El hombre, el cosmos, la ciencia y el bien. Los soportes éticos de la ciencia soviética.

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

I.

El racionalismo científico de la Ilustración y el pensamiento científico contemporáneo han convivido y conviven en la actualidad en el hombre ruso/soviético con sus formas tradicionales o pre-modernas de pensamiento. Esta particularidad ha dado lugar a una de las características más representativas del pensamiento ruso: la existencia de dos planos de pensamiento, dos formas de racionalidad que no se excluyen una a la otra y a las que, tanto el hombre de ciencia como el hombre medio ruso, recurre según sus propias necesidades.

Esta característica, con ser particular de la cultura rusa, no es sin embargo exclusiva de ella. Está presente en la mayoría de las culturas no europeas que han sabido, o han tenido, la posibilidad de asumir valores específicos de la cultura europea occidental sin abandonar los suyos propios. Así, sin ir más lejos, chinos o japoneses mantienen esta capacidad, compaginando en sus estructuras de pensamiento los valores de la ciencia contemporánea, hija de la revolución científica europea, con sus valores tradicionales más significativos, pudiendo explicar la Naturaleza con las leyes de la física al tiempo que como manifestación de la voluntad de dioses y espíritus.

Este comportamiento se aleja del modelo representado por Europa occidental, la cual, en el proceso de reelaboración de sus propias bases culturales, ocurrido en la Modernidad, ha desplazado primero, y destruido después, sus estructuras tradicionales de pensamiento y sus medios de explicar y aprehender el mundo circundante, la existencia del propio hombre y la historia de la humanidad. Para el hombre europeo sólo existe una forma de entender y explicar el mundo: la que se deriva del racionalismo científico por él mismo elaborado; todo lo demás ha sido condenado como superchería y brujería.1

Esta doble racionalidad estuvo especialmente presente en el proyecto soviético. La historia del bolchevismo, de todo el proyecto soviético (y por extensión la historia de los partidos comunistas en general), nos habla de la existencia en su seno, de forma prácticamente permanente, de dos proyectos, dos modelos diferentes de comunismo, a veces no conscientes, incluso podríamos decir que intuitivos, que tienen su origen en niveles diferentes al ideológico, en la misma concepción de la vida y del papel que el hombre ejerce en la naturaleza y en la sociedad.

Hubo en el bolchevismo un comunismo cuyo soporte cultural fue una solidaridad que podemos llamar tradicional, popular, campesina. Este comunismo tuvo y tiene una concepción orgánica y totalizadora, holística, de la sociedad y de la historia. El pueblo, el Estado, la sociedad y el hombre son percibidos como sujetos naturales totales, únicos; son la síntesis de los aspectos objetivos y subjetivos, de los materiales y espirituales que los conforman. En este modelo de comunismo el hombre está vinculado, solidarizado, con toda la sociedad y con la naturaleza. Su solidaridad transciende el ámbito de lo social y se prolonga en la propia naturaleza con la que mantiene vínculos específicos. En la Unión Soviética, las bases de este comunismo fueron, y siguen siendo, las tradiciones solidarias de origen campesino mantenidas de un lado por las tradiciones culturales religiosas, especialmente por el cristianismo ortodoxo oriental (en el caso de Europa, por el catolicismo popular de los países católicos de la Europa meridional), y de otro por la pervivencia de determinadas estructuras sociales y formas de vida que, aún a pesar de la expansión de la sociedad industrial, bien en forma de capitalismo o de socialismo, se mantuvieron vigentes en algunas zonas de Europa hasta bien avanzado el siglo XX y en la URSS hasta nuestros días. Incluso cuando éstas fueron desarticuladas, como en el caso de Europa, la clase obrera emergente, en su aplastante mayoría de origen campesino, conservó estas tradiciones y con ellas sus formas de comprensión y aprehensión del mundo circundante. Durante varias generaciones los obreros industriales continuaron siendo psicológica y sociológicamente campesinos. Un ejemplo importante lo tenemos en el milenarismo que impregnó el movimiento obrero europeo y el bolchevismo, expresión de la herencia cultural de la solidaridad tradicional2.

El otro proyecto de comunismo presente en el bolchevismo tiene un origen urbano, racionalista. Es heredero de los valores de la Ilustración y de la Revolución francesa. Asume el modelo atomizado de hombre y con él el individualismo; condena el mundo tradicional campesino, el mundo popular, como un residuo del feudalismo; asume todos los tópicos de la historiografía europea posterior a la Revolución francesa sobre el mundo campesino y el supuesto Antiguo Régimen. El comunismo ha de ser creado sobre la base de individuos libres unidos por sus intereses de clase o por su conciencia de clase. La ausencia de conciencia de clase entre los campesinos los convierte en pequeñoburgueses, en “un saco de patatas”. Se trata de un proyecto de comunismo que ha terminado aceptando los principios básicos sobre los que se asienta la sociedad capitalista. Acepta el papel regulador del mercado (eufemismo tras el que se esconde la aceptación de la economía de mercado y la propiedad privada), la sociedad civil basada en la concepción del hombre como átomo y la democracia parlamentaria como sistema político.

En este proyecto de comunismo, llamémoslo racionalista, cada individuo tiene su propio valor específico: la posesión de su propio cuerpo (su verdadera propiedad y mercancía) y sus cualidades intelectuales y físicas (su fuerza de trabajo). Como individuo tiene sus “derechos individuales” intransgredibles y un espacio de actuación legítimo, es decir, marcado por las leyes, independiente de cualquier otro individuo. Es la sociedad atomizada, fruto de la Reforma Protestante, de la Revolución científica y de la cultura del industrialismo moderno. Los valores comunitarios tradicionales, la solidaridad tradicional, basada en el modelo de “hombre común” indivisible (una parte de mí está en todos los hombres y en mí se encuentra una parte de todos los hombres), son considerados como reductos del pasado de la existencia humana condenados a su desaparición, estorbo y lastre para el progreso.

Toda la experiencia práctica del socialismo durante el siglo XX ha estado condicionada por la presencia, en mayor o menor medida según los casos concretos, de los dos “proyectos de comunismo” anteriormente mencionados. El bolchevismo fue quizá el caso más explícito. En él estaban presentes las dos formas de comunismo, o si se prefiere, las dos formas de solidaridad. Las tradiciones solidarias populares rusas y del conjunto de pueblos y etnias que conformaban el Imperio ruso habían sido elaboradas por la filosofía, la literatura y la ciencia rusa durante todo el siglo XIX, pero, aún a pesar de dicha elaboración teórica, no habían podido convertirse en protagonistas del proceso modernizador e industrializador que Rusia estaba demandando y buscando. El marxismo clásico, casi académico, de los socialdemócratas rusos, no pasó de lo anecdótico durante décadas y aún a pesar de su relativa fuerza e importancia en los años previos y durante la propia Revolución rusa, no pudo convertirse en el protagonista de los cambios. El bolchevismo fue la síntesis entre las tradiciones socialistas y solidarias nacionales -vernáculas como las llama (Shanin 1990)– y el marxismo. Dicha síntesis asumió el protagonismo de la Revolución y del cambio social y condujo a Rusia, ya en forma de URSS, a la época industrial.

El bolchevismo, y todo el proyecto soviético hasta en sus más recónditas manifestaciones, estuvo condicionado por esa doble naturaleza racionalista y tradicional. Como consecuencia de su componente tradicional, el bolchevismo estuvo imbuido de los conceptos del bien y del mal de la cultura tradicional rusa. En su percepción ideológica, el proyecto soviético fue algo más que un instrumento para “hacer el bien”. En su seno el bien y el mal eran parte consustancial del mismo. Pero, mientras el mal se percibía y se manifestaba como anecdótico, el bien se establecía como dominante.

Nos referimos aquí a las percepciones ideológicas del proyecto soviético, incluso a su percepción moral, no a la realidad objetiva del mismo, que requiere otras categorías de análisis. El filósofo ruso Alexander Zinoviev, uno de los principales críticos del sistema soviético que vivió largos años en Occidente en un exilio voluntario, y por tanto persona poco sospechosa de tener una actitud prosoviética, declaraba en relación con la percepción de la naturaleza del sistema soviético: «Pero, en primer lugar, las represiones en lo fundamental estuvieron justificadas, tenían sus causas; segundo, aquello fue un fenómeno secundario en la historia soviética real. Yo viví todo este período, y para nosotros eso [las represiones A.F.] se encontraba en la periferia de nuestra vida, era secundario, no era eso lo que determinaba nuestra vida, sino la creación positiva que abarcó a un gran pueblo, y prácticamente a todo el planeta» (Fernández Ortiz, 2000, pp. 18-19).

La idea principal del proyecto soviético, en su componente tradicional (milenarista y mesiánica), fue la de construcción del “Reino de Dios” en la tierra. El proyecto soviético estuvo imbuido desde el principio por un mesianismo científico. La ciencia era el medio fundamental del que habría de valerse el poder soviético para la consecución del comunismo (del Reino de Dios en la Tierra). Incluso Bulgakov, en su Maestro y Margarita realizó una irónica crítica de aquella visión idealizada de la ciencia (Bulgakov, 1989). La ciencia soviética también participó de la existencia en su seno de las dos formas de racionalidad de que hablábamos anteriormente con respecto del bolchevismo, heredando las categorías éticas y morales, y con ellas las categorías del bien y del mal de la sociedad tradicional rusa. Veamos, aunque sea de forma resumida, el desarrollo de este proceso.

II.

Una corriente importante del pensamiento solidario ruso está representada por el cosmismo3 ruso. En Rusia están todavía muy arraigadas en su conciencia colectiva las concepciones cósmicas del mundo (del tiempo, del espacio, de la historia, etc.), que han venido manifestándose de formas diversas en las tradiciones, el folklore, las crónicas, y después en la literatura, la filosofía y la ciencia. El cosmismo ruso puede ser considerado como una nueva tendencia filosófica, consolidada a finales del siglo XIX, que pretendió dar una nueva explicación del fenómeno de la vida sobre la tierra y de la actuación y misión del hombre como manifestación perfeccionada de la misma (Semenova, 1993, p. 6). Fue, en definitiva, la eclosión de un proceso de maduración de ideas y creencias que con el paso de los siglos fueron consolidándose e incorporándose al patrimonio cultural ruso. Sus fuentes se encuentran en las creencias, usos y tradiciones de la antigua Rus y de los antiguos eslavos, enriquecidas por las aportaciones de otros pueblos y etnias que con el paso del tiempo conformaron, junto con los eslavos, la entidad política y cultural conocida como Rusia, así como por las aportaciones del cristianismo. En este último caso fueron siempre significativas las reflexiones de los padres de la Iglesia ortodoxa en general, y rusa en particular, sobre las relaciones entre el Creador y la Creación.

