Artículos escritos por Antonio Fernández Ortiz

El hombre, el cosmos, la ciencia y el bien. Los soportes éticos de la ciencia soviética.

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

I.

El racionalismo científico de la Ilustración y el pensamiento científico contemporáneo han convivido y conviven en la actualidad en el hombre ruso/soviético con sus formas tradicionales o pre-modernas de pensamiento. Esta particularidad ha dado lugar a una de las características más representativas del pensamiento ruso: la existencia de dos planos de pensamiento, dos formas de racionalidad que no se excluyen una a la otra y a las que, tanto el hombre de ciencia como el hombre medio ruso, recurre según sus propias necesidades.

Esta característica, con ser particular de la cultura rusa, no es sin embargo exclusiva de ella. Está presente en la mayoría de las culturas no europeas que han sabido, o han tenido, la posibilidad de asumir valores específicos de la cultura europea occidental sin abandonar los suyos propios. Así, sin ir más lejos, chinos o japoneses mantienen esta capacidad, compaginando en sus estructuras de pensamiento los valores de la ciencia contemporánea, hija de la revolución científica europea, con sus valores tradicionales más significativos, pudiendo explicar la Naturaleza con las leyes de la física al tiempo que como manifestación de la voluntad de dioses y espíritus.

Este comportamiento se aleja del modelo representado por Europa occidental, la cual, en el proceso de reelaboración de sus propias bases culturales, ocurrido en la Modernidad, ha desplazado primero, y destruido después, sus estructuras tradicionales de pensamiento y sus medios de explicar y aprehender el mundo circundante, la existencia del propio hombre y la historia de la humanidad. Para el hombre europeo sólo existe una forma de entender y explicar el mundo: la que se deriva del racionalismo científico por él mismo elaborado; todo lo demás ha sido condenado como superchería y brujería.1

Esta doble racionalidad estuvo especialmente presente en el proyecto soviético. La historia del bolchevismo, de todo el proyecto soviético (y por extensión la historia de los partidos comunistas en general), nos habla de la existencia en su seno, de forma prácticamente permanente, de dos proyectos, dos modelos diferentes de comunismo, a veces no conscientes, incluso podríamos decir que intuitivos, que tienen su origen en niveles diferentes al ideológico, en la misma concepción de la vida y del papel que el hombre ejerce en la naturaleza y en la sociedad.

Hubo en el bolchevismo un comunismo cuyo soporte cultural fue una solidaridad que podemos llamar tradicional, popular, campesina. Este comunismo tuvo y tiene una concepción orgánica y totalizadora, holística, de la sociedad y de la historia. El pueblo, el Estado, la sociedad y el hombre son percibidos como sujetos naturales totales, únicos; son la síntesis de los aspectos objetivos y subjetivos, de los materiales y espirituales que los conforman. En este modelo de comunismo el hombre está vinculado, solidarizado, con toda la sociedad y con la naturaleza. Su solidaridad transciende el ámbito de lo social y se prolonga en la propia naturaleza con la que mantiene vínculos específicos. En la Unión Soviética, las bases de este comunismo fueron, y siguen siendo, las tradiciones solidarias de origen campesino mantenidas de un lado por las tradiciones culturales religiosas, especialmente por el cristianismo ortodoxo oriental (en el caso de Europa, por el catolicismo popular de los países católicos de la Europa meridional), y de otro por la pervivencia de determinadas estructuras sociales y formas de vida que, aún a pesar de la expansión de la sociedad industrial, bien en forma de capitalismo o de socialismo, se mantuvieron vigentes en algunas zonas de Europa hasta bien avanzado el siglo XX y en la URSS hasta nuestros días. Incluso cuando éstas fueron desarticuladas, como en el caso de Europa, la clase obrera emergente, en su aplastante mayoría de origen campesino, conservó estas tradiciones y con ellas sus formas de comprensión y aprehensión del mundo circundante. Durante varias generaciones los obreros industriales continuaron siendo psicológica y sociológicamente campesinos. Un ejemplo importante lo tenemos en el milenarismo que impregnó el movimiento obrero europeo y el bolchevismo, expresión de la herencia cultural de la solidaridad tradicional2.

El otro proyecto de comunismo presente en el bolchevismo tiene un origen urbano, racionalista. Es heredero de los valores de la Ilustración y de la Revolución francesa. Asume el modelo atomizado de hombre y con él el individualismo; condena el mundo tradicional campesino, el mundo popular, como un residuo del feudalismo; asume todos los tópicos de la historiografía europea posterior a la Revolución francesa sobre el mundo campesino y el supuesto Antiguo Régimen. El comunismo ha de ser creado sobre la base de individuos libres unidos por sus intereses de clase o por su conciencia de clase. La ausencia de conciencia de clase entre los campesinos los convierte en pequeñoburgueses, en “un saco de patatas”. Se trata de un proyecto de comunismo que ha terminado aceptando los principios básicos sobre los que se asienta la sociedad capitalista. Acepta el papel regulador del mercado (eufemismo tras el que se esconde la aceptación de la economía de mercado y la propiedad privada), la sociedad civil basada en la concepción del hombre como átomo y la democracia parlamentaria como sistema político.

En este proyecto de comunismo, llamémoslo racionalista, cada individuo tiene su propio valor específico: la posesión de su propio cuerpo (su verdadera propiedad y mercancía) y sus cualidades intelectuales y físicas (su fuerza de trabajo). Como individuo tiene sus “derechos individuales” intransgredibles y un espacio de actuación legítimo, es decir, marcado por las leyes, independiente de cualquier otro individuo. Es la sociedad atomizada, fruto de la Reforma Protestante, de la Revolución científica y de la cultura del industrialismo moderno. Los valores comunitarios tradicionales, la solidaridad tradicional, basada en el modelo de “hombre común” indivisible (una parte de mí está en todos los hombres y en mí se encuentra una parte de todos los hombres), son considerados como reductos del pasado de la existencia humana condenados a su desaparición, estorbo y lastre para el progreso.

Toda la experiencia práctica del socialismo durante el siglo XX ha estado condicionada por la presencia, en mayor o menor medida según los casos concretos, de los dos “proyectos de comunismo” anteriormente mencionados. El bolchevismo fue quizá el caso más explícito. En él estaban presentes las dos formas de comunismo, o si se prefiere, las dos formas de solidaridad. Las tradiciones solidarias populares rusas y del conjunto de pueblos y etnias que conformaban el Imperio ruso habían sido elaboradas por la filosofía, la literatura y la ciencia rusa durante todo el siglo XIX, pero, aún a pesar de dicha elaboración teórica, no habían podido convertirse en protagonistas del proceso modernizador e industrializador que Rusia estaba demandando y buscando. El marxismo clásico, casi académico, de los socialdemócratas rusos, no pasó de lo anecdótico durante décadas y aún a pesar de su relativa fuerza e importancia en los años previos y durante la propia Revolución rusa, no pudo convertirse en el protagonista de los cambios. El bolchevismo fue la síntesis entre las tradiciones socialistas y solidarias nacionales -vernáculas como las llama (Shanin 1990)– y el marxismo. Dicha síntesis asumió el protagonismo de la Revolución y del cambio social y condujo a Rusia, ya en forma de URSS, a la época industrial.

El bolchevismo, y todo el proyecto soviético hasta en sus más recónditas manifestaciones, estuvo condicionado por esa doble naturaleza racionalista y tradicional. Como consecuencia de su componente tradicional, el bolchevismo estuvo imbuido de los conceptos del bien y del mal de la cultura tradicional rusa. En su percepción ideológica, el proyecto soviético fue algo más que un instrumento para “hacer el bien”. En su seno el bien y el mal eran parte consustancial del mismo. Pero, mientras el mal se percibía y se manifestaba como anecdótico, el bien se establecía como dominante.

Nos referimos aquí a las percepciones ideológicas del proyecto soviético, incluso a su percepción moral, no a la realidad objetiva del mismo, que requiere otras categorías de análisis. El filósofo ruso Alexander Zinoviev, uno de los principales críticos del sistema soviético que vivió largos años en Occidente en un exilio voluntario, y por tanto persona poco sospechosa de tener una actitud prosoviética, declaraba en relación con la percepción de la naturaleza del sistema soviético: «Pero, en primer lugar, las represiones en lo fundamental estuvieron justificadas, tenían sus causas; segundo, aquello fue un fenómeno secundario en la historia soviética real. Yo viví todo este período, y para nosotros eso [las represiones A.F.] se encontraba en la periferia de nuestra vida, era secundario, no era eso lo que determinaba nuestra vida, sino la creación positiva que abarcó a un gran pueblo, y prácticamente a todo el planeta» (Fernández Ortiz, 2000, pp. 18-19).

La idea principal del proyecto soviético, en su componente tradicional (milenarista y mesiánica), fue la de construcción del “Reino de Dios” en la tierra. El proyecto soviético estuvo imbuido desde el principio por un mesianismo científico. La ciencia era el medio fundamental del que habría de valerse el poder soviético para la consecución del comunismo (del Reino de Dios en la Tierra). Incluso Bulgakov, en su Maestro y Margarita realizó una irónica crítica de aquella visión idealizada de la ciencia (Bulgakov, 1989). La ciencia soviética también participó de la existencia en su seno de las dos formas de racionalidad de que hablábamos anteriormente con respecto del bolchevismo, heredando las categorías éticas y morales, y con ellas las categorías del bien y del mal de la sociedad tradicional rusa. Veamos, aunque sea de forma resumida, el desarrollo de este proceso.

II.

Una corriente importante del pensamiento solidario ruso está representada por el cosmismo3 ruso. En Rusia están todavía muy arraigadas en su conciencia colectiva las concepciones cósmicas del mundo (del tiempo, del espacio, de la historia, etc.), que han venido manifestándose de formas diversas en las tradiciones, el folklore, las crónicas, y después en la literatura, la filosofía y la ciencia. El cosmismo ruso puede ser considerado como una nueva tendencia filosófica, consolidada a finales del siglo XIX, que pretendió dar una nueva explicación del fenómeno de la vida sobre la tierra y de la actuación y misión del hombre como manifestación perfeccionada de la misma (Semenova, 1993, p. 6). Fue, en definitiva, la eclosión de un proceso de maduración de ideas y creencias que con el paso de los siglos fueron consolidándose e incorporándose al patrimonio cultural ruso. Sus fuentes se encuentran en las creencias, usos y tradiciones de la antigua Rus y de los antiguos eslavos, enriquecidas por las aportaciones de otros pueblos y etnias que con el paso del tiempo conformaron, junto con los eslavos, la entidad política y cultural conocida como Rusia, así como por las aportaciones del cristianismo. En este último caso fueron siempre significativas las reflexiones de los padres de la Iglesia ortodoxa en general, y rusa en particular, sobre las relaciones entre el Creador y la Creación.

Uno de los conceptos claves del cosmismo es el de Богочеловечество (Bogochelovechestvo = Teohumanidad),4 elaborado por la filosofía religiosa rusa y especialmente desarrollado durante finales del siglo XIX y principios del XX por autores como Solovev, Berdiaev, Trubetskoi, Karsavin, etc. Enlaza con el estudio cristiano de la unidad de lo divino y lo humano en la naturaleza de Jesucristo. Cristo es interpretado como la Unidad, síntesis de lo divino y lo humano en la Tierra. Esta idea está relacionada con el concepto de Всеединства (Vseedinstva = Unidad Total)5 que puede ser entendido como conocimiento total, global, o concepción única del mundo. Sobre la idea de Всеединства escribieron diversos autores, entre ellos Solovev, Bulgakov, Karsavin, Florenski, Zenkovskii, Kiriievski, Jomiakov, etc. Es importante significar aquí que estos autores pertenecían a diferentes tendencias ideológicas del pensamiento ruso y que sin embargo el concepto de Unidad Total se encuentra presente en todos ellos como parte del núcleo o fundamento cultural (¿genotipo cultural?).

En el concepto Всеединства (Unidad Total) el hombre es considerado como la unión de la manifestación de lo divino con la naturaleza material, con lo terrenal. La Creación, como obra de Dios, está revestida de divinidad. El hombre como parte de la Creación es a la vez creación divina e intermediario entre Dios y la Naturaleza, entre Dios y la historia terrenal, de la que forma parte. El hombre en sí no es nada, sólo llega a ser persona, a considerarse a sí mismo persona, hombre, en la medida que toma conciencia de su pertenencia a una personalidad cósmica. En esta personalidad cósmica el hombre tiene una naturaleza colectiva por pertenecer a la comunidad de los hombres, y divina por saberse incorporado al orden divino, a la Creación.

Se considera a Nikolai Fiodorovich Fiodorov (1829-1903) como el fundador de la filosofía cosmista rusa. Durante mucho tiempo fue bibliotecario en el museo Rumiantsevskii, cuya biblioteca fue precursora de la actual Biblioteca Lenin. Sus ideas filosóficas, aunque influyeron de forma significativa en Tolstoi, Solovev, Tsiolkovskii y Dostoievski, etc., eran apenas conocidas por un número reducido de amistades y alumnos, manteniéndose desconocidas para el público en general. Sólo después de su muerte sus trabajos fueron recogidos en dos volúmenes y publicados por primera vez en 1906 bajo el título de Философия Общего Дела (Filosofiia Obshego Dela = Filosofía del Hacer Común, del Asunto Común o de la Causa Común).6 La singularidad de las ideas filosóficas de Fiodorov reside en la forma inusual de acercarse a los problemas habituales de la filosofía rusa y a sus originales propuestas de resolución, creando un sistema filosófico globalizador en el que el hombre, la Tierra y el cosmos, son interpretados como un todo interrelacionado e interdependiente. El sistema filosófico desarrollado por Fiodorov incide especialmente en la colaboración de la energía del hombre, del trabajo del hombre, del “Hacer” del hombre, con la voluntad divina de liberar al mundo del mal, de la destrucción y de la muerte, y en la creación del Reino de Dios (¿en la Tierra?) (Semenova, 1995, p. 7).

Para Fiodorov, el principal problema con el que se enfrenta la humanidad es el de la violencia, la cual alcanza sus formas más elevadas en el aniquilamiento de unos pueblos por otros en el curso de la historia. Esta situación es a su vez consecuencia de la situación de dependencia total del hombre con respecto a la Naturaleza, que lo somete a las leyes de la muerte y del “final” (Конечности = konechnosti = finitud). En esa situación cada persona, cada comunidad, cada pueblo, se plantea el problema de la supervivencia de una manera aislada con respecto a los demás, toda vez que condicionado por esa situación de dependencia, el hombre debe preocuparse antes de nada por su propia conservación y perpetuación, lo que genera una tendencia egoísta e individualista hacia el aislamiento.

