Artículos de Antonio Fernández Ortiz que tratan cuestiones relacionadas con la literatura en Rusia.

LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL” V

Quinta parte: La destrucción total.

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

I.- La ciencia de la destrucción.

Serguei Nechaev, nacido en el año 1847, fue otro joven estudiante con gran influencia en la literatura y en el movimiento revolucionario ruso. Con apenas 18 años se trasladó a Moscú donde estuvo trabajando como asistente del historiador M. Pogodin. Después se trasladó a S. Peterburgo donde superó unos exámenes como maestro de escuela primaria al tiempo que asistía a clases en la universidad, donde comenzó a leer literatura revolucionaria y a tener contactos con jóvenes revolucionarios. En el año 1869 emigró por primera vez a Suiza, donde conoció a Bakunin y Ogariov, regresando a Rusia en septiembre del mismo año.

Fue entonces cuando fundó “Narodnaia Rasprava” (Venganza Popular) y cuando se vio envuelto en la muerte del joven Iván Ivanov, militante de su organización acusado de espionaje en favor de la policía. Aunque Nechaev pudo poner tierra de por medio y exiliarse de nuevo en Suiza, ochenta y siete personas fueron juzgadas con diferente suerte por la muerte del joven Ivanov, con graves condenas que llevaron incluidas trabajos forzados y el exilio en Siberia.

En Suiza, Nechaev volvió a ponerse en contacto con Bakunin y Ogariov, pero cuando estos últimos tuvieron noticias del asesinato de Ivanov, rompieron toda relación con él. Finalmente el gobierno suizo autorizó la extradición de Nechaev en el año 1872, siendo juzgado en Moscú en 1873 y condenado a 20 años de trabajos forzados en la mina.

Sin embargo, no fue enviado a trabajos forzados. Fue tratado como preso político y encarcelado en la fortaleza de Petropavlosk, desde donde ejerció una gran influencia entre los soldados de la guarnición que le tenían un gran respeto y admiración y que le facilitaron el contacto con el mundo de la clandestinidad política en el exterior de la cárcel, en la ciudad de S. Peterburgo. Murió en esta ciudad en el año 1882 como consecuencia de una enfermedad, aunque algunas fuentes indican que se suicidó (LURE, 2001). Nechaev es importante para el movimiento revolucionario principalmente por dos cuestiones.

Fue el primero en formular la idea de que para el triunfo de la revolución social era necesario la creación de una única organización revolucionaria de carácter estatal que debería estar formada por círculos de militantes que no bebían conocerse entre ellos para así protegerse mejor en la clandestinidad. Para coordinar la actividad de todos los círculos era necesaria la existencia de órganos de dirección de diferentes niveles que convergerían en un único Comité Central.

Por otro lado, fue el primero en formular la ética del revolucionario. Para Nechaev, la revolución era en primer lugar destrucción total … del viejo orden social. En el primer número de su revista Narodnaia Rasprava escribió: “Tenemos un plan … la destrucción total. Nos negamos a la elaboración de planes sobre las futuras condiciones de vida … Entendemos la destrucción como un asunto tan colosal y difícil que entregamos a él todas nuestras fuerzas y no queremos engañarnos … con el sueño de que tendremos fuerzas y conocimiento para la construcción … asumimos exclusivamente como objetivo la destrucción del sistema social existente. Crear no es asunto nuestro, sino de otros que vendrán después de nosotros… Concentrando todas nuestras fuerzas en la destrucción, no tenemos ni dudas ni desengaños (LURE, 2001, p. 89).

Todo parece indicar que la colaboración directa con Bakunin en el exilio tuvo como resultado su “Katejizi revoliutsionera” (Catecismo de un revolucionario) que tuvo una gran influencia en todas las generaciones posteriores de jóvenes revolucionarios y en el que desarrolló todavía más la ética de la destrucción:

“1. El revolucionario es una persona condenada. No tiene intereses, ni asuntos, ni sentimientos, ni ataduras, ni propiedades, ni siquiera tiene nombre. Todo está sometido a … una única pasión: la revolución.

2. … Ha roto todo vínculo con el orden civil … con las leyes … con la moral de este mundo. Es un enemigo implacable para el mundo, y si continua viviendo es sólo para … destruirlo.

3. El revolucionario … sabe sólo una ciencia, la ciencia de la destrucción. Para eso estudia mecánica, física, química … El objetivo es … destruir lo más pronto posible, lo más efectivamente posible este abyecto sistema. …

5. … Entre el Estado y él hay una guerra … a vida o muerte. Debe estar preparado cada día para morir. Debe enseñar a su cuerpo a soportar la tortura. …

22. Los camaradas no tienen otro objetivo que la total liberación y felicidad del pueblo … Pero con el convencimiento de que esta liberación y la consecución de dicha felicidad es sólo posible mediante la revolución popular destructora. …

23. Para el pueblo, la revolución salvadora puede ser sólo aquella revolución que destruye en su raíz … todas las tradiciones estatales, el orden y las clases en Rusia” (NECHAEV, 1869).

La influencia en Rusia del joven Nechaev, al que muchos consideraron un hombre enloquecido, fue enorme. Quizá no tanto para sus contemporáneos, como para las generaciones revolucionarias posteriores. Su idea de una única organización política fue fundamental para la creación de los partidos políticos revolucionarios, fuertemente centralizados, ascéticos y con una estricta ética en la que primaba el sacrificio personal y colectivo en nombre de la revolución y la felicidad popular. Su influencia superó el ámbito ruso y se extendió por el mundo.

* * *

Por otro lado, se extendió la opinión de que la “ida al pueblo” no daba los resultados políticos esperados, lo que llevó a diferentes grupos a plantear la acción directa terrorista como una manera de provocar la revolución social y la caída del zarismo.

En junio de 1879 como resultado de la escisión de la organización política Zemlia i Volia (Tierra y Libertad), fue creado el partido Narodnaia Volia (Libertad Popular), que realizó una serie de atentados muy sonados, entre ellos varios contra el Zar Alejandro II que culminaron con su asesinato en marzo de 1881.

Tras la muerte del emperador, el Comité Ejecutivo de Narodnaia Volia publicó un manifiesto en el que indicaba al nuevo Zar Alexander III que tenía dos caminos a elegir: o bien la revolución, que no podría impedir por muchas ejecuciones que llevara a cabo, o bien dirigir de forma voluntaria la acción de gobierno a favor del pueblo. El “Comité Ejecutivo, se dirige a Vuestra Majestad con el consejo de que elija el segundo camino” (VOLK, 1965, pp. 170-174).

El terrorismo y la derrota teórica del populismo frente a los marxistas dieron lugar a la ruptura del populismo en minúsculas organizaciones políticas sin conexión entre ellas, hasta que a finales del año 1901 fue constituido el Partido de los Socialistas Revolucionarios, conocido como ESER y sus militantes como eseristas (de la pronunciación en ruso de las consonantes iniciales S = ES y R = ER). Fue fundado tras la fusión de varias organizaciones en un intento de superar el aislamiento político en el que se veían como consecuencia de su carácter minoritario.