Uno de los conceptos claves del cosmismo es el de Богочеловечество (Bogochelovechestvo = Teohumanidad),4 elaborado por la filosofía religiosa rusa y especialmente desarrollado durante finales del siglo XIX y principios del XX por autores como Solovev, Berdiaev, Trubetskoi, Karsavin, etc. Enlaza con el estudio cristiano de la unidad de lo divino y lo humano en la naturaleza de Jesucristo. Cristo es interpretado como la Unidad, síntesis de lo divino y lo humano en la Tierra. Esta idea está relacionada con el concepto de Всеединства (Vseedinstva = Unidad Total)5 que puede ser entendido como conocimiento total, global, o concepción única del mundo. Sobre la idea de Всеединства escribieron diversos autores, entre ellos Solovev, Bulgakov, Karsavin, Florenski, Zenkovskii, Kiriievski, Jomiakov, etc. Es importante significar aquí que estos autores pertenecían a diferentes tendencias ideológicas del pensamiento ruso y que sin embargo el concepto de Unidad Total se encuentra presente en todos ellos como parte del núcleo o fundamento cultural (¿genotipo cultural?).

En el concepto Всеединства (Unidad Total) el hombre es considerado como la unión de la manifestación de lo divino con la naturaleza material, con lo terrenal. La Creación, como obra de Dios, está revestida de divinidad. El hombre como parte de la Creación es a la vez creación divina e intermediario entre Dios y la Naturaleza, entre Dios y la historia terrenal, de la que forma parte. El hombre en sí no es nada, sólo llega a ser persona, a considerarse a sí mismo persona, hombre, en la medida que toma conciencia de su pertenencia a una personalidad cósmica. En esta personalidad cósmica el hombre tiene una naturaleza colectiva por pertenecer a la comunidad de los hombres, y divina por saberse incorporado al orden divino, a la Creación.

Se considera a Nikolai Fiodorovich Fiodorov (1829-1903) como el fundador de la filosofía cosmista rusa. Durante mucho tiempo fue bibliotecario en el museo Rumiantsevskii, cuya biblioteca fue precursora de la actual Biblioteca Lenin. Sus ideas filosóficas, aunque influyeron de forma significativa en Tolstoi, Solovev, Tsiolkovskii y Dostoievski, etc., eran apenas conocidas por un número reducido de amistades y alumnos, manteniéndose desconocidas para el público en general. Sólo después de su muerte sus trabajos fueron recogidos en dos volúmenes y publicados por primera vez en 1906 bajo el título de Философия Общего Дела (Filosofiia Obshego Dela = Filosofía del Hacer Común, del Asunto Común o de la Causa Común).6 La singularidad de las ideas filosóficas de Fiodorov reside en la forma inusual de acercarse a los problemas habituales de la filosofía rusa y a sus originales propuestas de resolución, creando un sistema filosófico globalizador en el que el hombre, la Tierra y el cosmos, son interpretados como un todo interrelacionado e interdependiente. El sistema filosófico desarrollado por Fiodorov incide especialmente en la colaboración de la energía del hombre, del trabajo del hombre, del “Hacer” del hombre, con la voluntad divina de liberar al mundo del mal, de la destrucción y de la muerte, y en la creación del Reino de Dios (¿en la Tierra?) (Semenova, 1995, p. 7).

Para Fiodorov, el principal problema con el que se enfrenta la humanidad es el de la violencia, la cual alcanza sus formas más elevadas en el aniquilamiento de unos pueblos por otros en el curso de la historia. Esta situación es a su vez consecuencia de la situación de dependencia total del hombre con respecto a la Naturaleza, que lo somete a las leyes de la muerte y del “final” (Конечности = konechnosti = finitud). En esa situación cada persona, cada comunidad, cada pueblo, se plantea el problema de la supervivencia de una manera aislada con respecto a los demás, toda vez que condicionado por esa situación de dependencia, el hombre debe preocuparse antes de nada por su propia conservación y perpetuación, lo que genera una tendencia egoísta e individualista hacia el aislamiento.

Para que la humanidad pueda superar esta tendencia, debe tomar conciencia de su situación de dependencia con respecto a las fuerzas de la naturaleza y unirse para su superación. El hombre, con su capacidad para el razonamiento, debe conocer los secretos de las fuerzas de la naturaleza y vencerlos, regularlos en beneficio de la humanidad. El conocimiento de las fuerzas de la naturaleza y su regulación llevará incluso al hombre a dominar la muerte. «Tres cuestiones fundamentales; la regulación de los fenómenos atmosféricos, el control del movimiento de la Tierra y la conquista de «nuevas tierras», se concentran en una sola cuestión general, [a saber] … el restablecimiento de la vida a los antepasados» (Fiodorov, 1995, p. 256). La muerte, según Fiodorov, es un fenómeno temporal, causado por la falta de conocimiento de la naturaleza y de autoconocimiento del propio hombre.

También según Fiodorov, la humanidad en general, y el hombre en particular, han perdido su propia unidad. Por un lado la humanidad se ha dividido en clases y todo tipo de divisiones sociales, por otro el propio hombre se ha separado de su propio ser. Ha separado el pensamiento del cuerpo, la razón de la voluntad, el conocimiento de la moral, la razón práctica de la razón teórica.

Por este motivo, la llamada época de la “razón” y del “progreso” que ha consumado esa división y la ha llevado hasta extremos críticos, tiene para Fiodorov un carácter negativo. A lo único a que ha dado lugar es a la realización de insignificantes mejoras, que dan la sensación ilusoria de un mejoramiento, pero en realidad tienen una acción destructora sobre la naturaleza y sobre el propio hombre, toda vez que refuerza la individualización del hombre e impide su unión para la realización de la “Causa Común”: el dominio de las fuerzas de la Naturaleza, el control de la muerte y el gran acto de suprema solidaridad, la resurrección de los antepasados: «No es difícil constatar cuando el pueblo se encontraba en un nivel intelectual superior … cuando creó la literatura épica, la epopeya religiosa, que abrazaba al mundo entero como una totalidad única … o cuando la vida en las fábricas lo arrancó del campo desviándolo de la cuestión global, universal: la muerte; lo dirigió hacia las minucias insignificantes de la civilización. … Qué vacías y lamentables suenan todas estas cuestiones sobre las garantías de una parte del pueblo contra el otro, todas estas declarations des droits (en francés en el original, A.F.), es decir la declaración de la guerra total. La verdadera educación tiene como objetivo desviar la atención del hombre de todas estas disputas … y dirigirlo hacia el trabajo común, porque sólo entonces se habrá educado el hombre … entonces … el pueblo, en todas sus capas, percibirá la Unidad» (Fiodorov, 1995, p. 263).

El hombre está llamado a dominar la naturaleza, a dirigirla, y con ello procurar el bien a la humanidad. Es el hombre el encargado de llevar a cabo la labor de poner la naturaleza al servicio del bien. Pero el hombre no actúa únicamente por su propia voluntad, como entidad independiente, sino que, como parte de la naturaleza, como parte divina de la creación, Dios, completa a través de él el acto mismo de la Creación y permite al hombre convertirse en coprotagonista de la Creación. La Creación adquiere así un carácter continuo, no acabado. Dios a través del trabajo del hombre continúa la obra de la Creación. El hombre se convierte en protagonista activo de la Creación como manifestación de la divinidad. La Creación debe ser conducida a su culminación, que implicará el dominio de la naturaleza, de sus fuerzas, el dominio de la Tierra, para ponerlo al servicio de la humanidad, al servicio del bien como manifestación de la voluntad de Dios: «Dios educa al hombre con su propia experiencia; Él es el Zar que hace todo, no sólo para el hombre, sino y a través del hombre; por algo no hay racionalidad en la naturaleza, porque debe ser el hombre quien la introduzca, y precisamente en esto reside la racionalidad superior. El Creador vuelve a crear el mundo a través de nosotros … No podremos saber con seguridad con qué fuerza se mueve nuestra Tierra mientras no dirijamos su marcha»[CITATION FIO95 \p 255-256 \l 3082 ].

Pero la humanidad no debe limitarse solamente a conseguir el control de la naturaleza terrestre, sino que, al ser la tierra parte del cosmos, el hombre debe aprender a controlar el sistema solar y todo el cosmos. Esta es también parte de la voluntad divina manifestada a través del hombre. El cosmos, a través de la actividad creadora del hombre, y ésta como manifestación de la voluntad de Dios, también debe ser puesto al servicio de la humanidad, al servicio del bien. «La actividad humana no debe limitarse a los límites del planeta tierra». La salida al cosmos es una necesidad del hombre, presente en su memoria colectiva a lo largo de la historia de la humanidad: «En todos los periodos de la historia es evidente una aspiración que muestra que la humanidad no puede conformarse con los estrechos límites de la tierra»[CITATION FIO95 \p 255-256 \l 3082 ].

La salida del hombre al cosmos vendrá a satisfacer el interés general, el interés común: «ante el rostro de las fuerzas cósmicas cesan todos los demás intereses: personales, de clase, nacionales; sólo un interés no se olvida: el interés general de todas las gentes, es decir, de todos los mortales»[CITATION FIO95 \p 263 \l 3082 ]. Si el hombre renuncia a salir al cosmos, renuncia con ello a la solución de los problemas de la humanidad, especialmente los problemas económicos, y con ellos a la posibilidad de una existencia digna del hombre. Renuncia, en definitiva, a la supervivencia del hombre sobre la Tierra. «El carácter fantástico de la posibilidad de un tránsito real de un mundo a otro es sólo aparente; el carácter imprescindible de tal tránsito es indudable ante una directa y sobria mirada al asunto … Si nos negamos al dominio de los espacios celestes, deberemos renunciar a la resolución de los problemas económicos formulados por Malthus, y en general de la existencia moral de la humanidad»[CITATION FIO95 \p 256 \l 3082 ].

Precisamente Rusia, el Estado ruso, es considerado por Fiodorov como la entidad llamada a la consecución del objetivo común (la “Causa Común”) de la humanidad, toda vez que en ella se concretan los elementos que pueden servirle de fundamento, tanto materiales como sociales y psicológicos. La Rusia no contaminada por el individualismo de Occidente puede y debe llevar a cabo la “Causa Común”. Fiodorov manifiesta así el mesianismo del que participan sus ideas, el cual es a su vez expresión del mesianismo ruso.

