LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL” VII

LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL”.

Séptima parte: Geografía, paisaje y literatura.

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

En la fascinación del paisaje ruso

Hay un placer genuino

No accesible para todos, e incluso

No a todos los artistas visible.

 

Nikolai Zabolotskii

  1. Yasnaya Poliana.

La primavera y el verano de este año atípico de pandemia, con sus limitaciones de movimiento, los hemos empleado para visitar en familia lugares próximos a Moscú donde nacieron y vivieron algunos de los hombres clave de la literatura rusa. Teniendo en cuenta las dimensiones de Rusia, la idea de “proximidad” conviene entenderla aquí de forma elástica.

En algunos casos era la primera vez que visitábamos estos lugares, en otros, como Yasnaya Poliana, la antigua hacienda de León Tolstoi cerca de la ciudad de Tula, convertida en museo y reserva natural por el Poder Soviético en junio del año 1921, ya hemos estado en otras ocasiones. Señala el plano del parque que en el lugar que hoy ocupan centenarios árboles estuvo en su momento ubicada la casa principal que fue vendida, desmontada y trasladada a un nuevo emplazamiento como si de una gran yurta nómada mongola se tratara. Es lo que tienen las casas de troncos de madera en Rusia, que siempre pueden ser desmontadas y trasladadas. Vino a decir el gran poeta Zabolotskii que Rusia era un gran océano y sus gentes, nómadas a la deriva por sus grandes extensiones. Quizá por eso el zar Pedro I, que daba una de cal y otra de arena en lo de la modernización, aplicó en fechas tan tardías la servidumbre en Rusia, para «fijar» a los campesinos que con demasiada frecuencia gustaban cambiar de sitio a la búsqueda de nuevas tierras.

Tolstoi nació en uno de los pabellones exentos de aquella gran casa nómada, tan habituales en las haciendas de los aristócratas. Los había para todas las funciones: viviendas de criados, cocinas o alojamiento para ilustres visitas, algunas de las cuales se eternizaban y no encontraban el momento de volver a sus casas.

En aquel pabellón de las visitas, convertido en residencia permanente se quedó a vivir León Tolstoi los más de 50 años que residió en Yasnaya Poliana. Allí escribió muchas de sus magistrales obras, como Ana Karenina o Guerra y paz, y sus paredes fueron testigos de los grandes desacuerdos con su esposa y con otros miembros de su familia… Hasta que el gran escritor no pudo más y con ochenta y dos años se marchó una noche para morir de pulmonía unos días después en la casa de un jefe de estación a la que no permitió dejar entrar a su esposa, que acudió a despedirse de él en un vano intento de reconciliación final.

Tolstoi está allí enterrado, en Yasnaya Poliana. La Iglesia ortodoxa rusa lo excomulgó por sus temerarias ideas religiosas, comunitarias y pacifistas y allí está su tumba a la orilla de un camino, cubierta de hierba, siempre cuidadosamente segada. En los tormentosos y confusos años revolucionarios de 1905-1907 y en los años de la guerra civil tras la revolución de Octubre, los campesinos, que tenían la antorcha fácil, respetaron la casa del hombre de quien Lenin dijo que era el espejo de la revolución campesina en Rusia.

¿Por qué respetaron la casa de aquel aristócrata? Quizá porque aquellos campesinos tenían muy presente que ellos y sus hijos estudiaron en las escuelas que Tolstoi construyó en las aldeas y aprendieron a leer con los manuales y cuentos infantiles que el gran escritor escribió expresamente para alfabetizar a los niños campesinos. Quizá porque trabajaba la tierra con sus manos o quizá porque recordaban que gracias a sus esfuerzos y su capacidad de organización recolectó dinero y creó comedores para combatir las grandes hambrunas a las que se veían abandonados los campesinos… Y poniendo en práctica algo hasta entonces nunca visto: la transparencia en el empleo del dinero recaudado y gastado, publicando en la prensa las cuentas detalladas.

Durante la Gran Guerra Patriótica la hacienda y la casa de Tolstoi fue ocupada por los alemanes durante unos cincuenta días. En la retirada, los soviéticos pudieron evacuar todos los objetos de valor y la biblioteca del escritor compuesta por más de 22.000 libros. Los alemanes no llegaron a profanar la tumba de Tolstoi, pero si enterraron a sus soldados junto a la del escritor, quizá tratando de encontrar una paz final en el más allá que con tanto empeño habían destruido en este mundo. Pero como siempre, en la retirada quisieron dejar su impronta de destrucción y metieron fuego a la casa de Tolstoi, que por suerte pudo ser controlado y apagado, sin grandes daños, por los vecinos.

