Artículos de Antonio Fernández Ortiz que tratan cuestiones relacionadas con la literatura en Rusia.

LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL” II

Segunda parte: Nos leyeron la condena a muerte…

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

I.- Un debate duro, muy duro.

La consideración de que Rusia estaba poseída por los espíritus del mal y la falsedad supuso para el gran Gogol un tremendo y permanente sufrimiento espiritual. En esta angustia, Gogol consiguió mostrar en su obra la profundidad del mal en la naturaleza humana y su manifestación como fenómeno social. Si una buena parte de su obra fue aceptada por la intelligentsia como una crítica feroz de la sociedad rusa, otra parte de la obra del gran escritor consiguió encender los ánimos negativos de la intelligentsia occidentalista más radical de su época.

A principios de 1847 fue publicado un nuevo libro de Nikolai Gogol, diferente a lo que hasta entonces había publicado. Se trataba de una recopilación de correspondencia mantenida con sus amigos, que salió a la luz bajo el nombre de “Vibrannie mesta iz perepeski s druziami” (“Lugares escogidos de la correspondencia con los amigos”) (GOGOL, [1847] 1994 ). De principio este libro tuvo serias dificultades para recibir la correspondiente autorización de la censura para su publicación. En especial por el comité de censura de la iglesia. Y aunque finalmente, tras la eliminación de algunos textos, fue autorizado, su aparición levantó inmediatamente un gran revuelo. Pronto se produjo una profunda división entre aquellas personas que asumieron o se identificaron con el contenido del libro y aquellas que lo rechazaron y adoptaron una actitud extremadamente crítica contra él.

Chaadaev dijo en una carta al príncipe Viasemskii: “A pesar de la existencia de alguna páginas flojas, y de otras pecadoras, en el libro se encuentran páginas de una belleza extraordinaria, llenas de verdad ilimitada, páginas que, leyéndolas, te alegras y te sientes orgulloso de hablar en la misma lengua en la que tales cosas están escritas” (CHAADAEV, [1847] 2010 , pp. 95-98).

Vissarion Belinskii, uno de los representantes más brillantes de la intelligentsia occidentalista en aquel periodo, protagonizó un agrio intercambio epistolar con Gogol como consecuencia de la publicación en la revista Sovremennik de la dura crítica que realizó de Vibrannie mesta iz perepeski s druziami.

Por su parte, el autor de Alma Muertas reaccionó escribiendo una carta a Belinskii en la que le recriminaba el duro tono adoptado por el publicista contra su libro. “He leído con tristeza vuestro artículo sobre mí en el segundo número de Sovremennik. No porque para mí sea triste la humillación a la que ha querido someterme a la vista de todos, sino porque en él se escucha la voz de una persona enfadada conmigo. … Yo no tenía en mente ofenderle a usted en ninguna parte de mi libro. Pero ha ocurrido que conmigo se ha enfadado hasta la última persona en Rusia, lo cual, hasta el momento, no puedo entender. Orientales, occidentales, neutrales, todos se han ofendido … Es duro, muy duro (os lo digo con toda sinceridad), cuando contra mi guarda rencor no sólo una buena persona, sino incluso una mala, y yo a usted lo consideraba como una buena persona” (GOGOL, [1847] 1999, p. 334)

La carta de repuesta de Vissarion Belinskii fue muy dura y por muchos años se convirtió en un documento cuasi sagrado para toda la intelligentsia rusa revolucionaria y occidentalista: “¡No puede ser…! O usted está enfermo y necesita urgentemente curarse, o no me atrevo a terminar de expresar mis pensamientos…. Predicador del látigo, apóstol de la ignorancia, paladín del oscurantismo, adulador de los principios morales tártaros, ¿qué hace usted? Mire bajo sus pies, se encuentra usted sobre el abismo. … ¿Es posible que usted, de manera sincera, desde el alma, defienda al repugnante clero ruso, colocándolo infinitamente más alto que al clero católico? … ¿De quién cuenta el pueblo ruso cuentos obscenos? De los popes, de la mujer, de la hija y del criado del pope. ¿A quién llama el pueblo ruso raza estúpida, estafadores, sementales? A los popes. ¿No es el pope en Rusia, para todos los rusos, la representación de la gula, de la cicatería, del servilismo, de la desvergüenza? … Según usted, el pueblo ruso es el pueblo más religioso del mundo: mentira. … El hombre ruso pronuncia el nombre de dios mientras se arrasca el culo. … Mire a su alrededor con más atención y verá que, por su naturaleza, es un pueblo profundamente ateo. En él hay todavía mucha superstición, pero no hay ni huella de religiosidad. … Vuestro último libro, vergonzosamente, se lo ha tragado la tierra. Y el público tiene toda la razón. El público ve en los escritores rusos a sus verdaderos jefes, defensores y salvadores del oscurantismo de la monarquía, de la ortodoxia religiosa y del populismo, y por eso siempre está dispuesto a perdonar al escritor un libro malo. Pero nunca perdona un libro pernicioso. … El asunto aquí no va de mi persona o de la suya, sino de un asunto mucho más importante que usted y que yo. Aquí el asunto va sobre la verdad, sobre la sociedad rusa, sobre Rusia” (BELINSKII, [1847] 1956)