Piotr Chaadaev, casi más de medio siglo antes que Fiodorov, expresó por primera vez en un lenguaje laico y con un contenido social el mesianismo ruso que hasta entonces sólo se había expresado en su sentido religioso. Chaadaev consideraba que Rusia estaba llamada a solucionar incluso los problemas sociales que la humanidad todavía no había llegado a plantearse: «de nosotros puede decirse que formamos parte de una excepción entre los pueblos. Pertenecemos a aquellos de los que no entrarían a formar parte integrante de la especie humana, y existen solamente para dar una gran lección al mundo»[CITATION CHA911 \p 326 \l 3082 ].7 Esta afirmación, realizada en la primera de sus Cartas Filosóficas, fue confirmada y ampliada más tarde en su Apología de un Loco: «Considero que nosotros hemos llegado después que otros pueblos, para hacerlo mejor que ellos, para no caer en sus errores, en sus equívocos y supersticiones. … Es más: yo tengo el profundo convencimiento de que estamos llamados a solucionar la mayor parte de los problemas de tipo social, a llevar a cabo la mayor parte de las ideas que han aparecido en las viejas sociedades, dar respuesta a los más importantes problemas que ocupan a la humanidad. Yo con frecuencia he dicho y con gusto repito: nosotros, por así decirlo, por la propia naturaleza de las cosas, estamos destinados a ser el verdadero juez de conciencia en muchos de los juicios que se debaten ante los grandes tribunales del espíritu humano y de la sociedad humana»[CITATION CHA91 \p 534 \l 3082 ].

Fiodorov llamó a su filosofía Супраморализм (Supramoralizm = Supramoralismo), por el cual entendía: «La síntesis de dos razones (teórica y práctica) y tres materias del conocimiento y de la praxis (Dios, el hombre y la naturaleza, de los cuales el hombre es el instrumento de la razón divina y él mismo se convierte en la Razón del universo)… Supramoralismo es la deuda con nuestros padres/antepasados, la resurrección como la más alta e incondicional moralidad general, moralidad natural para los seres racionales y sensibles, del cumplimiento de la cual, es decir, del deber de la resurrección, depende el destino de la especie humana».

A primera vista los escritos e ideas de Fiodorov (pensemos sólo en una de sus ideas principales: la resurrección de los muertos) se nos presentan como un cúmulo de ideas absurdas, barbaridades y herejías del cristianismo;8 aspiraciones irrealizables, utópicas, de construcción de un mundo feliz, del Reino de Dios en la Tierra. Sin embargo, estas ideas absurdas y en muchos casos incoherentes dieron frutos realmente sorprendentes. Con su influencia sobre filósofos y científicos, las ideas de Fiodorov impulsaron el desarrollo de la filosofía y el desarrollo teórico y práctico de ramas concretas de la investigación científica soviética, como fue el caso del Programa Cósmico soviético, al tiempo que sus teorías se convirtieron en parte de los soportes éticos de la ciencia soviética. Pero no sólo eso, las ideas cosmistas de Fiodorov fueron parte fundamental del bolchevismo. El rastro de este componente cosmista en el bolchevismo no es difícil de seguir y lo podemos observar en multitud de manifestaciones. En la literatura, por ejemplo, Andrei Platonov9 mostró en sus obras las imágenes más importantes del cosmismo bolchevique (el «bolchevismo tecnológico»).

Otro ejemplo lo tenemos en el debate ideológico y político que se produjo en el seno del movimiento euroasiatista10. En 1928, en plena crisis de este movimiento en su exilio europeo, una parte importante del mismo vio en el bolchevismo precisamente la expresión de las ideas de Fiodorov, lo que sirvió a muchos para argumentar su vuelta a la URSS. Precisamente, en el año 1928, en París, comenzó a publicarse la revista «Evraziia» (Eurasia) en la que se trataban cuestiones de cultura y política. En el consejo de redacción de la misma estaban presentes los miembros más importantes del grupo euroasiatista de París (Karsavin, Suvchinskii, Malevskii-Malevich, etc.). Aunque esta revista tuvo una vida corta, apenas un año, fue muy importante para la historia del movimiento euroasiatista porque significó el punto culminante del cisma en el seno de este movimiento. Los euroasiatistas parisinos pasaron directamente a la justificación y defensa del bolchevismo. Para tratar de aclarar y reconducir la situación, el también euroasiatista N.N. Alexeev se desplazó a París. Posteriormente, en una carta a N.S. Trubetskoii, dejó constancia de las causas del cisma y de sus impresiones al respecto: «Mi estancia en París me ha convencido … que las diferencias no son de tipo personal, sino de principios. … Ha ocurrido lo siguiente: en lugar de convertir a los comunistas en euroasiatistas … los parisinos (se refiere a los euroasiatistas de París – A.F.) han recorrido el camino contrario, de euroasiatistas se han convertido en comunistas. … Prácticamente de aquí nace la necesidad de justificar la práctica del comunismo en Rusia, y en particular, considerar totalmente correcta la línea actual de Stalin. … Cuando yo … les dije que eso era el «Estado de termidor» según Meterlink, me contestaron que no, que eso era la «filosofía del hacer común» en el sentido de Fiodorov»[CITATION URJ92 \p «49 y sig.» \l 3082 ].

Hay un sentido oculto en el discurso filosófico, histórico y político, del cosmismo ruso que hunde sus raíces en el inconsciente colectivo de la cultura rusa. De manera aislada aparece en las concepciones de uno u otro filósofo, escritor o científico y se manifiesta entonces de manera incoherente e incomprensible. Sin embargo, visto en su conjunto, uniendo en un único discurso estas ideas, este sentido oculto parece manifestarse con mayor claridad. Y decimos parece porque no siempre queda evidente y manifiesto. Una parte importante del bolchevismo vino a ser una manifestación del sentido oculto del cosmismo ruso.

III.

Las ideas de Fiodorov fueron desarrolladas en tres direcciones: una poético-literaria: Platonov, Jlebnikov, Zobolotskii, etc.; otra filosófico-religiosa: Soloviov, Berdiaev, Bulgakov, etc.; y una tercera científico-natural: Tsiolkovskii, Umov, Vernadskii, Chizhevskii, etc.

Trataremos de seguir el rastro a los terceros, deteniéndonos en detalle en Tsiolkovskii y Vernadskii, ya que con ellos el cosmismo se convirtió en teoría científica con capacidad para abordar el estudio y explicación de la naturaleza, del hombre, y en general de los procesos que se desarrollan sobre la tierra, entre ellos la propia actividad del hombre. Pero dado que nuestro planeta forma parte del cosmos ordenado y orgánico, el estudio de todo lo que ocurre en él debe ser realizado en estrecha interacción (Всеединства = Unidad Total) con los procesos que ocurren en el cosmos. La Tierra no es sólo un cuerpo cósmico pasivo que recibe la influencia del cosmos, sino que, por ser parte del cosmos, participa activamente en la vida del mismo, en su evolución. Esta tendencia científico-natural también nos interesa en relación con este artículo en la medida que sirvió de vehículo (no el único, evidentemente, pero sí uno de los más importantes) para la penetración en el cuerpo de la ciencia soviética de los valores morales y del mesianismo del pensamiento tradicional ruso, sobre todo en la versión elaborada que representó el supramoralismo de Fiodorov.

El cosmismo científico ruso considera el espacio donde desarrolla su actividad el hombre (la corteza terrestre, la Biosfera de Vernadskii) como la síntesis en delicado equilibrio de las condiciones naturales terrenales, subterráneas y cósmicas, las cuales han permitido la existencia de la vida y en concreto la vida del hombre y su actividad. Desde este punto de vista la actividad del hombre toma una nueva dimensión que ya no es sólo terrenal, sino cósmica. El hombre debe salir al cosmos, al nivel superior de las concepciones míticas cosmistas, debe poblarlo y debe desarrollar su actividad en él. La humanidad con su actividad cósmica alcanza así un nuevo nivel de evolución, una nueva dimensión, y entra en una era de madurez expresada en las palabras de Tsiolkovskii: “la Tierra es la cuna del hombre, el cosmos es su casa”.

Konstantin Eduardovich Tsiolkovskii (1857-1935). Fue filósofo e investigador, continuador de las ideas de Fiodorov. En él puede decirse que está presente el pensamiento oriental y occidental. Fuertemente influenciado por el cristianismo (como todos los filósofos rusos) y por la filosofía oriental y el budismo, también estuvo influenciado por las ideas evolucionistas de Darwin. Una mezcla de tradicionalismo, arcaísmo, ciencia y racionalismo. Sin embargo, la presencia de estos componentes tan diversos y diferentes no dio lugar a una síntesis o a un enfrentamiento o conflicto entre los diferentes componentes de su pensamiento, sino que, al igual que en otros pensadores rusos, vuelve a manifestarse la idea de la Totalidad (Unidad Total).

Junto con sus ideas cuasi místicas, Tsiolkovskii, como científico, fue el primero que comprendió las posibilidades del movimiento a reacción en el cosmos. Fue el fundador de la dinámica de los cohetes y de la cosmonáutica. El cosmos para Tsiolkovskii es un sistema armónico y único, en el cual la materia es también Una. La materia como unidad es sensible. Toda la materia de la que está formado el cosmos está dotada de sensibilidad, y por ella el cosmos mismo es una entidad viva, sensible. La idea de materia muerta es falsa. Todo átomo en el cosmos es materia viva sensible; todo depende del estado, siempre temporal (ciclo), en que se encuentre. Si se encuentra presente en una materia altamente organizada, orgánica, ese átomo de materia muestra su vitalidad de forma perceptible. Si se encuentra en una parte de materia inorgánica, dará la impresión de ausencia de sensibilidad, de ausencia de vida, pero en realidad se encuentra en estado de letargo, esperando un nuevo ciclo en el que podrá formar parte de materia orgánica y nuevamente podrá manifestar su vitalidad [CITATION TSI96 \p 278-279 \l 3082 ] (vemos también en Tsiolkovskii la presencia del vitalismo científico europeo que acompañó a la ciencia europea en su evolución desde los siglos XVII y XVIII).

La tierra ocupa en el cosmos un lugar especial toda vez que en ella se desarrolla un proceso de fundación de nuevas formas de vida. El hombre, tal y como lo conocemos en la actualidad, es el resultado de un largo camino de evolución y perfección desde la materia inorgánica, no sensible, “muerta”, hasta su estado actual. Tsiolkovskii, al igual que el resto de filósofos cosmistas, considera al hombre como un ser intermedio, que todavía no ha abandonado completamente su estado cuasi-animal, que no ha alcanzado el estado completo de perfección[CITATION TSI96 \p 286 \l 3082 ].