Para que la humanidad pueda superar esta tendencia, debe tomar conciencia de su situación de dependencia con respecto a las fuerzas de la naturaleza y unirse para su superación. El hombre, con su capacidad para el razonamiento, debe conocer los secretos de las fuerzas de la naturaleza y vencerlos, regularlos en beneficio de la humanidad. El conocimiento de las fuerzas de la naturaleza y su regulación llevará incluso al hombre a dominar la muerte. «Tres cuestiones fundamentales; la regulación de los fenómenos atmosféricos, el control del movimiento de la Tierra y la conquista de «nuevas tierras», se concentran en una sola cuestión general, [a saber] … el restablecimiento de la vida a los antepasados» (Fiodorov, 1995, p. 256). La muerte, según Fiodorov, es un fenómeno temporal, causado por la falta de conocimiento de la naturaleza y de autoconocimiento del propio hombre.

También según Fiodorov, la humanidad en general, y el hombre en particular, han perdido su propia unidad. Por un lado la humanidad se ha dividido en clases y todo tipo de divisiones sociales, por otro el propio hombre se ha separado de su propio ser. Ha separado el pensamiento del cuerpo, la razón de la voluntad, el conocimiento de la moral, la razón práctica de la razón teórica.

Por este motivo, la llamada época de la “razón” y del “progreso” que ha consumado esa división y la ha llevado hasta extremos críticos, tiene para Fiodorov un carácter negativo. A lo único a que ha dado lugar es a la realización de insignificantes mejoras, que dan la sensación ilusoria de un mejoramiento, pero en realidad tienen una acción destructora sobre la naturaleza y sobre el propio hombre, toda vez que refuerza la individualización del hombre e impide su unión para la realización de la “Causa Común”: el dominio de las fuerzas de la Naturaleza, el control de la muerte y el gran acto de suprema solidaridad, la resurrección de los antepasados: «No es difícil constatar cuando el pueblo se encontraba en un nivel intelectual superior … cuando creó la literatura épica, la epopeya religiosa, que abrazaba al mundo entero como una totalidad única … o cuando la vida en las fábricas lo arrancó del campo desviándolo de la cuestión global, universal: la muerte; lo dirigió hacia las minucias insignificantes de la civilización. … Qué vacías y lamentables suenan todas estas cuestiones sobre las garantías de una parte del pueblo contra el otro, todas estas declarations des droits (en francés en el original, A.F.), es decir la declaración de la guerra total. La verdadera educación tiene como objetivo desviar la atención del hombre de todas estas disputas … y dirigirlo hacia el trabajo común, porque sólo entonces se habrá educado el hombre … entonces … el pueblo, en todas sus capas, percibirá la Unidad» (Fiodorov, 1995, p. 263).

El hombre está llamado a dominar la naturaleza, a dirigirla, y con ello procurar el bien a la humanidad. Es el hombre el encargado de llevar a cabo la labor de poner la naturaleza al servicio del bien. Pero el hombre no actúa únicamente por su propia voluntad, como entidad independiente, sino que, como parte de la naturaleza, como parte divina de la creación, Dios, completa a través de él el acto mismo de la Creación y permite al hombre convertirse en coprotagonista de la Creación. La Creación adquiere así un carácter continuo, no acabado. Dios a través del trabajo del hombre continúa la obra de la Creación. El hombre se convierte en protagonista activo de la Creación como manifestación de la divinidad. La Creación debe ser conducida a su culminación, que implicará el dominio de la naturaleza, de sus fuerzas, el dominio de la Tierra, para ponerlo al servicio de la humanidad, al servicio del bien como manifestación de la voluntad de Dios: «Dios educa al hombre con su propia experiencia; Él es el Zar que hace todo, no sólo para el hombre, sino y a través del hombre; por algo no hay racionalidad en la naturaleza, porque debe ser el hombre quien la introduzca, y precisamente en esto reside la racionalidad superior. El Creador vuelve a crear el mundo a través de nosotros … No podremos saber con seguridad con qué fuerza se mueve nuestra Tierra mientras no dirijamos su marcha»[CITATION FIO95 \p 255-256 \l 3082 ].

Pero la humanidad no debe limitarse solamente a conseguir el control de la naturaleza terrestre, sino que, al ser la tierra parte del cosmos, el hombre debe aprender a controlar el sistema solar y todo el cosmos. Esta es también parte de la voluntad divina manifestada a través del hombre. El cosmos, a través de la actividad creadora del hombre, y ésta como manifestación de la voluntad de Dios, también debe ser puesto al servicio de la humanidad, al servicio del bien. «La actividad humana no debe limitarse a los límites del planeta tierra». La salida al cosmos es una necesidad del hombre, presente en su memoria colectiva a lo largo de la historia de la humanidad: «En todos los periodos de la historia es evidente una aspiración que muestra que la humanidad no puede conformarse con los estrechos límites de la tierra»[CITATION FIO95 \p 255-256 \l 3082 ].

La salida del hombre al cosmos vendrá a satisfacer el interés general, el interés común: «ante el rostro de las fuerzas cósmicas cesan todos los demás intereses: personales, de clase, nacionales; sólo un interés no se olvida: el interés general de todas las gentes, es decir, de todos los mortales»[CITATION FIO95 \p 263 \l 3082 ]. Si el hombre renuncia a salir al cosmos, renuncia con ello a la solución de los problemas de la humanidad, especialmente los problemas económicos, y con ellos a la posibilidad de una existencia digna del hombre. Renuncia, en definitiva, a la supervivencia del hombre sobre la Tierra. «El carácter fantástico de la posibilidad de un tránsito real de un mundo a otro es sólo aparente; el carácter imprescindible de tal tránsito es indudable ante una directa y sobria mirada al asunto … Si nos negamos al dominio de los espacios celestes, deberemos renunciar a la resolución de los problemas económicos formulados por Malthus, y en general de la existencia moral de la humanidad»[CITATION FIO95 \p 256 \l 3082 ].

Precisamente Rusia, el Estado ruso, es considerado por Fiodorov como la entidad llamada a la consecución del objetivo común (la “Causa Común”) de la humanidad, toda vez que en ella se concretan los elementos que pueden servirle de fundamento, tanto materiales como sociales y psicológicos. La Rusia no contaminada por el individualismo de Occidente puede y debe llevar a cabo la “Causa Común”. Fiodorov manifiesta así el mesianismo del que participan sus ideas, el cual es a su vez expresión del mesianismo ruso.

Piotr Chaadaev, casi más de medio siglo antes que Fiodorov, expresó por primera vez en un lenguaje laico y con un contenido social el mesianismo ruso que hasta entonces sólo se había expresado en su sentido religioso. Chaadaev consideraba que Rusia estaba llamada a solucionar incluso los problemas sociales que la humanidad todavía no había llegado a plantearse: «de nosotros puede decirse que formamos parte de una excepción entre los pueblos. Pertenecemos a aquellos de los que no entrarían a formar parte integrante de la especie humana, y existen solamente para dar una gran lección al mundo»[CITATION CHA911 \p 326 \l 3082 ].7 Esta afirmación, realizada en la primera de sus Cartas Filosóficas, fue confirmada y ampliada más tarde en su Apología de un Loco: «Considero que nosotros hemos llegado después que otros pueblos, para hacerlo mejor que ellos, para no caer en sus errores, en sus equívocos y supersticiones. … Es más: yo tengo el profundo convencimiento de que estamos llamados a solucionar la mayor parte de los problemas de tipo social, a llevar a cabo la mayor parte de las ideas que han aparecido en las viejas sociedades, dar respuesta a los más importantes problemas que ocupan a la humanidad. Yo con frecuencia he dicho y con gusto repito: nosotros, por así decirlo, por la propia naturaleza de las cosas, estamos destinados a ser el verdadero juez de conciencia en muchos de los juicios que se debaten ante los grandes tribunales del espíritu humano y de la sociedad humana»[CITATION CHA91 \p 534 \l 3082 ].

Fiodorov llamó a su filosofía Супраморализм (Supramoralizm = Supramoralismo), por el cual entendía: «La síntesis de dos razones (teórica y práctica) y tres materias del conocimiento y de la praxis (Dios, el hombre y la naturaleza, de los cuales el hombre es el instrumento de la razón divina y él mismo se convierte en la Razón del universo)… Supramoralismo es la deuda con nuestros padres/antepasados, la resurrección como la más alta e incondicional moralidad general, moralidad natural para los seres racionales y sensibles, del cumplimiento de la cual, es decir, del deber de la resurrección, depende el destino de la especie humana».

A primera vista los escritos e ideas de Fiodorov (pensemos sólo en una de sus ideas principales: la resurrección de los muertos) se nos presentan como un cúmulo de ideas absurdas, barbaridades y herejías del cristianismo;8 aspiraciones irrealizables, utópicas, de construcción de un mundo feliz, del Reino de Dios en la Tierra. Sin embargo, estas ideas absurdas y en muchos casos incoherentes dieron frutos realmente sorprendentes. Con su influencia sobre filósofos y científicos, las ideas de Fiodorov impulsaron el desarrollo de la filosofía y el desarrollo teórico y práctico de ramas concretas de la investigación científica soviética, como fue el caso del Programa Cósmico soviético, al tiempo que sus teorías se convirtieron en parte de los soportes éticos de la ciencia soviética. Pero no sólo eso, las ideas cosmistas de Fiodorov fueron parte fundamental del bolchevismo. El rastro de este componente cosmista en el bolchevismo no es difícil de seguir y lo podemos observar en multitud de manifestaciones. En la literatura, por ejemplo, Andrei Platonov9 mostró en sus obras las imágenes más importantes del cosmismo bolchevique (el «bolchevismo tecnológico»).

Otro ejemplo lo tenemos en el debate ideológico y político que se produjo en el seno del movimiento euroasiatista10. En 1928, en plena crisis de este movimiento en su exilio europeo, una parte importante del mismo vio en el bolchevismo precisamente la expresión de las ideas de Fiodorov, lo que sirvió a muchos para argumentar su vuelta a la URSS. Precisamente, en el año 1928, en París, comenzó a publicarse la revista «Evraziia» (Eurasia) en la que se trataban cuestiones de cultura y política. En el consejo de redacción de la misma estaban presentes los miembros más importantes del grupo euroasiatista de París (Karsavin, Suvchinskii, Malevskii-Malevich, etc.). Aunque esta revista tuvo una vida corta, apenas un año, fue muy importante para la historia del movimiento euroasiatista porque significó el punto culminante del cisma en el seno de este movimiento. Los euroasiatistas parisinos pasaron directamente a la justificación y defensa del bolchevismo. Para tratar de aclarar y reconducir la situación, el también euroasiatista N.N. Alexeev se desplazó a París. Posteriormente, en una carta a N.S. Trubetskoii, dejó constancia de las causas del cisma y de sus impresiones al respecto: «Mi estancia en París me ha convencido … que las diferencias no son de tipo personal, sino de principios. … Ha ocurrido lo siguiente: en lugar de convertir a los comunistas en euroasiatistas … los parisinos (se refiere a los euroasiatistas de París – A.F.) han recorrido el camino contrario, de euroasiatistas se han convertido en comunistas. … Prácticamente de aquí nace la necesidad de justificar la práctica del comunismo en Rusia, y en particular, considerar totalmente correcta la línea actual de Stalin. … Cuando yo … les dije que eso era el «Estado de termidor» según Meterlink, me contestaron que no, que eso era la «filosofía del hacer común» en el sentido de Fiodorov»[CITATION URJ92 \p «49 y sig.» \l 3082 ].

Hay un sentido oculto en el discurso filosófico, histórico y político, del cosmismo ruso que hunde sus raíces en el inconsciente colectivo de la cultura rusa. De manera aislada aparece en las concepciones de uno u otro filósofo, escritor o científico y se manifiesta entonces de manera incoherente e incomprensible. Sin embargo, visto en su conjunto, uniendo en un único discurso estas ideas, este sentido oculto parece manifestarse con mayor claridad. Y decimos parece porque no siempre queda evidente y manifiesto. Una parte importante del bolchevismo vino a ser una manifestación del sentido oculto del cosmismo ruso.

III.

Las ideas de Fiodorov fueron desarrolladas en tres direcciones: una poético-literaria: Platonov, Jlebnikov, Zobolotskii, etc.; otra filosófico-religiosa: Soloviov, Berdiaev, Bulgakov, etc.; y una tercera científico-natural: Tsiolkovskii, Umov, Vernadskii, Chizhevskii, etc.

Trataremos de seguir el rastro a los terceros, deteniéndonos en detalle en Tsiolkovskii y Vernadskii, ya que con ellos el cosmismo se convirtió en teoría científica con capacidad para abordar el estudio y explicación de la naturaleza, del hombre, y en general de los procesos que se desarrollan sobre la tierra, entre ellos la propia actividad del hombre. Pero dado que nuestro planeta forma parte del cosmos ordenado y orgánico, el estudio de todo lo que ocurre en él debe ser realizado en estrecha interacción (Всеединства = Unidad Total) con los procesos que ocurren en el cosmos. La Tierra no es sólo un cuerpo cósmico pasivo que recibe la influencia del cosmos, sino que, por ser parte del cosmos, participa activamente en la vida del mismo, en su evolución. Esta tendencia científico-natural también nos interesa en relación con este artículo en la medida que sirvió de vehículo (no el único, evidentemente, pero sí uno de los más importantes) para la penetración en el cuerpo de la ciencia soviética de los valores morales y del mesianismo del pensamiento tradicional ruso, sobre todo en la versión elaborada que representó el supramoralismo de Fiodorov.

El cosmismo científico ruso considera el espacio donde desarrolla su actividad el hombre (la corteza terrestre, la Biosfera de Vernadskii) como la síntesis en delicado equilibrio de las condiciones naturales terrenales, subterráneas y cósmicas, las cuales han permitido la existencia de la vida y en concreto la vida del hombre y su actividad. Desde este punto de vista la actividad del hombre toma una nueva dimensión que ya no es sólo terrenal, sino cósmica. El hombre debe salir al cosmos, al nivel superior de las concepciones míticas cosmistas, debe poblarlo y debe desarrollar su actividad en él. La humanidad con su actividad cósmica alcanza así un nuevo nivel de evolución, una nueva dimensión, y entra en una era de madurez expresada en las palabras de Tsiolkovskii: “la Tierra es la cuna del hombre, el cosmos es su casa”.

Konstantin Eduardovich Tsiolkovskii (1857-1935). Fue filósofo e investigador, continuador de las ideas de Fiodorov. En él puede decirse que está presente el pensamiento oriental y occidental. Fuertemente influenciado por el cristianismo (como todos los filósofos rusos) y por la filosofía oriental y el budismo, también estuvo influenciado por las ideas evolucionistas de Darwin. Una mezcla de tradicionalismo, arcaísmo, ciencia y racionalismo. Sin embargo, la presencia de estos componentes tan diversos y diferentes no dio lugar a una síntesis o a un enfrentamiento o conflicto entre los diferentes componentes de su pensamiento, sino que, al igual que en otros pensadores rusos, vuelve a manifestarse la idea de la Totalidad (Unidad Total).

