resultó que no se hicieron públicos, al menos con la suficiente rapidez, por lo que durante casi un mes no quedó del todo claro quién era el heredero legítimo del trono. Resultó que en aquel periodo de tiempo muchas instituciones del Estado, como el Senado o el Ejército, juraron fidelidad a Constantino.

Así que, una vez aclarado quién era el heredero, hubo que repetir los juramentos de fidelidad en la persona de Nicolás I, el tercero de los hermanos. El nuevo juramento del Ejército en S. Peterburgo fue organizado para el 14 de diciembre de 1825, día que los militares constitucionalistas, intentando aprovechar la confusión, organizaron su insurrección o golpe de Estado sacando a las tropas a la Plaza del Senado con la supuesta intención de defender los derechos al trono de Constantino. No debieron organizarla muy bien porque fracasaron y fueron duramente reprimidos.

Como ya dijimos, Pushkin escapó de aquella represión y poco después el nuevo soberano concedió una amnistía al poeta que le permitió reincorporarse a la vida social en S. Peterburgo y le reintegró al servicio estatal activo. Incluso prometió liberarle de la censura y convertirse personalmente en «su único censor». Pero era sólo la parte aparente del plan. La parte no visible supuso la entrega de Pushkin a la tutela del general Alexander Benckendorv, Jefe de la Gendarmería y Jefe de la Policía Política, quien a su vez puso la obra y la vida del poeta bajo un estricto control policial. Al final, la percepción positiva que Pushkin llegó a tener del nuevo zar se convirtió en un desengaño político, llegando a escribir aquello de que… «Nicolás tiene mucho de cabo cuartelero y poco de Pedro el Grande».

3.- Jóvenes aristócratas aburridos y desocupados.

La insurrección polaca de 1831 y la intromisión de las potencias europeas en aquel asunto puso a Rusia al borde de la guerra con Europa. Pushkin interpretó aquel conflicto como una grave amenaza para el Estado ruso y condenó sin paliativos la actitud de los polacos. Su posicionamiento fue aplaudido por muchos de los decabristas exiliados y por parte de sus amigos próximos, como fue el caso de Chaadaev. Otros, sin embargo, no lo compartieron y criticaron sus poemas y escritos relacionados con la toma de Varsovia por las tropas rusas.

Pero el poeta no sólo puso de manifiesto el peligro de la amenaza europea, sino que acertó plenamente en el diagnóstico del enemigo interno. Ya a final de la década de los años 20 del siglo XIX la mayoría de los jóvenes de la generación de Pushkin había renunciado a su conciencia nacional, si es que alguna vez la habían tenido. Aquella juventud y en general toda la intelligentsia posterior quedaron atrapadas en un sentimiento cosmopolita de admiración de todo lo occidental y de condena y desprecio de la cultura rusa.

En los días siguientes a los acontecimientos de Polonia, escribió… «Daba pena oír los comentarios de la alta sociedad moscovita durante la última insurrección polaca. Asco daba ver a los lectores sin alma de los periódicos franceses, reírse ante las noticias de nuestros infortunios» En 1832, Pushkin señaló con precisión quirúrgica en el punto exacto: «están en la oposición, no contra el Gobierno, sino contra Rusia».

Pushkin, reconociendo la necesidad de profundos cambios, no renegó de Rusia, como era habitual en los ambientes revolucionarios de aquellos años. El 16 de octubre de 1836, escribió una esclarecedora carta a su amigo Chaadaev en respuesta a otra del filósofo: “en relación con sus pensamientos, usted sabe que yo me encuentro lejos de estar de acuerdo con todo. No hay duda … que no tomamos parte en ninguno de los grandes acontecimientos que sacudieron (a Europa), pero nosotros teníamos nuestro propio destino. Fue Rusia y su espacio inabarcable los que absorbieron la invasión mongola. Los tártaros no se atrevieron a cruzar nuestras fronteras occidentales y dejarnos en su retaguardia. Se retiraron a sus desiertos y la civilización cristiana fue salvada. Para la consecución de este objetivo nosotros tuvimos que llevar una existencia particular que, manteniéndonos cristianos, nos hizo por completo ajenos al resto del mundo cristiano”.

En definitiva, Pushkin no estuvo de acuerdo con la concepción hegeliana que deja a Rusia “fuera de la Historia”, y en la misma carta escribe… “en lo relativo a nuestra insignificante historia, decididamente no puedo estar de acuerdo con usted. … La invasión tártara fue un triste y grandioso espectáculo. El despertar de Rusia, el desarrollo de su poder, su marcha hacia la unidad … es un grandioso drama. … ¿Acaso todo esto no es historia? … ¿Y Pedro I el Grande, que es él solo toda una historia? … ni de lejos me entusiasma todo lo que veo a mi alrededor: como escritor me molesta, como persona … me ofende. Pero le juro por mi honor que por nada en el mundo quisiera cambiar de patria o tener otra historia de nuestros antepasados diferente a la que Dios nos ha dado.”

Moscú, enero 2021

CONTINUARÁ

 

Revolución rusa y literatura

LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL” VIII

Octava parte:
Pushkin y Mijailovskoe.

 

«Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.

¡Ay qué terribles cinco de la tarde!

¡Eran las cinco en todos los relojes!

¡Eran las cinco en sombra de la tarde!«

Federico García Lorca

 

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

1.- Un bisabuelo “mudo”.

Alexander Sergueevich Pushkin nació en el año 1799 en la Nemetskaia Sloboda de la ciudad Moscú. Sloboda era el nombre de los barrios de algunas ciudades o de poblados y aldeas en los que sus habitantes, en el momento de su fundación eran libres, no tenían ningún tipo de vínculo de servidumbre y se encontraban al servicio del Estado.

Nemi o nemoi, significan en lengua rusa mudo. Antiguamente se aplicaba también a aquellas personas que no sabían hablar en ruso, es decir a los extranjeros. Toda vez que una parte importante de los extranjeros que vivían en la Rusia europea eran de origen alemán, con el tiempo el concepto evolucionó y pasó a designar a los alemanes. Así, por ejemplo, el barrio de Moscú conocido como Nemetskaia Sloboda sería en origen “el barrio de los extranjeros libres que no hablan ruso” aunque con la evolución que explicábamos antes, con el paso del tiempo, pasó a significar “el barrio de los alemanes libres”.

El caso es que en la “Sloboda” en la que nació Pushkin vivieron desde su fundación europeos de varias nacionalidades y procedencias, muchos de ellos mercenarios y antiguos prisioneros al servicio del Estado ruso que alcanzaron alta graduación militar y buena situación social y económica. Es muy probable que la familia de su madre, Nadezhda Osipovna Hannibal, tuviera casa en dicho barrio por haber sido su bisabuelo, Abraham Petrovich Hannibal, un extranjero “nemoi” al servicio del Estado ruso.

Pero aquel bisabuelo no fue un alemán, sino un esclavo negro, al parecer procedente de Abisinia, que fue capturado junto a su hermano a la edad de siete años y enviados los dos como esclavos al palacio del Sultán otomano en Estambul. Más tarde, Savva Raguzinskii, embajador ruso en la corte del Sultán, compró a los dos hermanos y se los llevó consigo a Moscú para hacer un regalo exótico al zar Pedro I. Hay otra versión que dice que los dos chicos fueron comprados personalmente por Pedro I en Holanda, a la vuelta de uno de sus viajes de incógnito a este país para aprender la técnica de construcción de barcos en los astilleros holandeses.

De una u otra manera, el caso es que aquellos chicos negros llegaron a la corte del zar. Uno siguió una vida tranquila y apenas quedan referencias escritas de él. Otro, pasó a desempeñar importantes misiones para Pedro I, obteniendo muy pronto alta graduación militar. Tras la muerte del zar tuvo tiempo de verse envuelto en intrigas de palacio por lo que fue exiliado a Siberia, de donde volvió tiempo después para continuar en el servició militar activo. Fue un importante ingeniero, llevando a cabo diferentes obras de infraestructura. También jugó un papel fundamental en la introducción del cultivo de la patata en Rusia.

2.- El Museo-Reserva Natural de Mijailovskoe.

Como recompensa por los servicios prestados al Estado, el general Abraham Hannibal recibió en 1742 las haciendas de Mijailovskoe y Petrovskoe en las frondosas y también pantanosas tierras de la región de Pskov. En el año 1781, Mijailovskoe pasó a ser propiedad del abuelo de Pushkin, Osip Hannibal, que reconstruyó la casa principal y plantó el parque que todavía se conserva.

El acceso a la hacienda es en sí espectacular, ya que hay que atravesar a pie un bosque de árboles robustos y tan altos que rascan el vientre algodonado de las nubes que llegan desde el mar Báltico. Tras el bosque, el parque también frondoso y cruzado por caminos y sendas múltiples. Después, el jardín y la modesta casa principal de la hacienda, los pabellones auxiliares a derecha e izquierda… y cuando rodeamos la casa y miramos al frente, vemos el amplio paisaje que se abre desde el balcón natural, a la izquierda el pequeño lago Malenets que descarga su pequeña contribución de agua en un pequeño río, el Sorot, que discurre en el fondo de un valle sin tener muy seguro en qué dirección han de correr sus aguas que forman una zona pantanosa cuando entran al lago Kuchane, del que vuelve a salir apenas unos metros más adelante.

En 1818 la hacienda fue heredada por la madre de Pushkin, Nadezhda Hannibal, aunque la señora ya estaba establecida en la casa cuando Pushkin visitó por primera vez Mijailovskoe en el año 1817. Más tarde volvió para cumplir allí su condena de exilio en forma de arresto domiciliario, desde agosto de 1824 a septiembre de 1826. Volvió en contadas ocasiones: en 1827, en 1835 y en 1836 para el entierro de su madre. La hacienda fue heredada por el poeta en el año 1837 y tras su muerte en enero de aquel mismo año, la heredaron sus cuatro hijos.

Finalmente, la casa y demás construcciones fueron degradándose paulatinamente hasta su casi total deterioro. En 1848 hay testimonios de su calamitoso estado. En 1866, Gregorii Pushkin, hijo menor del poeta, se trasladó a Mijailovskoe y la restauró. Más tarde fue comprada por el Estado que la entregó para su gestión al comité aristocrático de Pskov. En 1908 la casa ardió por completo, siendo reconstruida un año después. En 1911 hubo un intento de convertirla en una residencia para ancianos escritores que fracasó. En 1918 fue asaltada e incendiada por campesinos en plena revolución.

Cerca de Mijailovskoe, también a orillas del lago Kuchane, se encuentra Petrovskoe, la hacienda principal de los Hannibal. En 1871, pasó al segundo hijo de Abraham, Piotr Hannibal y en 1825 al hijo de éste, Veniamin Hannibal. A su muerte, pasó a manos ajenas a la familia de los Hannibal-Pushkin. En el año 1918 fue también incendiada por los campesinos, quedando en pie el espectacular parque que no fue talado ni dañado. En el año 1936, en vísperas de la conmemoración del centenario de la muerte del poeta fue incluida en el Museo-Reserva Natural de Mijailovskoe.

También forma parte del Museo-Reserva la hacienda de Trigorskoe, lugar habitual de reunión de escritores y artistas, que perteneció a la familia de Praskovia Alexandrovna Osipova-Vulf y su esposo, amigos íntimos de Pushkin, y que éste visitaba con frecuencia, siendo un asiduo lector de la fenomenal biblioteca que albergaba. La casa principal era particular en su construcción por ser de planta rectangular muy alargada. Ardió también a manos de iracundos campesinos que no tuvieron compasión de ella. En el año 1922 todo el territorio de la hacienda fue incorporado al Museo-Reserva Natural de Mijailovskoe y en el año 1962 la casa fue reconstruida sobre sus cimientos originales gracias a los planos y fotografías que de la misma se conservaban.

3.- Pushkin y la muerte.

Pushkin fue un aristócrata vinculado en lo político al movimiento decabrista, que pretendía una radical reforma de la vida política y social de Rusia. El fracaso de la insurrección de diciembre de 1825 en S. Peterburgo supuso la aniquilación física de algunos de sus protagonistas y el envío a presidio y el exilio en Siberia del resto. Pushkin ya era un genio literario reconocido por todos en la corte y en las ciudades de toda Rusia, y aquella fama y reconocimiento le dio una cierta inmunidad ante la represión política.