Pero el proceso de evolución del hombre no se acaba en la consecución de un estado de perfección física, sino que ésta será incompleta si no lleva paralela el desarrollo de nuevas formas de organización social, las cuales a su vez permitirán el dominio de las fuerzas de la naturaleza y su utilización en beneficio de la humanidad. El hombre alcanzará su estado de perfección y abandonará su situación de cuasi animal cuando el desarrollo de una organización social correcta le permita ser el “administrador” de la Tierra: «Podemos esperar la rápida llegada de una moderada y razonable organización social en la Tierra que corresponderá con su particularidad y su organicidad … La feliz organización social, sugerida por los genios, obligará a la ciencia y a la técnica a avanzar hacia adelante con una rapidez inimaginable y con la misma rapidez hará mejorar la vida humana … El hombre llegará a ser el verdadero dueño de la tierra. Transformará los continentes, cambiará la composición de la atmósfera y explotará ampliamente los océanos. El clima será cambiado según el deseo o la necesidad. Toda la tierra se convertirá en habitable y proporcionará grandes frutos»[CITATION TSI96 \p 287 \l 3082 ].

Como vemos en la cita anterior, en Tsiolkovskii, como en otros filósofos cosmistas y en la mayoría de los científicos rusos, la ciencia y la técnica se convierten en factores fundamentales de progreso, pero en un sentido diferente al de la cultura europea occidental. La ciencia está cargada de valores morales y su único objetivo es hacer el bien, estar al servicio de la humanidad, ayudar al hombre a vencer el mal y a vencer el estado de imperfección y de sometimiento en que se encuentra con respecto a la naturaleza. Años después, el gran Serguei Pavlovich Koroliov, en uno de los encuentros con los jóvenes pilotos seleccionados para ser los primeros cosmonautas, les decía: “Nuestro interés en el conocimiento del Universo no es un objetivo en sí mismo. No hay conocimiento por el placer del conocimiento. Nosotros nos introduciremos en el cosmos para estudiar mejor el pasado y el presente de nuestro planeta, para prever su futuro. Nosotros queremos poner los recursos y posibilidades del cosmos al servicio del ser humano, investigar otros cuerpos celestes, y sí las circunstancias lo exigen, estar preparados para poblar otros planetas. Como dijo Tsiolkovskii, la conquista del cosmos nos promete montañas de pan…”[CITATION ROM89 \p 101 \l 3082 ].

La ciencia es considerada, no como un instrumento para conseguir el bien, sino que la ciencia lleva en su esencia, como componentes innatos a ella, el bien y el mal. Al igual que el hombre conoce el bien y el mal, pero dispone del libre albedrío para hacer el uno o el otro, aunque como criatura de Dios tiende a hacer el bien, la ciencia llevando en su seno el bien y el mal, como creación del hombre tiende por principio a hacer el bien. Con la ciencia el hombre puede alcanzar el estado máximo de felicidad. La ciencia ayudará al hombre a destruir a su mayor enemigo: la muerte.

Es interesante comparar esta concepción de la ciencia con la mayoritariamente mantenida por los científicos occidentales, según la cual la ciencia es una empresa libre de valores, un ente autónomo, objetivo en su propia naturaleza, libre de prejuicios sobre el bien y el mal. Para Tsiolkovskii, la ciencia es la manifestación más evidente de la razón del hombre; con ella podrá ser construido un sistema social justo que permitirá en el futuro poblar y organizar el cosmos.

Tsiolkovskii, que vivía en Kaluga lejos de los ambientes intelectuales de la capital, era en parte considerado por estos círculos como un sabio extravagante, lleno de ideas fantásticas. Sin embargo a partir de los años 20, esta actitud cambió radicalmente. Sus ideas comenzaron a difundirse con mayor amplitud entre el público en general y los círculos intelectuales, contribuyendo a su difusión el acento que las mismas ponen en el dominio de las fuerzas de la naturaleza por el hombre, dando a éste la posibilidad de utilizarlas para la superación de los problemas constantes con que se enfrenta la humanidad. Estas ideas estaban ya muy extendidas a principios de siglo y formaban parte del acervo filosófico del cosmismo ruso.

Sus concepciones unitarias y comunitarias le llevaron a definirse como bolchevique después de la Revolución de Octubre: «por naturaleza o por carácter, soy revolucionario y comunista. Como prueba de esto, puede servir mi trabajo «La Pena y los Genios», publicado en 1916, todavía durante el Zar. En él, de forma concreta y particular, se predican los beneficios de la comuna en el sentido amplio de esta palabra»[CITATION Gri \p 387 \l 3082 ].

En los años 30 las ideas de Tsiolkovskii fueron reconocidas oficialmente por el poder soviético (ya en los años 20, por indicación directa de Lenin, Tsiolkovskii fue puesto bajo la protección directa del gobierno soviético y le fue asignada una pensión que le garantizaba una vida en condiciones dignas en el ambiente de guerra y revolución de aquellos años). Sus ideas fueron asumidas por el gobierno soviético, y muchas de ellas, impresas sobre pancartas y carteles, se convirtieron en consignas que decoraban las paredes y fachadas de escuelas y clubes juveniles[CITATION SEME93 \p 261 \l 3082 ]. Tsiolkovskii dejó escrito: «Durante el gobierno soviético me fue concedida una pensión, pude entregarme de forma más libre a mis trabajos y, de pasar anteriormente casi desapercibido, ahora he despertado la atención hacia mis trabajos. Mi dirigible ha sido reconocido como un invento especialmente importante. Para las investigaciones del movimiento a reacción han sido creados GID e institutos. Sobre mis trabajos y logros han aparecido muchos artículos en los periódicos y revistas. Mi setenta aniversario fue celebrado por la prensa. Cinco años después mi aniversario ha sido ampliamente celebrado en Kaluga y en Moscú. He sido condecorado con la orden de la Bandera Roja del Trabajo y con el distintivo de activista del Osoaviajim. Me ha sido aumentada la pensión. La URSS marcha con firmeza por el gran camino del comunismo y de la industrialización del país, y yo me solidarizo profundamente con esto»[CITATION Gri \p 418 \l 3082 ].

Al contrario que en las versiones pesimistas del hombre que desarrolló la filosofía europea occidental (“El hombre es un lobo para el hombre”), o las teorías darwinistas sobre la lucha de las especies por la supervivencia, el cosmos para Tsiolkovskii, como para el resto de los filósofos y científicos cosmistas, es considerado como un estado superior… «en el cosmos sólo existe verdad, perfección, poder y satisfacción, dejando para lo demás tan poco, que se puede considerar como una minúscula mota de polvo negro sobre una hoja de papel blanco»[CITATION TSI96 \p 298 \l 3082 ].

Vladimir Ivanovich Vernadskii (1863-1945), científico y filósofo cosmista, uno de los fundadores de los estudios sobre la Biosfera y la Noosfera, fundador de numerosas ramas de la investigación científica (mineralogía, genética, bioquímica geológica, radiogeología, estudios sobre la biosfera, etc.), fue un gran innovador que se caracterizó por la naturaleza interdisciplinaria de sus investigaciones y por su gran capacidad de síntesis. Paralelamente a su actividad científica Vernadskii llevó una activa vida política. Fue miembro del Comité Central del partido Kadete y miembro del Gobierno Provisional. Durante la Guerra Civil, en Ucrania, organizó la Academia de Ciencias de Ucrania. Al finalizar la Guerra civil marchó al exilio, volviendo a los poco años y dedicándose a labores de reorganización de la Academia de Ciencias de Rusia (URSS).

Su vuelta e incorporación a la vida científica y su actividad pública son algo más que un síntoma de reconciliación nacional después de la guerra civil. En realidad, las ideas y concepciones de Vernadskii no estaban lejos de los fundamentos ideológicos del bolchevismo. Las ideas más importantes de Vernadskii, las ideas más importantes del cosmismo ruso en general, eran parte del bagaje ideológico y cultural del propio bolchevismo, por lo que no es de extrañar que sus ideas fueran asumidas rápidamente por los jóvenes científicos y por líderes políticos del país.

La parte más importante de los trabajos de Vernadskii y su cima como científico la alcanzó con los estudios realizados sobre la Biosfera y la Noosfera. Estos conceptos significaron el paso de una fase meramente analítica en el estudio de las ciencias naturales a otra de carácter sintético. La biosfera para Vernadskii es la envoltura bioquímica que rodea la Tierra y que se desarrolla según sus propias leyes. Uno de los principales elementos activos de la biosfera es la materia viva que, con su actividad, realiza gran cantidad de funciones que inciden sobre la propia biosfera. Al estar la biosfera en contacto directo, en su parte externa, con el cosmos, la actividad de los seres vivos tiene también una función cósmica.

La biosfera es también el único lugar donde puede existir la vida. El hombre, como manifestación superior de la vida en la biosfera es inseparable de ella, se encuentra vinculado y dependiente de ella. Pero no sólo el hombre, sino toda la materia viva, todos los seres vivos, se encuentran en estrecha dependencia con el medio en el que viven, con sus condiciones materiales y energéticas: «Hasta ahora los historiadores, en general los científicos de las ciencias humanas, y en gran medida los biólogos, de manera consciente no toman en cuenta que, según las leyes naturales de la biosfera (la envoltura terrestre en la que solamente puede existir la vida), el hombre, de forma natural, es inseparable de ella… En realidad no hay ni un sólo organismo vivo que se encuentre en la tierra en una situación de libertad. Todos estos organismos se encuentran continuamente relacionados, sobre todo por la alimentación y la respiración, con el medio material y energético que les rodea. No pueden existir al margen de las condiciones naturales»[CITATION VER93 \p 304-305 \l 3082 ].

Sobre el papel de la ciencia, Vernadskii pensaba que, si bien la humanidad se había desarrollado alrededor de tres conceptos fundamentales: la religión, la filosofía y la ciencia; a través de los cuales había tratado de encontrar la verdad y la resolución de los problemas eternos que le inquietaban, sólo la última había conseguido dicho objetivo. Precisamente la particularidad de la ciencia, del pensamiento científico, consiste, según Vernadskii, en que es capaz de englobar en sus reflexiones y en su esfera de actividad a toda la biosfera, a toda la humanidad: «En la historia de la humanidad no ha habido todavía un período en el que la ciencia abarcara tan profundamente la vida como ahora. Toda nuestra cultura, abarcando toda la superficie de la corteza terrestre, ha sido creada por el pensamiento científico y la creatividad científica»[CITATION VER97 \p 131 \l 3082 ]. La ciencia ha ayudado al hombre en la creación de la cultura, y la ciencia salvará a la humanidad: «La ciencia representa la fuerza que salvará a la humanidad»[CITATION VER97 \p 133 \l 3082 ].