Junto con sus ideas cuasi místicas, Tsiolkovskii, como científico, fue el primero que comprendió las posibilidades del movimiento a reacción en el cosmos. Fue el fundador de la dinámica de los cohetes y de la cosmonáutica. El cosmos para Tsiolkovskii es un sistema armónico y único, en el cual la materia es también Una. La materia como unidad es sensible. Toda la materia de la que está formado el cosmos está dotada de sensibilidad, y por ella el cosmos mismo es una entidad viva, sensible. La idea de materia muerta es falsa. Todo átomo en el cosmos es materia viva sensible; todo depende del estado, siempre temporal (ciclo), en que se encuentre. Si se encuentra presente en una materia altamente organizada, orgánica, ese átomo de materia muestra su vitalidad de forma perceptible. Si se encuentra en una parte de materia inorgánica, dará la impresión de ausencia de sensibilidad, de ausencia de vida, pero en realidad se encuentra en estado de letargo, esperando un nuevo ciclo en el que podrá formar parte de materia orgánica y nuevamente podrá manifestar su vitalidad [CITATION TSI96 \p 278-279 \l 3082 ] (vemos también en Tsiolkovskii la presencia del vitalismo científico europeo que acompañó a la ciencia europea en su evolución desde los siglos XVII y XVIII).

La tierra ocupa en el cosmos un lugar especial toda vez que en ella se desarrolla un proceso de fundación de nuevas formas de vida. El hombre, tal y como lo conocemos en la actualidad, es el resultado de un largo camino de evolución y perfección desde la materia inorgánica, no sensible, “muerta”, hasta su estado actual. Tsiolkovskii, al igual que el resto de filósofos cosmistas, considera al hombre como un ser intermedio, que todavía no ha abandonado completamente su estado cuasi-animal, que no ha alcanzado el estado completo de perfección[CITATION TSI96 \p 286 \l 3082 ].

Pero el proceso de evolución del hombre no se acaba en la consecución de un estado de perfección física, sino que ésta será incompleta si no lleva paralela el desarrollo de nuevas formas de organización social, las cuales a su vez permitirán el dominio de las fuerzas de la naturaleza y su utilización en beneficio de la humanidad. El hombre alcanzará su estado de perfección y abandonará su situación de cuasi animal cuando el desarrollo de una organización social correcta le permita ser el “administrador” de la Tierra: «Podemos esperar la rápida llegada de una moderada y razonable organización social en la Tierra que corresponderá con su particularidad y su organicidad … La feliz organización social, sugerida por los genios, obligará a la ciencia y a la técnica a avanzar hacia adelante con una rapidez inimaginable y con la misma rapidez hará mejorar la vida humana … El hombre llegará a ser el verdadero dueño de la tierra. Transformará los continentes, cambiará la composición de la atmósfera y explotará ampliamente los océanos. El clima será cambiado según el deseo o la necesidad. Toda la tierra se convertirá en habitable y proporcionará grandes frutos»[CITATION TSI96 \p 287 \l 3082 ].

Como vemos en la cita anterior, en Tsiolkovskii, como en otros filósofos cosmistas y en la mayoría de los científicos rusos, la ciencia y la técnica se convierten en factores fundamentales de progreso, pero en un sentido diferente al de la cultura europea occidental. La ciencia está cargada de valores morales y su único objetivo es hacer el bien, estar al servicio de la humanidad, ayudar al hombre a vencer el mal y a vencer el estado de imperfección y de sometimiento en que se encuentra con respecto a la naturaleza. Años después, el gran Serguei Pavlovich Koroliov, en uno de los encuentros con los jóvenes pilotos seleccionados para ser los primeros cosmonautas, les decía: “Nuestro interés en el conocimiento del Universo no es un objetivo en sí mismo. No hay conocimiento por el placer del conocimiento. Nosotros nos introduciremos en el cosmos para estudiar mejor el pasado y el presente de nuestro planeta, para prever su futuro. Nosotros queremos poner los recursos y posibilidades del cosmos al servicio del ser humano, investigar otros cuerpos celestes, y sí las circunstancias lo exigen, estar preparados para poblar otros planetas. Como dijo Tsiolkovskii, la conquista del cosmos nos promete montañas de pan…”[CITATION ROM89 \p 101 \l 3082 ].

La ciencia es considerada, no como un instrumento para conseguir el bien, sino que la ciencia lleva en su esencia, como componentes innatos a ella, el bien y el mal. Al igual que el hombre conoce el bien y el mal, pero dispone del libre albedrío para hacer el uno o el otro, aunque como criatura de Dios tiende a hacer el bien, la ciencia llevando en su seno el bien y el mal, como creación del hombre tiende por principio a hacer el bien. Con la ciencia el hombre puede alcanzar el estado máximo de felicidad. La ciencia ayudará al hombre a destruir a su mayor enemigo: la muerte.

Es interesante comparar esta concepción de la ciencia con la mayoritariamente mantenida por los científicos occidentales, según la cual la ciencia es una empresa libre de valores, un ente autónomo, objetivo en su propia naturaleza, libre de prejuicios sobre el bien y el mal. Para Tsiolkovskii, la ciencia es la manifestación más evidente de la razón del hombre; con ella podrá ser construido un sistema social justo que permitirá en el futuro poblar y organizar el cosmos.

Tsiolkovskii, que vivía en Kaluga lejos de los ambientes intelectuales de la capital, era en parte considerado por estos círculos como un sabio extravagante, lleno de ideas fantásticas. Sin embargo a partir de los años 20, esta actitud cambió radicalmente. Sus ideas comenzaron a difundirse con mayor amplitud entre el público en general y los círculos intelectuales, contribuyendo a su difusión el acento que las mismas ponen en el dominio de las fuerzas de la naturaleza por el hombre, dando a éste la posibilidad de utilizarlas para la superación de los problemas constantes con que se enfrenta la humanidad. Estas ideas estaban ya muy extendidas a principios de siglo y formaban parte del acervo filosófico del cosmismo ruso.

Sus concepciones unitarias y comunitarias le llevaron a definirse como bolchevique después de la Revolución de Octubre: «por naturaleza o por carácter, soy revolucionario y comunista. Como prueba de esto, puede servir mi trabajo «La Pena y los Genios», publicado en 1916, todavía durante el Zar. En él, de forma concreta y particular, se predican los beneficios de la comuna en el sentido amplio de esta palabra»[CITATION Gri \p 387 \l 3082 ].

En los años 30 las ideas de Tsiolkovskii fueron reconocidas oficialmente por el poder soviético (ya en los años 20, por indicación directa de Lenin, Tsiolkovskii fue puesto bajo la protección directa del gobierno soviético y le fue asignada una pensión que le garantizaba una vida en condiciones dignas en el ambiente de guerra y revolución de aquellos años). Sus ideas fueron asumidas por el gobierno soviético, y muchas de ellas, impresas sobre pancartas y carteles, se convirtieron en consignas que decoraban las paredes y fachadas de escuelas y clubes juveniles[CITATION SEME93 \p 261 \l 3082 ]. Tsiolkovskii dejó escrito: «Durante el gobierno soviético me fue concedida una pensión, pude entregarme de forma más libre a mis trabajos y, de pasar anteriormente casi desapercibido, ahora he despertado la atención hacia mis trabajos. Mi dirigible ha sido reconocido como un invento especialmente importante. Para las investigaciones del movimiento a reacción han sido creados GID e institutos. Sobre mis trabajos y logros han aparecido muchos artículos en los periódicos y revistas. Mi setenta aniversario fue celebrado por la prensa. Cinco años después mi aniversario ha sido ampliamente celebrado en Kaluga y en Moscú. He sido condecorado con la orden de la Bandera Roja del Trabajo y con el distintivo de activista del Osoaviajim. Me ha sido aumentada la pensión. La URSS marcha con firmeza por el gran camino del comunismo y de la industrialización del país, y yo me solidarizo profundamente con esto»[CITATION Gri \p 418 \l 3082 ].

Al contrario que en las versiones pesimistas del hombre que desarrolló la filosofía europea occidental (“El hombre es un lobo para el hombre”), o las teorías darwinistas sobre la lucha de las especies por la supervivencia, el cosmos para Tsiolkovskii, como para el resto de los filósofos y científicos cosmistas, es considerado como un estado superior… «en el cosmos sólo existe verdad, perfección, poder y satisfacción, dejando para lo demás tan poco, que se puede considerar como una minúscula mota de polvo negro sobre una hoja de papel blanco»[CITATION TSI96 \p 298 \l 3082 ].

Vladimir Ivanovich Vernadskii (1863-1945), científico y filósofo cosmista, uno de los fundadores de los estudios sobre la Biosfera y la Noosfera, fundador de numerosas ramas de la investigación científica (mineralogía, genética, bioquímica geológica, radiogeología, estudios sobre la biosfera, etc.), fue un gran innovador que se caracterizó por la naturaleza interdisciplinaria de sus investigaciones y por su gran capacidad de síntesis. Paralelamente a su actividad científica Vernadskii llevó una activa vida política. Fue miembro del Comité Central del partido Kadete y miembro del Gobierno Provisional. Durante la Guerra Civil, en Ucrania, organizó la Academia de Ciencias de Ucrania. Al finalizar la Guerra civil marchó al exilio, volviendo a los poco años y dedicándose a labores de reorganización de la Academia de Ciencias de Rusia (URSS).

Su vuelta e incorporación a la vida científica y su actividad pública son algo más que un síntoma de reconciliación nacional después de la guerra civil. En realidad, las ideas y concepciones de Vernadskii no estaban lejos de los fundamentos ideológicos del bolchevismo. Las ideas más importantes de Vernadskii, las ideas más importantes del cosmismo ruso en general, eran parte del bagaje ideológico y cultural del propio bolchevismo, por lo que no es de extrañar que sus ideas fueran asumidas rápidamente por los jóvenes científicos y por líderes políticos del país.

La parte más importante de los trabajos de Vernadskii y su cima como científico la alcanzó con los estudios realizados sobre la Biosfera y la Noosfera. Estos conceptos significaron el paso de una fase meramente analítica en el estudio de las ciencias naturales a otra de carácter sintético. La biosfera para Vernadskii es la envoltura bioquímica que rodea la Tierra y que se desarrolla según sus propias leyes. Uno de los principales elementos activos de la biosfera es la materia viva que, con su actividad, realiza gran cantidad de funciones que inciden sobre la propia biosfera. Al estar la biosfera en contacto directo, en su parte externa, con el cosmos, la actividad de los seres vivos tiene también una función cósmica.

La biosfera es también el único lugar donde puede existir la vida. El hombre, como manifestación superior de la vida en la biosfera es inseparable de ella, se encuentra vinculado y dependiente de ella. Pero no sólo el hombre, sino toda la materia viva, todos los seres vivos, se encuentran en estrecha dependencia con el medio en el que viven, con sus condiciones materiales y energéticas: «Hasta ahora los historiadores, en general los científicos de las ciencias humanas, y en gran medida los biólogos, de manera consciente no toman en cuenta que, según las leyes naturales de la biosfera (la envoltura terrestre en la que solamente puede existir la vida), el hombre, de forma natural, es inseparable de ella… En realidad no hay ni un sólo organismo vivo que se encuentre en la tierra en una situación de libertad. Todos estos organismos se encuentran continuamente relacionados, sobre todo por la alimentación y la respiración, con el medio material y energético que les rodea. No pueden existir al margen de las condiciones naturales»[CITATION VER93 \p 304-305 \l 3082 ].

Sobre el papel de la ciencia, Vernadskii pensaba que, si bien la humanidad se había desarrollado alrededor de tres conceptos fundamentales: la religión, la filosofía y la ciencia; a través de los cuales había tratado de encontrar la verdad y la resolución de los problemas eternos que le inquietaban, sólo la última había conseguido dicho objetivo. Precisamente la particularidad de la ciencia, del pensamiento científico, consiste, según Vernadskii, en que es capaz de englobar en sus reflexiones y en su esfera de actividad a toda la biosfera, a toda la humanidad: «En la historia de la humanidad no ha habido todavía un período en el que la ciencia abarcara tan profundamente la vida como ahora. Toda nuestra cultura, abarcando toda la superficie de la corteza terrestre, ha sido creada por el pensamiento científico y la creatividad científica»[CITATION VER97 \p 131 \l 3082 ]. La ciencia ha ayudado al hombre en la creación de la cultura, y la ciencia salvará a la humanidad: «La ciencia representa la fuerza que salvará a la humanidad»[CITATION VER97 \p 133 \l 3082 ].

El científico A.P. Pavlov (1854-192) introdujo el concepto de “era antropogénica” para designar la época actual, caracterizada por el hecho de que la actividad del hombre condiciona tanto la vida sobre la Tierra, como a la propia Tierra. Vernadskii afirma que el hombre se ha ido convirtiendo, de forma paulatina e inadvertida para él mismo, en una potente fuerza geológica[CITATION VER93 \p 308 \l 3082 ]. Esto ha dado lugar a un cambio en la posición del hombre sobre nuestro planeta. En el siglo XX, por primera vez en la historia de la Tierra, el hombre conoce y domina toda la biosfera, extendiéndose por toda la superficie del planeta. La humanidad se ha transformado en un todo único, y el hombre puede vivir en cualquier parte del planeta, por difícil que sean sus condiciones, con sólo proponérselo. Pero al mismo tiempo la humanidad, tomada en su conjunto, representa una parte insignificante de la materia del planeta. El poder del hombre no depende entonces de su materia, sino que es el resultado de su razón. El poder del hombre, su transformación en una fuerza geológica determinante, viene dado por el poder de su razón, capaz de dirigir su actividad y su trabajo[CITATION VER93 \p 308 \l 3082 ].

Vernadskii desarrolló también el concepto de Noosfera, referido al ámbito de interacción entre la Naturaleza y el hombre, en el cual el hombre desempeña el papel determinante. El concepto de Noosfera fue elaborado inicialmente por los científicos franceses P. Teilhard de Chardin y E. Le Roi y por Vernadskii, siendo posteriormente el propio Vernadskii quien lo desarrolló. Las ideas principales eran que, desde la aparición de la humanidad, nuestro planeta había entrado en una nueva época geológica, y que la biosfera como envoltura del planeta con carácter totalizador (Unidad) ha sido formada por la actividad de los seres vivos. La idea de Noosfera viene a significar la entrada de la biosfera en una nueva etapa, en un nuevo estado evolutivo, en el cual la nueva particularidad es la evolución conjunta de la humanidad y la Naturaleza dirigidas por la razón del hombre[CITATION VER93 \p 309 \l 3082 ].