El partido ESER tuvo una gran presencia en la vida política rusa, siendo durante muchos años el más numeroso y el que contaba con más apoyos en provincias. Muchos campesinos entendieron ver en este partido la expresión de sus concepciones sobre la propiedad de la tierra. Esta cuestión, la propiedad de la tierra, le hizo perder sus posiciones preeminentes en el verano de 1917, cuando ya en el Gobierno Provisional se negó a atender las peticiones campesinas sobre nacionalización de las tierras. Cuando quisieron rectificar fue tarde, estaba ya avanzado el mes de octubre y Lenin y los bolcheviques se les adelantaron.

El partido ESER fue la única organización rusa que incluyó en su programa la utilización del terrorismo como instrumento para hacer política. Esta táctica terrorista era considerada como una honrosa herencia de la tradición populista de Narodnaia Volia. Con el asesinato del Ministro de Asuntos Internos Sipiagin se dio a conocer la Organización de Combate (Boevaia Organisatsia) del partido ESER. En junio de 1904 fue asesinado el ministro de Asuntos Internos Pleve, en febrero de 1905 el Gran Príncipe Serguei Alexandrovich y en 1911 el Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Asuntos Internos, Stolipin. Entre los años 1902 y 1911, el partido ESER llevó a cabo 248 atentados.

En sus diferentes escisiones, este partido continuó fiel a sus prácticas terroristas prácticamente hasta su desaparición en la primera mitad de los años veinte. Es imprescindible tener en cuenta el maximalismo que caracterizó hasta el final al partido ESER y su “adoración” de la violencia durante tantos años para entender los orígenes del estallido de la guerra civil en Rusia en 1918 y, como no, de la violencia que la caracterizó.

Anna Geifman, en su detallado estudio sobre el terrorismo en Rusia, dice que en el curso de los doce meses transcurridos entre octubre de 1905 y octubre de 1906 murieron o resultaron heridos como consecuencias de actos terroristas la cantidad de 3.611 funcionarios del Estado. Si este periodo se prolonga hasta el final del año 1907, la cantidad supera a las 4.500 personas. Si se tienen en cuenta a todas las personas afectadas, el cómputo de víctimas entre octubre de 1905 y diciembre de 1907 supera las 9.000. La cantidad total de atentados cometidos entre los años 1901 y 1911 superó los 17.000 (GEIFMAN, 1997, pp. 31-33).

Según la estadística oficial, desde enero del año 1908 hasta la mitad de mayo del año 1910, fueron realizados 19.957 actos terroristas, incluidas las llamadas “expropiaciones”, es decir, asaltos a entidades bancarias, oficinas de correos o incluso a haciendas de grandes propietarios con el fin de “recaudar fondos” para la causa revolucionaria.

Moscú, junio 2020

CONTINUARÁ

 

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LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL” IV

Cuarta parte: Pasar a cuchillo a cien mil hacendados.

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

I.- «…Es política»

En el mes de febrero de este año aparecieron en la prensa española una serie de artículos sobre el gran escritor soviético Boris Pasternak y su célebre novela Doctor Zhivago a consecuencia de la novela de una escritora norteamericana que ha construido su obra sobre la trama conspirativa creada por la CIA para publicar la novela de Pasternak fuera de la Unión Soviética y utilizar tanto a la obra, como al autor soviético, como instrumentos en la política de descrédito del socialismo soviético.

No está previsto tratar en esta entrega el asunto Pasternak-Doctor Zhivago, sino que está programado para tratarlo más adelante y en profundidad, pero hay un aspecto sobre el que me gustaría llamar la atención: en los diferentes artículos aparecidos en la prensa, el acento se pone en el hecho de que la novela fue «prohibida» en la URSS porque Pasternak, al que le gustaba «hurgar en su alma», hizo en su obra una «defensa del individualismo», motivo por lo que fue censurado, criticado y condenado públicamente por una multitud de compañeros escritores.

Esta condena del «individualismo» de Pasternak es presentada por todos los articulistas como un disparate, como la muestra más evidente del despotismo soviético que perseguía cualquier manifestación de lo individual, por eso, es necesario señalar unos cuantos matices

Doctor Zhivago no fue prohibida. Las revistas literarias Znamia y Novi Mir la rechazaron por no estar la obra en el marco de la línea editorial de las dos revistas, y así le fue comunicado al escritor, por ejemplo en la carta del consejo de redacción de Novi Mir enviada a Pasternak al devolverle el manuscrito de la novela.

El siete de enero de 1957 la editorial Goslitizdat firmó un contrato con Pasternak para la publicación de Doctor Zhivago en la URSS. En la editorial le pidieron que hiciera ciertas modificaciones para matizar precisamente ese espíritu individualista que impregnaba varios pasajes de la novela, así como la posible interpretación de que la Revolución de Octubre pudiera ser considerada como un momento negativo en la historia de la URSS. Al parecer Pasternak se negó de forma radical a hacer aquellos cambios. «Me alegraré de todos aquellos impedimentos que eviten la publicación de mi novela en la URSS» parece que llegó a decir… Estaba en su absoluto derecho. El poeta, y gran traductor de Shakespeare al ruso, estaba ya muy influenciado por el círculo de provocadores que le rodeaban en sus últimos años de vida, empeñados éstos en utilizar su nombre y su obra en aquella provocación orquestada por la CIA.

Fue la salida y publicación ilegal de la novela fuera de la URSS, con la participación poco clara en todo aquello de la editorial italiana que tenía los derechos sobre la obra en Europa occidental, lo que, en plena guerra fría, fue interpretado como una traición de Pasternak a la Unión Soviética. Los servicios secretos soviéticos supieron desde el primer momento de aquella trama organizada por la CIA y de cómo el escritor se prestó a colaborar en ella.

«Camarada Sholojov, esto ya no es literatura, esto es política», le dijo Stalin al autor del Don Apacible años antes, durante la colectivización del campo. Y fue precisamente la constancia de la participación de Pasternak en aquella trama política, que iba mucho más allá de la mera creación literaria, lo que provocó todo el escándalo posterior que llevó a que Pasternak no pudiera acudir a recoger el premio Nobel de Literatura que le fue concedido al año siguiente.

Excepto la CIA, todos salieron, o salimos, perdiendo: Pasternak, la URSS, los partidos comunistas europeos, la idea del comunismo, la literatura… Aún hoy día, a pesar de que ya queda claro el papel de la CIA y de los servicios secretos de otros países en aquella trama y en las que estuvieron detrás de las «fugas de disidentes», muchos siguen pensando que el socialismo soviético censuraba o cercenaba la libertad de expresión, en este caso, de sus escritores.

Que una editorial o una revista no acepte un manuscrito para su publicación es algo habitual a lo largo de la historia de la literatura, del ensayo o de la investigación, en todo el mundo sin excepciones. Y también es habitual que los redactores de las editoriales sugieran o impongan, que de todo hay, a los autores determinadas “correcciones” en sus obras. En cada lugar y en cada caso los argumentos varían. El diario El País puede negar la publicación de un artículo por considerarlo contrario a los principios europeistas, la revista Mientras Tanto porque se hace mención a Stalin o una editorial norteamericana de los años 50 o 60 del pasado siglo lo hacía porque la obra «olía» a comunismo. Cada editorial, cada revista o periódico, cada sociedad, se protege de sus «demonios» como considera adecuado.

Pero todo esto es secundario. Lo importante radica en otro aspecto que nos puede dar la clave para entender por qué la novela de Pasternak no fue aceptada para su publicación y fue tan duramente criticada por muchos escritores en la Unión Soviética: el individualismo que al parecer destilaba y que hoy se ensalza como el gran logro de conciencia de la humanidad.