El científico A.P. Pavlov (1854-192) introdujo el concepto de “era antropogénica” para designar la época actual, caracterizada por el hecho de que la actividad del hombre condiciona tanto la vida sobre la Tierra, como a la propia Tierra. Vernadskii afirma que el hombre se ha ido convirtiendo, de forma paulatina e inadvertida para él mismo, en una potente fuerza geológica[CITATION VER93 \p 308 \l 3082 ]. Esto ha dado lugar a un cambio en la posición del hombre sobre nuestro planeta. En el siglo XX, por primera vez en la historia de la Tierra, el hombre conoce y domina toda la biosfera, extendiéndose por toda la superficie del planeta. La humanidad se ha transformado en un todo único, y el hombre puede vivir en cualquier parte del planeta, por difícil que sean sus condiciones, con sólo proponérselo. Pero al mismo tiempo la humanidad, tomada en su conjunto, representa una parte insignificante de la materia del planeta. El poder del hombre no depende entonces de su materia, sino que es el resultado de su razón. El poder del hombre, su transformación en una fuerza geológica determinante, viene dado por el poder de su razón, capaz de dirigir su actividad y su trabajo[CITATION VER93 \p 308 \l 3082 ].

Vernadskii desarrolló también el concepto de Noosfera, referido al ámbito de interacción entre la Naturaleza y el hombre, en el cual el hombre desempeña el papel determinante. El concepto de Noosfera fue elaborado inicialmente por los científicos franceses P. Teilhard de Chardin y E. Le Roi y por Vernadskii, siendo posteriormente el propio Vernadskii quien lo desarrolló. Las ideas principales eran que, desde la aparición de la humanidad, nuestro planeta había entrado en una nueva época geológica, y que la biosfera como envoltura del planeta con carácter totalizador (Unidad) ha sido formada por la actividad de los seres vivos. La idea de Noosfera viene a significar la entrada de la biosfera en una nueva etapa, en un nuevo estado evolutivo, en el cual la nueva particularidad es la evolución conjunta de la humanidad y la Naturaleza dirigidas por la razón del hombre[CITATION VER93 \p 309 \l 3082 ].

Los conceptos de Biosfera y Noosfera desarrollados por Vernadskii significaron un gran paso adelante en la elaboración de un nuevo cuadro del mundo. La concepción “biosférica” del mundo permitió interpretar el protagonismo del ser vivo como una fuerza de carácter planetario y cósmico, capaz de incidir y organizar los procesos naturales del planeta Tierra en particular y del cosmos en general: «La Noosfera es un nuevo fenómeno geológico en nuestro planeta. En ella, por primera vez el hombre ha llegado a ser la mayor fuerza geológica. … El rostro del planeta -la biosfera- está cambiando de forma radical su composición química por la acción consciente del hombre, y principalmente por su acción no consciente. El hombre transforma los componente físicos y químicos de la envoltura aérea de las tierras emergidas, todas las aguas de la naturaleza. … En el futuro se nos presenta como realizable un sueño de cuento: el hombre se esfuerza por salir de los límites de su planeta al espacio cósmico. Y con toda probabilidad, saldrá»[CITATION VER93 \p 309-310 \l 3082 ].

IV.

Un ejemplo concreto de la influencia del cosmismo ruso en la investigación directa del cosmos lo tenemos en los trabajos de Alexandr Leonidovich Chizhevskii (1987-1964), científico y filósofo cosmista soviético, que con sus estudios demostró la influencia directa y total del sol en la actividad vital de la biosfera, en el hombre y en la sociedad, y la estrecha relación entre la actividad del Sol, del sistema solar, y la aparición y difusión de diferentes fenómenos en la Tierra; desde epidemias hasta procesos sociales.

Chizhevskii consideraba que al igual que las corrientes de aire oceánicas están entrelazadas entre sí formando un complejo sistema orgánico, de la misma manera, el todavía más difícil sistema de fenómenos biológicos de la Tierra debe ser considerado como un sistema orgánico interrelacionado sobre el que cualquier tipo de influencia de carácter local se reflejará inmediatamente en el conjunto del sistema. Cualquier ruptura del equilibrio llevará a la necesidad de compensación y a la búsqueda de un nuevo equilibrio, que afectará a todos y cada uno de los elementos que forman el organismo.

En el concepto de “medio” como envoltura geográfica donde se desarrolla la actividad biológica y social de la materia, Chizhevskii incorporó el espacio cósmico, lo que supuso un hecho fundamental para el ulterior desarrollo de una concepción del mundo global, cósmica, desde un fundamento científico, al igual que el realizado por Vernadskii.

De esta concepción cósmica se deduce que el desarrollo del mundo orgánico, en sus aspectos sociales y naturales, no es un factor exclusivo, autónomo y endógeno de la Tierra, sino que este proceso (el del desarrollo del mundo orgánico) es el resultado de la acción conjunta de la actividad de la Tierra y del cosmos, de los agentes cósmicos, de los cuales, precisamente los segundos, es decir los cósmicos, son los fundamentales. De esta manera, el mundo orgánico (en sus aspectos sociales y naturales) refleja en cada momento los cambios y oscilaciones, las influencias que tienen lugar en el medio cósmico[ CITATION CHI76 \l 3082 ].11

El caso más evidente de la influencia del cosmismo ruso en la investigación lo tenemos en el gran proyecto científico-técnico e industrial que se convirtió en el mejor reflejo de todo el proyecto soviético. Nos referimos al Programa Cósmico soviético, el cual es a su vez uno de los mejores reflejos del complejo proceso de simbiosis entre tradición y modernización que en realidad supuso la experiencia soviética. Presentado en Occidente como el fruto de la gran carrera de armamentos de un Estado empeñado en conseguir la supremacía y el dominio militar frente a sus enemigos, tiene, como ya hemos visto, unos orígenes y unos fundamentos éticos diferentes a los que le han sido asignados por la sovietología occidental.

Ya en el último tercio del siglo XIX fueron elaborados importantes aspectos teóricos de la salida del hombre al cosmos. El ingeniero, inventor y revolucionario Nikolai Ivanovich Kibalchich, especialista en substancias explosivas, que murió en el patíbulo por su participación en el atentado que costó la vida al zar Alejandro II en 1881, desarrolló la idea de la utilización de un aparato con motores a reacción para la realización de vuelos cósmicos.

Kibalchich, como Tsiolkovskii y otros muchos cosmistas rusos, pensaba que estaba próximo el tiempo en que los habitantes de la Tierra saldrían al cosmos e incluso se quedarían a vivir en él. Esa fe en la conquista del cosmos les sirvió incluso de soporte psicológico en momentos difíciles. En la cárcel, ya condenado a muerte y esperando su ejecución, Kibalchich dedicó sus últimos días a trabajar sobre su proyecto. El propio Kibalchich escribió: “Estando en la cárcel, a unos cuantos días de mi propia muerte, escribo este proyecto. Yo creo en la realización de esta idea, y esa fe me sostiene en mi terrible situación. Si después de su detenido estudio por los científicos especialistas, mi idea es tomada como realizable, entonces seré feliz por haber prestado un gran servicio a mi patria y a la humanidad”[CITATION CHE60 \p 82 \l 3082 ]. Cuando el Jefe de Policía de San Peterburgo vio los escritos de Kibalchich, ordenó que se guardaran junto con el expediente del condenado, ya que la lectura de los mismos no era conveniente porque podrían ocasionar “interpretaciones fuera de lugar”[CITATION CHE60 \p 86 \l 3082 ]. Las esperanzas de Kibalchich sólo pudieron cumplirse casi cuarenta años después, cuando su proyecto fue redescubierto en 1917 y publicado en la revista “Biloe” por el científico N.A. Ribin.

Fiodorov, Tsiolkovskii y Vernadskii, no sólo transmitieron sus conocimientos científicos y sus ilusiones, trasmitieron además sus concepciones solidarias y paternalistas y sus principios morales y éticos a las nuevas generaciones de investigadores. Un ejemplo importante de dicha influencia lo tenemos en la relación entre Tsiolkovskii y Chizhevskii[ CITATION CHI \l 3082 ]. Las ideas de estos hombres fueron retomadas por una generación de científicos entusiastas que pusieron su objetivo vital en la salida del hombre al cosmos y en los vuelos interplanetarios.

Tsiolkovskii representó el punto de encuentro de las ideas filosóficas cosmistas y el inicio de la investigación científica del cosmos. Su figura es clave porque dio el testigo a toda una pléyade de jóvenes investigadores que posteriormente fueron los precursores en el diseño y construcción de los ingenios voladores que permitieron la salida del hombre al cosmos. En unas declaraciones a los autores del libro Konstruktori, Koroliov decía: “Hace cuarenta años yo soñaba con volar en aviones construidos por mí mismo. Pero siete años después, tras mí encuentro con K. E. Tsiolkovskii, cuya conversación con él, como ya he dicho, tuvo una gran influencia sobre mí, decidí construir sólo cohetes. Konstantin Eduardovich nos asombró, ya entonces, a todos con su fe en la posibilidad de la navegación cósmica. Cuando nos separamos yo me fui con un sólo pensamiento: volar hacia las estrellas. Con un gran respeto recuerdo al segundo de mis maestros, quien también tuvo una gran influencia sobre mí, me refiero a Fridrij Arturovich Tsander. Nunca olvidaremos sus palabras: <<¡Viva el trabajo para los viajes interplanetarios al servicio de toda la humanidad! ¡Cada vez más y más alto, hacia las estrellas!>>»[CITATION ROM89 \p 15 \l 3082 ].

En 1926 fue reeditado el libro “Issledovanie mirovogo prostransva reaktivnimi priborami” (La investigación del cosmos con aparatos a reacción)12: en 1927 y 1929, respectivamente, fueron publicados los libros “Kosmicheskaia raketa” (El cohete cósmico) y “Kosmicheskie raketnie poesda” (Los trenes-cohetes cósmicos), todos ellos de Tsiolkovskii. En el último, por primera vez en el mundo, se desarrollaba la idea de un cohete cósmico por etapas. Por cierto que el entusiasmo que despertaron estas ideas dio lugar a la formación de numerosas organizaciones de carácter civil y aficionado, que incluso enviaban a los periódicos proyectos de aparatos voladores a reacción[CITATION Izv \l 3082 ], y a la edición, con tiradas increíbles, de numerosos libros sobre estos temas.