Evitó el destierro a Siberia y el encarcelamiento por encontrarse en el momento de la insurrección en exilio domiciliario en la hacienda familiar de Mijailovskoe, pero quedó en el punto de mira de la policía y de todos sus enemigos políticos que no pararon hasta conseguir su muerte. Una verdadera conjura que superó cualquier argumento literario. La excusa: un asunto de honor. Un joven francés, Georges-Charles de Heeckeren D’Anthès, se empeñó en cortejar y seducir a su esposa provocando una y otra vez situaciones comprometidas que luego eran puestas en conocimiento público a través de notas y hojas anónimas que distribuían por todo S. Peterburgo y que expresamente hacían llegar al poeta, a su amigos y familiares. Al menos dos veces el galán francés y Pushkin se retaron a duelos que luego quedaron en suspenso. Sin embargo, en un momento determinado de finales del año 1836, una figura poderosa dio el visto bueno a la «ejecución» del poeta. Y D’Anthès, el galán francés que poco antes había contraído matrimonio con la hermana de la esposa de Pushkin, volvió a cortejar y a provocar de nuevo la necesidad de un duelo reparador del honor.

El 27 de enero de 1837, a las cinco de la tarde, hora lorquiana, trágica por excelencia, Pushkin, como si fuese un personaje de alguna de sus obras, recibió un disparo en el vientre que le provocó la peritonitis que le produjo la muerte el 29 de enero de 1837.

Murió en su apartamento en S. Peterburgo, donde tuvo tiempo de escribir una carta al zar y de despedirse de familiares y amigos. La noticia de su fallecimiento corrió por toda la ciudad como un reguero de pólvora y en la ceremonia de despedida cuentan las crónicas que se concentraron más de cincuenta mil personas para decir adiós al poeta. Luego su cuerpo fue trasladado en secreto a la necrópolis familiar de los Hannibal-Pushkin en el monasterio de Sviatogorskii Sviato-Uspenski, donde fue enterrado, casi a escondidas, el seis de febrero de 1837. En el año 1922, el Poder Soviético incorporó el monasterio al Museo-Reserva Natural de Mijailovskoe.

Moscú, noviembre de 2020

CONTINUARÁ

 

LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL” VII

LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL”.

Séptima parte: Geografía, paisaje y literatura.

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

En la fascinación del paisaje ruso

Hay un placer genuino

No accesible para todos, e incluso

No a todos los artistas visible.

 

Nikolai Zabolotskii

  1. Yasnaya Poliana.

La primavera y el verano de este año atípico de pandemia, con sus limitaciones de movimiento, los hemos empleado para visitar en familia lugares próximos a Moscú donde nacieron y vivieron algunos de los hombres clave de la literatura rusa. Teniendo en cuenta las dimensiones de Rusia, la idea de “proximidad” conviene entenderla aquí de forma elástica.

En algunos casos era la primera vez que visitábamos estos lugares, en otros, como Yasnaya Poliana, la antigua hacienda de León Tolstoi cerca de la ciudad de Tula, convertida en museo y reserva natural por el Poder Soviético en junio del año 1921, ya hemos estado en otras ocasiones. Señala el plano del parque que en el lugar que hoy ocupan centenarios árboles estuvo en su momento ubicada la casa principal que fue vendida, desmontada y trasladada a un nuevo emplazamiento como si de una gran yurta nómada mongola se tratara. Es lo que tienen las casas de troncos de madera en Rusia, que siempre pueden ser desmontadas y trasladadas. Vino a decir el gran poeta Zabolotskii que Rusia era un gran océano y sus gentes, nómadas a la deriva por sus grandes extensiones. Quizá por eso el zar Pedro I, que daba una de cal y otra de arena en lo de la modernización, aplicó en fechas tan tardías la servidumbre en Rusia, para «fijar» a los campesinos que con demasiada frecuencia gustaban cambiar de sitio a la búsqueda de nuevas tierras.

Tolstoi nació en uno de los pabellones exentos de aquella gran casa nómada, tan habituales en las haciendas de los aristócratas. Los había para todas las funciones: viviendas de criados, cocinas o alojamiento para ilustres visitas, algunas de las cuales se eternizaban y no encontraban el momento de volver a sus casas.

En aquel pabellón de las visitas, convertido en residencia permanente se quedó a vivir León Tolstoi los más de 50 años que residió en Yasnaya Poliana. Allí escribió muchas de sus magistrales obras, como Ana Karenina o Guerra y paz, y sus paredes fueron testigos de los grandes desacuerdos con su esposa y con otros miembros de su familia… Hasta que el gran escritor no pudo más y con ochenta y dos años se marchó una noche para morir de pulmonía unos días después en la casa de un jefe de estación a la que no permitió dejar entrar a su esposa, que acudió a despedirse de él en un vano intento de reconciliación final.

Tolstoi está allí enterrado, en Yasnaya Poliana. La Iglesia ortodoxa rusa lo excomulgó por sus temerarias ideas religiosas, comunitarias y pacifistas y allí está su tumba a la orilla de un camino, cubierta de hierba, siempre cuidadosamente segada. En los tormentosos y confusos años revolucionarios de 1905-1907 y en los años de la guerra civil tras la revolución de Octubre, los campesinos, que tenían la antorcha fácil, respetaron la casa del hombre de quien Lenin dijo que era el espejo de la revolución campesina en Rusia.

¿Por qué respetaron la casa de aquel aristócrata? Quizá porque aquellos campesinos tenían muy presente que ellos y sus hijos estudiaron en las escuelas que Tolstoi construyó en las aldeas y aprendieron a leer con los manuales y cuentos infantiles que el gran escritor escribió expresamente para alfabetizar a los niños campesinos. Quizá porque trabajaba la tierra con sus manos o quizá porque recordaban que gracias a sus esfuerzos y su capacidad de organización recolectó dinero y creó comedores para combatir las grandes hambrunas a las que se veían abandonados los campesinos… Y poniendo en práctica algo hasta entonces nunca visto: la transparencia en el empleo del dinero recaudado y gastado, publicando en la prensa las cuentas detalladas.

Durante la Gran Guerra Patriótica la hacienda y la casa de Tolstoi fue ocupada por los alemanes durante unos cincuenta días. En la retirada, los soviéticos pudieron evacuar todos los objetos de valor y la biblioteca del escritor compuesta por más de 22.000 libros. Los alemanes no llegaron a profanar la tumba de Tolstoi, pero si enterraron a sus soldados junto a la del escritor, quizá tratando de encontrar una paz final en el más allá que con tanto empeño habían destruido en este mundo. Pero como siempre, en la retirada quisieron dejar su impronta de destrucción y metieron fuego a la casa de Tolstoi, que por suerte pudo ser controlado y apagado, sin grandes daños, por los vecinos.

  1. Konstantinovo.

Aunque el bosque interior de la hacienda es denso y poblado de vida salvaje, la geografía y el paisaje se observan domesticados, tanto como es posible domesticar en Rusia a la naturaleza. Otra cosa diferente ocurre con la naturaleza y el paisaje que podemos observar en la aldea de Konstantinovo donde nació el poeta Serguei Esenin, en la orilla alta del gran Oka, afluente del inmenso Volga, desde donde se ve otro paisaje de llanuras verdes serpenteadas hasta lo imposible por los meandros del Oka. Allí que todo parece tranquilo, se percibe la fascinación del paisaje ruso, la inmensidad rusa, lo inabarcable de sus llanuras al tiempo que se percibe que la tranquilidad del Oka es solo aparente y que en cualquier momento sus aguas saldrán de sus orillas y harán un nuevo reparto del territorio, recuperando viejos meandros y abandonando otros en un juego geológico intemporal.

Yasnaya Poliana y Konstantinovo han marcado el límite sur de estos viajes literarios. El límite norte ha estado marcado por los Lugares de Pushkin, en la región de Pskov y por la casa-museo de Fiodor Dostoevskii situada en un lugar recóndito de la pequeña ciudad de Staraya Russa, en la región de Nóvgorod.

  1. Camino a Mijailovskoe.

Rusia está llena de «Lugares de Pushkin», como se llama a todos aquellos sitios donde vivió o a dónde viajó el poeta. Quizá los más significativos sean el Museo histórico-literario de Zajarovo-Viazemy, donde el poeta pasó, en la casa de su abuela María Alexeevna Hannibal, los veranos de su infancia entre 1805 y 1810. Luego la ciudad de San Peterburgo donde pasó la mayor parte de su corta vida. Finalmente el lugar donde está enterrado, en la región de Pskov, que coincide con el lugar donde estaban las haciendas de los Hannibal.

El viaje desde Moscú a los Lugares de Pushkin en la región de Pskov transcurre en gran parte por la geografía de la Gran Guerra Patriótica. Además del impresionante memorial a la Batalla de Rzhev, recientemente inaugurado, un interminable rosario de tumbas fraternales de soldados soviéticos caídos en combate flanquean el recorrido de la carretera. Luego, cuando uno se introduce en los bosques de la zona, aparecen los memoriales de los guerrilleros que mantuvieron en jaque a la retaguardia alemana.

Antes de llegar a la ciudad de Velikie Luky, nos desviamos a la izquierda y por un camino de tierra llegamos a las orillas del lago Zhizhitskii, donde hicimos un alto y descansamos no muy lejos del lugar de nacimiento del gran compositor Modest Musorgsrkii. En los caminos, pequeñas aldeas con casas derruidas y medio abandonadas que no pudieron soportar la presión modernizadora de las reformas liberales de los años 90 del pasado siglo.

De vuelta a la ruta principal, desde Velikie Luky, tomamos la carretera secundaria que lleva a los Lugares de Pushkin. Conforme avanzamos, más frondosos y verdes son los bosques y más grandes son los árboles. Las carreteras y caminos, custodiadas por los altos árboles, forman infinitas líneas rectas que, a pesar de sus generosos arcenes, dan la sensación de ser angostas sendas del bosque por la ilusión óptica de la perspectiva.

Los pueblos y aldeas desaparecen durante kilómetros y cuando al atardecer la luz del crepúsculo se mezcla con la húmeda niebla que se eleva de los incontables lagos y zonas pantanosas, una cierta inquietud próxima al miedo instintivo empieza a apoderarse del ánimo… Mejor no pensar en una avería inesperada del coche. La escasa circulación de vehículos augura, en el mejor de los casos, una larga espera. Finalmente llegamos a Mijailovskoe, una de las dos haciendas de los Hannibal, que heredó Pushkin de su madre poco antes de que un tal D’Anthès, un galán francés arrogante y mal encarado, empeñado en seducir a la esposa del poeta, lo matara de un tiro en el vientre una tarde de duelo en las proximidades de S. Peterburgo.

Se ha acabado el espacio y lo que sigue lo dejamos para la próxima entrega…

Moscú, septiembre 2020

CONTINUARÁ

 

LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL” VI

Sexta parte: Perfil biográfico de la acción directa.

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

Tras el asesinato del zar Alejandro II, en apenas un par de semanas, fueron detenidos por la policía todos los participantes en el atentado. El tres de abril de 1881, un mes después del atentado, fueron ejecutados cinco de ellos. ¿Quiénes eran estas personas, de dónde procedían, a qué se dedicaban?

* * *

Nikolai Ivanovich Kibalchich (1853-1881), ingeniero, inventor y revolucionario. Es difícil determinar cuál de estas tres actividades era para él la más importante. Kibalchich, como Tsiolkovskii y otros muchos cosmistas rusos, pensaba que estaba próximo el tiempo en que los habitantes de la Tierra saldrían al cosmos e incluso se quedarían a vivir en él. En la cárcel, ya condenado a muerte y esperando su ejecución, Kibalchich dedicó sus últimos días a trabajar en el desarrollo de un aparato con motores a reacción para la realización de vuelos cósmicos. En una de sus notas escribió: “Estando en la cárcel, a unos cuantos días de mi propia muerte, escribo este proyecto. Yo creo en la realización de esta idea, y esa fe me sostiene en mi terrible situación. Si después de su detenido estudio por los científicos especialistas, mi idea es tomada como realizable, entonces seré feliz por haber prestado un gran servicio a mi patria y a la humanidad” (CHERNIAK, Moskva).