Los conceptos de Biosfera y Noosfera desarrollados por Vernadskii significaron un gran paso adelante en la elaboración de un nuevo cuadro del mundo. La concepción “biosférica” del mundo permitió interpretar el protagonismo del ser vivo como una fuerza de carácter planetario y cósmico, capaz de incidir y organizar los procesos naturales del planeta Tierra en particular y del cosmos en general: «La Noosfera es un nuevo fenómeno geológico en nuestro planeta. En ella, por primera vez el hombre ha llegado a ser la mayor fuerza geológica. … El rostro del planeta -la biosfera- está cambiando de forma radical su composición química por la acción consciente del hombre, y principalmente por su acción no consciente. El hombre transforma los componente físicos y químicos de la envoltura aérea de las tierras emergidas, todas las aguas de la naturaleza. … En el futuro se nos presenta como realizable un sueño de cuento: el hombre se esfuerza por salir de los límites de su planeta al espacio cósmico. Y con toda probabilidad, saldrá»[CITATION VER93 \p 309-310 \l 3082 ].

IV.

Un ejemplo concreto de la influencia del cosmismo ruso en la investigación directa del cosmos lo tenemos en los trabajos de Alexandr Leonidovich Chizhevskii (1987-1964), científico y filósofo cosmista soviético, que con sus estudios demostró la influencia directa y total del sol en la actividad vital de la biosfera, en el hombre y en la sociedad, y la estrecha relación entre la actividad del Sol, del sistema solar, y la aparición y difusión de diferentes fenómenos en la Tierra; desde epidemias hasta procesos sociales.

Chizhevskii consideraba que al igual que las corrientes de aire oceánicas están entrelazadas entre sí formando un complejo sistema orgánico, de la misma manera, el todavía más difícil sistema de fenómenos biológicos de la Tierra debe ser considerado como un sistema orgánico interrelacionado sobre el que cualquier tipo de influencia de carácter local se reflejará inmediatamente en el conjunto del sistema. Cualquier ruptura del equilibrio llevará a la necesidad de compensación y a la búsqueda de un nuevo equilibrio, que afectará a todos y cada uno de los elementos que forman el organismo.

En el concepto de “medio” como envoltura geográfica donde se desarrolla la actividad biológica y social de la materia, Chizhevskii incorporó el espacio cósmico, lo que supuso un hecho fundamental para el ulterior desarrollo de una concepción del mundo global, cósmica, desde un fundamento científico, al igual que el realizado por Vernadskii.

De esta concepción cósmica se deduce que el desarrollo del mundo orgánico, en sus aspectos sociales y naturales, no es un factor exclusivo, autónomo y endógeno de la Tierra, sino que este proceso (el del desarrollo del mundo orgánico) es el resultado de la acción conjunta de la actividad de la Tierra y del cosmos, de los agentes cósmicos, de los cuales, precisamente los segundos, es decir los cósmicos, son los fundamentales. De esta manera, el mundo orgánico (en sus aspectos sociales y naturales) refleja en cada momento los cambios y oscilaciones, las influencias que tienen lugar en el medio cósmico[ CITATION CHI76 \l 3082 ].11

El caso más evidente de la influencia del cosmismo ruso en la investigación lo tenemos en el gran proyecto científico-técnico e industrial que se convirtió en el mejor reflejo de todo el proyecto soviético. Nos referimos al Programa Cósmico soviético, el cual es a su vez uno de los mejores reflejos del complejo proceso de simbiosis entre tradición y modernización que en realidad supuso la experiencia soviética. Presentado en Occidente como el fruto de la gran carrera de armamentos de un Estado empeñado en conseguir la supremacía y el dominio militar frente a sus enemigos, tiene, como ya hemos visto, unos orígenes y unos fundamentos éticos diferentes a los que le han sido asignados por la sovietología occidental.

Ya en el último tercio del siglo XIX fueron elaborados importantes aspectos teóricos de la salida del hombre al cosmos. El ingeniero, inventor y revolucionario Nikolai Ivanovich Kibalchich, especialista en substancias explosivas, que murió en el patíbulo por su participación en el atentado que costó la vida al zar Alejandro II en 1881, desarrolló la idea de la utilización de un aparato con motores a reacción para la realización de vuelos cósmicos.

Kibalchich, como Tsiolkovskii y otros muchos cosmistas rusos, pensaba que estaba próximo el tiempo en que los habitantes de la Tierra saldrían al cosmos e incluso se quedarían a vivir en él. Esa fe en la conquista del cosmos les sirvió incluso de soporte psicológico en momentos difíciles. En la cárcel, ya condenado a muerte y esperando su ejecución, Kibalchich dedicó sus últimos días a trabajar sobre su proyecto. El propio Kibalchich escribió: “Estando en la cárcel, a unos cuantos días de mi propia muerte, escribo este proyecto. Yo creo en la realización de esta idea, y esa fe me sostiene en mi terrible situación. Si después de su detenido estudio por los científicos especialistas, mi idea es tomada como realizable, entonces seré feliz por haber prestado un gran servicio a mi patria y a la humanidad”[CITATION CHE60 \p 82 \l 3082 ]. Cuando el Jefe de Policía de San Peterburgo vio los escritos de Kibalchich, ordenó que se guardaran junto con el expediente del condenado, ya que la lectura de los mismos no era conveniente porque podrían ocasionar “interpretaciones fuera de lugar”[CITATION CHE60 \p 86 \l 3082 ]. Las esperanzas de Kibalchich sólo pudieron cumplirse casi cuarenta años después, cuando su proyecto fue redescubierto en 1917 y publicado en la revista “Biloe” por el científico N.A. Ribin.

Fiodorov, Tsiolkovskii y Vernadskii, no sólo transmitieron sus conocimientos científicos y sus ilusiones, trasmitieron además sus concepciones solidarias y paternalistas y sus principios morales y éticos a las nuevas generaciones de investigadores. Un ejemplo importante de dicha influencia lo tenemos en la relación entre Tsiolkovskii y Chizhevskii[ CITATION CHI \l 3082 ]. Las ideas de estos hombres fueron retomadas por una generación de científicos entusiastas que pusieron su objetivo vital en la salida del hombre al cosmos y en los vuelos interplanetarios.

Tsiolkovskii representó el punto de encuentro de las ideas filosóficas cosmistas y el inicio de la investigación científica del cosmos. Su figura es clave porque dio el testigo a toda una pléyade de jóvenes investigadores que posteriormente fueron los precursores en el diseño y construcción de los ingenios voladores que permitieron la salida del hombre al cosmos. En unas declaraciones a los autores del libro Konstruktori, Koroliov decía: “Hace cuarenta años yo soñaba con volar en aviones construidos por mí mismo. Pero siete años después, tras mí encuentro con K. E. Tsiolkovskii, cuya conversación con él, como ya he dicho, tuvo una gran influencia sobre mí, decidí construir sólo cohetes. Konstantin Eduardovich nos asombró, ya entonces, a todos con su fe en la posibilidad de la navegación cósmica. Cuando nos separamos yo me fui con un sólo pensamiento: volar hacia las estrellas. Con un gran respeto recuerdo al segundo de mis maestros, quien también tuvo una gran influencia sobre mí, me refiero a Fridrij Arturovich Tsander. Nunca olvidaremos sus palabras: <<¡Viva el trabajo para los viajes interplanetarios al servicio de toda la humanidad! ¡Cada vez más y más alto, hacia las estrellas!>>»[CITATION ROM89 \p 15 \l 3082 ].

En 1926 fue reeditado el libro “Issledovanie mirovogo prostransva reaktivnimi priborami” (La investigación del cosmos con aparatos a reacción)12: en 1927 y 1929, respectivamente, fueron publicados los libros “Kosmicheskaia raketa” (El cohete cósmico) y “Kosmicheskie raketnie poesda” (Los trenes-cohetes cósmicos), todos ellos de Tsiolkovskii. En el último, por primera vez en el mundo, se desarrollaba la idea de un cohete cósmico por etapas. Por cierto que el entusiasmo que despertaron estas ideas dio lugar a la formación de numerosas organizaciones de carácter civil y aficionado, que incluso enviaban a los periódicos proyectos de aparatos voladores a reacción[CITATION Izv \l 3082 ], y a la edición, con tiradas increíbles, de numerosos libros sobre estos temas.

En el año 1923 apareció una reseña en la prensa rusa sobre la publicación en Alemania del libro Die Rakete zu den Planetenräumen (El cohete hacia el espacio interplanetario), del científico Hermann Julius Oberth. En dicho libro no se hacía ni una sola mención a Tsiolkovskii, por lo que el filósofo y científico ruso decidió volver a publicar su libro La investigación de los mundos espaciales con aparatos a reacción, que ya había publicado en el año 1903 [CITATION TSI \l 3082 ]. En aquellos años Tsiolkovskii se encontraba en la ciudad de Kaluga, así que acompañado por el entonces joven Chizhevskii decidió dirigirse al departamento de cultura de esa provincia. Allí le comunicaron que estarían encantados de editar el libro, pero que carecían de papel. Sin embargo, le dieron un valioso consejo al científico: “diríjase a la fábrica de papel de Kondorovskaia e imparta una conferencia a los trabajadores sobre un tema científico. Le ayudaran”. Tsiolkovskii, ya mayor, le pidió ayuda a Chizhevskii para que éste diera la conferencia. Los obreros escucharon con interés la ponencia y tras ella, reunidos en asamblea, decidieron fabricar “un poco más de papel”, el suficiente para la edición del libro. Y, efectivamente, Chizhevskii volvió a la ciudad de Kaluga con su preciada carga de papel[CITATION ARL61 \p 6-7 \l 3082 ].

Esta necesidad de conocimiento y la querencia por la ciencia del trabajador ruso tras la revolución es un capítulo especial apenas investigado. Ya en aquellos años llamaba la atención en el extranjero que el pueblo ruso se interesase tanto por la ciencia. En el año 1929 el matemático y divulgador científico soviético Yakov Isidorovich Perelman publicó un libro de divulgación científica con el título de Zanimatelnaia astronomiia (Astronomía entretenida). Cuando ya había sido impresa la sexta edición y la tirada total llegaba a los 47.000 ejemplares, el científico austriaco Max Valier no pudo contener su asombro y escribió a Perelman una carta en la que decía: “Me asombra que su libro vaya ya por la sexta edición con una tirada total de 47.000 ejemplares. Ni un solo autor en Alemania ha conseguido nunca eso. ¿Acaso el pueblo ruso se interesa tanto por esta problemática? ¿Es qué la población de la moderna Rusia tiene dinero para la compra de libros? ¿Son en Rusia los libros tan bratos, o es qué se reparten gratuitamente por el Estado a todos los interesados?[CITATION ARL61 \p 6-7 \l 3082 ]. Por cierto, Perelman murió de hambre en el año 1942, durante el terrible bloqueo alemán de la ciudad de Leningrado. En el año 1954 salió una nueva edición de su Zanimatelnaia astronomiia con una tirada de 100.000 ejemplares.

El científico entusiasta F.A. Tsander comenzó a trabajar sobre los vuelos interplanetarios en los años anteriores a la Revolución, aunque fue ya posteriormente, bajo el Poder Soviético, cuando consiguió el apoyo del Gobierno. Diseñó una nave en forma de cohete movida por un motor a reacción capaz de alcanzar velocidades cósmicas. Realizó experimentos con motores a reacción y a él pertenecen las primeras elaboraciones metodológicas en la construcción de naves espaciales y motores. Junto con su actividad investigadora realizó una no menos considerable actividad propagandística, popularizando entre la opinión publica la idea de los vuelos espaciales. A principios de 1920 tuvo un encuentro con Lenin, en el que explicó a éste la naturaleza de sus investigaciones y sus ilusiones para la construcción de una nave interplanetaria.

Tsander describió a L.K. Korneev, compañero y ayudante, el contenido de aquel encuentro con Lenin con las siguientes palabras: «Después del informe me llamaron a donde se encontraba V.I. Lenin. Yo estaba muy alterado. Pero V.I. Lenin me preguntó con tal sencillez y cordialidad sobre mis trabajos y mis planes para el futuro, que yo incluso abusé de su tiempo y con mucho detalle le conté sobre la marcha de mis trabajos y sobre mis ilusiones de construir a toda costa una nave cohete interplanetaria… Después V.I. Lenin, me preguntó: <> A lo que yo le contesté que sólo pienso en eso, ya que debo dar ejemplo. Al final de la conversación Vladimir Ilich me dio la mano con firmeza, me deseó éxitos en mi trabajo y me prometió apoyo»[CITATION KOR61 \p 14-15 \l 3082 ].

Yu.V. Kondratiuk13 fue otro de los científicos entusiastas y figura clave en el desarrollo de la investigación del cosmos. En su libro titulado Zavoevanie mezhplanetnij prostransv (La conquista de los espacios interplanetarios), sintetizó las ideas sobre el uso de cohetes y de la artillería en el lanzamiento y propulsión de las naves espaciales: “un cañón que dispara desde su interior un núcleo, el cual a su vez se convierte en cañón que dispara otro núcleo, el cual a su vez se convierte en cañón que dispara otro núcleo…”[ CITATION KON29 \l 3082 ]. En definitiva el sistema de fases que hoy domina en el lanzamiento de las naves espaciales. A él pertenece la idea de establecer satélites artificiales en la luna como bases intermedias para la comunicación interplanetaria. Los trabajos de Kondratiuk fueron también muy importantes en el ámbito de los combustibles, al proponer por primera vez el uso de combustibles sólidos (litio, aluminio, etc.).

Koroliov, Gluchsko o Yangel pertenecen a otra generación, a la de los “Constructores”, los hombres que diseñaron y pusieron en órbita los ingenios espaciales. El caso de Serguei Pavlovich Koroliov (1907-1966) es bastante significativo. Conoció personalmente a Tsiolkovskii en un viaje histórico de un grupo de jóvenes investigadores a la ciudad de Kaluga donde vivía el viejo sabio. En septiembre de 1938 fue condenado a 10 años de reclusión. En julio de 1940 envió una larga carta a Stalin en la que explicaba que había sido víctima de un complot que pretendía impedir la continuación de sus trabajos sobre motores a reacción. Continuó desarrollando sus investigaciones privado de libertad en un centro de investigación hasta que fue liberado en 1944 y, aunque fue recibido por Stalin en el Kremlin, y se convirtió en el Constructor Jefe de cohetes, no fue definitivamente absuelto de los cargos por los que fue condenado hasta 1957, año en que la Unión Soviética puso en órbita el primer Sputnik. Dos veces condecorado como Héroe Socialista del Trabajo, volvió a ingresar en 1953 en el PCUS. Durante toda su vida fue fiel al proyecto soviético y a su muerte, en 1966, fue enterrado en las murallas del Kremlin. Estos hombres estaban imbuidos del carácter moral de la ciencia como “hacedora” del bien, y cuando trabajaban en la salida al cosmos no lo hacían sino pensando en el bien que de dicha empresa se derivaría para la humanidad. Koroliov es hoy día uno de los referentes míticos de la cultura rusa y soviética. Su nombre forma parte del panteón de los héroes populares rusos junto a los nombres, entre otros, de Zhukov o Gagarin [ CITATION GOL94 \l 3082 ] y [ CITATION AST69 \l 3082 ].