Y aquí es importante tener en cuenta que no es lo mismo la persona que el individuo. Lo segundo no existe, no es más que la aplicación al ser humano de los fundamentos atomistas de la revolución científica y su incorporación a la filosofía política y al liberalismo. El individualismo es una entelequia filosófica del capitalismo que ha conseguido introducirse en nuestro vocabulario habitual y que corroe nuestro discurso desde el momento que utilizamos este concepto sin saber realmente a qué nos estamos refiriendo. Individuo y persona no son sinónimos, son antónimos. La persona, el ser humano, es un ser social, todo lo contrario a un individuo.

La clave del conflicto en la URSS, entre Pasternak y los escritores que condenaron su obra por individualista, está precisamente en esa dicotomía conceptual y en la lucha, violenta en muchas ocasiones, de la literatura rusa y soviética por la defensa de lo colectivo, de la justicia social, del asunto común.

Y ese conflicto es precisamente el hilo conductor de la serie de artículos que estamos publicando. Para entender si hubo o no violencia sobre la libertad de conciencia en el caso Pasternak-Doctor Zhivago, conviene continuar por donde lo habíamos dejado…

II.- Ni un Zar … ni un manto de armiño que oculte la incapacidad hereditaria…

Бесы (Besi = Los demonios), es una de las cuatro obras maestras de Dostoevskii, en la que el autor se adentró de forma magistral en la naturaleza de la revolución y de los sujetos revolucionarios. Y lo que nos mostró no siempre lo entendemos y nos gusta.

En el desarrollo de movimiento revolucionario en Rusia en las décadas de los años comprendidos entre 1830 y 1850, el lugar de los partidos políticos estuvo ocupado por los llamados kruzhki, círculos, (todo tiene un origen…) en los que se debatían cuestiones sociales, políticas y culturales, en especial literatura, música y pintura. Estos círculos estaban formados principalmente por jóvenes y fueron creados en casi todas las ciudades importantes, desde S. Peterburgo y Moscú, hasta las ciudades de Siberia. Por ejemplo el de Petrashevskii, del que ya hemos hablado con detalle en páginas anteriores, o el de Stankevich en Moscú a finales de la década de 1830, del que formaron parte unos jóvenes que se convirtieron en el núcleo del pensamiento revolucionario en Rusia: Bakunin, Hertzen, Ogariov, Belinskii, etc.

La década de 1860 empezó en Rusia con la esperanza de la liberación de los campesinos de la servidumbre, sin embargo el Manifiesto de la Liberación, de fecha 19 de febrero de 1861, desilusionó a todos y dio un gran impulso al movimiento revolucionario que se extendió prácticamente por toda Rusia, pero ya mucho más radicalizado. El escritor y publicista Nikolai Shelgunov escribió en verano de 1861 la proclama “K Molodomu pokoleniiu” (A la Joven Generación), en la que, entre otras cosas, decía: “El Soberano ha engañado las esperanzas del pueblo: no le ha dado una auténtica libertad… No necesitamos ni un zar, ni un emperador, ni un bendecido por Dios, ni un manto de armiño que oculte la incapacidad hereditaria. … Si Alexander II no entiende esto y no quiere de forma voluntaria hacer concesiones al pueblo, peor para él … Joven generación … si para la consecución de nuestros objetivos, el reparto de la tierra entre el pueblo, fuese necesario pasar a cuchillo a cien mil hacendados, no nos asustaremos por esto. …Rusia no se va a dar cuenta de semejante pérdida. … Todos los que están en contra del pueblo, todos los que le explotan … y que tienen como objetivo … los privilegios y su posición privilegiada, es decir la aristocracia y el partido aristocrático, son todos enemigos del pueblo, enemigos de Rusia. No hay que tener compasión de ellos” (SHELGUNOV, [1861]1958).

III.- ¡A las hachas!

Piotr Zaichnevskii fue otro de los jóvenes radicales que tuvieron gran influencia en la evolución del movimiento revolucionario ruso. Fue estudiante de la Facultad de Física y Matemáticas de la Universidad de Moscú, donde pronto comenzó a participar en diferentes círculos de estudiantes revolucionarios. En julio de 1861 fue arrestado por la difusión de literatura prohibida y por la realización de actividades contra la monarquía. Una vez juzgado recibió su primera condena de dos años y ocho meses de exilio en los alrededores de la ciudad de Krasnoyarsk. Pasó prácticamente toda su vida en el exilio en Siberia, con cortos periodos en los que le autorizaron a volver a ciudades de provincia relativamente cercanas a Moscú.

Mientras duró aquel primer proceso, encontrándose en prisión provisional, en el año 1862, escribió el manifiesto Molodaia Rossiia (Rusia Joven) que tuvo una gran difusión e influencia entre los jóvenes escritores y revolucionarios de toda Rusia. Retomando el mesianismo de la Idea rusa expresado por Chaadaev, Zaichnevskii consideraba que sobre Rusia había recaído la responsabilidad de llevar a cabo la primera revolución social en el mundo: “Rusia ha entrado en el periodo revolucionario de su existencia … Desde abajo se oye el sordo y recóndito rumor … del pueblo explotado … [por] un puñado de personas, … los hacendados, … descendientes de los antiguos amantes de las emperatrices, los comerciantes que hicieron sus capitales robando y mediante engaños, los funcionarios que robaron grandes fortunas, … y a la cabeza de ellos el Zar. … La salida de esta oprimente y terrible situación … es la revolución. Una revolución sangrienta e implacable, una revolución que deberá cambiar todo de forma radical … y aniquilar a los partidarios del orden actual. Nosotros no tememos a la revolución … Estamos dispuestos a sacrificar nuestras cabezas … Recuerda, juventud … tú tienes que estar a la cabeza de este gran movimiento… Pronto llegará el día en el que … avanzaremos sobre el Palacio de Invierno y liquidaremos a todos los que allí se encuentren. Puede ocurrir que … el partido aristócrata se levante como una sola persona en defensa del Zar, porque en esta cuestión irá implícita la propia existencia de la aristocracia. Y en este último caso … con toda la confianza del pueblo depositada … en el glorioso futuro de Rusia, por ser la primera en llevar a cabo el gran asunto del socialismo, daremos un único grito: ¡a las hachas! Y entonces … golpea al partido imperial, sin tener lástima … golpea con el hacha en las plazas, si estos demonios tienen el atrevimiento de salir a ellas, golpea en las casas, golpea en los estrechos callejones de las ciudades, golpea en las anchas calles de las capitales, golpea en las aldeas y en los poblados. Recuerda que en esos momentos quien no esté con nosotros, estará en contra de nosotros. Y quien esté en contra de nosotros, será nuestro enemigo, y a los enemigos hay que aniquilarlos utilizando todos los medios” (ZAICHNEVSKII, [1862] 1997).

Hay un dato muy interesante en relación con este estado de ánimo revolucionario que se estaba extendiendo por toda la población: los revolucionarios en Rusia en aquellos años eran principalmente jóvenes estudiantes universitarios, escritores, procedentes de todos los estamentos y protoclases sociales que empezaban a formarse en aquel mundo en ebullición y cambio, excepto del campesinado. Como sabemos, en Rusia los campesinos no tenían derecho a recibir educación más allá de la primaria. Si un campesino superaba dicho nivel de educación escolar era automáticamente expulsado del estamento campesino y desposeído de todas las tierras que pudiera disponer en arriendo, usufructo o incluso en propiedad.