Cuando el Jefe de Policía de San Peterburgo vio los escritos de Kibalchich, ordenó que se archivaran junto con el expediente del condenado, ya que la lectura de los mismos no era conveniente porque podrían ocasionar “interpretaciones fuera de lugar”. Las esperanzas de Kibalchich sólo pudieron cumplirse casi cuarenta años después, cuando su proyecto fue redescubierto en 1917 y publicado en la revista “Biloe” por el científico N.A. Ribin.

Unos años más tarde, un joven intelectual llamado Alexander Ilich Ulianov (1866-1887), hermano mayor de quien más tarde fue conocido como Lenin, intentó, en compañía de un grupo de activistas revolucionarios, algunos de ellos menores de edad, atentar contra Alejandro III.

Ulianov había acabado sus estudios preuniversitarios con medalla de oro (equivalente a matrícula de honor) y había ingresado en la Facultad de Física y Matemáticas de la Universidad de S. Peterburgo. Llevaba una intensa vida universitaria, participando en seminarios y círculos de estudio de biología, literatura y economía. También participó en las reuniones y actividades de varios grupos ilegales de estudiantes. Fue uno de los organizadores de la Fracción Terrorista del partido Narodnaia Volia en 1886, compuesta principalmente por estudiantes de la universidad de S. Peterburgo muy influenciados por las ideas populistas y por las lecturas de Marx, Engels y Plejanov.

En el transcurso de la preparación del atentado contra el zar, los jóvenes fueron detenidos y juzgados. Cinco fueron ejecutados, entre ellos Alexander Ulianov. El resto fueron condenados a distintas penas de reclusión y trabajos forzados.

Entre los que evitaron la pena de muerte se encontraba el polaco Bronislav Pilsudskii (1866-1918), también estudiante de la universidad de S. Peterburgo (Facultad de Derecho). Primeramente fue condenado a muerte junto con Ulianov, pero a última hora le fue conmutada la pena capital por 15 años de trabajos forzados en la isla de Sajalín, de los que cumplió diez. Los cinco años que le quedaron por cumplir le fueron conmutados por la pena de exilio en el Lejano Oriente ruso. Trabajó en Vladivostok, en Kamchatka y en varias islas rusas del Pacífico, desarrollando una interesantísima labor como antropólogo entre varias minorías étnicas de la región. Una vez cumplida la pena de exilio, emigró a los EEUU a través de Japón. Finalmente, después de dar, literalmente, la vuelta al mundo, llegó a Polonia en 1905. Al empezar la Primera Guerra Mundial se trasladó a Suiza y más tarde a Francia donde murió ahogado en el río Sena en 1918.

Por cierto, su hermano menor Iusef Pilsudskii (1867-1935), fue condenado también por su participación en la preparación del mismo atentado contra el zar Alejandro III. En su caso, su condena fue más suave, cinco años de exilio en Siberia. Una vez cumplida, volvió a Polonia donde participó en la organización del Partido Socialista Polaco. Se dedicó a la preparación de grupos de combate para la realización de atentados y asaltos a bancos, trenes y oficinas postales con el fin de recaudar fondos para la causa revolucionaria.

Bajo la protección de las autoridades del Imperio Austro-Húngaro se dedicó a la organización de grupos armados paramilitares con el fin de ser utilizados en caso de guerra contra Rusia, lo que finalmente ocurrió tras el inicio de la Primera Guerra Mundial. Ya en la guerra organizó las Legiones Polacas que lucharon a favor de Alemania y Austro-Hungría en la guerra contra Rusia.

Aprovechando las circunstancias que rodearon el final de la Primera Guerra Mundial, Pilsudskii acabó siendo colocado al frente de la recién proclamada República Polaca. A pesar de su formación marxista, y de su pasado revolucionaria e internacionalista, Pilsudskii abrazó la causa nacionalista polaca y los planes expansionistas de la nueva Polonia que pretendían resucitar el viejo sueño polaco de una «Polonia de mar a mar» (del mar Báltico al mar Negro) incorporando al Estado polaco los territorios de Lituania, Bielorrusia y Ucrania. La materialización de aquellos planes llevó muy pronto a la guerra con la Rusia Soviética y, más tarde, a la Paz de Riga. Una paz que aprovechando la debilidad de la joven república soviética supuso la anexión por parte de Polonia de importantes territorios de Bielorrusia y Ucrania, y fue la causa del conflicto polaco-soviético anterior a la Segunda Guerra Mundial.

* * *

Quizá una de las activistas populistas más conocidas fue la polaca Vera Zasulich (1849-1919). Con apenas veinte años fue detenida por primera vez al estar vinculada con los sucesos que rodearon el asesinato cometido por Nechaev en la persona de un militante de su organización. Zasulich cumplió condena en la cárcel hasta el año 1871 y después fue enviada al exilio a regiones no muy alejadas de Moscú. De nuevo en S. Peterburgo, el cinco de febrero de 1878 acudió a una cita que tenía con el alcalde de la ciudad de S. Peterburgo, F. F. Trepov y le disparó dos veces a bocajarro.

Aquel acto fue un intento de vengar a su compañero de organización, Bogoliubov, que había sido duramente golpeado como castigo disciplinario mientras cumplía condena en la cárcel. El alcalde resultó gravemente herido y ella detenida en el acto. Fue juzgada, y aunque la ley preveía una condena de quince a veinte años de reclusión, Zasulich consiguió ganarse las simpatías del jurado popular e incluso del propio juez y fue finalmente declarada inocente y dejada en libertad. El veredicto absolutorio fue revocado rápidamente, pero Zasulich consiguió poner tierra de por medio y abandonó Rusia (ITENBERG, 1999, pp. 154-162).

Vera Zasulich fue una escritora muy conocida en aquellos años. Además, participó en debates teóricos importantes sobre el destino de la comunidad campesina rusa en el futuro revolucionario. Mantuvo correspondencia con Karl Marx sobre este asunto y alcanzó posteriormente fama por ello entre los círculos intelectuales de Occidente. Con el paso del tiempo Zasulich abandonó, al menos formalmente, el terrorismo y mantuvo hasta su muerte una importante actividad política en las filas mencheviques del Partido Socialdemócrata Ruso. Enemiga encarnizada de los bolcheviques fue contraria a la Revolución de Octubre, a la que consideró contrarrevolucionaria.

* * *

Un personaje interesantísimo fue el joven poeta Leonid Kanegisser (1896-1918), famoso en los círculos literarios de S. Peterburgo y Moscú y amigo de muchos de los jóvenes poetas de aquel periodo, entre ellos Esenin. Militante de un partido político minoritario, el Partido del Trabajo Populista-Socialista, el treinta de agosto de 1918 mató de un disparo al Presidente de la Comisión Extraordinaria de la ciudad de Petrogrado, Moisei Solomonovich Uritskii.

Después de su detención realizó unas particulares declaraciones con las que intentó explicar los motivos de su acto. Según el mismo manifestó, disparó contra Uristkii para que pagara por las culpas de su pueblo, por los desmanes llevados a cabo por los judíos bolcheviques: “Soy judío. He matado a un vampiro-judío, que gota a gota bebe la sangre del pueblo ruso. He intentado mostrar al pueblo ruso que para nosotros, Uritskii no es un judío. Es un renegado. Lo he matado con la esperanza de restablecer el buen nombre de los judíos rusos” (VAKSBERG, 2003).

* * *

Otra activista destacada fue Fanny Efimovna Kaplan (1890-1918). Desde muy joven se incorporó al movimiento revolucionario ruso como militante anarquista y en el año 1906 participó, con su pareja Yakov Shmidman, en un atentado fallido contra el General-Gobernador de Kiev. Mientras manipulaban el artefacto explosivo que iban a utilizar en el atentado, éste les explotó, y ella perdió parcialmente la vista. Detenida y juzgada fue condenada a muerte, pena que le fue conmutada a consecuencia de su minoría de edad por la de cadena perpetua a trabajos forzados.

Durante el tiempo de su reclusión entablo amistad con María Spirodovna, una de las líderes más conocidas del partido socialista-revolucionario (ESER), incorporándose tras su liberación en el año 1917 a las filas de este partido. En el verano de 1917, en un sanatorio para antiguos condenados abierto por el Gobierno Provisional en Evpatoria (costa del Mar Negro), Fanny Kaplan conoció al hermano menor de Lenin, Dimitri Ulianov, que le recomendó ponerse en tratamiento médico en la clínica oftalmológica del doctor Girshman, un prestigioso oftalmólogo en aquellos años.

Kaplan recuperó parte de su visión, lo suficiente para disparar contra Lenin el 30 de agosto de 1918 después de finalizar un mitin en una fábrica de Moscú. Fue detenida por unos trabajadores mientras intentaba huir en tranvía. En su interrogatorio se declaró enemiga de la Revolución de Octubre y manifestó que la decisión de atentar contra Lenin la había tomado ella sola tras la disolución de la Asamblea Constituyente. Dijo considerar a Lenin como un traidor a la revolución y que sus actos alejaban para decenas de años la materialización de las ideas socialistas.

Fue fusilada en uno de los patios de Kremlin en Moscú, sin juicio y por orden verbal del Yakov Sverdlov, Presidente de Comité Ejecutivo Central de toda Rusia (equivalente en aquellos momentos a Jefe del Estado en la Rusia Soviética). Uno de los escasos presentes durante la ejecución fue el famoso escritor Demian Bedni. De él hablaremos en otra entrega.

Moscú, agosto 2020

CONTINUARÁ

LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL” V

Quinta parte: La destrucción total.

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

I.- La ciencia de la destrucción.

Serguei Nechaev, nacido en el año 1847, fue otro joven estudiante con gran influencia en la literatura y en el movimiento revolucionario ruso. Con apenas 18 años se trasladó a Moscú donde estuvo trabajando como asistente del historiador M. Pogodin. Después se trasladó a S. Peterburgo donde superó unos exámenes como maestro de escuela primaria al tiempo que asistía a clases en la universidad, donde comenzó a leer literatura revolucionaria y a tener contactos con jóvenes revolucionarios. En el año 1869 emigró por primera vez a Suiza, donde conoció a Bakunin y Ogariov, regresando a Rusia en septiembre del mismo año.

Fue entonces cuando fundó “Narodnaia Rasprava” (Venganza Popular) y cuando se vio envuelto en la muerte del joven Iván Ivanov, militante de su organización acusado de espionaje en favor de la policía. Aunque Nechaev pudo poner tierra de por medio y exiliarse de nuevo en Suiza, ochenta y siete personas fueron juzgadas con diferente suerte por la muerte del joven Ivanov, con graves condenas que llevaron incluidas trabajos forzados y el exilio en Siberia.

En Suiza, Nechaev volvió a ponerse en contacto con Bakunin y Ogariov, pero cuando estos últimos tuvieron noticias del asesinato de Ivanov, rompieron toda relación con él. Finalmente el gobierno suizo autorizó la extradición de Nechaev en el año 1872, siendo juzgado en Moscú en 1873 y condenado a 20 años de trabajos forzados en la mina.

Sin embargo, no fue enviado a trabajos forzados. Fue tratado como preso político y encarcelado en la fortaleza de Petropavlosk, desde donde ejerció una gran influencia entre los soldados de la guarnición que le tenían un gran respeto y admiración y que le facilitaron el contacto con el mundo de la clandestinidad política en el exterior de la cárcel, en la ciudad de S. Peterburgo. Murió en esta ciudad en el año 1882 como consecuencia de una enfermedad, aunque algunas fuentes indican que se suicidó (LURE, 2001). Nechaev es importante para el movimiento revolucionario principalmente por dos cuestiones.