Andrei Belii decía de Gogol y de sus personajes que sabían percibir, ver en el cielo, “algo”, y que tras ese algo los héroes de Gogol estaban dispuestos a volar al cielo, a salir al cosmos: «[Gogol] supo abrir el cielo con la poesía de su alma, e incluso, más allá del cielo vio algo, por lo que sus héroes se prepararon para correr y salir volando del mundo»[CITATION BEL94 \p 363 \l 3082 ].

Desde tiempos inmemoriales el hombre ruso percibió, sintió, vio algo en el cielo. Y al igual que los personajes de Gogol, después de un largo periplo, el hombre ruso, representado por las figuras de Yuri Gagarin y German Titov,14 salió al cosmos a la búsqueda de aquel algo gogoliano, marcando el camino a la humanidad para la realización de la “Causa Común”, para llevar a cabo las enseñanzas de Fiodorov: buscar el bien, solucionar los problemas de la humanidad, acabar con la muerte y resucitar, en un acto de suprema solidaridad, a todos nuestros antepasados.

V.

Como decíamos al principio, el bolchevismo como movimiento, como cultura, llevaba implícito un componente mesiánico y milenarista. Con ellos, el bolchevismo incluía el mito del eterno retorno y superaba la linealidad del tiempo newtoniano. A través de estos componentes el comunismo se veía como la vuelta a una arcadia feliz, al paraíso de la hermandad de los seres humanos, objetivo que se conseguiría gracias, entre otras cosas, a los poderes cuasi mágicos de la ciencia y de la técnica (recordemos el «bolchevismo tecnológico» de Platonov). La ciencia era parte activa de aquel mesianismo y tenía a su vez su propio impulso ético, fundamentado en parte, como ya hemos visto, por los valores éticos del cosmismo ruso y soviético. El componente humano de la ciencia, el hombre de ciencia, estaba también imbuido del mesianismo bolchevique. Unos cuantos días antes de su muerte, Tsiolkovskii escribió al Comité Central del Partido Comunista de Toda la Unión (bolchevique): «todos mis trabajos sobre aviación, navegación de cohetes y comunicaciones interplanetarias los entrego al partido de los bolcheviques y al Poder Soviético, auténticos conductores del progreso de la cultura humana. Estoy convencido de que ellos terminarán estos trabajos con todo éxito»[CITATION Pra \l 3082 ].

Ya hemos visto que el cosmismo fue uno de los componentes fundamentales del bolchevismo, pero no hay que olvidar la existencia de otros componentes, también fundamentales, de otros modelos de comunismo y de solidaridad que ya vimos al principio. Estos modelos se concretaron en proyectos políticos que tuvieron su expresión en diferentes dirigentes políticos: Bujarin, Trotski, Lenin, Stalin, Zinoviev, Kamenev, etc.

Otra cuestión importante del cosmismo ruso fue su carácter contradictorio: durante mucho tiempo fue un componente del bolchevismo y del proyecto soviético que se manifestaba de forma no consciente y que ponía de relieve una parte de la naturaleza del proyecto soviético que se trató de ocultar desde los otros componentes del bolchevismo, recurriendo sobre todo a un exagerado discurso materialista y marxista que degeneró hacia un marxismo vulgar exageradamente economicista.15

Por otro lado, fue relevante en el cosmismo ruso la ausencia de conflicto con el pensamiento y la tradición intelectual y científica de la Ilustración. Si analizamos el pensamiento europeo, vemos también la presencia de elementos mesiánicos y milenaristas que propiciaron la ruptura de una parte del pensamiento europeo con la tradición cultural de la Ilustración y que finalmente estuvieron en el sustrato cultural del fascismo y del nacionalsocialismo. En cambio, la tradición cultural rusa evitó esta ruptura. Ya los pensadores rusos del XIX que mantuvieron una actitud crítica con la cultura europea no renunciaron a ella, e incorporaron los rudimentos intelectuales de la Ilustración o del Romanticismo a sus elaboraciones intelectuales y al pensamiento ruso en general.16

El propio Lenin trabajó en la elaboración teórica de la ciencia para evitar la ruptura del bolchevismo con el racionalismo y la Ilustración, recordemos su libro Materialismo y empiriocriticismo[ CITATION LEN83 \l 3082 ].17 El bolchevismo, y todo el proyecto soviético, a pesar de su componente cosmista no negó en ningún momento la idea de progreso, bien al contrario, la idea de salida al cosmos llevaba implícita la idea de un futuro feliz (recordemos: el progreso humano propiciaría la resurrección de nuestros antepasados como acto de suprema solidaridad), y el industrialismo del que estaba imbuido el marxismo llevaba al comunismo, estadio de máxima felicidad para toda la humanidad, a través de un “camino luminoso” de progreso.18 La fuerza del bolchevismo radicó precisamente en la presencia de ambas tradiciones culturales, la ilustración europea y el cosmismo ruso.

La cultura occidental ha tenido serias dificultades, acentuadas por el conflicto ideológico que ha caracterizado a todo el siglo XX, para entender la naturaleza del sistema soviético y, en particular, para entender la convivencia de los componentes racionalistas, mesiánicos y milenaristas (tradicionales) en la vida intelectual de la URSS como parte a su vez del sistema soviético. La dificultad en la comprensión llevó a la trivialización y a la generalización de los conflictos que se producían en el seno del proyecto soviético. Cuando el curso de los acontecimientos no cuadraba con una explicación racionalista, se buscaba en ellos la mano negra del dictador, la deformación de la Revolución, o en última instancia se recurría a la «enigmática alma rusa».

El caso Lysenko, por poner sólo uno de los ejemplos más conocidos, fue interpretado en la bibliografía occidental como el conflicto entre el poder autoritario e ideocrático y la ciencia. Contra la evidencia de los hechos, en aquel conflicto se quiso ver un capricho de Stalin quien, con la supuesta tozudez de todo dictador, se enfrentaba a la evidencia de los resultados de la investigación científica en el campo de la genética. Sin embargó, se obvió un extraño hecho: la inmensa mayoría de la comunidad científica soviética apoyaba a Lysenko. La idea principal de éste era que se podían heredar los caracteres adquiridos gracias a la razón y al trabajo humano. Este transformismo dinámico se correspondía plenamente con el mesianismo que en aquellos momentos era dominante en la ciencia soviética y enlazaba con las ideas de los viejos filósofos cosmistas: Dios, a través del trabajo del hombre, perfeccionaba la Creación, la completaba. Este componente no marxista, no racionalista y por supuesto no oficial pero que era dominante en el pensamiento soviético, influyó de manera determinante en todas las esferas del conocimiento en la URSS.

En la segunda mitad de los años cuarenta tuvo lugar en la URSS una campaña contra el «antipatriotismo» y contra el «cosmopolitismo». Como en el caso Lysenko, la sovietología occidental sólo vio en aquellas campañas una manifestación de la naturaleza dictatorial del estalinismo. Nadie puede negar la naturaleza totalitaria y paternalista del estalinismo. Pero es prácticamente desconocido el hecho de que aquellas campañas tuvieron su soporte en un amplio consenso social, y que incluso fueron alentadas por la gran mayoría de la intelectualidad soviética. El renombrado científico P.L. Kapitsa, envió durante años cartas a Stalin. En una de ellas, enviada en 1946, decía: «Una de las principales causas de la deficiente situación de la ciencia patria reside en la infravaloración de lo nuestro y en la hipervaloración de las fuerzas extranjeras … Es imprescindible tomar conciencia de nuestras fuerzas creadoras y de nuestras posibilidades … Podemos hacer esto con éxito, sólo … cuando comprendamos, por fin, que el potencial creador de nuestro pueblo no es menor, e incluso mayor, que el de los demás y que podemos resueltamente apoyarnos en él»[CITATION KAP89 \p 248 \l 3082 ].

Vadim Kozhinov, filólogo, historiador, escritor y crítico literario, estuvo estrechamente vinculado con Mijail Bajtin, una de las grandes figuras de la cultura rusa de estas últimas décadas. Kozhinov fue en su momento un destacado crítico del sistema soviético, miembro de la generación de los sesenta, ha tratado con profundidad este tema y afirma: «Hay que aceptar, que en esta <<campaña>> tuvieron lugar excesos y exageraciones, pero en su conjunto fue imprescindible, esencial y fructífera. Hay fundamentos para suponer, que si entonces no hubiese tenido lugar, según las palabras de Kapitsa, «la toma de conciencia de las fuerzas creadoras patrias», hubiese sido poco probable que siete años después, en 1954, en la URSS, se hubiese construido la primera central atómica de la historia, o que en 1957 nuestro país fuese el primero en salir al espacio cósmico»[CITATION KOZ99 \p 262 \l 3082 ].19</campaña>

A partir de los años 60 los componentes racionalistas empezaron a ocupar posiciones determinantes en ciertas áreas del pensamiento soviético. Más tarde, en los años de la perestroika este componente racionalista, imbuido de un mesianismo en este caso eurocentrista, se convirtió en dominante entre la comunidad científica soviética. Sin abandonar su viejo componente mesiánico, la ciencia soviética se lanzó de lleno a la justificación de los cambios, dando una supuesta base científica al establecimiento del modelo de sociedad liberal occidental en Rusia. Aquellas actitudes supusieron un brusco giro con respecto a la actitud históricamente mantenida por la ciencia rusa y soviética hasta aquellos momentos. Pero este es otro tema que necesita de su propio y particular desarrollo. Queda, pues, pendiente para otra ocasión.

Antes de terminar es necesario indicar una cuestión importante: el contenido de este trabajo no pretende establecer una valoración positiva o negativa del proyecto soviético. No es esta la intención ni tampoco es el lugar. Esta advertencia, que debería ser innecesaria, y que habitualmente lo es cuando el objeto de estudio es otro, es, sin embargo, oportuna aquí, toda vez que el proyecto soviético se ha caracterizado durante su existencia, y después de la misma, por una acentuada disputa ideológica que inmediatamente creaba dos campos: los que estaban a favor y los que estaban en contra. Aquí se ha tratado de ampliar el conocimiento de la naturaleza de la ciencia soviética, de sus soportes éticos, lo que a su vez puede aportar luz al conocimiento del proyecto soviético en general, del que por cierto, hasta ahora sólo se conocen los fragmentos de una verdad que la sovietología occidental ha pretendido presentar como absoluta.


Publicado por primera vez en la revista
ÁBACO -Revista de Cultura y Ciencias Sociales- en el monográfico dedicado al
250 Aniversario del Discurso de las Ciencias y las Artes de Rousseau.
Ciencia, Tecnología y Sociedad Industrial
Segunda época. Número 27-28/2001. Páginas 147-166.
Ligeramente revisado en octubre de 2017 para la edición de LA REVOLUCIÓN DE LOS OTROS. Imperialismo, Octubre, los bolcheviques y la ética soviética
El Viejo Topo. Barcelona 2018

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1 La Ilustración realizó una reconstrucción de la historia europea (y no sólo europea) dominada por una acentuada animadversión hacia el pasado. Creó y construyó mitos y tópicos que con el tiempo han sido asumidos como verdades por la propia cultura europea. Sobre este tema pueden verse, entre otros:[ CITATION HEE95 \l 3082 ] y [ CITATION RUÍ84 \l 3082 ].

2 Sobre la presencia del componente milenarista en el movimiento obrero y campesino pueden verse, entre otros:[ CITATION BRE62 \l 3082 ], [ CITATION DÍA73 \l 3082 ] y [ CITATION HOB68 \l 3082 ].

3 El concepto «cosmismo» no es habitual en la lengua española. Su utilización en este trabajo proviene de la traducción directa del concepto en lengua rusa космизм = kosmizm, el cual proviene de космос = cosmos, a su vez del griego kosmos. La traducción de la palabra kosmizm por cosmismo en español se ha realizado siguiendo el modelo habitual para las palabras que en ruso terminan en «izm» (kommunizm = comunismo, sotsializm = socialismo, nigilizm = nihilismo, panslavizm = paneslavismo, etc.). Para sus derivados se ha seguido una regla similar, así para los filósofos que han desarrollado esta corriente del pensamiento ruso o que se han considerado miembros de la misma, hemos utilizado el concepto de cosmistas, lo mismo que para los seguidores del comunismo se utiliza el de comunistas o para los seguidores del paneslavismo el de paneslavistas.

4 Concepto compuesto por las palabras Бог (Bog = Dios) y Человечество (Chelovechestvo = Humanidad). Teohumanidad. Viene a significar la naturaleza divina y humana de Cristo. En la filosofía rusa esta categoría tuvo una importancia fundamental en la obra de numerosos autores, e incluso fue el soporte principal del modelo antropológico propuesto por diversas corrientes filosóficas rusas, como fue el caso de los euroasiatistas quienes, frente al individualismo occidental, propusieron la «Personalidad Sinfónica» de Karsavin. Puede consultarse:[ CITATION BUL97 \l 3082 ], [ CITATION BUL94 \l 3082 ], [ CITATION KAR92 \l 3082 ] y [ CITATION SOL89 \l 3082 ].

5 Categoría filosófica que expresa la unidad orgánica del ser universal. Concepto fundamental de la filosofía rusa en el que se puede apreciar la influencia de la filosofía romántica europea. Está compuesto por las palabras Все (Vse = Todo) y Единтсво (Edinstvo = Unidad) y puede ser traducido como la Unidad de Todo, la Unidad Total, la Unidad Global, etc. Esta categoría filosófica está presente en los trabajos de la gran mayoría de filósofos rusos. Además de en sus obras, puede encontrarse una interesante reflexión sobre “Vseedinstvo” en[ CITATION ZEN89 \l 1049 ].

6 Философия Общего Дела (Filosofiia Obshego Dela). Concepto formado por las palabras Общий (Obschii = común, general, global, total, etc.) y Дело (Delo = asunto, causa, acción, arte, industria, etc.) Filosofía del Asunto Común, de la Acción Común, de la Causa Común, pero uniendo el sentido de asunto y el de acción en el de Hacer Común, en el sentido de construcción en común, por todos y para todos. Ver:[ CITATION FIO95 \l 3082 ]

7 Piotr Yakovlevich Chaadaev (1794-1856). Figura clave de la filosofía y del pensamiento ruso. En sus escritos están presentes la crítica a Rusia, la admiración por la cultura occidental y el reconocimiento del carácter singular de la cultura rusa y la presencia de un elemento «asiático» en su naturaleza. Sus trabajos marcan el inicio de la división del pensamiento ruso entre eslavófilos y occidentalistas.