IV.- El eco de los tiros de un revolver defectuoso.

Aquellos jóvenes se dedicaron, en un principio, a la difusión de las ideas revolucionarias y no tenían claro la forma de pasar a la acción. De hecho, la inmensa mayoría de ellos proponían formas de acción pacíficas. En este sentido es importante conocer las actividades del círculo revolucionario que se formó en S. Peterburgo alrededor de otro joven estudiante universitario, Nikolai Ishutin, que tenía como objetivo la difusión de las ideas socialistas, pero que para ello se propuso recurrir a un medio novedoso: poner en práctica la “ida al pueblo”, marchando a las aldeas y poblados y creando pequeñas cooperativas agrícolas. Y en ellas, en contacto directo con los campesinos hacer propaganda de las ideas socialistas y revolucionarias (VILENSKAIA, 1965).

Aunque la mayoría de los miembros del grupo de Ishutin eran partidarios de la acción pacífica, unos cuantos tenían inclinaciones por la acción violenta. Incluso uno de ellos, primo hermano de Ishutin, había planteado llevar a cabo un atentado contra el Zar, algo que a los demás les había sonado a delirios de un loco. Sin embargo, este joven, de nombre Dmitri Karakozov, decidió por su cuenta asesinar al Zar Alejandro II y el 4 de abril de 1866 le disparó con un revólver defectuoso. Entre el revólver, el susto que debía llevar el terrorista, el decisivo empujón que dio a Karakozov un joven campesino que pasaba por allí y la suerte que acompañó en aquella ocasión al Zar, el inexperto terrorista erró el tiro y Alejandro II salió ileso.

Por cierto, que el joven campesino estuvo a punto de ser juzgado por cómplice. Lo salvó un general que vio su valiente proceder. La misma noche del atentado el Zar le dio las gracias en un acto público en palacio. Luego, le honraron con un empleo militar, lo nombraron aristócrata, le dieron una hacienda con muchas tierras y siervos… donde murió alcoholizado años después. Sin embargo, el joven terrorista no tuvo tanta suerte. Fue detenido en el sitio y seis meses después, el 6 de septiembre de 1866 fue colgado por regicida.

Aquellos disparos de Karakozov tuvieron una influencia decisiva en la literatura y en el movimiento revolucionario. Por un lado el Gobierno se lanzó a una política represiva sin precedentes en Rusia, dirigida principalmente a los jóvenes universitarios. Fueron disueltos todos los círculos, fueron canceladas las ayudas y becas a los estudiantes. Las “cooperativas agrícolas” y las “cooperativas obreras” creadas por los jóvenes en su ida al pueblo fueron disueltas, y las que se mantuvieron lo hicieron en la clandestinidad.

La acción represiva tuvo en el movimiento revolucionario una repercusión contraria a la buscada, fundamentando y consolidando la propia acción revolucionaria. Además, el atentado tuvo un efecto específico entre la juventud revolucionaria. Por un lado, la figura del Zar y con ella su familia quedó desacralizada. Se podía atentar contra el Zar. Sólo era cuestión de tomar esa decisión, de tener la valentía de asumir las consecuencias, entre ellas la muerte. Y precisamente, la asunción de ese sacrificio enriqueció hasta límites anteriormente inimaginables la naturaleza romántica del revolucionario y de la causa revolucionaria.

Una parte mayoritaria de la intelligentsia rusa reconoció de forma abierta que la violencia, el terror, eran un medio adecuado para la consecución de transformaciones políticas y sociales y pasó a apoyar y utilizar de forma abierta el terrorismo. Incluso aquellos que no lo apoyaron explícitamente, veían con simpatía las acciones terroristas y la propia idea del terror como instrumento del cambio social y político. Los terroristas pasaron a ser percibidos como héroes entre la intelligentsia, al tiempo que sus diferentes organizaciones se entregaron con total displicencia al terrorismo, atentando contra miembros de la familia real, contra políticos, militares, jueces y funcionarios estatales de todo tipo, clase y condición.

A partir de aquel fallido atentado, el terrorismo apareció como un fenómeno masivo en el que se mezclaban populismo, periodismo, nihilismo, literatura, revolución, arte, violencia y acción directa…, y que pasando por los disparos de Kaplan a Lenin en 1918 y de Nikolaev a Kirov en 1934, se prolongó en una escalada continua hasta entrado el sistema soviético.

Moscú, marzo 2020

CONTINUARÁ

Bibliografía

ITENBERG, B., 1999. Rossiiskaia intelligentsiia i zapad. Vek XIX. Moskva: Nauka.

SHELGUNOV, N., [1861]1958. K Malodomu pokoleniiu. En: Narodnicheskaia ekonomicheskaia literatura. Izbrannie proezvedeniia. Moskva: Gosudarstvennoe sotsialno-ekonomicheskoe izdatelstvo.

VILENSKAIA, E. S., 1965. Revoliutsionnoe podpole v Rossii (60-e godi XIX v.). Moskva: Nauka.

ZAICHNEVSKII, P., [1862] 1997. Molodaia Rossiia. En: Revoliutsionnii radikalizm v Rossii: vek deviatnadtsatii. Dokumentalnaia publikatsia.. Moskva: Arjeograficheskii tsentr.

LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL” III

Tercera parte: “Todos somos nihilistas”

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

I.- Un plan global de transformación y destrucción.

Vimos en el capítulo anterior la escenificación de la pena de muerte de Dostoevskii y sus compañeros. Toda una demostración ejemplar del poder sobre la vida y la muerte del Zar de Todas las Rusias. Para ahondar más en la naturaleza del conflicto que se estaba fraguando en aquellos años, quizá resulte ilustrativo conocer algunos rasgos de la biografía de una de las personas que jugaron un papel destacado en aquel caso. Se trata de Iván Petrovich Liprandi, destacado militar, escritor y uno de los principales historiadores rusos del siglo XIX.

Su padre, Pedro de Liprandi fue un aristócrata italiano de origen español que en 1785 se estableció en Rusia invitado por Ekaterina II. Su hijo Iván nació en Rusia y con sólo tres años de edad fue inscrito en un regimiento militar por su padre. Aquella vinculación con el ejército desde tan temprana edad marcó toda la vida posterior del futuro historiador. Alternando periodos de licencia con periodos de servicio militar Iván Petrovich Liprandi acabó su carrera militar como general. Entremedias, participó en numerosas campañas militares, incluidas las de la guerra contra el invasor Napoleón.

Fue amigo de Pushkin y muy conocido en los ambientes en los que se desenvolvía el poeta y sus amigos. En 1826 fue arrestado en la causa general contra los decabristas. Mantuvo estrechas relaciones de amistad con muchos de ellos y estuvo exiliado en Moldavia, en la ciudad de Kishenev, donde compartió destino con otros decabristas también exiliados. Más tarde fue readmitido en el ejército y participó en la campaña militar de 1828-1829. Sus inquietudes intelectuales las dirigió a la historia, la religión y los asuntos orientales.