Fue el primero en formular la idea de que para el triunfo de la revolución social era necesario la creación de una única organización revolucionaria de carácter estatal que debería estar formada por círculos de militantes que no bebían conocerse entre ellos para así protegerse mejor en la clandestinidad. Para coordinar la actividad de todos los círculos era necesaria la existencia de órganos de dirección de diferentes niveles que convergerían en un único Comité Central.

Por otro lado, fue el primero en formular la ética del revolucionario. Para Nechaev, la revolución era en primer lugar destrucción total … del viejo orden social. En el primer número de su revista Narodnaia Rasprava escribió: “Tenemos un plan … la destrucción total. Nos negamos a la elaboración de planes sobre las futuras condiciones de vida … Entendemos la destrucción como un asunto tan colosal y difícil que entregamos a él todas nuestras fuerzas y no queremos engañarnos … con el sueño de que tendremos fuerzas y conocimiento para la construcción … asumimos exclusivamente como objetivo la destrucción del sistema social existente. Crear no es asunto nuestro, sino de otros que vendrán después de nosotros… Concentrando todas nuestras fuerzas en la destrucción, no tenemos ni dudas ni desengaños (LURE, 2001, p. 89).

Todo parece indicar que la colaboración directa con Bakunin en el exilio tuvo como resultado su “Katejizi revoliutsionera” (Catecismo de un revolucionario) que tuvo una gran influencia en todas las generaciones posteriores de jóvenes revolucionarios y en el que desarrolló todavía más la ética de la destrucción:

“1. El revolucionario es una persona condenada. No tiene intereses, ni asuntos, ni sentimientos, ni ataduras, ni propiedades, ni siquiera tiene nombre. Todo está sometido a … una única pasión: la revolución.

2. … Ha roto todo vínculo con el orden civil … con las leyes … con la moral de este mundo. Es un enemigo implacable para el mundo, y si continua viviendo es sólo para … destruirlo.

3. El revolucionario … sabe sólo una ciencia, la ciencia de la destrucción. Para eso estudia mecánica, física, química … El objetivo es … destruir lo más pronto posible, lo más efectivamente posible este abyecto sistema. …

5. … Entre el Estado y él hay una guerra … a vida o muerte. Debe estar preparado cada día para morir. Debe enseñar a su cuerpo a soportar la tortura. …

22. Los camaradas no tienen otro objetivo que la total liberación y felicidad del pueblo … Pero con el convencimiento de que esta liberación y la consecución de dicha felicidad es sólo posible mediante la revolución popular destructora. …

23. Para el pueblo, la revolución salvadora puede ser sólo aquella revolución que destruye en su raíz … todas las tradiciones estatales, el orden y las clases en Rusia” (NECHAEV, 1869).

La influencia en Rusia del joven Nechaev, al que muchos consideraron un hombre enloquecido, fue enorme. Quizá no tanto para sus contemporáneos, como para las generaciones revolucionarias posteriores. Su idea de una única organización política fue fundamental para la creación de los partidos políticos revolucionarios, fuertemente centralizados, ascéticos y con una estricta ética en la que primaba el sacrificio personal y colectivo en nombre de la revolución y la felicidad popular. Su influencia superó el ámbito ruso y se extendió por el mundo.

* * *

Por otro lado, se extendió la opinión de que la “ida al pueblo” no daba los resultados políticos esperados, lo que llevó a diferentes grupos a plantear la acción directa terrorista como una manera de provocar la revolución social y la caída del zarismo.

En junio de 1879 como resultado de la escisión de la organización política Zemlia i Volia (Tierra y Libertad), fue creado el partido Narodnaia Volia (Libertad Popular), que realizó una serie de atentados muy sonados, entre ellos varios contra el Zar Alejandro II que culminaron con su asesinato en marzo de 1881.

Tras la muerte del emperador, el Comité Ejecutivo de Narodnaia Volia publicó un manifiesto en el que indicaba al nuevo Zar Alexander III que tenía dos caminos a elegir: o bien la revolución, que no podría impedir por muchas ejecuciones que llevara a cabo, o bien dirigir de forma voluntaria la acción de gobierno a favor del pueblo. El “Comité Ejecutivo, se dirige a Vuestra Majestad con el consejo de que elija el segundo camino” (VOLK, 1965, pp. 170-174).

El terrorismo y la derrota teórica del populismo frente a los marxistas dieron lugar a la ruptura del populismo en minúsculas organizaciones políticas sin conexión entre ellas, hasta que a finales del año 1901 fue constituido el Partido de los Socialistas Revolucionarios, conocido como ESER y sus militantes como eseristas (de la pronunciación en ruso de las consonantes iniciales S = ES y R = ER). Fue fundado tras la fusión de varias organizaciones en un intento de superar el aislamiento político en el que se veían como consecuencia de su carácter minoritario.

El partido ESER tuvo una gran presencia en la vida política rusa, siendo durante muchos años el más numeroso y el que contaba con más apoyos en provincias. Muchos campesinos entendieron ver en este partido la expresión de sus concepciones sobre la propiedad de la tierra. Esta cuestión, la propiedad de la tierra, le hizo perder sus posiciones preeminentes en el verano de 1917, cuando ya en el Gobierno Provisional se negó a atender las peticiones campesinas sobre nacionalización de las tierras. Cuando quisieron rectificar fue tarde, estaba ya avanzado el mes de octubre y Lenin y los bolcheviques se les adelantaron.

El partido ESER fue la única organización rusa que incluyó en su programa la utilización del terrorismo como instrumento para hacer política. Esta táctica terrorista era considerada como una honrosa herencia de la tradición populista de Narodnaia Volia. Con el asesinato del Ministro de Asuntos Internos Sipiagin se dio a conocer la Organización de Combate (Boevaia Organisatsia) del partido ESER. En junio de 1904 fue asesinado el ministro de Asuntos Internos Pleve, en febrero de 1905 el Gran Príncipe Serguei Alexandrovich y en 1911 el Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Asuntos Internos, Stolipin. Entre los años 1902 y 1911, el partido ESER llevó a cabo 248 atentados.

En sus diferentes escisiones, este partido continuó fiel a sus prácticas terroristas prácticamente hasta su desaparición en la primera mitad de los años veinte. Es imprescindible tener en cuenta el maximalismo que caracterizó hasta el final al partido ESER y su “adoración” de la violencia durante tantos años para entender los orígenes del estallido de la guerra civil en Rusia en 1918 y, como no, de la violencia que la caracterizó.

Anna Geifman, en su detallado estudio sobre el terrorismo en Rusia, dice que en el curso de los doce meses transcurridos entre octubre de 1905 y octubre de 1906 murieron o resultaron heridos como consecuencias de actos terroristas la cantidad de 3.611 funcionarios del Estado. Si este periodo se prolonga hasta el final del año 1907, la cantidad supera a las 4.500 personas. Si se tienen en cuenta a todas las personas afectadas, el cómputo de víctimas entre octubre de 1905 y diciembre de 1907 supera las 9.000. La cantidad total de atentados cometidos entre los años 1901 y 1911 superó los 17.000 (GEIFMAN, 1997, pp. 31-33).

Según la estadística oficial, desde enero del año 1908 hasta la mitad de mayo del año 1910, fueron realizados 19.957 actos terroristas, incluidas las llamadas “expropiaciones”, es decir, asaltos a entidades bancarias, oficinas de correos o incluso a haciendas de grandes propietarios con el fin de “recaudar fondos” para la causa revolucionaria.

Moscú, junio 2020

CONTINUARÁ

 

rusia referendum

RUSIA: GEOPOLÍTICA Y REFERENDUM CONSTITUCIONAL

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

El pasado uno de julio tuvo lugar en Rusia un referéndum de naturaleza consultiva que sometió a la aprobación popular las reformas constitucionales aprobadas previamente por la Duma de la Federación de Rusia. De todo el paquete de reformas, la prensa occidental se ha esforzado en destacar un único aspecto: el establecimiento de un límite de dos mandatos consecutivos para el Presidente de la Federación, pero iniciando un nuevo ciclo a partir de la aprobación de las reformas en el referéndum, lo que en la práctica supone la posibilidad de que el actual Presidente Vladimir Putin vuelva a presentarse, si así lo considera oportuno, para ser elegido durante dos nuevos mandatos.

Esta posibilidad, a tenor de los comentarios en la prensa, aterroriza a Occidente que inmediatamente saca todo su arsenal de acusaciones contra Rusia: totalitarismo, dictadura, régimen corrupto, persecución de la oposición, falsa democracia, etc. Cuando era niño nos enseñaban en la escuela que el “metro patrón” era una barra de platino depositada en la Oficina Internacional de Pesas y Medidas de París. Sería interesante saber dónde se encuentra depositada la “democracia patrón” y cómo se aplica para medir. El caso es que Occidente y sus amigos y aliados siempre dan la talla, mientras que los enemigos y no amigos nunca llegan. Qué cosas, quizá dilate con el calor.

Hegel decía que Rusia estaba «fuera de la Historia». Los viajeros y diplomáticos europeos decían que era un país atrasado y corrupto. Marx decía que Rusia era el guardián de la reacción en Europa. La prensa británica y la francesa presentaban a Rusia durante todo el siglo XIX como la gran amenaza para el liberalismo y para los Estados democráticos occidentales. En el siglo XX, la cosa fue a peor, llegó la Revolución rusa y la Europa bien pensante entró en pánico. La caricatura del temible oso ruso se enriqueció con Lenin, la «Cheka» y el terror rojo, y hasta los socialdemócratas europeos desde los alemanes al bueno de Pablo Iglesias en España dijeron y escribieron que aquella revolución de los bolcheviques era una locura y un error histórico. El paréntesis de la Segunda Guerra Mundial Imperialista, en el que la Unión Soviética se convirtió en un aliado circunstancial de una parte de Occidente, duró poco. Siguió un largo enfrentamiento, una larga guerra, fría con la URSS, y muy caliente en los nuevos Estados que conseguían independizarse del imperialismo con la ayuda soviética. En aquel conflicto la URSS/Rusia, fue acusada de todo: falso socialismo, capitalismo de Estado, régimen autoritario, dictadura… e incluso de ser el «Imperio del mal» en boca de Ronald Reagan. Finalmente llegó la Perestroika y la «miseria gorvachoviana» que dijeron algunos, el régimen corrupto del borracho de Yeltsin y el oscuro Putin, «agente del KGB». En definitiva, doscientos años sin un rayo de luz democrática. ¡Qué angustia, por dios!

¿Qué hay detrás de esta visión de Rusia? Podríamos decir que eurocentrismo y rusofobia, y acertaríamos sin duda. Pero, hay algo más profundo bajo esta dura capa de barniz ideológico.

Veamos un ejemplo: la Guerra de Crimea de 1853-1856. ¿Qué hacían Francia y el Reino Unido de la Gran Bretaña desembarcando sus tropas en la península de Crimea y poniendo sitio a la base naval de Sebastopol? La respuesta a esta pregunta la encontramos en algunas de las exigencias de Inglaterra durante las negociaciones de paz en París. Por ejemplo, que Rusia abandonara el Cáucaso y Asia Central. ¿Para qué? Asia Central era un territorio largamente codiciado por el Imperio británico, al que tenía intención de acceder a través de Afganistán para anexionarlo a las colonias británicas en la India. El Cáucaso era la puerta occidental al Mar Caspio y a Persia desde el Mediterráneo y el Mar Negro. Dominando el Mar Caspio se accedía de forma directa tanto a Asia Central como a Persia, a la que tenían también previsto incorporar al Imperio desde la parte de la India que luego se convirtió en Pakistán. Además, el Cáucaso resultaba de vital importancia estratégica para los planes que Gran Bretaña y Francia tenían reservados para el Imperio otomano, al que ya controlaban y que desmembraron y se repartieron apenas cincuenta años después.

Tras la derrota en aquella guerra, Rusia, al igual que China tras la Guerras del Opio, se vio obligada a abrir las puertas a los capitales británicos y franceses que penetraron los bancos rusos e invirtieron grandes capitales en la industria extractiva de recursos naturales y en los ferrocarriles que debían llevar aquellos recursos hasta el corazón de Europa. La alianza del Imperio ruso con Francia e Inglaterra durante la Primera Guerra Mundial Imperialista estuvo articulada precisamente por esa estrecha dependencia económica y la condición de periferia de Rusia con respecto al imperialismo francés y británico.