8 El propio L. Tolstoi fue anatemizado y condenado por la Iglesia Ortodoxa rusa por sus ideas heréticas.

9 Andrei Platonovich Platonov (1899-1951). Escritor soviético cosmista directamente influenciado por los escritos de Fiodorov, como él mismo reconoció en multitud de ocasiones. Sus obras son la expresión, bella y terrible, del mesianismo cosmista bolchevique. En ellas, el hombre construye el comunismo transformando la naturaleza con la ayuda fundamental de la ciencia. Así, en su obra Iuvenilnoe more, sus protagonistas tratan de establecer el «bolchevismo tecnológico» en el koljoz «Roditelskij Dvorikaj» y en el resto del «espacio terrestre conocido». Sus obras principales (Iuvenilnoe more, Kotlovan, Gosudarstvennii zhitel, Reka Potudan, Chevengur, etc.), han sido reeditadas en varias ocasiones en los últimos años, ver:[ CITATION PLA88 \l 3082 ], [ CITATION PLA98 \l 3082 ], [ CITATION PLA95 \l 3082 ], [ CITATION AAV95 \l 3082 ] y [ CITATION VIU95 \l 3082 ].

10 Евразийство = Evraziistvo, procede del concepto Евразия = Evraziia (Eurasia). Concepto poco conocido, y por ello poco usado, en la literatura española especializada sobre Rusia o la URSS. Se ha traducido al español como EUROASIATISMO, EURASIATISMO o EURASISMO, define al movimiento filosófico, político y cultural que se formó en Rusia y en una parte importante del exilio intelectual que abandonó Rusia (la URSS) tras la Revolución de Octubre y la Guerra Civil. Su primer manifiesto fue el libro Isjod k Vostoku (El éxodo hacia Oriente), escrito por varios autores y publicado en Sofía en 1921. Rusia es considerada como una cultura específica que reúne en su interior, de manera orgánica, elementos de Oriente y de Occidente. A diferencia de los eslavófilos, los euroasiatistas acentúan los componentes orientales, turcos, de la cultura rusa y sobre todo resaltan el periodo tártaro-mongol en la historia rusa, en la medida que permitió por primera vez la manifestación del tipo cultural euroasiático como una totalidad y posibilitó la conservación de la cultura rusa frente al expansionismo de la cultura europea occidental. También, a diferencia de los eslavófilos, realizaron una severa crítica del eurocentrismo dominante en la cultura Occidental. En este contexto teórico, la Revolución de 1917 fue valorada como el principio de una nueva época en la cultura rusa que supondría la salida de Rusia de un mundo extraño para ella, como era el mundo europeo occidental, y la entrada definitiva en un proceso de evolución histórica particular. En este trabajo, evraziistvo ha sido traducido como euroasiatismo y de él, derivados como el de euroasiatista para definir a personas pertenecientes o identificadas con dicho movimiento (como de paneslavismo, paneslavista).

11 Sobre este autor se publicaron en 1995, en una edición muy cuidada, dos voluminosos libros. Uno recoge una parte de sus trabajos científicos[ CITATION CHI95 \l 3082 ]. El otro recoge sus memorias[CITATION CHI \l 3082 ]. En este último queda muy bien recogida la relación que Chizhevskii mantuvo con Tsiolkovskii.

12 La traducción literal de «mirovogo prostransva» al español sería la de «espacio mundial», algo que no tiene demasiado sentido y que además representa una contradicción con el concepto de cosmos habitualmente utilizado por Tsiolkovskii. Mirovoi procede de Mir, una de las palabras claves de la lengua rusa. Esta palabra significa: el mundo, la comunidad campesina, la paz, la sociedad humana, todas las gentes, la tranquilidad, el silencio, etc., etc. En relación con nuestro tema, Mir significa la totalidad de todas las formas de la materia y del espíritu en la tierra en particular y en el espacio cósmico en general.

13 Kondratiuk fue oficial blanco en la Guerra Civil. Herido, fue curado en un hospital del Ejército Rojo, donde tomó la documentación de un oficial bolchevique que murió en el mismo hospital cerca de su cama.

14 La personalidad de los cosmonautas soviéticos, en especial de los primeros, es también un reflejo del contenido moral y ético de la ciencia soviética. Su estudio queda abierto para un trabajo posterior. Solamente recordar, a modo de pequeño homenaje, que el 20 de septiembre pasado, moría German Stepanovich Titov, el “cosmonauta número dos del planeta tierra». Titov nació el 11 de septiembre de 1935. Ingresó en el Ejército Soviético en 1953. Era piloto con destino en la región militar de Leningrado cuando fue seleccionado para formar parte del primer grupo de pilotos cosmonautas. Cuando Koroliov eligió a Gagarin como primer cosmonauta, Titov fue elegido como su “doble”. Debía estar preparado para sustituir a Gagarin en cualquier momento. El vuelo de Gagarin fue en abril de 1961 y sólo unos meses después, en agosto de 1961, Titov protagonizó el “segundo” vuelo cósmico, el cual se prolongó durante 25 horas y 18 minutos, girando alrededor de la tierra 17 veces. Fue condecorado como Héroe de la Unión Soviética y fue nombrado Piloto Cosmonauta de la URSS. Acabó la Academia Militar del Aire y en 1972 la Academia Militar de Estado Mayor. Doctor en Ciencias Militares, presidió numerosas comisiones estatales para la prueba y aceptación de nuevos modelos de armamento y de tecnología cósmica. Fue Subjefe de las Fuerzas Armadas Cósmicas y alcanzó la graduación de General-Coronel del arma de Aviación. Fue también Diputado del Soviet Supremo de la URSS. Sintió la destrucción de la URSS como un drama personal, renunciando a sus cargos oficiales y abandonando el servicio activo en el Ejército como señal de protesta. Posteriormente, en 1995, fue elegido diputado a la Duma Estatal de la Federación de Rusia en circunscripción unipersonal, ingresando en la fracción parlamentaria del Partido Comunista de la Federación de Rusia, más tarde, en 1999, fue nuevamente elegido Diputado a la Duma Estatal en las listas del Partido Comunista de la F.R. [CITATION Sov00 \l 3082 ] y [CITATION Sov \l 3082 ].

15 Ya Gramsci realizó una profunda crítica del manual sobre materialismo histórico realizado por Bujarin. El propio Stalin, por paradójico que parezca, fue contrario a la vulgarización del marxismo y a la elaboración de manuales divulgadores sobre materialismo histórico. Aunque en vida de Stalin fueron debatidos varios proyectos para la elaboración de un manual de materialismo histórico y creadas varias comisión de estudio, éste se resistió y sólo después de su muerte se dio luz verde a tales proyectos. Sólo entonces el materialismo histórico vulgarizado en los manuales de divulgación se convirtió en el “ismat” (esta palabra proviene de la unión de las iniciales de las palabras istoricheskii materializm = materialismo histórico), el dogma seudo científico oficial para analizar e interpretar la realidad. Las consecuencias sobre la vida intelectual de la URSS pudieron observarse de forma directa en la crisis de la intelectualidad soviética durante la perestroika. No en vano, unos años antes de la perestroika Andropov había manifestado que… “no conocemos la sociedad en la que vivimos”.

16 La incorporación del pensamiento racionalista a la cultura rusa dio lugar a un proceso significativo: la ausencia de conflicto entre la ciencia y la religión. Mientras que en Europa, como consecuencia de la Revolución científica, se produjo una ruptura entre ciencia y religión, en Rusia observamos que incluso no existe un debate que planteé la posibilidad de tal ruptura.

17 La obra de Lenin Materialismo y empiriocriticismo, fue escrita entre febrero y octubre de 1908 y editada en mayo de 1909. Son numerosas las ediciones posteriores de esta obra y también sus traducciones al español. Aquí se cita una de las últimas ediciones (quizá la última) del Instituto de Marxismo Leninismo adjunto al Comité Central del PCUS.

18 “Camino luminoso al comunismo” fue un nombre muy usado en la Unión Soviética para nombrar empresas, colectivos de trabajo, koljoz, etc. Incluso hoy día, cuando los koljoz han sido obligados a convertirse en supuestas sociedades anónimas, la gran mayoría conserva sus antiguos nombres, lo que ha dado lugar a pintorescas denominaciones como la de… “Sociedad Anónima Camino Luminoso al Comunismo”.

19 Como dato curioso, señalar que la primera central atómica a la que hace referencia la cita de Kozhinov fue construida en las instalaciones que en su día ocupó una de las Casas de Niños Españoles en la URSS. En junio de 1937, en un tren especial procedente de Leningrado, llegaron a la estación de Obninsk 500 niños españoles que fueron alojados en un centro educacional que con otros fines el Comisariado Popular de Educación de la RSFSR había empezado a construir en el año 1936. En un principio las instalaciones donde fueron alojados los niños españoles funcionó como un centro de rehabilitación especial para ellos. Más tarde, en noviembre de 1937, este centro fue convertido en la Casa de Niños Españoles número 5. Como tal funcionó hasta que el avance de las tropas alemanas en 1941 obligó a la evacuación de los niños españoles a la orilla izquierda del río Volga. Tras la guerra las Casas de Niños Españoles fueron reorganizadas y la casa Número 5 no volvió a ubicarse en sus antiguas instalaciones. Posteriormente, en 1946, en los edificios de la antigua Casa de Niños fue creado un laboratorio de investigación atómica que más tarde recibió el nombre de Instituto Físico-Energético, cuyos resultados dieron lugar a la puesta en marcha de la primera central atómica del mundo el 26 de junio de 1954 y que estuvo en funcionamiento hasta su cierre el 29 de abril de 2002. Primero la Casa de Niños Españoles y posteriormente el centro de investigación científica sirvieron como núcleo para la creación de la ciudad de Obninsk, que en su día fue la primera ciudad científica de la URSS. En el año 1946 la población en la proto-ciudad era de 125 personas. En junio de 1956, cuando le fue otorgado el status de ciudad la población era ya de 3.774 habitantes. En 1989 llegó a las 100.178 personas y en 2017 a las 113.639. Esta ciudad es un claro ejemplo de la gran cantidad de ciudades que se desarrollaron en la URSS alrededor de un proyecto científico o industrial y que fue construida, en lo estrictamente urbano, a partir de planes específicos desarrollados por centros de investigación, planificación y desarrollo urbano creados para estos fines en la URSS. En la actualidad esta ciudad-científica es un gran centro universitario y uno de los centros mundiales más importantes en la investigación atómica siendo quizá el más avanzado en la investigación y aplicación de técnicas de radiología.

Memorias de espartania

Crítica de “MEMORIAS DE ESPARTANIA”: los ecos de un pueblo que una vez existió

Pepe Marín

 

Pinta tu aldea, y pintarás el mundo

(LEON TOLSTOI)

Este pueblo está lleno de ecos. Tal parece que estuvieran encerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras. Cuando caminas, sientes que te van pisando los pasos. Oyes crujidos. Risas. Unas risas ya muy viejas, como cansadas de reír. Y voces ya desgastadas por el uso. Todo eso oyes. Pienso que llegará el día en que estos sonidos se apaguen (…). Y lo peor de todo es cuando oyes platicar a la gente, como si las voces salieran de alguna hendidura y, sin embargo, tan claras que las reconoces.

(Juan Rulfo, Pedro Páramo)

 

Los pueblos se han ido conformando en el marco de territorios habitados de sus propias historias y creencias, mantenidas en el tiempo en el imaginario colectivo de sus pobladores. En los territorios de los pueblos anidan sueños y suceden experiencias que los distinguen de otros, todo un acervo identitario que dota a cada pueblo de un perfil propio, de un distintivo tejido a lo largo de los años de superpuestas señas de identificación colectiva, donde las singularidades individuales y familiares se diluyen y refuerzan el sentimiento de pertenencia común.

En el territorio de Espartania hubo un pueblo lleno de voces obreras que fue protagonista de su historia, tallada “golpe a golpe, verso a verso” por manos encallecidas y corazones ardientes, un pueblo que después de siglos de estar secularmente subyugado por los poderosos se descubrió a sí mismo como un agente histórico que podía tomar las riendas de su destino y escribir las páginas de su propia historia. Aquel despertar de la conciencia popular coincidió en aquel territorio con el redescubrimiento del potencial económico de una planta milenaria que había estado allí  desde tiempos inmemoriales, una humilde planta, el esparto, “stipa tenacissima” en terminología de los botánicos, una hierba perenne resistente a sequías y fenómenos meteorológicos de todo tipo, que no necesitaba más cuidados que su recolección anual para  dejar paso a las nuevas hojas que retallaban cada primavera en las atochas diseminadas por los montes del lugar.

Desde finales del siglo XIX fue surgiendo en torno al esparto una protoindustria que pobló aquel territorio de pequeños y medianos centros fabriles, lo que propició un rápido proceso de transformación de la clase campesina en clase obrera, una nueva clase social que se constituía en sindicatos de defensa y apoyo mutuo, al tiempo que en el mundo agrario se produjo el efecto mimético de la sindicación de los jornaleros. En la emergente industria de la espartería aparecieron nuevos denominaciones de oficios: las mujeres obreras eran “picaoras” y “trenzadoras de lías”, los niños obreros eran “menaores”, y los hombres “hilaores” y “rastrilladores”, como oficios más comunes.  Había también un oficio híbrido, entre industrial y agrícola, los llamados simplemente “esparteros”, que eran los jornaleros dedicados a la recolección del esparto en el monte. Aquella industria, sometida a los vaivenes del mercado, no garantizaba trabajo durante todo el año, por lo que los obreros volvían periódicamente a  ser jornaleros agrícolas, generándose un tránsito de influencias mutuas entre ambos mundos. Todos ellos, sometidos a condiciones de trabajo de explotación, fueron sobre quienes se fraguó en este territorio la travesía desde la sociedad rural de amos y siervos del antiguo régimen a la sociedad contemporánea de clases de burgueses y obreros.

El esparto, desde entonces, desbancó en aquel territorio a otras señas naturales de identidad, y ambos quedaron vinculados durante muchos años, pudiendo muy bien haberse llamado “Tierra de Espartania”. Cieza fue el núcleo de población más importante de la zona, y junto a él se erigieron la mayor parte de las fábricas de esparto de todo el país, desarrollando una gran fuerza de atracción para las poblaciones rurales limítrofes. Aquellas tierras, que desde la antigüedad tuvieron un marcado carácter fronterizo al ser cruce natural de rutas peninsulares y caminos regionales, acogieron en la primera mitad del siglo XX a familias enteras que se trasladaron hasta allí en busca de una vida algo mejor. Cieza se convirtió en el punto de encuentro intercultural de viejos y nuevos pobladores del lugar, un crisol donde sobre el subsuelo de historias y creencias campesinas se vertieron los nuevos sueños y experiencias de emancipación de la clase obrera, dando lugar a una identidad en la que la tenacidad y dureza del esparto era la estampa más simbólica de los nuevos tiempos.