Autor de varios libros y de numerosos artículos, acabó especializándose en la historia de la guerra contra Napoleón, recopilando prácticamente todos los materiales publicados por otros autores tanto en Rusia como en el extranjero. Publicó a su vez un gran número de trabajos en los que recogió las memorias de muchos de los participantes en aquella guerra. Además, publicó la más completa bibliografía sobre la guerra y creó una colección completa de todos los artículos publicados. Como nota curiosa, indicar que el escritor Lev Tolstoi utilizó la gran cantidad de materiales publicados por Liprandi para escribir su monumental “Guerra y Paz”.

En el año 1840 pasó a forma parte del Ministerio del Interior y en marzo de 1848, Liprandi fue encargado de la investigación en secreto de la tertulia de Butashevich-Petrashevskii. Su prestigio y buena pluma resultaron determinantes para la posterior evolución de los acontecimientos con el resultado final que ya conocemos.

He aquí un extracto de su brillante informe: “Los miembros de esta sociedad pretendía influir en las masas a través de la propaganda. Con este objetivo mantuvieron discusiones sobre como despertar en todas las clases del pueblo el descontento contra el Gobierno, como armar a los campesinos contra los propietarios de tierras, a los funcionarios contra sus jefes, como utilizar el fanatismo de los cismáticos (religiosos), y en los demás estamentos socavar y destruir todo sentimiento religioso, … como actuar en el Cáucaso, en Siberia … en Finlandia, en Polonia, en Malarossia … Por todo esto llegué al convencimiento de que no se trataba de una conjura pequeña y aislada, sino de un plan global, de un movimiento de transformación y destrucción”. (LIPRANDI, [1849]1872)

II.- Una entrega al pueblo.

Quizá la característica más importante de la intelligentsia rusa es su componente nihilista. Se puede decir que al igual que el populismo, el anarquismo o el bolchevismo, el nihilismo es una creación de la cultura rusa. En su formulación técnica, se trató de un movimiento intelectual por la liberación social. Pero, finalmente, resultó ser mucho más que eso.

En la base del nihilismo ruso se encuentra el ascetismo del cristianismo ortodoxo ruso, la percepción de que el mundo se encuentra sumergido en el mal, la negación de la riqueza y el bienestar como expresión del pecado, en definitiva la negación del mundo, en el entendimiento de que en él domina el pecado, el mal y la explotación de las personas.

Pero, al mismo tiempo, este ascetismo religioso del nihilismo negó, y niega, radicalmente a Dios. Niega el alma, el espíritu, y se convierte en ateísta. Y sobre la base de la negación de Dios, sobre la base de ese ateísmo radical, todos los esfuerzos han de ser dirigidos a la emancipación del hombre en la tierra, a la liberación del pueblo trabajador de los terribles sufrimientos a que es sometido, a la creación de las mejores condiciones para disfrutar de una vida feliz, aunque ascética, en la tierra.

Como escribió el filósofo N. Berdiaev, el nihilismo ruso… “Es la insurrección contra la ausencia de verdad en la historia, contra las mentiras de la civilización. Es la exigencia de que acabe la historia y comience una nueva vida fuera de la historia, suprahistórica. El nihilismo es… la transformación en nada de todas la tradiciones históricas, la emancipación del hombre natural al que ya no le serán impuestos ningún tipo de cadenas” (BERDIAEV, 1997, p. 281).

Hay dos aspectos fundamentales en el nihilismo que estarán ya siempre presente en la parte de la cultura rusa que se planteará las grandes cuestiones de justicia social y de modernización de Rusia. Por un lado, la pasión por el materialismo y la adoración de la ciencia, percibida como un instrumento para hacer el bien con el que el hombre construirá la nueva sociedad y liberará a la humanidad de las injusticias y de la explotación.

Y por otro lado, una dura crítica hacia el arte, al que se considerará en gran medida tocado por el pecado del hedonismo. El arte, el momento creativo, y en especial la literatura, debían estar siempre dirigidos a la emancipación social del hombre, del pueblo trabajador. Este aspecto estuvo siempre presente en la vida de los grandes escritores rusos, los cuales tuvieron siempre eternas dudas sobre la justificación social, sobre la verdadera “utilidad” social, de sus obras.

En la misma línea, el nihilismo consideraba como representación del mal al Estado, el derecho, la moral tradicional y todos los institutos sociales que de una u otra manera justificaban la explotación de la persona y del pueblo en su conjunto. Además, el nihilismo, con su acentuado ascetismo, veía en el servicio al pueblo, en la lucha por la liberación del pueblo, una misión cuasi de vocación apostólica. Los jóvenes nihilistas consideraban la revolución como una entrega al pueblo y aceptaban todos los sacrificios necesarios en aras de la liberación popular, incluso si se trataba de la cárcel, del exilio en Siberia o de la condena a muerte.

Estos componentes del nihilismo pasaron a formar parte de todas las teorías sociales en Rusia, de todas las organizaciones y movimientos revolucionarios. “Todos somos nihilistas”, dijo Dostoevskii. Y la historia le dio la razón.

III.- La ida al pueblo.

En Rusia, el populismo (narodnichestvo) fue sin duda el gran movimiento revolucionario durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera década del XX. En la historiografía rusa se entiende por populismo el movimiento de acercamiento de la intelligentsia al pueblo, entendido éste, en lo fundamental, como el campesinado ruso, ya que se consideraba que era el portador de la sabiduría sobre la vida auténtica, que había quedado oculta para las clases dominantes. Había un doble objetivo final en esta marcha al pueblo, por un lado la búsqueda de las raíces populares de la cultura rusa. Por otro, ayudar al pueblo a tomar conciencia de su condición de explotación y humillación a la que estaba sometido y ayudarle en el proceso de liberación y de construcción de un nuevo orden social.

La intelligentsia era consciente de la pérdida, o incluso ausencia, de los vínculos con el pueblo, lo que la hacía sentirse culpable y en una eterna deuda histórica. El populismo de tipo socialista consideraba que las clases dominantes debían su bienestar y su cultura a la dominación y explotación del pueblo y que incluso los intelectuales, los artistas y escritores debían su preeminente situación cultural a la explotación del pueblo trabajador. Esta percepción dio lugar a que muchos de los grandes artistas y escritores rusos se sintieran separados del pueblo y aislados socialmente. En esta situación de culpa espiritual, los escritores se lanzaban literalmente a “buscar” al pueblo. Esta era la naturaleza de la permanente crisis espiritual de los grandes genios de la literatura rusa como Dostoevskii y Tolstoi.

Al mismo tiempo, el populismo tenía un carácter telúrico, vinculado a la tierra, asumido a través de la esencia misma del pueblo, es decir el campesinado. Y toda vez que el campesinado era colectivista, el populismo era a su vez colectivista. Como dice Berdiaev “Todos los populistas idealizaron las formas de vida campesinas. La comunidad campesina era considerada por ellos como un producto original de la historia rusa, como un tipo ideal [de economía], o como decía N. Mijailovskii, un tipo ideal [de economía] en un estadio inicial de desarrollo” (BERDIAEV, 1997, p. 294). En consecuencia el populismo hará del colectivismo campesino la base y expresión de su Idea de Rusia, de sus proyectos de transformación social.