En el año 1923 apareció una reseña en la prensa rusa sobre la publicación en Alemania del libro Die Rakete zu den Planetenräumen (El cohete hacia el espacio interplanetario), del científico Hermann Julius Oberth. En dicho libro no se hacía ni una sola mención a Tsiolkovskii, por lo que el filósofo y científico ruso decidió volver a publicar su libro La investigación de los mundos espaciales con aparatos a reacción, que ya había publicado en el año 1903 [CITATION TSI \l 3082 ]. En aquellos años Tsiolkovskii se encontraba en la ciudad de Kaluga, así que acompañado por el entonces joven Chizhevskii decidió dirigirse al departamento de cultura de esa provincia. Allí le comunicaron que estarían encantados de editar el libro, pero que carecían de papel. Sin embargo, le dieron un valioso consejo al científico: “diríjase a la fábrica de papel de Kondorovskaia e imparta una conferencia a los trabajadores sobre un tema científico. Le ayudaran”. Tsiolkovskii, ya mayor, le pidió ayuda a Chizhevskii para que éste diera la conferencia. Los obreros escucharon con interés la ponencia y tras ella, reunidos en asamblea, decidieron fabricar “un poco más de papel”, el suficiente para la edición del libro. Y, efectivamente, Chizhevskii volvió a la ciudad de Kaluga con su preciada carga de papel[CITATION ARL61 \p 6-7 \l 3082 ].

Esta necesidad de conocimiento y la querencia por la ciencia del trabajador ruso tras la revolución es un capítulo especial apenas investigado. Ya en aquellos años llamaba la atención en el extranjero que el pueblo ruso se interesase tanto por la ciencia. En el año 1929 el matemático y divulgador científico soviético Yakov Isidorovich Perelman publicó un libro de divulgación científica con el título de Zanimatelnaia astronomiia (Astronomía entretenida). Cuando ya había sido impresa la sexta edición y la tirada total llegaba a los 47.000 ejemplares, el científico austriaco Max Valier no pudo contener su asombro y escribió a Perelman una carta en la que decía: “Me asombra que su libro vaya ya por la sexta edición con una tirada total de 47.000 ejemplares. Ni un solo autor en Alemania ha conseguido nunca eso. ¿Acaso el pueblo ruso se interesa tanto por esta problemática? ¿Es qué la población de la moderna Rusia tiene dinero para la compra de libros? ¿Son en Rusia los libros tan bratos, o es qué se reparten gratuitamente por el Estado a todos los interesados?[CITATION ARL61 \p 6-7 \l 3082 ]. Por cierto, Perelman murió de hambre en el año 1942, durante el terrible bloqueo alemán de la ciudad de Leningrado. En el año 1954 salió una nueva edición de su Zanimatelnaia astronomiia con una tirada de 100.000 ejemplares.

El científico entusiasta F.A. Tsander comenzó a trabajar sobre los vuelos interplanetarios en los años anteriores a la Revolución, aunque fue ya posteriormente, bajo el Poder Soviético, cuando consiguió el apoyo del Gobierno. Diseñó una nave en forma de cohete movida por un motor a reacción capaz de alcanzar velocidades cósmicas. Realizó experimentos con motores a reacción y a él pertenecen las primeras elaboraciones metodológicas en la construcción de naves espaciales y motores. Junto con su actividad investigadora realizó una no menos considerable actividad propagandística, popularizando entre la opinión publica la idea de los vuelos espaciales. A principios de 1920 tuvo un encuentro con Lenin, en el que explicó a éste la naturaleza de sus investigaciones y sus ilusiones para la construcción de una nave interplanetaria.

Tsander describió a L.K. Korneev, compañero y ayudante, el contenido de aquel encuentro con Lenin con las siguientes palabras: «Después del informe me llamaron a donde se encontraba V.I. Lenin. Yo estaba muy alterado. Pero V.I. Lenin me preguntó con tal sencillez y cordialidad sobre mis trabajos y mis planes para el futuro, que yo incluso abusé de su tiempo y con mucho detalle le conté sobre la marcha de mis trabajos y sobre mis ilusiones de construir a toda costa una nave cohete interplanetaria… Después V.I. Lenin, me preguntó: <> A lo que yo le contesté que sólo pienso en eso, ya que debo dar ejemplo. Al final de la conversación Vladimir Ilich me dio la mano con firmeza, me deseó éxitos en mi trabajo y me prometió apoyo»[CITATION KOR61 \p 14-15 \l 3082 ].

Yu.V. Kondratiuk13 fue otro de los científicos entusiastas y figura clave en el desarrollo de la investigación del cosmos. En su libro titulado Zavoevanie mezhplanetnij prostransv (La conquista de los espacios interplanetarios), sintetizó las ideas sobre el uso de cohetes y de la artillería en el lanzamiento y propulsión de las naves espaciales: “un cañón que dispara desde su interior un núcleo, el cual a su vez se convierte en cañón que dispara otro núcleo, el cual a su vez se convierte en cañón que dispara otro núcleo…”[ CITATION KON29 \l 3082 ]. En definitiva el sistema de fases que hoy domina en el lanzamiento de las naves espaciales. A él pertenece la idea de establecer satélites artificiales en la luna como bases intermedias para la comunicación interplanetaria. Los trabajos de Kondratiuk fueron también muy importantes en el ámbito de los combustibles, al proponer por primera vez el uso de combustibles sólidos (litio, aluminio, etc.).

Koroliov, Gluchsko o Yangel pertenecen a otra generación, a la de los “Constructores”, los hombres que diseñaron y pusieron en órbita los ingenios espaciales. El caso de Serguei Pavlovich Koroliov (1907-1966) es bastante significativo. Conoció personalmente a Tsiolkovskii en un viaje histórico de un grupo de jóvenes investigadores a la ciudad de Kaluga donde vivía el viejo sabio. En septiembre de 1938 fue condenado a 10 años de reclusión. En julio de 1940 envió una larga carta a Stalin en la que explicaba que había sido víctima de un complot que pretendía impedir la continuación de sus trabajos sobre motores a reacción. Continuó desarrollando sus investigaciones privado de libertad en un centro de investigación hasta que fue liberado en 1944 y, aunque fue recibido por Stalin en el Kremlin, y se convirtió en el Constructor Jefe de cohetes, no fue definitivamente absuelto de los cargos por los que fue condenado hasta 1957, año en que la Unión Soviética puso en órbita el primer Sputnik. Dos veces condecorado como Héroe Socialista del Trabajo, volvió a ingresar en 1953 en el PCUS. Durante toda su vida fue fiel al proyecto soviético y a su muerte, en 1966, fue enterrado en las murallas del Kremlin. Estos hombres estaban imbuidos del carácter moral de la ciencia como “hacedora” del bien, y cuando trabajaban en la salida al cosmos no lo hacían sino pensando en el bien que de dicha empresa se derivaría para la humanidad. Koroliov es hoy día uno de los referentes míticos de la cultura rusa y soviética. Su nombre forma parte del panteón de los héroes populares rusos junto a los nombres, entre otros, de Zhukov o Gagarin [ CITATION GOL94 \l 3082 ] y [ CITATION AST69 \l 3082 ].

Andrei Belii decía de Gogol y de sus personajes que sabían percibir, ver en el cielo, “algo”, y que tras ese algo los héroes de Gogol estaban dispuestos a volar al cielo, a salir al cosmos: «[Gogol] supo abrir el cielo con la poesía de su alma, e incluso, más allá del cielo vio algo, por lo que sus héroes se prepararon para correr y salir volando del mundo»[CITATION BEL94 \p 363 \l 3082 ].

Desde tiempos inmemoriales el hombre ruso percibió, sintió, vio algo en el cielo. Y al igual que los personajes de Gogol, después de un largo periplo, el hombre ruso, representado por las figuras de Yuri Gagarin y German Titov,14 salió al cosmos a la búsqueda de aquel algo gogoliano, marcando el camino a la humanidad para la realización de la “Causa Común”, para llevar a cabo las enseñanzas de Fiodorov: buscar el bien, solucionar los problemas de la humanidad, acabar con la muerte y resucitar, en un acto de suprema solidaridad, a todos nuestros antepasados.

V.

Como decíamos al principio, el bolchevismo como movimiento, como cultura, llevaba implícito un componente mesiánico y milenarista. Con ellos, el bolchevismo incluía el mito del eterno retorno y superaba la linealidad del tiempo newtoniano. A través de estos componentes el comunismo se veía como la vuelta a una arcadia feliz, al paraíso de la hermandad de los seres humanos, objetivo que se conseguiría gracias, entre otras cosas, a los poderes cuasi mágicos de la ciencia y de la técnica (recordemos el «bolchevismo tecnológico» de Platonov). La ciencia era parte activa de aquel mesianismo y tenía a su vez su propio impulso ético, fundamentado en parte, como ya hemos visto, por los valores éticos del cosmismo ruso y soviético. El componente humano de la ciencia, el hombre de ciencia, estaba también imbuido del mesianismo bolchevique. Unos cuantos días antes de su muerte, Tsiolkovskii escribió al Comité Central del Partido Comunista de Toda la Unión (bolchevique): «todos mis trabajos sobre aviación, navegación de cohetes y comunicaciones interplanetarias los entrego al partido de los bolcheviques y al Poder Soviético, auténticos conductores del progreso de la cultura humana. Estoy convencido de que ellos terminarán estos trabajos con todo éxito»[CITATION Pra \l 3082 ].

Ya hemos visto que el cosmismo fue uno de los componentes fundamentales del bolchevismo, pero no hay que olvidar la existencia de otros componentes, también fundamentales, de otros modelos de comunismo y de solidaridad que ya vimos al principio. Estos modelos se concretaron en proyectos políticos que tuvieron su expresión en diferentes dirigentes políticos: Bujarin, Trotski, Lenin, Stalin, Zinoviev, Kamenev, etc.

Otra cuestión importante del cosmismo ruso fue su carácter contradictorio: durante mucho tiempo fue un componente del bolchevismo y del proyecto soviético que se manifestaba de forma no consciente y que ponía de relieve una parte de la naturaleza del proyecto soviético que se trató de ocultar desde los otros componentes del bolchevismo, recurriendo sobre todo a un exagerado discurso materialista y marxista que degeneró hacia un marxismo vulgar exageradamente economicista.15

Por otro lado, fue relevante en el cosmismo ruso la ausencia de conflicto con el pensamiento y la tradición intelectual y científica de la Ilustración. Si analizamos el pensamiento europeo, vemos también la presencia de elementos mesiánicos y milenaristas que propiciaron la ruptura de una parte del pensamiento europeo con la tradición cultural de la Ilustración y que finalmente estuvieron en el sustrato cultural del fascismo y del nacionalsocialismo. En cambio, la tradición cultural rusa evitó esta ruptura. Ya los pensadores rusos del XIX que mantuvieron una actitud crítica con la cultura europea no renunciaron a ella, e incorporaron los rudimentos intelectuales de la Ilustración o del Romanticismo a sus elaboraciones intelectuales y al pensamiento ruso en general.16

El propio Lenin trabajó en la elaboración teórica de la ciencia para evitar la ruptura del bolchevismo con el racionalismo y la Ilustración, recordemos su libro Materialismo y empiriocriticismo[ CITATION LEN83 \l 3082 ].17 El bolchevismo, y todo el proyecto soviético, a pesar de su componente cosmista no negó en ningún momento la idea de progreso, bien al contrario, la idea de salida al cosmos llevaba implícita la idea de un futuro feliz (recordemos: el progreso humano propiciaría la resurrección de nuestros antepasados como acto de suprema solidaridad), y el industrialismo del que estaba imbuido el marxismo llevaba al comunismo, estadio de máxima felicidad para toda la humanidad, a través de un “camino luminoso” de progreso.18 La fuerza del bolchevismo radicó precisamente en la presencia de ambas tradiciones culturales, la ilustración europea y el cosmismo ruso.