Durante mucho tiempo la carta estuvo prohibida y su difusión castigada con severas penas. Lo mismo ocurrió con el nombre de Belinskii, que fue proscrito de la prensa durante largos años. Los ecos del contenido y de las formas de aquella carta siguen resonando todavía en la cultura rusa, aun a pesar de los casi dos siglos transcurridos desde que fue escrita.

Para el tema de nuestro artículo, importa tanto el contenido del debate, como las formas que este adoptó. En gran medida puede decirse que fue el inicio, no tanto de la división entre eslavófilos y occidentalistas, como del distanciamiento total y de la intolerancia. A partir de aquel momento, las distancias se hicieron insalvables y se radicalizaron las posturas. Las dos corrientes principales del pensamiento ruso se volvieron irreconciliables. Con los años, aquel distanciamiento, aquel enfrentamiento acabaría en una gran tragedia, acabaría en violencia y sangre.

II.- Fuego en el falansterio.

Un ejemplo temprano de las formas que estaba adoptando el conflicto lo tenemos en el caso Petrashevskii. A finales de los años 40 del siglo XIX en casa de M. V. Butashevich-Petrashevskii, un rico propietario de tierras, se reunía una numerosa tertulia en la que se debatían cuestiones de organización social que pretendían encontrar soluciones a los problemas sociales de Rusia y en general de toda la humanidad. La mayoría de los tertulianos, influenciados por las ideas del socialismo utópico europeo occidental, se consideraban a sí mismos como fourieristas y saint-simonistas.

El propio organizador de la tertulia, Butashevich-Petrashevskii, fue un propietario de tierras típico en aquellos años en Rusia. Un hombre preocupado por cuestiones sociales que buscaba la solución de estas cuestiones en las ideas y corrientes del socialismo utópico que iban llegando desde Europa. Butashevich-Petrashevskii decidió dedicarse al servicio y a la salvación de la humanidad desde sus modestas posiciones, y dando ejemplo con la práctica. Con ese fin construyó, inspirado en las ideas de Fourier, un falansterio para los campesinos que trabajaban en sus tierras. Hay que decir que los campesinos, ante las locas ideas de su patrón decidieron poner orden y concierto ante tanto disparate y acabaron metiéndole fuego al dichoso falansterio.

A la tertulia acudía un considerable número de personas, la mayoría de ellos jóvenes, escritores, profesores y científicos. Se discutía sobre la situación en Rusia, sobre la servidumbre de los campesinos, sobre la historia y sobre las posibles medidas de carácter social que habían de tomarse para realizar mejoras de tipo social y político. En la tertulia se debatían los escritos y obras de muchos autores, extranjeros y rusos. Uno de los autores por aquellos años de moda era Vissarion Belinskii, sobre todo por su célebre carta dirigida a Gogol, cuya difusión había sido prohibida por las autoridades, y de la que ya hemos hablado antes.

Los miembros de esta tertulia tenían además contactos con otros círculos y grupos, por lo que sus vínculos eran muy amplios y extensos. La tertulia tuvo un fin sonado, el 11 de abril de 1849 treinta y nueve personas vinculadas a la tertulia fueron detenidas y, tras un aparatoso juicio, veintiuna fueron condenadas a muerte, entre ellas el gran escritor Fiodor Dostoevskii.