No se puede hablar de un único populismo. En su seno se manifestaron varias corrientes. El populismo de base filosófica religiosa, por ejemplo el de los eslavófilos, el de Dostoevskii o Tolstoi, entendía que en el pueblo estaba escondida la verdad religiosa. Por el contrario, el populismo social, muchas veces ateísta, consideraba que el pueblo escondía la verdad social. Como después pasaría con el bolchevismo, el populismo albergó en su seno a eslavófilos y occidentalistas, a revolucionarios y conservadores, a socialistas, marxistas y anarquistas. Unidos y al mismo tiempo enfrentados de forma radical, unos y otros consideraban que había que llegar al pueblo.

Precisamente, el principal objetivo de los marxistas rusos, en particular de Plejanov y del joven Lenin, fue desmontar las percepciones idealistas que del campesinado ruso tenían los populistas. Pero, curiosamente, una vez eliminado ese componente idealista, y entendiendo el significado del campesinado como clase en la revolución, Lenin, ya a partir de los años 1905-1097, asumió los elementos fundamentales del populismo, racionalizándolo con el marxismo e incorporándolo al bolchevismo. Por cierto, para gran desesperación de Plejanov y de los marxistas socialdemócratas ortodoxos.

Moscú, febrero 2020

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Bibliografía

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LITERATURA Y REVOLUCION

LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL” II

Segunda parte: Nos leyeron la condena a muerte…

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

I.- Un debate duro, muy duro.

La consideración de que Rusia estaba poseída por los espíritus del mal y la falsedad supuso para el gran Gogol un tremendo y permanente sufrimiento espiritual. En esta angustia, Gogol consiguió mostrar en su obra la profundidad del mal en la naturaleza humana y su manifestación como fenómeno social. Si una buena parte de su obra fue aceptada por la intelligentsia como una crítica feroz de la sociedad rusa, otra parte de la obra del gran escritor consiguió encender los ánimos negativos de la intelligentsia occidentalista más radical de su época.

A principios de 1847 fue publicado un nuevo libro de Nikolai Gogol, diferente a lo que hasta entonces había publicado. Se trataba de una recopilación de correspondencia mantenida con sus amigos, que salió a la luz bajo el nombre de “Vibrannie mesta iz perepeski s druziami” (“Lugares escogidos de la correspondencia con los amigos”) (GOGOL, [1847] 1994 ). De principio este libro tuvo serias dificultades para recibir la correspondiente autorización de la censura para su publicación. En especial por el comité de censura de la iglesia. Y aunque finalmente, tras la eliminación de algunos textos, fue autorizado, su aparición levantó inmediatamente un gran revuelo. Pronto se produjo una profunda división entre aquellas personas que asumieron o se identificaron con el contenido del libro y aquellas que lo rechazaron y adoptaron una actitud extremadamente crítica contra él.

Chaadaev dijo en una carta al príncipe Viasemskii: “A pesar de la existencia de alguna páginas flojas, y de otras pecadoras, en el libro se encuentran páginas de una belleza extraordinaria, llenas de verdad ilimitada, páginas que, leyéndolas, te alegras y te sientes orgulloso de hablar en la misma lengua en la que tales cosas están escritas” (CHAADAEV, [1847] 2010 , pp. 95-98).

Vissarion Belinskii, uno de los representantes más brillantes de la intelligentsia occidentalista en aquel periodo, protagonizó un agrio intercambio epistolar con Gogol como consecuencia de la publicación en la revista Sovremennik de la dura crítica que realizó de Vibrannie mesta iz perepeski s druziami.

Por su parte, el autor de Alma Muertas reaccionó escribiendo una carta a Belinskii en la que le recriminaba el duro tono adoptado por el publicista contra su libro. “He leído con tristeza vuestro artículo sobre mí en el segundo número de Sovremennik. No porque para mí sea triste la humillación a la que ha querido someterme a la vista de todos, sino porque en él se escucha la voz de una persona enfadada conmigo. … Yo no tenía en mente ofenderle a usted en ninguna parte de mi libro. Pero ha ocurrido que conmigo se ha enfadado hasta la última persona en Rusia, lo cual, hasta el momento, no puedo entender. Orientales, occidentales, neutrales, todos se han ofendido … Es duro, muy duro (os lo digo con toda sinceridad), cuando contra mi guarda rencor no sólo una buena persona, sino incluso una mala, y yo a usted lo consideraba como una buena persona” (GOGOL, [1847] 1999, p. 334)

La carta de repuesta de Vissarion Belinskii fue muy dura y por muchos años se convirtió en un documento cuasi sagrado para toda la intelligentsia rusa revolucionaria y occidentalista: “¡No puede ser…! O usted está enfermo y necesita urgentemente curarse, o no me atrevo a terminar de expresar mis pensamientos…. Predicador del látigo, apóstol de la ignorancia, paladín del oscurantismo, adulador de los principios morales tártaros, ¿qué hace usted? Mire bajo sus pies, se encuentra usted sobre el abismo. … ¿Es posible que usted, de manera sincera, desde el alma, defienda al repugnante clero ruso, colocándolo infinitamente más alto que al clero católico? … ¿De quién cuenta el pueblo ruso cuentos obscenos? De los popes, de la mujer, de la hija y del criado del pope. ¿A quién llama el pueblo ruso raza estúpida, estafadores, sementales? A los popes. ¿No es el pope en Rusia, para todos los rusos, la representación de la gula, de la cicatería, del servilismo, de la desvergüenza? … Según usted, el pueblo ruso es el pueblo más religioso del mundo: mentira. … El hombre ruso pronuncia el nombre de dios mientras se arrasca el culo. … Mire a su alrededor con más atención y verá que, por su naturaleza, es un pueblo profundamente ateo. En él hay todavía mucha superstición, pero no hay ni huella de religiosidad. … Vuestro último libro, vergonzosamente, se lo ha tragado la tierra. Y el público tiene toda la razón. El público ve en los escritores rusos a sus verdaderos jefes, defensores y salvadores del oscurantismo de la monarquía, de la ortodoxia religiosa y del populismo, y por eso siempre está dispuesto a perdonar al escritor un libro malo. Pero nunca perdona un libro pernicioso. … El asunto aquí no va de mi persona o de la suya, sino de un asunto mucho más importante que usted y que yo. Aquí el asunto va sobre la verdad, sobre la sociedad rusa, sobre Rusia” (BELINSKII, [1847] 1956)

Durante mucho tiempo la carta estuvo prohibida y su difusión castigada con severas penas. Lo mismo ocurrió con el nombre de Belinskii, que fue proscrito de la prensa durante largos años. Los ecos del contenido y de las formas de aquella carta siguen resonando todavía en la cultura rusa, aun a pesar de los casi dos siglos transcurridos desde que fue escrita.

Para el tema de nuestro artículo, importa tanto el contenido del debate, como las formas que este adoptó. En gran medida puede decirse que fue el inicio, no tanto de la división entre eslavófilos y occidentalistas, como del distanciamiento total y de la intolerancia. A partir de aquel momento, las distancias se hicieron insalvables y se radicalizaron las posturas. Las dos corrientes principales del pensamiento ruso se volvieron irreconciliables. Con los años, aquel distanciamiento, aquel enfrentamiento acabaría en una gran tragedia, acabaría en violencia y sangre.

II.- Fuego en el falansterio.