Fue una etapa histórica muy densa, durante la cual ocurrieron muchos sucesos decisivos en el devenir de este territorio. Hubo un gran crecimiento demográfico por efecto de la inmigración interior, y asimismo una gran intensificación de organizaciones obreras, que se dotaron de locales y periódicos desde donde divulgar las doctrinas socialistas y libertarias. Hubo una primavera política truncada antes de tiempo, la Segunda República, cuyos propósitos democráticos y de justicia social no pudieron culminarse, un proyecto político nacido para la superación del atraso secular del país que se vivió intensamente en Espartania. Aquel proyecto fue salvajemente abortado por un golpe militar de inspiración fascista, que provocó una terrible guerra civil en la que los militares sublevados se alzaron finalmente con la victoria tras tres años de lucha desesperada del pueblo. Y después de la derrota, vino una aún más terrible postguerra de encarcelamientos, muerte y represión de las clases trabajadoras, unos años muy duros que paradójicamente fueron para la industria del esparto una nueva coyuntura de expansión, propiciada por las políticas de autarquía del primer franquismo ante el aislamiento internacional de la Dictadura de Franco hasta mitad de los años 50. Aquel nuevo impulso del esparto, convertido en “fibra nacional” de la nueva España franquista, bajo un régimen político fascista que suprimió los sindicatos obreros, sirvió para el enriquecimiento de los industriales y para el incremento de la explotación de los trabajadores, desprovistos de sus líderes obreros (muertos, encarcelados o exiliados). Pero fue un impulso económico efímero, porque a partir de la segunda mitad de los años 50, los nuevos planes de liberación económica de la Dictadura permitieron la importación de fibras textiles exóticas más baratas, así como de nuevas fibras químicas, lo que provocó que en muy pocos años toda la industria espartera quedase prácticamente desmantelada, dando lugar a la diáspora de sus trabajadores hacia zonas industriales del país o hacia Europa. El territorio de Espartania desde los años 60 sufriría un proceso de despoblamiento, tanto físico como moral. No solo disminuyó el censo de habitantes, sino que también se apagó la fragua en la que se seguían manteniendo encendidas las historias y creencias de aquel pueblo fronterizo que lo habitaba, que había encontrado en la cultura del esparto su seña más identitaria.

“Memorias de Espartania” es la crónica de una familia campesina originaria de tierras limítrofes, que los azares de la vida trajeron a este territorio de frontera. Toda familia guarda una historia propia integrada por múltiples microhistorias, que se incardinan en historias más universales. Y toda familia debería tener algún vástago que elaborara el relato épico de sus avatares, que recreara su historia para recordar a sus héroes y antihéroes, y así poder inmortalizar las memorias heredadas de sus antepasados y de la vida misma.

Es lo que ha hecho Antonio Fernández, el nieto de Antón el Rojo y de Amalia Jesús, un matrimonio de campesinos con poderes mágicos (él era un minero con “ojo mágico” para colocar barrenos en su justo lugar, y ella quitaba el “mal de ojo”), que tras la derrota de la guerra civil buscaron nuevos horizontes y  se trasladaron a las vecinas tierras de Espartania con su familia numerosa y su acopio inmaterial de historias y recuerdos. Su crónica familiar viene estructurada en diez capítulos en cada uno de los cuales aparece como eje uno de los miembros más significados de la familia o un personaje invitado que tiene relevancia en la historia. Los personajes principales comparten páginas con otros personajes aparentemente secundarios que tienen su propia historia y sirven de contrapeso al hilo conductor del relato. Todos los personajes, que darían para una prolija “dramatis personae” de la trama, son presentados combinando los recuerdos, el subjetivismo y la fabulación en el contexto de su tiempo. Cada capítulo se  compone de  historias  fragmentadas del recorrido vital de los héroes y antihéroes retratados, que vienen contextualizadas en diferentes momentos de este azaroso tiempo de la historia de España que transcurre desde finales del siglo XIX, con las noticias sobre su bisabuelo Ramiro Valera en el caserío de El Rollo, hasta los años 60 del pasado siglo con los recuerdos de su abuelo Justo Zurrón y las noticias de los últimos días del esparto y los inicios de la agricultura mecanizada, cuando aquella historia inicial empieza a alejarse de sí misma. No falta algún que otro anacronismo fantasioso para imaginar sucesos deseados que nunca existieron, como la supuesta proclamación de la República Socialista Soviética de Cieza en octubre del 34, al calor de la Revolución de Asturias; o para sugerir nuevas versiones de hechos históricos sembrados de dudas (como la muerte casual de Durruti, presenciada por personajes de la novela).

La memoria familiar, trasmitida oralmente de padres a hijos y de abuelos a nietos, y la imaginación del autor han cristalizado en unos condensados diez capítulos con interrupciones cronológicas, escritos con un lenguaje conciso y evocador, muy descriptivo, donde hay presencia de giros y expresiones del habla lugareña, no faltando tampoco la presencia de una halo poético en alguno de sus pasajes. Como ha dicho un entusiasta comentarista de esta novela (Huerga Melcón), las páginas de este libro “mantienen un sordo rumor de verdad y belleza”.

A lo largo de estos capítulos hay una marcada intención de destacar la conciencia obrera de sus principales protagonistas, que son descritos como “hombres de ideas”, resaltando su amor por la cultura (el abuelo Antón “siempre decía que la salvación de los trabajadores estaba en saber leer y escribir” y, aunque analfabeto, “se sabía de memoria muchos pasajes completos del Quijote”), así como su espíritu de solidaridad (el abuelo Justo Zurrón, un labrador conservador, ayudaba con comida y ropas a los soldados de la República en desbandada tras la derrota), de fidelidad a sus ideales, de lucha (“después de los amargos momentos de la derrota del 39, le gustaba repetir que aunque había sido derrotado, él nunca se había rendido”, escribe de su abuelo Antón) y de resistencia (al acabar la guerra, padre e hijo entierran las armas en un paleral, episodio del que queda “solo el recuerdo mítico en la familia como símbolo de una resistencia”). El sentimiento de pertenencia a la familia se vincula al mantenimiento de unos pilares morales para poder confiar en ellos y guiar las relaciones interpersonales, aunque a veces se produzcan desencuentros en la manera y modo de plasmar esos ideales.

El mundo del esparto aparece como telón de fondo de algunos de los escenarios donde transcurren ciertos pasajes de la novela, citando nombres de algunos obreros. Están el Julián el Pancharrica, el Carudo y Manolico Ratón, jóvenes esparteros que fueron los tres primeros ciezanos que se alistaron como voluntarios en los primeros días de la guerra, y Julián el primer miliciano republicano ciezano muerto en el frente. Está Manuel el Veintiuna, un espartero que hizo “porra” (huelga) en el monte. Y Carmencica la Pulguina, joven picaora, a la que un mazo le aplastó la mano derecha, organizándose una huelga de solidaridad para que el empresario se hiciera cargo de la baja laboral. Y Consuelo la Sietededos, picaora también, veterana de la CNT, que perdió tres dedos de una mano. Y Pascual Poyatos el Cañagueca, maestro hilaor, uno de los líderes de UGT…

Hay personajes entrañables para el autor, aparte de sus abuelos, abuelas y tíos, que son tratados con especial ternura y respeto. Está Manuel, el joven ciego que quiso ir al frente. Pepe Mirolo, ugetista, uno de los líderes del Consejo Unificado de la Espartería, que gestiono la industria espartera en los años de guerra. Y Gigonés, el carpintero cenetista. El capitán Américo Cardona, comunista, que se enfrentó a los planes de rendición del Coronel Casado. Irina, la joven brigadista rusa que hablaba español e hizo de intérprete desde el Destacamento de Tanques de la URSS concentrados en Archena, y su enamorado Antonio, maestro de escuela de la saga de los Varela. Y los resistentes comunistas que volvieron a encontrarse en los años 60 después de pasar por varias cárceles: Paco Peralda, Pedro Abarcas y Paco Montillo, aquel ferroviario que participó en la organización de la resistencia francesa y se unió a los maquis.

Entre las páginas de la novela se cuelan también personajes estrafalarios de diverso signo. Juanico Mataburras, un joven minero que murió en el frente, llamado así porque efectivamente despeñó un burro que le daba mordiscos y coces. Don Dionisio, el testarudo cura Zorro, que usaba pistola y que  desde el púlpito de la parroquia no cesaba de provocar a los partidos de izquierda y a los sindicatos obreros. El también cura Don Simplicio que ponía penitencias imposibles. Y Bartolico el Loco, una alma cándida e ingenuo exhibicionista, al que le gustaba asustar a la gente anunciándole que morirían al día siguiente.

Hay personajes anecdóticos, como Gonzalo Almonacid y Manolo el Pelao, que se atribuyeron la autoría de lanzar los torpedos que hundieron el crucero Baleares de los golpistas. Paco el Periquito, un republicano dicharachero, que pudo escapar al exilio hasta Argelia, Francia y finalmente Méjico, no regresando a España hasta principios de los años 80. El policía municipal el Rojo de la Colorá, que confundió la Casa Consistorial con un prostíbulo. Paco el Cigala que dijo haber tenido una aparición milagrosa en la pared de una ermita y anunció a todos los vecinos una nueva aparición en fecha cierta, acudiendo una multitud que nada vio. Y Juan Semitiel el Maeza, un joven falangista hijo de agricultores que se alistó con la División Azul, y cayó herido en Rusia, donde finalmente se quedó a vivir y se casó, y que regresó a Cieza en 1973, escandalizando a autoridades del régimen y a sus antiguos correligionarios al declarar a la prensa que se encontraba muy a gusto en Rusia.

Otros personajes son tratados con desprecio, como Adriano Avellano, el hijo del Follamozas, un siniestro personaje, hijo bastardo de un señorito y una criada, que finalmente se hizo con la herencia de su padre, convirtiéndose en un déspota con los mismos obreros que lo habían protegido en su infancia. O Eulogio Parra, el Gato Periquito, miembro del somaten, jefe local de Falange y alcalde de Cieza. O el fotógrafo Vicente Guardiola Ferrer, que se hacía pasar por comunista y fue delator de personas de izquierda ante las autoridades golpistas.

Hay otros personajes desubicados en aquellos tiempos de zozobras. Como Pepito Téllez, un abogado y político de derechas, que emprendió negocios y se arruinó por dar trabajo a los obreros, y a quien sin embargo una turba incontrolada de exaltados le dio una muerte atroz en la cárcel de Cieza donde estaba retenido, quemando su cadáver junto a otros tres más de personas de derechas de escasa significación. O Don Pedro Jiménez, el tío Pitillo, un liberal y rico terrateniente, cuyo hermano, Gobernador Civil en Huelva, fue víctima de los golpistas, que emprendió transformaciones agrícolas con nuevos regadíos dando ocupación a buen número de obreros de izquierda excarcelados. O Raimundo Zurrón, cacique los terratenientes y cliente habitual de los burdeles de La Chata y de la Roja.  Y personajes más oscuros, como Pepico Ciempiés, que de monaguillo en su infancia, terminó asesinando al cura Zorro que lo había educado, y cortándole las orejas, que hizo comer a los que estaban de tertulia en un bar frecuentado por gentes de derechas.

Hay también presencia de seres fantásticos, como el “lameor”, un extraño animal nunca visto que atacaba a los hombres mientras dormían, y nunca despertaban; o como la misma abuela Amalia Jesús, que nació con “gracia” y curaba con sus preces y hierbas dolores del cuerpo y males del espíritu.

“Memorias de Espartania” no es una crónica histórica, sino una crónica novelada, donde se relata no tanto lo que sucedió, como lo que pudo suceder, o por lo menos, en ausencia de datos fidedignos, lo que le habría gustado al autor que hubiese sucedido. El relato es una mixtura compleja y enredada de recuerdos familiares, sucesos históricos y elementos fabulados que se van entretejiendo de forma combinada, sin que sea fácil detectar siempre el tránsito de lo real a lo fantástico. El punto de partida de la historia se ramifica en sucesivas historias fragmentadas con planos que a veces se superponen, sin perder nunca el hilo conductor de reconstruir el sentido épico de una travesía familiar.

Los contextos cotidianos en que transcurren las aventuras y desventuras de sus personajes son ambientes que tienen a veces algo de mágicos y oníricos, de misteriosos y líricos. Se respira en sus páginas una atmósfera intimista a la que se nos permite entrar a los lectores, haciéndonos cómplices unas veces de una desgarrada realidad (durísimo es el relato de los asesinatos de cuatro derechistas en la cárcel, como lo es el de la cuerda de presos y el juicio sumarísimo de izquierdistas en una escuela pública al mismo acabar la guerra), y otras veces, de episodios divertidos llenos de ingenuidad (como es la anécdota del frustrado milagro de aparición de la cruz). Y es que, junto a páginas estremecedoras con un marcado sentimiento trágico, hay también en estas crónicas un decidido propósito por subrayar la felicidad de las cosas simples, de los objetos y quehaceres ordinarios de las gentes sencillas (cuando al abuelo Antón lo interroga un guardia civil preguntándole que dónde había estado después de su ausencia durante unos días, le contesta “pues donde voy a estar, trabajando por ahí, que es lo único que sabemos hacer los pobres”). Y todo sin renunciar a la sátira y a la socarronería, que en estas tierras de Espartania tienen también su punto propio.

La novela está narrada en tercera persona. El autor se nos presenta como un narrador testigo de confesiones y secretos familiares bien guardados, que los expone situándose detrás de la conciencia de los personajes y atravesando, cuando lo precisa, el túnel de los tiempos, dando lugar a un extraño realismo, salpicado de notas mágicas, guiños de melancolía y gotas de poesía. Solo en el párrafo final del último capítulo, utiliza el autor la primera persona. Y lo hace en plural, referido a los nietos, cuando se sumergen en el mundo mágico de los recuerdos de la cabaña de su abuelo Zurrón.

Con el tiempo, aquel panteón de antiguos ingenios se convirtió en un lugar misterioso lleno de tesoros y máquinas fantásticas en las que los nietos del abuelo Justo Zurrón y de la abuela Fuensanta Villalba soñábamos que surcábamos los aires o navegábamos por los mares a la caza y captura de seres fantásticos, acompañados por héroes míticos, y al mismo tiempo reales, como los que habitaron en una época no tan lejana las agrestes tierras de Espartania”

“Memorias de Espartania” es una historia pueblerina que tiene un trasfondo íntimamente universalista. Sus páginas, localizadas en un pequeño perímetro del sur de España, trascienden lo anecdótico para referir historias de supervivientes de una derrota política y militar, a la que sucedió una derrota social y económica, que se refugian en sus recuerdos fabulados para reconstruir sus vidas cotidianas. Novelar la historia es un modo de recuperarla para siempre, y puede servir para comprender o ahondar en la comprensión de la realidad. Antonio Fernández (”Antón”, para sus paisanos) pintó su aldea espartera y campesina para pintar un mundo que se extinguía.