La Revolución rusa de 1917 supuso la ruptura de aquel vínculo de dominación. La reacción de Occidente junto con la potencia económica capitalista emergente de Japón fue la llamada Intervención y la invasión de Rusia prácticamente por los cuatro puntos cardinales: Bielorrusia, Ucrania, Crimea en el Mar Negro y el Lejano Oriente en la costa del Pacífico. Más tarde, la Segunda Guerra Mundial Imperialista vino a significar un nuevo episodio de aquella tendencia histórica. Alemania y Japón pretendieron repartirse Eurasia para la ampliación de sus Imperios coloniales continentales. Y la Unión Soviética fue otra vez la parte más importante a repartir.

Y es que hay una curiosa constante en nuestra historia contemporánea tras la llamada caída de los Imperios. El sueño bolivariano de un gran Estado iberoamericano no fue posible por la intervención británica que se encargó de malograrlo, apoyando y financiando a las diferentes élites territoriales criollas en un enfrentamiento que dio lugar a un rosario de nuevos Estados, débiles y dependientes, que continúan al día de hoy siendo periferia del capitalismo. Lo mismo ocurrió un siglo después con los restos del Imperio colonial español que acabó repartido entre los Estado Unidos de América y Alemania. El Imperio otomano fue desmembrado y repartido entre Francia y Gran Bretaña y sigue siendo al día de hoy un lugar asolado por guerras inacabables desatadas para dirimir la posesión de sus grandes reservas de combustible. China fue vergonzosamente derrotada en las Guerras del Opio por los británicos e intervenida posteriormente también por franceses, norteamericanos, alemanes y japoneses. El Imperio austro-húngaro fue también desmontado y su territorio repartido en zonas de influencia británica, francesa y posteriormente alemana.

¿Y qué tiene todo esto que ver con el referéndum del uno de julio de 2020 en Rusia y con Putin? Pues mucho. Putin es el hueso en la garganta de las pretensiones del capitalismo occidental con respecto a Rusia. Durante la famosa Perestroika, Gorbachov y sus secuaces argumentaban como una necesidad la vuelta de Rusia «al seno de la civilización occidental» y a la «casa común europea». Sajarov, disidente y Premio Nobel de la Paz, decía y escribía que había que desmembrar a la Unión Soviética y a Rusia por ser un lastre, herencia del despotismo asiático de la cultura rusa, al que había que sustituir por Estados de «tamaño normal» y fáciles de gobernar… aunque nunca fue lo suficientemente sincero para decir de forma explícita quien iba a gobernar aquellos nuevos Estados.

El destino diseñando para la URSS/Rusia tras su derrota en los años 90 del siglo XX era el que anunciaban sin ningún pudor Sajarov y sus amigos neoliberales. Ese fue el papel de Yeltsin y sus gobiernos títeres dirigidos por “asesores” de Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania: hacer posible la quiebra y ruptura del Estado ruso y la desaparición de Rusia. Sin embargo la historia no fue por el camino esperado y a ello contribuyó, a pesar de las apariencias, el propio Yeltsin, que se resistió como pudo, y sobre todo el hombre que vino después: Vladimir Putin.

Ese es, en gran medida, el papel histórico de Putin, de sus aliados políticos, permanentes y circunstanciales, y de toda una legión de empleados públicos y ciudadanos anónimos: haber mantenido y seguir manteniendo como un todo a Rusia y a su Estado, cada vez más reforzado y con más relevancia en el concierto internacional. El sarpullido occidental por la reincorporación de Crimea a Rusia en 2014 tiene más que ver con los viejos intereses geoestratégicos de 1853-1856 que con una sincera defensa del Estado ucraniano, útil para Occidente sólo en tanto y en cuanto que colonia y bastión de sus arriesgados intereses dentro del territorio histórico de los eslavos orientales.

A pesar de la importante penetración del capitalismo en la Rusia postsoviética que le ha permitido apropiarse de importantes sectores estratégicos, como por ejemplo la producción de níquel, o debilitar importantes sectores científico-técnicos del sistema productivo ruso, el objetivo principal, el desmembramiento de Rusia y su conversión en periferia absoluta del capitalismo imperialista, no ha podido llevarse a cabo. La URSS y el socialismo ya hace tiempo que desaparecieron de Rusia, Putin no es un líder socialista, pero Rusia, en su estructura productiva, social y cultural sigue siendo un híbrido difícil de calificar donde conviven las reformas económicas neoliberales de los noventa con la arraigada y obstinada pervivencia de elementos estructurales fundamentales del socialismo soviético.

En este momento histórico concreto la permanencia de Vladimir Putin como Presidente supone un gran obstáculo para los planes de Occidente, sobre todo cuando Rusia ha vuelto con fuerza al concierto geoestratégico internacional haciendo frente a las descaradas y agresivas políticas imperialistas en Iberoamérica, Oriente Medio, África y Asia. Aquí reside, en última instancia, el motivo de los desesperados ataques contra su figura en particular y contra Rusia en general.

Moscú-julio 2020

rusia_revolucion

LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL” IV

Cuarta parte: Pasar a cuchillo a cien mil hacendados.

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

I.- «…Es política»

En el mes de febrero de este año aparecieron en la prensa española una serie de artículos sobre el gran escritor soviético Boris Pasternak y su célebre novela Doctor Zhivago a consecuencia de la novela de una escritora norteamericana que ha construido su obra sobre la trama conspirativa creada por la CIA para publicar la novela de Pasternak fuera de la Unión Soviética y utilizar tanto a la obra, como al autor soviético, como instrumentos en la política de descrédito del socialismo soviético.

No está previsto tratar en esta entrega el asunto Pasternak-Doctor Zhivago, sino que está programado para tratarlo más adelante y en profundidad, pero hay un aspecto sobre el que me gustaría llamar la atención: en los diferentes artículos aparecidos en la prensa, el acento se pone en el hecho de que la novela fue «prohibida» en la URSS porque Pasternak, al que le gustaba «hurgar en su alma», hizo en su obra una «defensa del individualismo», motivo por lo que fue censurado, criticado y condenado públicamente por una multitud de compañeros escritores.

Esta condena del «individualismo» de Pasternak es presentada por todos los articulistas como un disparate, como la muestra más evidente del despotismo soviético que perseguía cualquier manifestación de lo individual, por eso, es necesario señalar unos cuantos matices

Doctor Zhivago no fue prohibida. Las revistas literarias Znamia y Novi Mir la rechazaron por no estar la obra en el marco de la línea editorial de las dos revistas, y así le fue comunicado al escritor, por ejemplo en la carta del consejo de redacción de Novi Mir enviada a Pasternak al devolverle el manuscrito de la novela.

El siete de enero de 1957 la editorial Goslitizdat firmó un contrato con Pasternak para la publicación de Doctor Zhivago en la URSS. En la editorial le pidieron que hiciera ciertas modificaciones para matizar precisamente ese espíritu individualista que impregnaba varios pasajes de la novela, así como la posible interpretación de que la Revolución de Octubre pudiera ser considerada como un momento negativo en la historia de la URSS. Al parecer Pasternak se negó de forma radical a hacer aquellos cambios. «Me alegraré de todos aquellos impedimentos que eviten la publicación de mi novela en la URSS» parece que llegó a decir… Estaba en su absoluto derecho. El poeta, y gran traductor de Shakespeare al ruso, estaba ya muy influenciado por el círculo de provocadores que le rodeaban en sus últimos años de vida, empeñados éstos en utilizar su nombre y su obra en aquella provocación orquestada por la CIA.

Fue la salida y publicación ilegal de la novela fuera de la URSS, con la participación poco clara en todo aquello de la editorial italiana que tenía los derechos sobre la obra en Europa occidental, lo que, en plena guerra fría, fue interpretado como una traición de Pasternak a la Unión Soviética. Los servicios secretos soviéticos supieron desde el primer momento de aquella trama organizada por la CIA y de cómo el escritor se prestó a colaborar en ella.

«Camarada Sholojov, esto ya no es literatura, esto es política», le dijo Stalin al autor del Don Apacible años antes, durante la colectivización del campo. Y fue precisamente la constancia de la participación de Pasternak en aquella trama política, que iba mucho más allá de la mera creación literaria, lo que provocó todo el escándalo posterior que llevó a que Pasternak no pudiera acudir a recoger el premio Nobel de Literatura que le fue concedido al año siguiente.

Excepto la CIA, todos salieron, o salimos, perdiendo: Pasternak, la URSS, los partidos comunistas europeos, la idea del comunismo, la literatura… Aún hoy día, a pesar de que ya queda claro el papel de la CIA y de los servicios secretos de otros países en aquella trama y en las que estuvieron detrás de las «fugas de disidentes», muchos siguen pensando que el socialismo soviético censuraba o cercenaba la libertad de expresión, en este caso, de sus escritores.

Que una editorial o una revista no acepte un manuscrito para su publicación es algo habitual a lo largo de la historia de la literatura, del ensayo o de la investigación, en todo el mundo sin excepciones. Y también es habitual que los redactores de las editoriales sugieran o impongan, que de todo hay, a los autores determinadas “correcciones” en sus obras. En cada lugar y en cada caso los argumentos varían. El diario El País puede negar la publicación de un artículo por considerarlo contrario a los principios europeistas, la revista Mientras Tanto porque se hace mención a Stalin o una editorial norteamericana de los años 50 o 60 del pasado siglo lo hacía porque la obra «olía» a comunismo. Cada editorial, cada revista o periódico, cada sociedad, se protege de sus «demonios» como considera adecuado.

Pero todo esto es secundario. Lo importante radica en otro aspecto que nos puede dar la clave para entender por qué la novela de Pasternak no fue aceptada para su publicación y fue tan duramente criticada por muchos escritores en la Unión Soviética: el individualismo que al parecer destilaba y que hoy se ensalza como el gran logro de conciencia de la humanidad.

Y aquí es importante tener en cuenta que no es lo mismo la persona que el individuo. Lo segundo no existe, no es más que la aplicación al ser humano de los fundamentos atomistas de la revolución científica y su incorporación a la filosofía política y al liberalismo. El individualismo es una entelequia filosófica del capitalismo que ha conseguido introducirse en nuestro vocabulario habitual y que corroe nuestro discurso desde el momento que utilizamos este concepto sin saber realmente a qué nos estamos refiriendo. Individuo y persona no son sinónimos, son antónimos. La persona, el ser humano, es un ser social, todo lo contrario a un individuo.

La clave del conflicto en la URSS, entre Pasternak y los escritores que condenaron su obra por individualista, está precisamente en esa dicotomía conceptual y en la lucha, violenta en muchas ocasiones, de la literatura rusa y soviética por la defensa de lo colectivo, de la justicia social, del asunto común.

Y ese conflicto es precisamente el hilo conductor de la serie de artículos que estamos publicando. Para entender si hubo o no violencia sobre la libertad de conciencia en el caso Pasternak-Doctor Zhivago, conviene continuar por donde lo habíamos dejado…

II.- Ni un Zar … ni un manto de armiño que oculte la incapacidad hereditaria…

Бесы (Besi = Los demonios), es una de las cuatro obras maestras de Dostoevskii, en la que el autor se adentró de forma magistral en la naturaleza de la revolución y de los sujetos revolucionarios. Y lo que nos mostró no siempre lo entendemos y nos gusta.

En el desarrollo de movimiento revolucionario en Rusia en las décadas de los años comprendidos entre 1830 y 1850, el lugar de los partidos políticos estuvo ocupado por los llamados kruzhki, círculos, (todo tiene un origen…) en los que se debatían cuestiones sociales, políticas y culturales, en especial literatura, música y pintura. Estos círculos estaban formados principalmente por jóvenes y fueron creados en casi todas las ciudades importantes, desde S. Peterburgo y Moscú, hasta las ciudades de Siberia. Por ejemplo el de Petrashevskii, del que ya hemos hablado con detalle en páginas anteriores, o el de Stankevich en Moscú a finales de la década de 1830, del que formaron parte unos jóvenes que se convirtieron en el núcleo del pensamiento revolucionario en Rusia: Bakunin, Hertzen, Ogariov, Belinskii, etc.