El día fijado para la ejecución los condenados fueron llevados al patíbulo…”Hoy 22 de diciembre … nos leyeron la condena a muerte, nos permitieron acercarnos a la cruz, rompieron los sables sobre nuestras cabezas y nos dieron ropa interior de condenados a muerte (unas camisas blancas). Después ataron a tres de nosotros a los postes para la ejecución de la sentencia. Nos fueron llamando de tres en tres. Yo me encontraba en el segundo turno y me quedaba por vivir apenas un minuto. Y me acordé de ti, hermano, de todos los tuyos, en mi último minuto tú, solo tú estabas en mi pensamiento, y solo en ese instante supe cuánto te quiero, hermano mío querido. Tuve tiempo de abrazar a Plescheev, Durov, que estaban a mi lado, y despedirme de ellos. Por fin tocaron descanso con los tambores y trajeron de vuelta a los que estaban atados a los postes y nos leyeron que su Majestad Imperial nos regalaba la vida. Y a continuación nos leyeron la sentencia verdadera”. Así relataba Dostoievski el teatral simulacro de ejecución en una carta escrita a su hermano desde su celda apenas unas horas después.

La sentencia final decía… “Al teniente Dostoevskii … por la difusión de cartas del escritor Belinskii, llenas de salvajes expresiones contra la Iglesia ortodoxa y el Poder Supremo … enviar a trabajos forzados en una fortaleza por un periodo de ocho años”. Sin embargo el emperador la corrigió de su puño y letra, anotando: “Cuatro años y degradar a soldado raso” (MOCHULSKII, 1995).

Moscú, febrero 2020

CONTINUARÁ

BIBLIOGRAFÍA

BEL


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LITERATURA Y REVOLUCIÓN “…SANGRIENTA E IMPLACABLE…QUE DEBERÁ CAMBIAR TODO DE FORMA RADICAL”

PRIMERA PARTE: EL DESAFÍO

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

Todo tiene un comienzo, y el de este artículo está en un agradable encuentro en Madrid con mis amigos José Manuel Mariscal y Manolo Monereo durante el pasado mes de enero. “Antonio, ¿por qué no preparas un artículo sobre literatura rusa para Mundo Obrero?”, me preguntó Mariscal, como quien no quiere la cosa. Y lo que sigue es la respuesta parcial a su pregunta. Escribo “parcial” porque el tema es amplio y las limitaciones de espacio significativas, así que es esta una primera entrega de otros artículos semejantes que den continuidad a la idea.

La literatura rusa y después soviética del siglo XIX y XX está marcada por la revolución. No es posible pensar una sin la otra. En realidad puede decirse que son un mismo fenómeno. Y para intentar entenderlo conviene, como siempre, para empezar, que tomemos distancia.

I.- ¿Con quién están ustedes, maestros de la cultura?

En el año 1932, el escritor Maxim Gorkii, en un artículo publicado al mismo tiempo en los diarios Pravda y Izvestia de Moscú, dirigiéndose a los corresponsales de prensa norteamericanos, escribió: “Hay todavía una cuestión sobre la que deberían ustedes pensar: ¿consideran que 450 millones de chinos pueden ser convertidos en esclavos del capital europeo-norteamericano, en el momento en el que 300 millones de hindúes ya están empezando a comprender que para ellos el papel de esclavos de Inglaterra no ha sido en absoluto predeterminado por los dioses? Comprendan de una vez: unas cuantas decenas de miles de depredadores aventuristas desean tranquila y eternamente vivir a costa del esfuerzo de millones de trabajadores. ¿Es esto normal? Esto ha sido así. Esto es así. Pero, ¿tienen ustedes valor para afirmar que esto debe seguir siendo así, tal y como ahora es?”.

Cien años antes o cien años después de la fecha en la que fue publicado el artículo de Gorki variaran las cifras y quizá tengamos que cambiar el nombre oficial de algunos territorios, pero en lo fundamental, la situación de la periferia de capitalismo ha cambiado poco. Viene entonces a propósito la pregunta que sirve de título al artículo de Gorkii… “¿Con quién están ustedes, maestros de la cultura? Con los obreros … y por la creación de nuevas formas de vida o … por la conservación de esta casta de depredadores irresponsables”. (GORKI, 1932).

Esta es una de las principales preguntas que atormentaron desde sus inicios a la literatura rusa…

II.- Literatura e intelligentsia.