  1. Konstantinovo.

Aunque el bosque interior de la hacienda es denso y poblado de vida salvaje, la geografía y el paisaje se observan domesticados, tanto como es posible domesticar en Rusia a la naturaleza. Otra cosa diferente ocurre con la naturaleza y el paisaje que podemos observar en la aldea de Konstantinovo donde nació el poeta Serguei Esenin, en la orilla alta del gran Oka, afluente del inmenso Volga, desde donde se ve otro paisaje de llanuras verdes serpenteadas hasta lo imposible por los meandros del Oka. Allí que todo parece tranquilo, se percibe la fascinación del paisaje ruso, la inmensidad rusa, lo inabarcable de sus llanuras al tiempo que se percibe que la tranquilidad del Oka es solo aparente y que en cualquier momento sus aguas saldrán de sus orillas y harán un nuevo reparto del territorio, recuperando viejos meandros y abandonando otros en un juego geológico intemporal.

Yasnaya Poliana y Konstantinovo han marcado el límite sur de estos viajes literarios. El límite norte ha estado marcado por los Lugares de Pushkin, en la región de Pskov y por la casa-museo de Fiodor Dostoevskii situada en un lugar recóndito de la pequeña ciudad de Staraya Russa, en la región de Nóvgorod.

  1. Camino a Mijailovskoe.

Rusia está llena de «Lugares de Pushkin», como se llama a todos aquellos sitios donde vivió o a dónde viajó el poeta. Quizá los más significativos sean el Museo histórico-literario de Zajarovo-Viazemy, donde el poeta pasó, en la casa de su abuela María Alexeevna Hannibal, los veranos de su infancia entre 1805 y 1810. Luego la ciudad de San Peterburgo donde pasó la mayor parte de su corta vida. Finalmente el lugar donde está enterrado, en la región de Pskov, que coincide con el lugar donde estaban las haciendas de los Hannibal.

El viaje desde Moscú a los Lugares de Pushkin en la región de Pskov transcurre en gran parte por la geografía de la Gran Guerra Patriótica. Además del impresionante memorial a la Batalla de Rzhev, recientemente inaugurado, un interminable rosario de tumbas fraternales de soldados soviéticos caídos en combate flanquean el recorrido de la carretera. Luego, cuando uno se introduce en los bosques de la zona, aparecen los memoriales de los guerrilleros que mantuvieron en jaque a la retaguardia alemana.

Antes de llegar a la ciudad de Velikie Luky, nos desviamos a la izquierda y por un camino de tierra llegamos a las orillas del lago Zhizhitskii, donde hicimos un alto y descansamos no muy lejos del lugar de nacimiento del gran compositor Modest Musorgsrkii. En los caminos, pequeñas aldeas con casas derruidas y medio abandonadas que no pudieron soportar la presión modernizadora de las reformas liberales de los años 90 del pasado siglo.

De vuelta a la ruta principal, desde Velikie Luky, tomamos la carretera secundaria que lleva a los Lugares de Pushkin. Conforme avanzamos, más frondosos y verdes son los bosques y más grandes son los árboles. Las carreteras y caminos, custodiadas por los altos árboles, forman infinitas líneas rectas que, a pesar de sus generosos arcenes, dan la sensación de ser angostas sendas del bosque por la ilusión óptica de la perspectiva.

Los pueblos y aldeas desaparecen durante kilómetros y cuando al atardecer la luz del crepúsculo se mezcla con la húmeda niebla que se eleva de los incontables lagos y zonas pantanosas, una cierta inquietud próxima al miedo instintivo empieza a apoderarse del ánimo… Mejor no pensar en una avería inesperada del coche. La escasa circulación de vehículos augura, en el mejor de los casos, una larga espera. Finalmente llegamos a Mijailovskoe, una de las dos haciendas de los Hannibal, que heredó Pushkin de su madre poco antes de que un tal D’Anthès, un galán francés arrogante y mal encarado, empeñado en seducir a la esposa del poeta, lo matara de un tiro en el vientre una tarde de duelo en las proximidades de S. Peterburgo.

Se ha acabado el espacio y lo que sigue lo dejamos para la próxima entrega…

Moscú, septiembre 2020

CONTINUARÁ