La década de 1860 empezó en Rusia con la esperanza de la liberación de los campesinos de la servidumbre, sin embargo el Manifiesto de la Liberación, de fecha 19 de febrero de 1861, desilusionó a todos y dio un gran impulso al movimiento revolucionario que se extendió prácticamente por toda Rusia, pero ya mucho más radicalizado. El escritor y publicista Nikolai Shelgunov escribió en verano de 1861 la proclama “K Molodomu pokoleniiu” (A la Joven Generación), en la que, entre otras cosas, decía: “El Soberano ha engañado las esperanzas del pueblo: no le ha dado una auténtica libertad… No necesitamos ni un zar, ni un emperador, ni un bendecido por Dios, ni un manto de armiño que oculte la incapacidad hereditaria. … Si Alexander II no entiende esto y no quiere de forma voluntaria hacer concesiones al pueblo, peor para él … Joven generación … si para la consecución de nuestros objetivos, el reparto de la tierra entre el pueblo, fuese necesario pasar a cuchillo a cien mil hacendados, no nos asustaremos por esto. …Rusia no se va a dar cuenta de semejante pérdida. … Todos los que están en contra del pueblo, todos los que le explotan … y que tienen como objetivo … los privilegios y su posición privilegiada, es decir la aristocracia y el partido aristocrático, son todos enemigos del pueblo, enemigos de Rusia. No hay que tener compasión de ellos” (SHELGUNOV, [1861]1958).

III.- ¡A las hachas!

Piotr Zaichnevskii fue otro de los jóvenes radicales que tuvieron gran influencia en la evolución del movimiento revolucionario ruso. Fue estudiante de la Facultad de Física y Matemáticas de la Universidad de Moscú, donde pronto comenzó a participar en diferentes círculos de estudiantes revolucionarios. En julio de 1861 fue arrestado por la difusión de literatura prohibida y por la realización de actividades contra la monarquía. Una vez juzgado recibió su primera condena de dos años y ocho meses de exilio en los alrededores de la ciudad de Krasnoyarsk. Pasó prácticamente toda su vida en el exilio en Siberia, con cortos periodos en los que le autorizaron a volver a ciudades de provincia relativamente cercanas a Moscú.

Mientras duró aquel primer proceso, encontrándose en prisión provisional, en el año 1862, escribió el manifiesto Molodaia Rossiia (Rusia Joven) que tuvo una gran difusión e influencia entre los jóvenes escritores y revolucionarios de toda Rusia. Retomando el mesianismo de la Idea rusa expresado por Chaadaev, Zaichnevskii consideraba que sobre Rusia había recaído la responsabilidad de llevar a cabo la primera revolución social en el mundo: “Rusia ha entrado en el periodo revolucionario de su existencia … Desde abajo se oye el sordo y recóndito rumor … del pueblo explotado … [por] un puñado de personas, … los hacendados, … descendientes de los antiguos amantes de las emperatrices, los comerciantes que hicieron sus capitales robando y mediante engaños, los funcionarios que robaron grandes fortunas, … y a la cabeza de ellos el Zar. … La salida de esta oprimente y terrible situación … es la revolución. Una revolución sangrienta e implacable, una revolución que deberá cambiar todo de forma radical … y aniquilar a los partidarios del orden actual. Nosotros no tememos a la revolución … Estamos dispuestos a sacrificar nuestras cabezas … Recuerda, juventud … tú tienes que estar a la cabeza de este gran movimiento… Pronto llegará el día en el que … avanzaremos sobre el Palacio de Invierno y liquidaremos a todos los que allí se encuentren. Puede ocurrir que … el partido aristócrata se levante como una sola persona en defensa del Zar, porque en esta cuestión irá implícita la propia existencia de la aristocracia. Y en este último caso … con toda la confianza del pueblo depositada … en el glorioso futuro de Rusia, por ser la primera en llevar a cabo el gran asunto del socialismo, daremos un único grito: ¡a las hachas! Y entonces … golpea al partido imperial, sin tener lástima … golpea con el hacha en las plazas, si estos demonios tienen el atrevimiento de salir a ellas, golpea en las casas, golpea en los estrechos callejones de las ciudades, golpea en las anchas calles de las capitales, golpea en las aldeas y en los poblados. Recuerda que en esos momentos quien no esté con nosotros, estará en contra de nosotros. Y quien esté en contra de nosotros, será nuestro enemigo, y a los enemigos hay que aniquilarlos utilizando todos los medios” (ZAICHNEVSKII, [1862] 1997).

Hay un dato muy interesante en relación con este estado de ánimo revolucionario que se estaba extendiendo por toda la población: los revolucionarios en Rusia en aquellos años eran principalmente jóvenes estudiantes universitarios, escritores, procedentes de todos los estamentos y protoclases sociales que empezaban a formarse en aquel mundo en ebullición y cambio, excepto del campesinado. Como sabemos, en Rusia los campesinos no tenían derecho a recibir educación más allá de la primaria. Si un campesino superaba dicho nivel de educación escolar era automáticamente expulsado del estamento campesino y desposeído de todas las tierras que pudiera disponer en arriendo, usufructo o incluso en propiedad.

IV.- El eco de los tiros de un revolver defectuoso.

Aquellos jóvenes se dedicaron, en un principio, a la difusión de las ideas revolucionarias y no tenían claro la forma de pasar a la acción. De hecho, la inmensa mayoría de ellos proponían formas de acción pacíficas. En este sentido es importante conocer las actividades del círculo revolucionario que se formó en S. Peterburgo alrededor de otro joven estudiante universitario, Nikolai Ishutin, que tenía como objetivo la difusión de las ideas socialistas, pero que para ello se propuso recurrir a un medio novedoso: poner en práctica la “ida al pueblo”, marchando a las aldeas y poblados y creando pequeñas cooperativas agrícolas. Y en ellas, en contacto directo con los campesinos hacer propaganda de las ideas socialistas y revolucionarias (VILENSKAIA, 1965).

Aunque la mayoría de los miembros del grupo de Ishutin eran partidarios de la acción pacífica, unos cuantos tenían inclinaciones por la acción violenta. Incluso uno de ellos, primo hermano de Ishutin, había planteado llevar a cabo un atentado contra el Zar, algo que a los demás les había sonado a delirios de un loco. Sin embargo, este joven, de nombre Dmitri Karakozov, decidió por su cuenta asesinar al Zar Alejandro II y el 4 de abril de 1866 le disparó con un revólver defectuoso. Entre el revólver, el susto que debía llevar el terrorista, el decisivo empujón que dio a Karakozov un joven campesino que pasaba por allí y la suerte que acompañó en aquella ocasión al Zar, el inexperto terrorista erró el tiro y Alejandro II salió ileso.

Por cierto, que el joven campesino estuvo a punto de ser juzgado por cómplice. Lo salvó un general que vio su valiente proceder. La misma noche del atentado el Zar le dio las gracias en un acto público en palacio. Luego, le honraron con un empleo militar, lo nombraron aristócrata, le dieron una hacienda con muchas tierras y siervos… donde murió alcoholizado años después. Sin embargo, el joven terrorista no tuvo tanta suerte. Fue detenido en el sitio y seis meses después, el 6 de septiembre de 1866 fue colgado por regicida.

Aquellos disparos de Karakozov tuvieron una influencia decisiva en la literatura y en el movimiento revolucionario. Por un lado el Gobierno se lanzó a una política represiva sin precedentes en Rusia, dirigida principalmente a los jóvenes universitarios. Fueron disueltos todos los círculos, fueron canceladas las ayudas y becas a los estudiantes. Las “cooperativas agrícolas” y las “cooperativas obreras” creadas por los jóvenes en su ida al pueblo fueron disueltas, y las que se mantuvieron lo hicieron en la clandestinidad.

La acción represiva tuvo en el movimiento revolucionario una repercusión contraria a la buscada, fundamentando y consolidando la propia acción revolucionaria. Además, el atentado tuvo un efecto específico entre la juventud revolucionaria. Por un lado, la figura del Zar y con ella su familia quedó desacralizada. Se podía atentar contra el Zar. Sólo era cuestión de tomar esa decisión, de tener la valentía de asumir las consecuencias, entre ellas la muerte. Y precisamente, la asunción de ese sacrificio enriqueció hasta límites anteriormente inimaginables la naturaleza romántica del revolucionario y de la causa revolucionaria.

Una parte mayoritaria de la intelligentsia rusa reconoció de forma abierta que la violencia, el terror, eran un medio adecuado para la consecución de transformaciones políticas y sociales y pasó a apoyar y utilizar de forma abierta el terrorismo. Incluso aquellos que no lo apoyaron explícitamente, veían con simpatía las acciones terroristas y la propia idea del terror como instrumento del cambio social y político. Los terroristas pasaron a ser percibidos como héroes entre la intelligentsia, al tiempo que sus diferentes organizaciones se entregaron con total displicencia al terrorismo, atentando contra miembros de la familia real, contra políticos, militares, jueces y funcionarios estatales de todo tipo, clase y condición.

A partir de aquel fallido atentado, el terrorismo apareció como un fenómeno masivo en el que se mezclaban populismo, periodismo, nihilismo, literatura, revolución, arte, violencia y acción directa…, y que pasando por los disparos de Kaplan a Lenin en 1918 y de Nikolaev a Kirov en 1934, se prolongó en una escalada continua hasta entrado el sistema soviético.

Moscú, marzo 2020

CONTINUARÁ

Bibliografía

ITENBERG, B., 1999. Rossiiskaia intelligentsiia i zapad. Vek XIX. Moskva: Nauka.

SHELGUNOV, N., [1861]1958. K Malodomu pokoleniiu. En: Narodnicheskaia ekonomicheskaia literatura. Izbrannie proezvedeniia. Moskva: Gosudarstvennoe sotsialno-ekonomicheskoe izdatelstvo.

VILENSKAIA, E. S., 1965. Revoliutsionnoe podpole v Rossii (60-e godi XIX v.). Moskva: Nauka.

ZAICHNEVSKII, P., [1862] 1997. Molodaia Rossiia. En: Revoliutsionnii radikalizm v Rossii: vek deviatnadtsatii. Dokumentalnaia publikatsia.. Moskva: Arjeograficheskii tsentr.

LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL” III

Tercera parte: “Todos somos nihilistas”

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

I.- Un plan global de transformación y destrucción.

Vimos en el capítulo anterior la escenificación de la pena de muerte de Dostoevskii y sus compañeros. Toda una demostración ejemplar del poder sobre la vida y la muerte del Zar de Todas las Rusias. Para ahondar más en la naturaleza del conflicto que se estaba fraguando en aquellos años, quizá resulte ilustrativo conocer algunos rasgos de la biografía de una de las personas que jugaron un papel destacado en aquel caso. Se trata de Iván Petrovich Liprandi, destacado militar, escritor y uno de los principales historiadores rusos del siglo XIX.

Su padre, Pedro de Liprandi fue un aristócrata italiano de origen español que en 1785 se estableció en Rusia invitado por Ekaterina II. Su hijo Iván nació en Rusia y con sólo tres años de edad fue inscrito en un regimiento militar por su padre. Aquella vinculación con el ejército desde tan temprana edad marcó toda la vida posterior del futuro historiador. Alternando periodos de licencia con periodos de servicio militar Iván Petrovich Liprandi acabó su carrera militar como general. Entremedias, participó en numerosas campañas militares, incluidas las de la guerra contra el invasor Napoleón.

Fue amigo de Pushkin y muy conocido en los ambientes en los que se desenvolvía el poeta y sus amigos. En 1826 fue arrestado en la causa general contra los decabristas. Mantuvo estrechas relaciones de amistad con muchos de ellos y estuvo exiliado en Moldavia, en la ciudad de Kishenev, donde compartió destino con otros decabristas también exiliados. Más tarde fue readmitido en el ejército y participó en la campaña militar de 1828-1829. Sus inquietudes intelectuales las dirigió a la historia, la religión y los asuntos orientales.