En formas más o menos evidentes, con desigual intensidad, Rusia vive en un continuo estado revolucionario desde principios del siglo XIX. En lo fundamental, el objetivo de este proceso es encontrar un modelo propio de modernidad que a su vez conlleve la solución de las grandes cuestiones de justicia social que atormentan a la humanidad, también desde la propia trayectoria histórica y cultural rusa.

Durante todo el siglo XIX tuvo lugar la eclosión de la cultura y con ella de la conciencia nacional rusa. La literatura, la ciencia, la filosofía, la historia o la economía, se convirtieron en componentes fundamentales del debate sobre el modelo de modernización que Rusia estaba buscando.

Las posiciones y actitudes que se generaron alrededor de este debate se radicalizaron muy pronto y dieron lugar a diferentes corrientes de pensamiento que, aun buscando un fin último, la industrialización y modernización de Rusia, pretendían llegar a este fin desde posiciones y modelos de desarrollo totalmente diferentes y enfrentados que llevaban a su vez implícitos modelos diferentes de construcción social con irreconciliables ideas y proyectos sobre la justicia social.

* * *

La cultura rusa está penetrada por un componente religioso muy acentuado al que podemos llamar “energía religiosa”, la cual se trasladó durante el siglo XIX a objetivos de naturaleza social a través del debate literario, filosófico y político. Esta energía religiosa dejó su particular impronta en el carácter nacional ruso y sobre todo en la naturaleza de la revolución: dogmatismo, ascetismo, alta capacidad de sufrimiento y de sacrificio, trascendentalismo, idealismo, fe en el progreso y en un futuro mejor, milenarismo, etc.

La literatura en Rusia está especialmente ligada al fenómeno de la intelligentsia, aunque en ningún caso forman un todo único. Es un fenómeno particular de Rusia y posteriormente de la URSS. Y aunque ya he hablado de este aspecto en otros escritos, conviene volver sobre ahora sobre este asunto para una mejor comprensión de nuestro argumentario posterior.

La intelligentsia no es una clase social, no es un grupo político. En ningún caso puede ser homologada con el concepto “intelectual” presente en la cultura europea occidental. En Rusia, dentro del concepto intelligentsia, podía encontrarse gente que no desarrollaba ningún tipo de trabajo intelectual. Al mismo tiempo, muchos escritores e intelectuales no han querido verse encuadrados o considerados como intelligentsia.

Más que un grupo, el concepto de intelligentsia podría ser definido como una actitud ante la modernización, la cual no se corresponde con un claro perfil ideológico. Se puede ser parte de la intelligentsia desde las posiciones del marxismo más ortodoxo como desde las del capitalismo liberal y monetarista más radical. Nikolai Berdiaev decía que la intelligentsia nos recuerda a una orden monástica o a una secta religiosa con su moral específica, intolerante, con sus particulares criterios sobre moral y ética y con unas formas de comportamientos y costumbres propias (BERDIAEV, 1997). Veamos algunos de sus rasgos fundamentales:

  • Ideas radicales de transformación y construcción social, a las que se ha entregado y ha defendido en todo momento con pasión religiosa.
  • Defensa a ultranza del concepto de modernización desde una premisa fundamental: la de la imitación de los supuestos modernizadores representados por la experiencia histórica y cultural de Europa occidental. La intelligentsia es occidentalista por definición y en lo fundamental hegeliana. Reniega de la cultura rusa, a la que considera un lastre y a la que supone cargada de un nocivo asiatismo del cual la sociedad rusa deberá desprenderse para poder entrar en el curso de la Historia Universal. Volver a la Civilización Universal y a la Casa Común Europea, decía Gorbachov durante su perestroika, o lo que es lo mismo al seno del capitalismo central.
  • Fanatismo e intolerancia. Cada grupo, círculo u organización, sin importar su tamaño o influencia se ha considerado en posesión de la verdad y ha buscado en su aislamiento con respecto a otros grupos u organizaciones la salvaguarda de su propia pureza y esencia revolucionaria. Esta actitud dio lugar a un tipo de persona cuya única especialidad y cuyo único trabajo era la revolución en sí misma, un característico tipo de revolucionario dogmático en lo ideológico y muy intolerante, para el que cualquier idea de transformación social se convertía en un dogma de naturaleza religiosa.
  • Actitud cismática. Condicionada por su exacerbado dogmatismo, la intelligentsia ha vivido siempre en un permanente cisma. Primero, con ella misma, lo que se ha manifestado en la existencia de gran cantidad de grupos, círculos, corrientes, y organizaciones de todo tipo. Por otro lado, la intelligentsia, como un todo, ha vivido siempre absorta en sus propios debates, en un permanente cisma con el presente y con la historia. Presente y pasado han sido siempre considerados como atraso y manifestación del mal, encarnado en cada momento histórico por la máxima expresión del poder terrenal: el Estado.
  • Antiestatismo. La lucha contra la autoridad, contra el Estado ha sido siempre un factor predominante, ya fuese contra la versión monárquica, soviética o liberal del Estado. Incluso después de la desaparición de la Unión Soviética y tras la instauración de un sistema político supuestamente basado en los principios de las democracias occidentales, la intelligentsia rusa revolucionaria y liberal no ceja ni un instante de considerar al Estado como su gran enemigo.