Un ejemplo temprano de las formas que estaba adoptando el conflicto lo tenemos en el caso Petrashevskii. A finales de los años 40 del siglo XIX en casa de M. V. Butashevich-Petrashevskii, un rico propietario de tierras, se reunía una numerosa tertulia en la que se debatían cuestiones de organización social que pretendían encontrar soluciones a los problemas sociales de Rusia y en general de toda la humanidad. La mayoría de los tertulianos, influenciados por las ideas del socialismo utópico europeo occidental, se consideraban a sí mismos como fourieristas y saint-simonistas.

El propio organizador de la tertulia, Butashevich-Petrashevskii, fue un propietario de tierras típico en aquellos años en Rusia. Un hombre preocupado por cuestiones sociales que buscaba la solución de estas cuestiones en las ideas y corrientes del socialismo utópico que iban llegando desde Europa. Butashevich-Petrashevskii decidió dedicarse al servicio y a la salvación de la humanidad desde sus modestas posiciones, y dando ejemplo con la práctica. Con ese fin construyó, inspirado en las ideas de Fourier, un falansterio para los campesinos que trabajaban en sus tierras. Hay que decir que los campesinos, ante las locas ideas de su patrón decidieron poner orden y concierto ante tanto disparate y acabaron metiéndole fuego al dichoso falansterio.

A la tertulia acudía un considerable número de personas, la mayoría de ellos jóvenes, escritores, profesores y científicos. Se discutía sobre la situación en Rusia, sobre la servidumbre de los campesinos, sobre la historia y sobre las posibles medidas de carácter social que habían de tomarse para realizar mejoras de tipo social y político. En la tertulia se debatían los escritos y obras de muchos autores, extranjeros y rusos. Uno de los autores por aquellos años de moda era Vissarion Belinskii, sobre todo por su célebre carta dirigida a Gogol, cuya difusión había sido prohibida por las autoridades, y de la que ya hemos hablado antes.

Los miembros de esta tertulia tenían además contactos con otros círculos y grupos, por lo que sus vínculos eran muy amplios y extensos. La tertulia tuvo un fin sonado, el 11 de abril de 1849 treinta y nueve personas vinculadas a la tertulia fueron detenidas y, tras un aparatoso juicio, veintiuna fueron condenadas a muerte, entre ellas el gran escritor Fiodor Dostoevskii.

El día fijado para la ejecución los condenados fueron llevados al patíbulo…”Hoy 22 de diciembre … nos leyeron la condena a muerte, nos permitieron acercarnos a la cruz, rompieron los sables sobre nuestras cabezas y nos dieron ropa interior de condenados a muerte (unas camisas blancas). Después ataron a tres de nosotros a los postes para la ejecución de la sentencia. Nos fueron llamando de tres en tres. Yo me encontraba en el segundo turno y me quedaba por vivir apenas un minuto. Y me acordé de ti, hermano, de todos los tuyos, en mi último minuto tú, solo tú estabas en mi pensamiento, y solo en ese instante supe cuánto te quiero, hermano mío querido. Tuve tiempo de abrazar a Plescheev, Durov, que estaban a mi lado, y despedirme de ellos. Por fin tocaron descanso con los tambores y trajeron de vuelta a los que estaban atados a los postes y nos leyeron que su Majestad Imperial nos regalaba la vida. Y a continuación nos leyeron la sentencia verdadera”. Así relataba Dostoievski el teatral simulacro de ejecución en una carta escrita a su hermano desde su celda apenas unas horas después.

La sentencia final decía… “Al teniente Dostoevskii … por la difusión de cartas del escritor Belinskii, llenas de salvajes expresiones contra la Iglesia ortodoxa y el Poder Supremo … enviar a trabajos forzados en una fortaleza por un periodo de ocho años”. Sin embargo el emperador la corrigió de su puño y letra, anotando: “Cuatro años y degradar a soldado raso” (MOCHULSKII, 1995).

Moscú, febrero 2020

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BIBLIOGRAFÍA

BEL


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LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL”

PRIMERA PARTE: EL DESAFÍO

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

Todo tiene un comienzo, y el de este artículo está en un agradable encuentro en Madrid con mis amigos José Manuel Mariscal y Manolo Monereo durante el pasado mes de enero. “Antonio, ¿por qué no preparas un artículo sobre literatura rusa para Mundo Obrero?”, me preguntó Mariscal, como quien no quiere la cosa. Y lo que sigue es la respuesta parcial a su pregunta. Escribo “parcial” porque el tema es amplio y las limitaciones de espacio significativas, así que es esta una primera entrega de otros artículos semejantes que den continuidad a la idea.

La literatura rusa y después soviética del siglo XIX y XX está marcada por la revolución. No es posible pensar una sin la otra. En realidad puede decirse que son un mismo fenómeno. Y para intentar entenderlo conviene, como siempre, para empezar, que tomemos distancia.

I.- ¿Con quién están ustedes, maestros de la cultura?

En el año 1932, el escritor Maxim Gorkii, en un artículo publicado al mismo tiempo en los diarios Pravda y Izvestia de Moscú, dirigiéndose a los corresponsales de prensa norteamericanos, escribió: “Hay todavía una cuestión sobre la que deberían ustedes pensar: ¿consideran que 450 millones de chinos pueden ser convertidos en esclavos del capital europeo-norteamericano, en el momento en el que 300 millones de hindúes ya están empezando a comprender que para ellos el papel de esclavos de Inglaterra no ha sido en absoluto predeterminado por los dioses? Comprendan de una vez: unas cuantas decenas de miles de depredadores aventuristas desean tranquila y eternamente vivir a costa del esfuerzo de millones de trabajadores. ¿Es esto normal? Esto ha sido así. Esto es así. Pero, ¿tienen ustedes valor para afirmar que esto debe seguir siendo así, tal y como ahora es?”.

Cien años antes o cien años después de la fecha en la que fue publicado el artículo de Gorki variaran las cifras y quizá tengamos que cambiar el nombre oficial de algunos territorios, pero en lo fundamental, la situación de la periferia de capitalismo ha cambiado poco. Viene entonces a propósito la pregunta que sirve de título al artículo de Gorkii… “¿Con quién están ustedes, maestros de la cultura? Con los obreros … y por la creación de nuevas formas de vida o … por la conservación de esta casta de depredadores irresponsables”. (GORKI, 1932).

Esta es una de las principales preguntas que atormentaron desde sus inicios a la literatura rusa…

II.- Literatura e intelligentsia.

En formas más o menos evidentes, con desigual intensidad, Rusia vive en un continuo estado revolucionario desde principios del siglo XIX. En lo fundamental, el objetivo de este proceso es encontrar un modelo propio de modernidad que a su vez conlleve la solución de las grandes cuestiones de justicia social que atormentan a la humanidad, también desde la propia trayectoria histórica y cultural rusa.

Durante todo el siglo XIX tuvo lugar la eclosión de la cultura y con ella de la conciencia nacional rusa. La literatura, la ciencia, la filosofía, la historia o la economía, se convirtieron en componentes fundamentales del debate sobre el modelo de modernización que Rusia estaba buscando.

Las posiciones y actitudes que se generaron alrededor de este debate se radicalizaron muy pronto y dieron lugar a diferentes corrientes de pensamiento que, aun buscando un fin último, la industrialización y modernización de Rusia, pretendían llegar a este fin desde posiciones y modelos de desarrollo totalmente diferentes y enfrentados que llevaban a su vez implícitos modelos diferentes de construcción social con irreconciliables ideas y proyectos sobre la justicia social.