Autor de varios libros y de numerosos artículos, acabó especializándose en la historia de la guerra contra Napoleón, recopilando prácticamente todos los materiales publicados por otros autores tanto en Rusia como en el extranjero. Publicó a su vez un gran número de trabajos en los que recogió las memorias de muchos de los participantes en aquella guerra. Además, publicó la más completa bibliografía sobre la guerra y creó una colección completa de todos los artículos publicados. Como nota curiosa, indicar que el escritor Lev Tolstoi utilizó la gran cantidad de materiales publicados por Liprandi para escribir su monumental “Guerra y Paz”.

En el año 1840 pasó a forma parte del Ministerio del Interior y en marzo de 1848, Liprandi fue encargado de la investigación en secreto de la tertulia de Butashevich-Petrashevskii. Su prestigio y buena pluma resultaron determinantes para la posterior evolución de los acontecimientos con el resultado final que ya conocemos.

He aquí un extracto de su brillante informe: “Los miembros de esta sociedad pretendía influir en las masas a través de la propaganda. Con este objetivo mantuvieron discusiones sobre como despertar en todas las clases del pueblo el descontento contra el Gobierno, como armar a los campesinos contra los propietarios de tierras, a los funcionarios contra sus jefes, como utilizar el fanatismo de los cismáticos (religiosos), y en los demás estamentos socavar y destruir todo sentimiento religioso, … como actuar en el Cáucaso, en Siberia … en Finlandia, en Polonia, en Malarossia … Por todo esto llegué al convencimiento de que no se trataba de una conjura pequeña y aislada, sino de un plan global, de un movimiento de transformación y destrucción”. (LIPRANDI, [1849]1872)

II.- Una entrega al pueblo.

Quizá la característica más importante de la intelligentsia rusa es su componente nihilista. Se puede decir que al igual que el populismo, el anarquismo o el bolchevismo, el nihilismo es una creación de la cultura rusa. En su formulación técnica, se trató de un movimiento intelectual por la liberación social. Pero, finalmente, resultó ser mucho más que eso.

En la base del nihilismo ruso se encuentra el ascetismo del cristianismo ortodoxo ruso, la percepción de que el mundo se encuentra sumergido en el mal, la negación de la riqueza y el bienestar como expresión del pecado, en definitiva la negación del mundo, en el entendimiento de que en él domina el pecado, el mal y la explotación de las personas.

Pero, al mismo tiempo, este ascetismo religioso del nihilismo negó, y niega, radicalmente a Dios. Niega el alma, el espíritu, y se convierte en ateísta. Y sobre la base de la negación de Dios, sobre la base de ese ateísmo radical, todos los esfuerzos han de ser dirigidos a la emancipación del hombre en la tierra, a la liberación del pueblo trabajador de los terribles sufrimientos a que es sometido, a la creación de las mejores condiciones para disfrutar de una vida feliz, aunque ascética, en la tierra.

Como escribió el filósofo N. Berdiaev, el nihilismo ruso… “Es la insurrección contra la ausencia de verdad en la historia, contra las mentiras de la civilización. Es la exigencia de que acabe la historia y comience una nueva vida fuera de la historia, suprahistórica. El nihilismo es… la transformación en nada de todas la tradiciones históricas, la emancipación del hombre natural al que ya no le serán impuestos ningún tipo de cadenas” (BERDIAEV, 1997, p. 281).

Hay dos aspectos fundamentales en el nihilismo que estarán ya siempre presente en la parte de la cultura rusa que se planteará las grandes cuestiones de justicia social y de modernización de Rusia. Por un lado, la pasión por el materialismo y la adoración de la ciencia, percibida como un instrumento para hacer el bien con el que el hombre construirá la nueva sociedad y liberará a la humanidad de las injusticias y de la explotación.

Y por otro lado, una dura crítica hacia el arte, al que se considerará en gran medida tocado por el pecado del hedonismo. El arte, el momento creativo, y en especial la literatura, debían estar siempre dirigidos a la emancipación social del hombre, del pueblo trabajador. Este aspecto estuvo siempre presente en la vida de los grandes escritores rusos, los cuales tuvieron siempre eternas dudas sobre la justificación social, sobre la verdadera “utilidad” social, de sus obras.

En la misma línea, el nihilismo consideraba como representación del mal al Estado, el derecho, la moral tradicional y todos los institutos sociales que de una u otra manera justificaban la explotación de la persona y del pueblo en su conjunto. Además, el nihilismo, con su acentuado ascetismo, veía en el servicio al pueblo, en la lucha por la liberación del pueblo, una misión cuasi de vocación apostólica. Los jóvenes nihilistas consideraban la revolución como una entrega al pueblo y aceptaban todos los sacrificios necesarios en aras de la liberación popular, incluso si se trataba de la cárcel, del exilio en Siberia o de la condena a muerte.

Estos componentes del nihilismo pasaron a formar parte de todas las teorías sociales en Rusia, de todas las organizaciones y movimientos revolucionarios. “Todos somos nihilistas”, dijo Dostoevskii. Y la historia le dio la razón.

III.- La ida al pueblo.

En Rusia, el populismo (narodnichestvo) fue sin duda el gran movimiento revolucionario durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera década del XX. En la historiografía rusa se entiende por populismo el movimiento de acercamiento de la intelligentsia al pueblo, entendido éste, en lo fundamental, como el campesinado ruso, ya que se consideraba que era el portador de la sabiduría sobre la vida auténtica, que había quedado oculta para las clases dominantes. Había un doble objetivo final en esta marcha al pueblo, por un lado la búsqueda de las raíces populares de la cultura rusa. Por otro, ayudar al pueblo a tomar conciencia de su condición de explotación y humillación a la que estaba sometido y ayudarle en el proceso de liberación y de construcción de un nuevo orden social.

La intelligentsia era consciente de la pérdida, o incluso ausencia, de los vínculos con el pueblo, lo que la hacía sentirse culpable y en una eterna deuda histórica. El populismo de tipo socialista consideraba que las clases dominantes debían su bienestar y su cultura a la dominación y explotación del pueblo y que incluso los intelectuales, los artistas y escritores debían su preeminente situación cultural a la explotación del pueblo trabajador. Esta percepción dio lugar a que muchos de los grandes artistas y escritores rusos se sintieran separados del pueblo y aislados socialmente. En esta situación de culpa espiritual, los escritores se lanzaban literalmente a “buscar” al pueblo. Esta era la naturaleza de la permanente crisis espiritual de los grandes genios de la literatura rusa como Dostoevskii y Tolstoi.

Al mismo tiempo, el populismo tenía un carácter telúrico, vinculado a la tierra, asumido a través de la esencia misma del pueblo, es decir el campesinado. Y toda vez que el campesinado era colectivista, el populismo era a su vez colectivista. Como dice Berdiaev “Todos los populistas idealizaron las formas de vida campesinas. La comunidad campesina era considerada por ellos como un producto original de la historia rusa, como un tipo ideal [de economía], o como decía N. Mijailovskii, un tipo ideal [de economía] en un estadio inicial de desarrollo” (BERDIAEV, 1997, p. 294). En consecuencia el populismo hará del colectivismo campesino la base y expresión de su Idea de Rusia, de sus proyectos de transformación social.

No se puede hablar de un único populismo. En su seno se manifestaron varias corrientes. El populismo de base filosófica religiosa, por ejemplo el de los eslavófilos, el de Dostoevskii o Tolstoi, entendía que en el pueblo estaba escondida la verdad religiosa. Por el contrario, el populismo social, muchas veces ateísta, consideraba que el pueblo escondía la verdad social. Como después pasaría con el bolchevismo, el populismo albergó en su seno a eslavófilos y occidentalistas, a revolucionarios y conservadores, a socialistas, marxistas y anarquistas. Unidos y al mismo tiempo enfrentados de forma radical, unos y otros consideraban que había que llegar al pueblo.

Precisamente, el principal objetivo de los marxistas rusos, en particular de Plejanov y del joven Lenin, fue desmontar las percepciones idealistas que del campesinado ruso tenían los populistas. Pero, curiosamente, una vez eliminado ese componente idealista, y entendiendo el significado del campesinado como clase en la revolución, Lenin, ya a partir de los años 1905-1097, asumió los elementos fundamentales del populismo, racionalizándolo con el marxismo e incorporándolo al bolchevismo. Por cierto, para gran desesperación de Plejanov y de los marxistas socialdemócratas ortodoxos.

Moscú, febrero 2020

CONTINUARÁ

Bibliografía

BERDIAEV, N., [1918] 1991. Duji russkoi revoliutsii. Iz glubini, sbornik statei o russkoi revoliutsii. Str. 62. Novosti. Moskva 1991. [Petrograd] Moskva: Novosti.

BERDIAEV, N., 1997. Istoki i smilsl russkogo kommunizma. Moskva: Svarog i Ko.

BERDIAEV, N., 2016. Russkaia ideia. Mirosozertsanie Dostoevskogo. Moskva: Izdatelstvo E.

ITENBERG, B., 1999. Rossiiskaia intelligentsiia i zapad. Vek XIX. Moskva: Nauka.

LIPRANDI, I., [1849]1872. Zapiski I. P. Liprandi. Mnenie, predstavlennoe d. s. s. I. P. Liprandi po trebovaniiu bisochaishe uchrezhdennoi kommissii nad zloumishlennikami (17 avgusta 1849).. En: Russkaia Starina. Tom 6. s.l.:s.n., pp. 76-77.

MOCHULSKII, K., 1995. Gogol, Solovev, Dostoevskii. Moskva: Respublika.

ROZANOV, V., 2017. Ot Dostoevskogo do Berdiaeva. Razmishleniia o sudbaj Rossii. Moskva: Algoritm.

ZENKOVSKII, V., [1948] 1989. Istoriia russkoi filosofii (Tom 1 i 2). París: YMCA-PRESS.

ZENKOVSKII, V., [1955] 1997. Russkie misliteli i Evropa. Kritika evropeiskoi kulturi i russkij mislitelei. Moskva: s.n.

JULIO ANGUITA, METAFÍSICA DE LOS HÉROES DEL PUEBLO

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

Durante mi paso por la Universidad de Murcia, en la segunda mitad de los tumultuosos años ochenta, tuve la oportunidad y la suerte de conocer a personas que tuvieron gran influencia en toda mi vida posterior. A todos nos marca la universidad, pero a mí, un chico del campo, me impresionó todavía más. Una de aquellas personas fue sin duda alguna mi profesor, maestro y gran amigo, Juan Moreno. Un hombre brillante, comunista hasta la médula. Yo, que venía del comunismo de los hombres del campo, del comunismo de mi padre y de mis tíos, con Juan me sentí cómodo desde el primer momento. Él me apoyó y me animó en mi loca idea de venir a Rusia. Lo conocí una tarde, en mi primera asistencia a sus clases de arte contemporáneo. Muy pronto, nos hicimos amigos y durante largos años mantuvimos fantásticas conversaciones.

Siempre decía que en caso de duda, la respuesta estaba en los grandes. Por ejemplo, en Velázquez, Goya o Picasso. Un día, al poco tiempo de que Julio Anguita fuese elegido Secretario General del Partido Comunista de España, mientras hablábamos de una de sus intervenciones públicas, me dijo: “Antonio, este hombre es uno de los grandes”. Y no se equivocó.

***

Cuando llegué a la Unión Soviética me encontré en pleno debate de la Perestroika. En realidad, se estaba ventilando la derrota del socialismo soviético y nosotros, los más y los menos jóvenes, sin enterarnos de nada. Qué desastre.

Entre aquellos debates se ponían en duda los referentes de la memoria colectiva soviética, sus héroes y mitos. Me sorprendió, en especial, la campaña de descrédito a la que fue sometida por aquellos años Zoia Kosmodemianskaia, una joven de apenas 18 años que en los primeros meses de la guerra fue apresada, en plena misión de sabotaje tras las líneas enemigas, por los soldados alemanes, fieramente torturada y finalmente ahorcada en un improvisado patíbulo.