III.- El juez de conciencia.

Si todo el pensamiento ruso del siglo XIX estuvo ocupado en el debate sobre el vector de modernización que debería seguir Rusia, quizá fue Piotr Yakovlevich Chaadaev (1794-1856) el primero en plantear este debate. Su punto de partida fue la negación de la historia y del presente de Rusia. Negación que se convirtió después en una constante de la intelligentsia rusa occidentalista. La cuestión a dirimir era decidir el camino que debía seguir Rusia: la imitación del modelo occidental o un camino propio marcado por sus propias particularidades históricas.

Chaadaev, argumentando que Rusia no ha aportado nada a la civilización universal, resaltó a la contra que precisamente en esa particularidad reside su potencial. Rusia está llamada a convertirse en la gran esperanza del mundo y el pueblo ruso está llamado a llevar a cabo una gran misión. «De nosotros puede decirse que formamos parte de una excepción entre los pueblos … [que] existen solamente para dar una gran lección al mundo» (CHAADAEV, [1829] 1991, p. 326).

Esta afirmación, realizada en la primera de sus Cartas Filosóficas, fue matizada más tarde: «Considero que nosotros hemos llegado después que otros pueblos, para hacerlo mejor que ellos, para no caer en sus errores, en sus equívocos y supersticiones. … Es más: yo tengo el profundo convencimiento de que estamos llamados a solucionar la mayor parte de los problemas de tipo social, a llevar a cabo la mayor parte de las ideas que han aparecido en las viejas sociedades, dar respuesta a los más importantes problemas que ocupan a la humanidad. Yo con frecuencia he dicho y con gusto repito: nosotros, por así decirlo, por la propia naturaleza de las cosas, estamos destinados a ser el verdadero juez de conciencia en muchos de los juicios que se debaten ante los grandes tribunales del espíritu humano y de la sociedad humana» (CHAADAEV, [1837] 1991, p. 534).

El desafío planteado por Chaadaev fue asumido por la literatura rusa con toda su crudeza, incorporando desde muy pronto en su narrativa el debate político. En un proceso complejo, los artistas y, sobre todo, los escritores rusos superaron tanto el temor a incluir las cuestiones sociales y en especial la búsqueda de la justicia social en sus obras, como el temor a acercarse en profundidad al misterio de la vida y de la muerte, al misterio de la mente humana y de sus componentes irracionales. En estos asuntos llegaron a sobrepasar en numerosas ocasiones los límites de la creación literaria.

Paralelamente los escritores rusos plantearon también muy temprano el debate sobre la misión social del arte, y en particular de la literatura, y sobre el servicio a la sociedad que debía prestar el artista y el escritor. Los grandes escritores rusos se enfrentaron siempre a la sociedad que les rodeaba y presentaron sus alternativas populares y colectivistas, a través de sus obras.

Para una parte mayoritaria de autores, la literatura se transformó muy pronto en una misión social cuasi religiosa, expresión de la “energía religiosa” de la que hablábamos antes. Autores, como Gogol, Dostoevskii o Tolstoi, por poner como ejemplo a tres de los más grandes autores rusos, vivieron siempre atormentados en ese conflicto religioso, social y político.

Moscú, febrero 2020

CONTINUARÁ

Bibliografía

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[Último acceso: 19 01 2018].

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