La cultura occidental ha tenido serias dificultades, acentuadas por el conflicto ideológico que ha caracterizado a todo el siglo XX, para entender la naturaleza del sistema soviético y, en particular, para entender la convivencia de los componentes racionalistas, mesiánicos y milenaristas (tradicionales) en la vida intelectual de la URSS como parte a su vez del sistema soviético. La dificultad en la comprensión llevó a la trivialización y a la generalización de los conflictos que se producían en el seno del proyecto soviético. Cuando el curso de los acontecimientos no cuadraba con una explicación racionalista, se buscaba en ellos la mano negra del dictador, la deformación de la Revolución, o en última instancia se recurría a la «enigmática alma rusa».

El caso Lysenko, por poner sólo uno de los ejemplos más conocidos, fue interpretado en la bibliografía occidental como el conflicto entre el poder autoritario e ideocrático y la ciencia. Contra la evidencia de los hechos, en aquel conflicto se quiso ver un capricho de Stalin quien, con la supuesta tozudez de todo dictador, se enfrentaba a la evidencia de los resultados de la investigación científica en el campo de la genética. Sin embargó, se obvió un extraño hecho: la inmensa mayoría de la comunidad científica soviética apoyaba a Lysenko. La idea principal de éste era que se podían heredar los caracteres adquiridos gracias a la razón y al trabajo humano. Este transformismo dinámico se correspondía plenamente con el mesianismo que en aquellos momentos era dominante en la ciencia soviética y enlazaba con las ideas de los viejos filósofos cosmistas: Dios, a través del trabajo del hombre, perfeccionaba la Creación, la completaba. Este componente no marxista, no racionalista y por supuesto no oficial pero que era dominante en el pensamiento soviético, influyó de manera determinante en todas las esferas del conocimiento en la URSS.

En la segunda mitad de los años cuarenta tuvo lugar en la URSS una campaña contra el «antipatriotismo» y contra el «cosmopolitismo». Como en el caso Lysenko, la sovietología occidental sólo vio en aquellas campañas una manifestación de la naturaleza dictatorial del estalinismo. Nadie puede negar la naturaleza totalitaria y paternalista del estalinismo. Pero es prácticamente desconocido el hecho de que aquellas campañas tuvieron su soporte en un amplio consenso social, y que incluso fueron alentadas por la gran mayoría de la intelectualidad soviética. El renombrado científico P.L. Kapitsa, envió durante años cartas a Stalin. En una de ellas, enviada en 1946, decía: «Una de las principales causas de la deficiente situación de la ciencia patria reside en la infravaloración de lo nuestro y en la hipervaloración de las fuerzas extranjeras … Es imprescindible tomar conciencia de nuestras fuerzas creadoras y de nuestras posibilidades … Podemos hacer esto con éxito, sólo … cuando comprendamos, por fin, que el potencial creador de nuestro pueblo no es menor, e incluso mayor, que el de los demás y que podemos resueltamente apoyarnos en él»[CITATION KAP89 \p 248 \l 3082 ].

Vadim Kozhinov, filólogo, historiador, escritor y crítico literario, estuvo estrechamente vinculado con Mijail Bajtin, una de las grandes figuras de la cultura rusa de estas últimas décadas. Kozhinov fue en su momento un destacado crítico del sistema soviético, miembro de la generación de los sesenta, ha tratado con profundidad este tema y afirma: «Hay que aceptar, que en esta <<campaña>> tuvieron lugar excesos y exageraciones, pero en su conjunto fue imprescindible, esencial y fructífera. Hay fundamentos para suponer, que si entonces no hubiese tenido lugar, según las palabras de Kapitsa, «la toma de conciencia de las fuerzas creadoras patrias», hubiese sido poco probable que siete años después, en 1954, en la URSS, se hubiese construido la primera central atómica de la historia, o que en 1957 nuestro país fuese el primero en salir al espacio cósmico»[CITATION KOZ99 \p 262 \l 3082 ].19</campaña>

A partir de los años 60 los componentes racionalistas empezaron a ocupar posiciones determinantes en ciertas áreas del pensamiento soviético. Más tarde, en los años de la perestroika este componente racionalista, imbuido de un mesianismo en este caso eurocentrista, se convirtió en dominante entre la comunidad científica soviética. Sin abandonar su viejo componente mesiánico, la ciencia soviética se lanzó de lleno a la justificación de los cambios, dando una supuesta base científica al establecimiento del modelo de sociedad liberal occidental en Rusia. Aquellas actitudes supusieron un brusco giro con respecto a la actitud históricamente mantenida por la ciencia rusa y soviética hasta aquellos momentos. Pero este es otro tema que necesita de su propio y particular desarrollo. Queda, pues, pendiente para otra ocasión.

Antes de terminar es necesario indicar una cuestión importante: el contenido de este trabajo no pretende establecer una valoración positiva o negativa del proyecto soviético. No es esta la intención ni tampoco es el lugar. Esta advertencia, que debería ser innecesaria, y que habitualmente lo es cuando el objeto de estudio es otro, es, sin embargo, oportuna aquí, toda vez que el proyecto soviético se ha caracterizado durante su existencia, y después de la misma, por una acentuada disputa ideológica que inmediatamente creaba dos campos: los que estaban a favor y los que estaban en contra. Aquí se ha tratado de ampliar el conocimiento de la naturaleza de la ciencia soviética, de sus soportes éticos, lo que a su vez puede aportar luz al conocimiento del proyecto soviético en general, del que por cierto, hasta ahora sólo se conocen los fragmentos de una verdad que la sovietología occidental ha pretendido presentar como absoluta.


Publicado por primera vez en la revista
ÁBACO -Revista de Cultura y Ciencias Sociales- en el monográfico dedicado al
250 Aniversario del Discurso de las Ciencias y las Artes de Rousseau.
Ciencia, Tecnología y Sociedad Industrial
Segunda época. Número 27-28/2001. Páginas 147-166.
Ligeramente revisado en octubre de 2017 para la edición de LA REVOLUCIÓN DE LOS OTROS. Imperialismo, Octubre, los bolcheviques y la ética soviética
El Viejo Topo. Barcelona 2018

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1 La Ilustración realizó una reconstrucción de la historia europea (y no sólo europea) dominada por una acentuada animadversión hacia el pasado. Creó y construyó mitos y tópicos que con el tiempo han sido asumidos como verdades por la propia cultura europea. Sobre este tema pueden verse, entre otros:[ CITATION HEE95 \l 3082 ] y [ CITATION RUÍ84 \l 3082 ].

2 Sobre la presencia del componente milenarista en el movimiento obrero y campesino pueden verse, entre otros:[ CITATION BRE62 \l 3082 ], [ CITATION DÍA73 \l 3082 ] y [ CITATION HOB68 \l 3082 ].

3 El concepto «cosmismo» no es habitual en la lengua española. Su utilización en este trabajo proviene de la traducción directa del concepto en lengua rusa космизм = kosmizm, el cual proviene de космос = cosmos, a su vez del griego kosmos. La traducción de la palabra kosmizm por cosmismo en español se ha realizado siguiendo el modelo habitual para las palabras que en ruso terminan en «izm» (kommunizm = comunismo, sotsializm = socialismo, nigilizm = nihilismo, panslavizm = paneslavismo, etc.). Para sus derivados se ha seguido una regla similar, así para los filósofos que han desarrollado esta corriente del pensamiento ruso o que se han considerado miembros de la misma, hemos utilizado el concepto de cosmistas, lo mismo que para los seguidores del comunismo se utiliza el de comunistas o para los seguidores del paneslavismo el de paneslavistas.

4 Concepto compuesto por las palabras Бог (Bog = Dios) y Человечество (Chelovechestvo = Humanidad). Teohumanidad. Viene a significar la naturaleza divina y humana de Cristo. En la filosofía rusa esta categoría tuvo una importancia fundamental en la obra de numerosos autores, e incluso fue el soporte principal del modelo antropológico propuesto por diversas corrientes filosóficas rusas, como fue el caso de los euroasiatistas quienes, frente al individualismo occidental, propusieron la «Personalidad Sinfónica» de Karsavin. Puede consultarse:[ CITATION BUL97 \l 3082 ], [ CITATION BUL94 \l 3082 ], [ CITATION KAR92 \l 3082 ] y [ CITATION SOL89 \l 3082 ].

5 Categoría filosófica que expresa la unidad orgánica del ser universal. Concepto fundamental de la filosofía rusa en el que se puede apreciar la influencia de la filosofía romántica europea. Está compuesto por las palabras Все (Vse = Todo) y Единтсво (Edinstvo = Unidad) y puede ser traducido como la Unidad de Todo, la Unidad Total, la Unidad Global, etc. Esta categoría filosófica está presente en los trabajos de la gran mayoría de filósofos rusos. Además de en sus obras, puede encontrarse una interesante reflexión sobre “Vseedinstvo” en[ CITATION ZEN89 \l 1049 ].

6 Философия Общего Дела (Filosofiia Obshego Dela). Concepto formado por las palabras Общий (Obschii = común, general, global, total, etc.) y Дело (Delo = asunto, causa, acción, arte, industria, etc.) Filosofía del Asunto Común, de la Acción Común, de la Causa Común, pero uniendo el sentido de asunto y el de acción en el de Hacer Común, en el sentido de construcción en común, por todos y para todos. Ver:[ CITATION FIO95 \l 3082 ]

7 Piotr Yakovlevich Chaadaev (1794-1856). Figura clave de la filosofía y del pensamiento ruso. En sus escritos están presentes la crítica a Rusia, la admiración por la cultura occidental y el reconocimiento del carácter singular de la cultura rusa y la presencia de un elemento «asiático» en su naturaleza. Sus trabajos marcan el inicio de la división del pensamiento ruso entre eslavófilos y occidentalistas.