Zoia se convirtió muy pronto en uno de los referentes fundamentales del heroísmo del pueblo soviético en la lucha contra el fascismo y como tal se mantuvo durante largos años hasta que en la Perestroika fue «acusada» de padecer esquizofrenia. Resultaba que su acto de heroismo, como el de todo el pueblo soviético no había sido más que un acto de locura. Pero aquella campaña no pasó de ser un rabioso ataque de los medios de comunicación, ya en manos del enemigo, que nunca consiguió hacer mella en la conciencia colectiva soviética y rusa.

***

A pesar de haber leído alguna de las obras de León Tolstoi en español, no llegué a entender su verdadera naturaleza hasta años después, ya en Rusia, cuando fui descubriendo su vínculo con el pueblo ruso, con el campesinado. La fuerza de la literatura de Tolstoi está precisamente en ese vínculo indestructible con el campesinado. No importa la cuna, o la procedencia social, para llegar a convertirse en expresión de las aspiraciones del pueblo. Los campesinos en Rusia entendieron ese vínculo del gran maestro Tolstoi con la causa popular y estuvieron siempre de su parte.

Eran los primeros años del cine y quizá por eso impresiona todavía más ver las imágenes de los últimos días del escritor y de su multitudinario entierro captadas por una linterna mágica. Su esposa, intentando entrar sin éxito en la casa del jefe de estación donde agonizaba el escritor. El propio Tolstoi le prohibió la entrada. Había roto todos los puentes con su clase y se marchaba a la muerte en compañía de los otros, de los campesinos, del pueblo llano.

La Iglesia rusa lo excomulgó y lo expulsó de su seno y Tolstoi no fue admitido en un cementerio ortodoxo. Su cuerpo está enterrado bajo unos árboles, a la orilla de un camino, en el centro de su Yasnaia Poliana. Allí, en su solitaria tumba, a través de las raíces de los árboles está en contacto directo con la tierra rusa, forma parte de ella, y de la mano de las cabalgadas y combates de sus héroes, como Jadzhi Murat, se extiende y se derrama en un todo telúrico por la inmensidad de Rusia. Y los campesinos, como expresión del pueblo, de lo popular, así lo entendieron.

Y también lo entendió Lenin. “Tolstoi es el espejo de la revolución rusa”, dijo el gran comunista. Y habló al mundo y dio un nuevo verbo, una nueva palabra para que las insurrecciones campesinas dejaran de serlo y se convirtieran en revoluciones transformadoras. El gran sabio Vernadski dijo que la actividad humana, por lo decisiva y contundente sobre todo el planeta, se había convertido en una actividad geológica. Esa fue la dimensión de la revolución de los campesinos, una revolución contundente, geológica, que puso en contacto la virulencia del choque de las placas tectónicas con la contundencia del conflicto social.

***

La imagen de Zoia ha estado siempre acompañándome durante mi vida en Rusia. Hace años, en una de mis visitas a la casa de Serguei Kará-Murzá, cerca de la ciudad de Mozahisk, en un giro incorrecto en la carretera, me encontré de pronto con su museo en la aldea de Petrishevo. Siempre como un recordatorio. En otra ocasión, en un paseo por el cementerio de Novodievichi, en el centro de Moscú, me encontré con su tumba y el escorzo de su escultura. Y frente a ella, la tumba de su hermano Alexander, caído en combate y también Héroe de la Unión Soviética.

Una tarde, rebuscando entre las estanterías de una librería de viejo, me topé con un libro grande, delgado y de tapas rojas. Era la edición de lujo de “Zoia”, el largo poema épico de Margarita Aliger dedicado a la heroína, publicado en el año 1948. Pero la sorpresa me esperaba dentro del libro. Tras la portada, una página del periódico Pravda de 27 de enero del año 1942 con un artículo titulado «Tania» escrito por el corresponsal de guerra Piotr Lidov. La primera referencia escrita sobre la hazaña de Zoia que para ocultar su identidad se identificó ante los alemanes con el falso nombre de Tania. Más adelante, una fotografía estremecedora de Zoia-Tania realizada por el también corresponsal de guerra Serguei Strunnikov y que fue publicada también en el periódico Pravda junto con el artículo anteriormente mencionado. De una belleza inusual que la muerte no había podido todavía arrancar de su rostro. Su cuerpo congelado sobre la nieve blanca, apuñalado, al que le faltaba uno de sus pechos rebanado por un cuchillo desdentado, un cuchillo fascista, la soga todavía en su cuello, apretando y tirando, forzando el escorzo luego recogido en su escultura.

Cuando los oficiales alemanes interrogaron a Zoia, le preguntaron, entre otras cosas: “¿Dónde se encuentra Stalin?” Una pregunta bastante absurda. ¿Cómo podía saber una joven de 18 años donde estaba Stalin? Un sin sentido. O no. Zoia les respondió… “Stalin está en su puesto”.

¿Y cuál era el puesto de Stalin? ¿Su despacho en el Kremlin? No. Ya en aquellos días Stalin trascendía su propia naturaleza y se había convertido en la expresión por antonomasia de la revolución de los campesinos, en la revolución de todo el pueblo. Él, Stalin, ya era en sí mismo una dimensión geológica. “Camaradas, no me vengan con sus sueños y utopías campesinas y milenaristas”, decía con brusquedad. La revolución de los campesinos debía transformarse en la modernidad socialista.

Antes de ser ejecutada Zoia se dirigió a los soldados y oficiales alemanes: “No tengo miedo a la muerte… muero por el pueblo… no podréis matarnos a todos… Temblad porque vendrá Stalin y me vengará… acabará con todos vosotros”. Aquel Stalin al que se refería Zoia en las puertas de la muerte ya no era de carne y hueso. Era la fuerza vengadora del pueblo, su expresión geológica y al mismo tiempo cósmica. Y es cierto que llegó y vengó. Ordenó no hacer prisioneros entre los componentes de aquel regimiento de soldados alemanes. Al coronel que mandaba el regimiento, aún a pesar de no estar presente y no participar en la tortura y ejecución de Zoia, le acompañó toda la vida el pánico, el miedo a ser alcanzado por la venganza popular, telúrica. Miedo a que desde lo profundo de la tierra le alcanzara el brazo de la venganza.

***

Moscú, año 1995, en pleno caos tras la desaparición de la URSS, el nueve de mayo se celebra el Día de la Victoria. Yeltsin está escondido y la convocatoria la hacen el Partido Comunista de Rusia y otras organizaciones patrióticas. Las calles de Moscú son un hervidero de gentes que tratan de confluir en la ruta de la manifestación convocada, desde la Estación de Bielorrusia hasta la Plaza Lubianka. Miles, cientos de miles de personas. Imposible e innecesario establecer una cantidad. Arrastrado por la multitud, entre miles de veteranos de la guerra me encuentro frente a un cordón de la milicia que trata de evitar el paso a la Plaza Roja. Frente a la plaza del Teatro Bolshoi, junto a la escultura de granito de Carlos Marx, una multitud de veteranos presiona el cordón de jóvenes milicianos. Sin violencia, empujan y empujan. Los chavales tampoco se atreven a golpear a los veteranos. Hasta que el cordón cede y la milicia se aparta y como en una gran avenida de agua, miles de personas se dirigen a la Plaza Roja y por detrás del mausoleo de Lenin van directos a la tumba de Stalin.

Sin prisa, miles y miles de personas pasan por delante de su tumba y van dejando claveles y más claveles. Se inclinan, hacen una reverencia. Muchos se santiguan. Una corresponsal de una televisión de los EEUU da las instrucciones a su cámara para que recoja todo con detalle. Los ojos de la joven periodista van aumentando poco a poco de tamaño hasta que parece que van a salirse de sus órbitas. No entiende nada. Quizá nunca lo entiendan. Quizá tampoco sea necesario.

***

“Quiero escarbar la tierra con los dientes…” escribió nuestro gran Miguel Hernández, poeta cósmico de contundencia geológica. La tierra es por antonomasia el vínculo con lo popular. Por eso, ahora, tan urbanos todos, estamos huérfanos. Nos falta la madre tierra, la concreción física de la Patria. Hasta eso nos han robado. Dolores Ibarruri, nuestra Pasionaria, así lo entendió y eso le llevó a convertirse en la gran expresión del pueblo, la voz de la Patria y la nación española, la de verdad, la del pueblo trabajador. Esa tan diferente a la que pasean, cual fantochada imperial, nuestra oligarquía y sus secuaces instrumentales. Nuestra heroína y nuestra diosa en el Olimpo de los dioses populares llegó allí a través del vínculo telúrico con el pueblo. Vano empeño el del gran Manolo Vázquez Montalban cuando quiso desmitificarla y traerla de nuevo al mundo de los mortales. Para terrenales y mortales ya estamos los demás.

Nuestro querido y amado Julio que acaba de irse de este mundo, tan abundante en fariseos y traidores al pueblo, y también en «cabezas de chorlito», como dijo Pasionaria, urbanas y desnaturalizadas, fue desde el primer momento expresión y explosión de lo popular. Ahí estuvo siempre su grandeza. En algún momento de su rica y agitada biografía, quizá incluso antes de nacer, cuando se conjuntaron los astros y los átomos previos a su materialización en un cuerpo humano, se estableció en él esa indestructible conexión con el pueblo. Y ya nunca la abandonó.

Hay una fuente de la energía que nutre los conflictos sociales que se encuentra oculta tras lo aparente. Es un componente irracional que se encuentra en las profundidades de la conciencia del ser humano. Unos lo llaman el mal. Otros, el caos. Los grandes autores percibieron ese componente y algunos como Tolstoi, aterrorizados por su fuerza, trataron de elaborar una teoría de la no violencia para no enfrentarse al mal con el mal.

Pero la fuerza del pueblo se encuentra también en esa tensión espiritual, incluso en el mal, que es parte consustancial de su naturaleza y que se expresa en un continuo pulso. ¿Qué ocurre cuando el hombre, en permanente tensión entre el bien y el mal, se encuentra en un estado total de libertad, sin límites, sin el control que nos imponemos a través de la sociedad? El caos, en forma de rupturas y catástrofes. ¿Qué pasa cuando la libertad es utilizada por unos cuantos de miles para quitar el pan en la tierra a millones de personas?

Este es el gran problema de la humanidad. El equilibrio entre los límites de la libertad y la justicia social. A pesar de las grandes guerras que han asolado a la humanidad desde los primeros días en que el hombre comenzó a andar de forma erguida por las sabanas africanas, este conflicto, esta dicotomía, no ha sido resuelta. Y unos cuantos miles siguen arrebatando el pan de cada día a millones y millones.

En la resolución de este conflicto, el pueblo trabajador, aquel al que de una y otra forma le arrebatan de forma continua y casi eterna el pan, en la lucha permanente, ha ido forjando a sus héroes y dioses, ha ido forjando su propio Olimpo. Aquí es donde aparece nuestro Julio Anguita como la expresión de los intereses y del sentir popular, incluso cuando el pueblo anda ensimismado, sin noción del conflicto.

Julio entendió y expresó el gran conflicto todavía por resolver entre la libertad y la justicia social. En una época en que la sociedad y sus modelos se alejaron de los pensadores y de los líderes políticos, como la sombra se aleja de su dueño, él consiguió apresar y retener la sombra del fetiche y nos habló alto y de forma permanente, continua, como la voz que surge una y otra vez de la tierra, desde las profundidades donde circulan las placas tectónicas.

Y se convirtió en uno de nuestros héroes. Porque a nosotros, al pueblo, los héroes y los dioses no nos han venido dados de arriba para solucionar nuestros conflictos terrenales y para perdonar nuestros terribles pecados. Nosotros, a los héroes y a nuestros dioses los creamos de tierra y sangre en la lucha continua. Julio Anguita es a la vez causa y consecuencia de la tierra, de la sangre, de los astros, de la razón y los sentimientos de millones de personas empeñadas en buscar una nueva realidad social, quizá en un salto cuantitativo, en una mutación que haga imposible ya para siempre la violencia, la guerra civil y la injusticia social.

Como dijo nuestro querido camarada Julio, quizá cuando más le dolía el corazón… “Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen”.

Moscú, mayo de 2020