* * *

La cultura rusa está penetrada por un componente religioso muy acentuado al que podemos llamar “energía religiosa”, la cual se trasladó durante el siglo XIX a objetivos de naturaleza social a través del debate literario, filosófico y político. Esta energía religiosa dejó su particular impronta en el carácter nacional ruso y sobre todo en la naturaleza de la revolución: dogmatismo, ascetismo, alta capacidad de sufrimiento y de sacrificio, trascendentalismo, idealismo, fe en el progreso y en un futuro mejor, milenarismo, etc.

La literatura en Rusia está especialmente ligada al fenómeno de la intelligentsia, aunque en ningún caso forman un todo único. Es un fenómeno particular de Rusia y posteriormente de la URSS. Y aunque ya he hablado de este aspecto en otros escritos, conviene volver sobre ahora sobre este asunto para una mejor comprensión de nuestro argumentario posterior.

La intelligentsia no es una clase social, no es un grupo político. En ningún caso puede ser homologada con el concepto “intelectual” presente en la cultura europea occidental. En Rusia, dentro del concepto intelligentsia, podía encontrarse gente que no desarrollaba ningún tipo de trabajo intelectual. Al mismo tiempo, muchos escritores e intelectuales no han querido verse encuadrados o considerados como intelligentsia.

Más que un grupo, el concepto de intelligentsia podría ser definido como una actitud ante la modernización, la cual no se corresponde con un claro perfil ideológico. Se puede ser parte de la intelligentsia desde las posiciones del marxismo más ortodoxo como desde las del capitalismo liberal y monetarista más radical. Nikolai Berdiaev decía que la intelligentsia nos recuerda a una orden monástica o a una secta religiosa con su moral específica, intolerante, con sus particulares criterios sobre moral y ética y con unas formas de comportamientos y costumbres propias (BERDIAEV, 1997). Veamos algunos de sus rasgos fundamentales:

  • Ideas radicales de transformación y construcción social, a las que se ha entregado y ha defendido en todo momento con pasión religiosa.
  • Defensa a ultranza del concepto de modernización desde una premisa fundamental: la de la imitación de los supuestos modernizadores representados por la experiencia histórica y cultural de Europa occidental. La intelligentsia es occidentalista por definición y en lo fundamental hegeliana. Reniega de la cultura rusa, a la que considera un lastre y a la que supone cargada de un nocivo asiatismo del cual la sociedad rusa deberá desprenderse para poder entrar en el curso de la Historia Universal. Volver a la Civilización Universal y a la Casa Común Europea, decía Gorbachov durante su perestroika, o lo que es lo mismo al seno del capitalismo central.
  • Fanatismo e intolerancia. Cada grupo, círculo u organización, sin importar su tamaño o influencia se ha considerado en posesión de la verdad y ha buscado en su aislamiento con respecto a otros grupos u organizaciones la salvaguarda de su propia pureza y esencia revolucionaria. Esta actitud dio lugar a un tipo de persona cuya única especialidad y cuyo único trabajo era la revolución en sí misma, un característico tipo de revolucionario dogmático en lo ideológico y muy intolerante, para el que cualquier idea de transformación social se convertía en un dogma de naturaleza religiosa.
  • Actitud cismática. Condicionada por su exacerbado dogmatismo, la intelligentsia ha vivido siempre en un permanente cisma. Primero, con ella misma, lo que se ha manifestado en la existencia de gran cantidad de grupos, círculos, corrientes, y organizaciones de todo tipo. Por otro lado, la intelligentsia, como un todo, ha vivido siempre absorta en sus propios debates, en un permanente cisma con el presente y con la historia. Presente y pasado han sido siempre considerados como atraso y manifestación del mal, encarnado en cada momento histórico por la máxima expresión del poder terrenal: el Estado.
  • Antiestatismo. La lucha contra la autoridad, contra el Estado ha sido siempre un factor predominante, ya fuese contra la versión monárquica, soviética o liberal del Estado. Incluso después de la desaparición de la Unión Soviética y tras la instauración de un sistema político supuestamente basado en los principios de las democracias occidentales, la intelligentsia rusa revolucionaria y liberal no ceja ni un instante de considerar al Estado como su gran enemigo.

III.- El juez de conciencia.

Si todo el pensamiento ruso del siglo XIX estuvo ocupado en el debate sobre el vector de modernización que debería seguir Rusia, quizá fue Piotr Yakovlevich Chaadaev (1794-1856) el primero en plantear este debate. Su punto de partida fue la negación de la historia y del presente de Rusia. Negación que se convirtió después en una constante de la intelligentsia rusa occidentalista. La cuestión a dirimir era decidir el camino que debía seguir Rusia: la imitación del modelo occidental o un camino propio marcado por sus propias particularidades históricas.

Chaadaev, argumentando que Rusia no ha aportado nada a la civilización universal, resaltó a la contra que precisamente en esa particularidad reside su potencial. Rusia está llamada a convertirse en la gran esperanza del mundo y el pueblo ruso está llamado a llevar a cabo una gran misión. «De nosotros puede decirse que formamos parte de una excepción entre los pueblos … [que] existen solamente para dar una gran lección al mundo» (CHAADAEV, [1829] 1991, p. 326).

Esta afirmación, realizada en la primera de sus Cartas Filosóficas, fue matizada más tarde: «Considero que nosotros hemos llegado después que otros pueblos, para hacerlo mejor que ellos, para no caer en sus errores, en sus equívocos y supersticiones. … Es más: yo tengo el profundo convencimiento de que estamos llamados a solucionar la mayor parte de los problemas de tipo social, a llevar a cabo la mayor parte de las ideas que han aparecido en las viejas sociedades, dar respuesta a los más importantes problemas que ocupan a la humanidad. Yo con frecuencia he dicho y con gusto repito: nosotros, por así decirlo, por la propia naturaleza de las cosas, estamos destinados a ser el verdadero juez de conciencia en muchos de los juicios que se debaten ante los grandes tribunales del espíritu humano y de la sociedad humana» (CHAADAEV, [1837] 1991, p. 534).

El desafío planteado por Chaadaev fue asumido por la literatura rusa con toda su crudeza, incorporando desde muy pronto en su narrativa el debate político. En un proceso complejo, los artistas y, sobre todo, los escritores rusos superaron tanto el temor a incluir las cuestiones sociales y en especial la búsqueda de la justicia social en sus obras, como el temor a acercarse en profundidad al misterio de la vida y de la muerte, al misterio de la mente humana y de sus componentes irracionales. En estos asuntos llegaron a sobrepasar en numerosas ocasiones los límites de la creación literaria.

Paralelamente los escritores rusos plantearon también muy temprano el debate sobre la misión social del arte, y en particular de la literatura, y sobre el servicio a la sociedad que debía prestar el artista y el escritor. Los grandes escritores rusos se enfrentaron siempre a la sociedad que les rodeaba y presentaron sus alternativas populares y colectivistas, a través de sus obras.

Para una parte mayoritaria de autores, la literatura se transformó muy pronto en una misión social cuasi religiosa, expresión de la “energía religiosa” de la que hablábamos antes. Autores, como Gogol, Dostoevskii o Tolstoi, por poner como ejemplo a tres de los más grandes autores rusos, vivieron siempre atormentados en ese conflicto religioso, social y político.

Moscú, febrero 2020

CONTINUARÁ

Bibliografía

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[Último acceso: 19 01 2018].

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