8 El propio L. Tolstoi fue anatemizado y condenado por la Iglesia Ortodoxa rusa por sus ideas heréticas.

9 Andrei Platonovich Platonov (1899-1951). Escritor soviético cosmista directamente influenciado por los escritos de Fiodorov, como él mismo reconoció en multitud de ocasiones. Sus obras son la expresión, bella y terrible, del mesianismo cosmista bolchevique. En ellas, el hombre construye el comunismo transformando la naturaleza con la ayuda fundamental de la ciencia. Así, en su obra Iuvenilnoe more, sus protagonistas tratan de establecer el «bolchevismo tecnológico» en el koljoz «Roditelskij Dvorikaj» y en el resto del «espacio terrestre conocido». Sus obras principales (Iuvenilnoe more, Kotlovan, Gosudarstvennii zhitel, Reka Potudan, Chevengur, etc.), han sido reeditadas en varias ocasiones en los últimos años, ver:[ CITATION PLA88 \l 3082 ], [ CITATION PLA98 \l 3082 ], [ CITATION PLA95 \l 3082 ], [ CITATION AAV95 \l 3082 ] y [ CITATION VIU95 \l 3082 ].

10 Евразийство = Evraziistvo, procede del concepto Евразия = Evraziia (Eurasia). Concepto poco conocido, y por ello poco usado, en la literatura española especializada sobre Rusia o la URSS. Se ha traducido al español como EUROASIATISMO, EURASIATISMO o EURASISMO, define al movimiento filosófico, político y cultural que se formó en Rusia y en una parte importante del exilio intelectual que abandonó Rusia (la URSS) tras la Revolución de Octubre y la Guerra Civil. Su primer manifiesto fue el libro Isjod k Vostoku (El éxodo hacia Oriente), escrito por varios autores y publicado en Sofía en 1921. Rusia es considerada como una cultura específica que reúne en su interior, de manera orgánica, elementos de Oriente y de Occidente. A diferencia de los eslavófilos, los euroasiatistas acentúan los componentes orientales, turcos, de la cultura rusa y sobre todo resaltan el periodo tártaro-mongol en la historia rusa, en la medida que permitió por primera vez la manifestación del tipo cultural euroasiático como una totalidad y posibilitó la conservación de la cultura rusa frente al expansionismo de la cultura europea occidental. También, a diferencia de los eslavófilos, realizaron una severa crítica del eurocentrismo dominante en la cultura Occidental. En este contexto teórico, la Revolución de 1917 fue valorada como el principio de una nueva época en la cultura rusa que supondría la salida de Rusia de un mundo extraño para ella, como era el mundo europeo occidental, y la entrada definitiva en un proceso de evolución histórica particular. En este trabajo, evraziistvo ha sido traducido como euroasiatismo y de él, derivados como el de euroasiatista para definir a personas pertenecientes o identificadas con dicho movimiento (como de paneslavismo, paneslavista).

11 Sobre este autor se publicaron en 1995, en una edición muy cuidada, dos voluminosos libros. Uno recoge una parte de sus trabajos científicos[ CITATION CHI95 \l 3082 ]. El otro recoge sus memorias[CITATION CHI \l 3082 ]. En este último queda muy bien recogida la relación que Chizhevskii mantuvo con Tsiolkovskii.

12 La traducción literal de «mirovogo prostransva» al español sería la de «espacio mundial», algo que no tiene demasiado sentido y que además representa una contradicción con el concepto de cosmos habitualmente utilizado por Tsiolkovskii. Mirovoi procede de Mir, una de las palabras claves de la lengua rusa. Esta palabra significa: el mundo, la comunidad campesina, la paz, la sociedad humana, todas las gentes, la tranquilidad, el silencio, etc., etc. En relación con nuestro tema, Mir significa la totalidad de todas las formas de la materia y del espíritu en la tierra en particular y en el espacio cósmico en general.

13 Kondratiuk fue oficial blanco en la Guerra Civil. Herido, fue curado en un hospital del Ejército Rojo, donde tomó la documentación de un oficial bolchevique que murió en el mismo hospital cerca de su cama.

14 La personalidad de los cosmonautas soviéticos, en especial de los primeros, es también un reflejo del contenido moral y ético de la ciencia soviética. Su estudio queda abierto para un trabajo posterior. Solamente recordar, a modo de pequeño homenaje, que el 20 de septiembre pasado, moría German Stepanovich Titov, el “cosmonauta número dos del planeta tierra». Titov nació el 11 de septiembre de 1935. Ingresó en el Ejército Soviético en 1953. Era piloto con destino en la región militar de Leningrado cuando fue seleccionado para formar parte del primer grupo de pilotos cosmonautas. Cuando Koroliov eligió a Gagarin como primer cosmonauta, Titov fue elegido como su “doble”. Debía estar preparado para sustituir a Gagarin en cualquier momento. El vuelo de Gagarin fue en abril de 1961 y sólo unos meses después, en agosto de 1961, Titov protagonizó el “segundo” vuelo cósmico, el cual se prolongó durante 25 horas y 18 minutos, girando alrededor de la tierra 17 veces. Fue condecorado como Héroe de la Unión Soviética y fue nombrado Piloto Cosmonauta de la URSS. Acabó la Academia Militar del Aire y en 1972 la Academia Militar de Estado Mayor. Doctor en Ciencias Militares, presidió numerosas comisiones estatales para la prueba y aceptación de nuevos modelos de armamento y de tecnología cósmica. Fue Subjefe de las Fuerzas Armadas Cósmicas y alcanzó la graduación de General-Coronel del arma de Aviación. Fue también Diputado del Soviet Supremo de la URSS. Sintió la destrucción de la URSS como un drama personal, renunciando a sus cargos oficiales y abandonando el servicio activo en el Ejército como señal de protesta. Posteriormente, en 1995, fue elegido diputado a la Duma Estatal de la Federación de Rusia en circunscripción unipersonal, ingresando en la fracción parlamentaria del Partido Comunista de la Federación de Rusia, más tarde, en 1999, fue nuevamente elegido Diputado a la Duma Estatal en las listas del Partido Comunista de la F.R. [CITATION Sov00 \l 3082 ] y [CITATION Sov \l 3082 ].

15 Ya Gramsci realizó una profunda crítica del manual sobre materialismo histórico realizado por Bujarin. El propio Stalin, por paradójico que parezca, fue contrario a la vulgarización del marxismo y a la elaboración de manuales divulgadores sobre materialismo histórico. Aunque en vida de Stalin fueron debatidos varios proyectos para la elaboración de un manual de materialismo histórico y creadas varias comisión de estudio, éste se resistió y sólo después de su muerte se dio luz verde a tales proyectos. Sólo entonces el materialismo histórico vulgarizado en los manuales de divulgación se convirtió en el “ismat” (esta palabra proviene de la unión de las iniciales de las palabras istoricheskii materializm = materialismo histórico), el dogma seudo científico oficial para analizar e interpretar la realidad. Las consecuencias sobre la vida intelectual de la URSS pudieron observarse de forma directa en la crisis de la intelectualidad soviética durante la perestroika. No en vano, unos años antes de la perestroika Andropov había manifestado que… “no conocemos la sociedad en la que vivimos”.

16 La incorporación del pensamiento racionalista a la cultura rusa dio lugar a un proceso significativo: la ausencia de conflicto entre la ciencia y la religión. Mientras que en Europa, como consecuencia de la Revolución científica, se produjo una ruptura entre ciencia y religión, en Rusia observamos que incluso no existe un debate que planteé la posibilidad de tal ruptura.

17 La obra de Lenin Materialismo y empiriocriticismo, fue escrita entre febrero y octubre de 1908 y editada en mayo de 1909. Son numerosas las ediciones posteriores de esta obra y también sus traducciones al español. Aquí se cita una de las últimas ediciones (quizá la última) del Instituto de Marxismo Leninismo adjunto al Comité Central del PCUS.

18 “Camino luminoso al comunismo” fue un nombre muy usado en la Unión Soviética para nombrar empresas, colectivos de trabajo, koljoz, etc. Incluso hoy día, cuando los koljoz han sido obligados a convertirse en supuestas sociedades anónimas, la gran mayoría conserva sus antiguos nombres, lo que ha dado lugar a pintorescas denominaciones como la de… “Sociedad Anónima Camino Luminoso al Comunismo”.

19 Como dato curioso, señalar que la primera central atómica a la que hace referencia la cita de Kozhinov fue construida en las instalaciones que en su día ocupó una de las Casas de Niños Españoles en la URSS. En junio de 1937, en un tren especial procedente de Leningrado, llegaron a la estación de Obninsk 500 niños españoles que fueron alojados en un centro educacional que con otros fines el Comisariado Popular de Educación de la RSFSR había empezado a construir en el año 1936. En un principio las instalaciones donde fueron alojados los niños españoles funcionó como un centro de rehabilitación especial para ellos. Más tarde, en noviembre de 1937, este centro fue convertido en la Casa de Niños Españoles número 5. Como tal funcionó hasta que el avance de las tropas alemanas en 1941 obligó a la evacuación de los niños españoles a la orilla izquierda del río Volga. Tras la guerra las Casas de Niños Españoles fueron reorganizadas y la casa Número 5 no volvió a ubicarse en sus antiguas instalaciones. Posteriormente, en 1946, en los edificios de la antigua Casa de Niños fue creado un laboratorio de investigación atómica que más tarde recibió el nombre de Instituto Físico-Energético, cuyos resultados dieron lugar a la puesta en marcha de la primera central atómica del mundo el 26 de junio de 1954 y que estuvo en funcionamiento hasta su cierre el 29 de abril de 2002. Primero la Casa de Niños Españoles y posteriormente el centro de investigación científica sirvieron como núcleo para la creación de la ciudad de Obninsk, que en su día fue la primera ciudad científica de la URSS. En el año 1946 la población en la proto-ciudad era de 125 personas. En junio de 1956, cuando le fue otorgado el status de ciudad la población era ya de 3.774 habitantes. En 1989 llegó a las 100.178 personas y en 2017 a las 113.639. Esta ciudad es un claro ejemplo de la gran cantidad de ciudades que se desarrollaron en la URSS alrededor de un proyecto científico o industrial y que fue construida, en lo estrictamente urbano, a partir de planes específicos desarrollados por centros de investigación, planificación y desarrollo urbano creados para estos fines en la URSS. En la actualidad esta ciudad-científica es un gran centro universitario y uno de los centros mundiales más importantes en la investigación atómica siendo quizá el más avanzado en la investigación y aplicación de técnicas de radiología.