Hoy, en el siglo XXI, en los pobladores de aquella tierra apenas queda nada de aquellas vivencias narradas en la novela, que fueron asociadas al fracaso de una apuesta social y económica que colmó de pobreza y enfermedad a los trabajadores, un olvido que también supone un menosprecio de los pilares morales de solidaridad y de lucha que se generaron en aquellos insalubres centros fabriles de Espartania. Hay en Cieza actualmente un magnífico Museo del Esparto, mantenido por una asociación cultural, que es visitado por más personas foráneas que por los vecinos de la localidad.

Como en la cita de Pedro Páramo del comienzo, de aquellos tiempos solo quedan ecos, encerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras, y llegará el día en que estos ecos se apaguen. Cuando eso ocurra, “Memorias de Espartania”, servirá de testimonio fragmentario de lo que esta tierra fue un día, o más bien, de lo que quiso ser, de sus sueños y creencias.


P.Marín

Marzo 2017

Al otro lado de la historia

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

 

En la edición del periódico El País de fecha 10 de enero de 2016, en el suplemento Ideas y bajo el título general de “Cómo describir lo indescriptible”, aparecen publicados cuatro artículos dedicados a la película “El hijo de Saúl”, en la que el director húngaro Laszlo Nemes aborda el terror y la destrucción de la vida y de la dignidad humana en los campos de concentración y exterminio alemanes al tiempo que vuelve a plantear el debate sobre la forma y los límites éticos y morales en la representación gráfica de la destrucción del ser humano mediante matanzas y genocidios.

Los artículos vienen firmados por José Emilio Burucúa, Javier Rodríguez Santos, Álex Vicente y Santos Juliá, y como es de esperar están escritos con muy buena pluma y llenos de referencias a autores de todo tipo, películas, trabajos literarios, históricos o de ensayo, en los que queda patente la erudición de sus autores.

El objetivo de este texto no es hablar de la película, ni  analizar el contenido de los artículos de los cuatro autores anteriormente mencionados. Más bien se trata de hablar de las ausencias. El caso es que al terminar de leer estos cuatro artículos queda la sensación de que falta algo, y se hace necesaria una nueva lectura para intentar averiguar, encontrar, la causa de esa sensación. Y después otra lectura… Y poco a poco se perfila la ausencia.

Los cuatro trabajos suman unos 25.000 caracteres y más de 4.300 palabras. Hay en los artículos un apabullante desfile de citas y referencias, a través de las cuales aparecen autores como Heródoto, Dante, Bartolomé de las Casas, Adorno o Benjamín, hasta llegar casi a los cincuenta autores de todo tipo entre escritores, historiadores, ensayista o directores de cine. Se habla de películas de diferentes directores y se nombra a más de 15 países diferentes, desde Alemania a Israel y desde Argentina a Camboya o Indonesia.

Y es en este derroche de cultismo donde más se nota la ausencia. Algo sigue faltando. Hasta que, efectivamente, de pronto nos damos cuenta que de toda esta rememoración de las víctimas del gran delirio criminal del capitalismo europeo se han quedado fuera los hombres, mujeres, viejos, viejas, jóvenes, niños, niñas de la Unión Soviética. Porque, salvo error u omisión por mi parte, al leer y releer los textos no hay ni una sola referencia a los prisioneros, recluidos, cautivos, deportados, esclavos, condenados, asesinados, gaseados, fusilados, ejecutados, enterrados, quemados, incinerados… soviéticos. Ni una sola.

Los fríos datos estadísticos todavía no se ponen de acuerdo a la hora de cuantificar la gran tragedia y sangría humana que significó la invasión alemana para los pueblos de la URSS. Se habla de entre veinticuatro y veintiocho millones de muertos. Para que nos hagamos una idea, estamos hablando de una cantidad de personas que supera el total de la población de España en aquellos años. ¿Nos imaginamos todo el territorio español absolutamente vacío de seres humanos? Ni un alma entre Cádiz y Gerona, entre La Coruña y Cartagena. Todo vacío. Desierto. Los campos, las aldeas, los pueblos, las ciudades con sus fábricas, con sus casas, levantadas o semidestruidas, abandonadas, vacías. Esa fue la dimensión de la catástrofe humana para la Unión Soviética.

Si tomamos como referencia el riguroso estudio sobre los costos en vidas humanas que significó la guerra y la ocupación alemana elaborado por el grupo de investigadores del Cuartel General del Ejército de la Federación de Rusia, coordinado por el General-Coronel[1] Grigorii Fedotovich Krivosheev,[2] tenemos que el número total de víctimas mortales en la URSS durante la guerra fue de 26,6 millones, de las cuales 8.668.400 muertos se corresponden con militares de todo rango y sexo caídos como consecuencia de acciones de guerra. El resto, es decir casi dieciocho millones de seres humanos, civiles todos ellos, fueron simplemente exterminados, borrados de la faz de la tierra. Y lo fueron, porque aquella fue una guerra total, una guerra de exterminio de la población. Así fue programada por el capitalismo alemán y así fue llevada a cabo de forma metódica y sistemática con la ayuda y colaboración del capitalismo europeo. Fue la particular “solución final” diseñada para la Unión Soviética. Al fin y al cabo, de lo que se trataba era de limpiar el “espacio vital” que tanto necesitaban los alemanes de sus infrahumanos habitantes.

Y antes de continuar conviene señalar, y no olvidar, que ni Hitler, ni Himmler, ni Goebbels, ni ninguno de los gerifaltes nazis, ni ninguno de los propietarios de las grandes fábricas o complejos industriales ubicados en Alemania, Bélgica, Francia o Checoslovaquia mataron de forma directa nunca a nadie. Por ejemplo, Hitler no fue nunca a Babii Yar a disparar desde lo alto de la inmensa fosa que poco a poco fue rellenándose con los cuerpos asesinados de más de 120.000 personas. Tenía a sus disciplinados soldados alemanes que hicieron aquel trabajo, muchos de ellos, más de los que imaginamos, con gusto y convencidos de lo que hacían. Ojo, no sólo los alemanes. También lo hicieron los húngaros, los rumanos, los checos, los belgas, los italianos, los letones, los estones o los franceses de a pie que, juntos o por separado, formaban parte de los disciplinados ejércitos invasores.

Y ya que la hemos nombrado, es curioso que entre tanta cita en los artículos de los autores a los que hacíamos referencia al principio, no aparezca ni una sola mención a la matanza llevada a cabo por los alemanes a las afueras de Kiev, en el lugar conocido como Babii Yar, donde a partir del 27 de septiembre de 1941 y hasta la liberación de la ciudad por el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos el 6 de noviembre de 1943 fueron fusiladas, quemadas y destruidas más de 120.000 personas (sólo en dos días, el 29 y el 30 de noviembre de 1941 fueron fusiladas 33.771). Además, en las proximidades de Babii Yar crearon diferentes campos de concentración, como el de Siretskii, en el que fueron asesinadas no menos de 25.000 personas.

Era tal la “productividad” de estos lugares de exterminio que los emprendedores capitalistas alemanes planearon la construcción de una gran fábrica de jabones en las proximidades para aprovechar las grasas de los cadáveres. El beneficio económico ante todo. ¡Viva la ética del capitalismo! Sólo la liberación de la ciudad por las tropas soviéticas impidió que finalmente fuese construida.

Tampoco se menciona la destrucción masiva de vidas humanas en la ciudad de Odessa y sus alrededores, donde, en los tres días que van del 22 al 24 de octubre de 1941, fueron asesinadas unas treinta mil personas. Pero aquello fue sólo el principio. Los alemanes y sus amigos rumanos pusieron especial intención en sus prácticas represivas, y a ese número inicial de víctimas hay que añadir más de 100.000 asesinadas durante el periodo de ocupación por alemanes y rumanos. Y es que los “inofensivos” rumanos, que hoy día se nos presentan como víctimas, fueron en un tiempo no muy lejano crueles verdugos. Ellos esperaban recibir aquellas tierras como parte de la compensación que Alemania habría de darles por su voluntariosa participación en la guerra contra la URSS. Y ante tan halagüeña perspectiva, se esmeraron.

Ni se cita la destrucción de la población civil y de los prisioneros de guerra que siguió a la ocupación de Crimea, y en particular de la ciudad de Sebastopol, que resistió de forma heroica ante los alemanes en un cerco infernal que se prolongó durante ocho meses y que tantos esfuerzos, recursos y pérdidas costó a los alemanes. Estos mismos, enfadados por la resistencia de la ciudad, fueron incluso creativos en aquel empeño, enterrando vivos a los soldados prisioneros soviéticos o enviando a alta mar barcazas repletas de personas a las que luego prendían fuego. Esperaban, y los que se lanzaban al agua con la esperanza de alcanzar la orilla a nado eran ametrallados.

Sólo en la ciudad de Sebastopol, durante el periodo de ocupación alemán, fueron ahorcados, fusilados, quemados, enterrados vivos o ahogados en el mar, más de treinta mil personas entre prisioneros de guerra y población civil. Además, otras 45.000, civiles, en su mayoría jóvenes de ambos sexos, fueron enviadas a la fuerza a trabajar a Alemania.

Tampoco se habla de la práctica de destrucción sistemática de las aldeas soviéticas en los territorios ocupados, donde era habitual encerrar a la población, niños incluidos, en graneros, templos o cualquier edificio amplio y prenderles fuego. Mientras, los instruidos soldados alemanes hacían fotografías o rodaban con sus cámaras de super8 aquellos formidables espectáculos. Y entre fotografía y fotografía ametrallaban a los que intentaban huir de aquellos infiernos.

Por el contrario, sí se menciona que “W. G. Sebald rompió con el tabú que había impedido hablar a los alemanes de las tormentas de fuego provocadas por la Royal Air Force”. Pero debe haber algún tabú que impide hablar de los bombardeos de las ciudades soviéticas y su consecuente destrucción. En el bombardeo de la ciudad de Stalingrado por la aviación alemana, que tuvo su momento álgido el 23 de agosto de 1942, y en el que en las calles se alcanzaron temperaturas superiores a los 900 grados centígrados, murieron más de 40.000 personas, quedando convertida la ciudad en un enorme montón de ruinas y cenizas humeantes.

Como no podemos extendernos en nombrar todos los actos de barbarie, grandes o pequeños, intentemos entender al menos la magnitud de las grandes cifras, por frías que puedan resultar. Si continuamos con los datos recogidos en el estudio anteriormente mencionado las cifras apabullan por su contundencia: 7.420.379 civiles fueron asesinados de forma intencionada y planificada, de los cuales 216.431 eran niños. Murieron 4.100.000 civiles como consecuencia de las terribles condiciones de vida  creadas en las zonas de ocupación por los alemanes (hambre, enfermedades infecciosas, epidemias, falta de atención médica básica, etc.). Además, 5.269.513 personas fueron convertidas en esclavos y enviadas a trabajar a los complejos industriales alemanes, checos, franceses, etc. De tal manera les trataron y en tales condiciones trabajaron que murieron 2.164.313 personas (el 41,07%).

La cantidad de prisioneros de guerra soviéticos que cayeron en poder de los ejércitos alemanes y de sus aliados fue de 4.559.000, de los cuales volvieron vivos, enfermos y agotados a la URSS al final de la guerra 1.836.000 prisioneros de guerra. Es decir, murieron en el cautiverio 2.723.000 personas, el 60% de los cautivos.

A título comparativo podemos indicar que el total de los prisioneros alemanes (incluidos sus aliados) fue de 4.376.300, de los cuales, al final del cautiverio regresaron vivos 3.572.600. Es decir, murieron durante su cautiverio en la URSS, por diferentes circunstancias, 803.700 prisioneros, el 18,36%.

La diferencia es significativa, teniendo en cuenta que los prisioneros soviéticos estuvieron cautivos -aquellos que pudieron aguantar-, como máximo cuatro años. Por el contrario, si tenemos en cuenta que Alemania fue derrotada en mayo de 1945, que los prisioneros de guerra alemanes comenzaron a ser puestos en libertad en el año 1948, y que los últimos, los que fueron condenados por crímenes de guerra, lo fueron en el año 1956, resulta que los prisioneros de guerra alemanes estuvieron un máximo de 14 años, aquellos que ya fueron hechos prisioneros al principio de la guerra, por ejemplo en la Batalla de Moscú en diciembre de 1941, y un mínimo de 3 años los que fueron hechos prisioneros en 1945.

Bastante diferencia hubo de haber en el trato cuando murieron en el cautiverio el 18,36% de prisioneros alemanes frente al 60% de soviéticos. Y eso teniendo en cuenta que desde muy pronto la conciencia nacional soviética supo de las barbaridades cometidas en territorio soviético por los alemanes, y que después se tuvo conocimiento de las prácticas alemanas en los campos de exterminio y en los campos y centros de trabajo esclavo.

Los fríos datos estadísticos muestran un aspecto fundamental: que el conocimiento de las barbaridades perpetradas por los alemanes no influyó de forma determinante en el comportamiento que con ellos tuvieron los soviéticos una vez que caían prisioneros. Lo que sí influyó en la mortandad de los alemanes durante su cautiverio fueron las pésimas condiciones de salud en que se encontraban en el momento de caer prisioneros. Sirva como ejemplo el caso de Stalingrado, donde la inmensa mayoría de los prisioneros capturados por los soviéticos eran ya muertos vivientes en el momento que depusieron las armas (de los 90.000 prisioneros alemanes que se rindieron, enfermos y semicongelados, en el cerco final de la ciudad, solamente 6.000 volvieron a Alemania en 1956).

Pero volviendo a las ausencias, llama también la atención que de todas las veces que en los artículos se nombra el complejo de campos de exterminio de Auschwitz, no se haga ninguna mención a que allí fueron exterminados cientos de miles de soviéticos y que fue precisamente el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos el que liberó aquellos campos el 27 de enero de 1945.

Hay también otras ausencias. No hay ni una cita de ninguna obra literaria o filosófica, de ningún ensayo o trabajo histórico soviético o ruso donde se reflexione sobre aquella inmensa tragedia. No hay ni una cita de ninguna película ni de ningún director de cine soviético, ni de ninguna obra de teatro en la que se reflexione sobre la tragedia, la muerte, la destrucción sistemática de población civil por los alemanes. Ni tan siquiera hay un renglón, una palabra, que recuerde a Dostoievski el hombre que más y profundamente ha reflexionado en su obra literaria sobre el mal y la maldad como componente de la naturaleza humana.

Y uno se pregunta entonces, ¿cómo es posible que ocurra esto? ¿Cómo es posible que cuatro hombres cultos y justos no hayan tenido la necesidad de citar en su abundante argumentario la gran tragedia del pueblo soviético o sus reflexiones sobre tan desmesurada violencia expresadas a través de la literatura, el cine, la filosofía o la investigación histórica?

En uno de los artículos se habla del “silencio de los memorialistas de oficio, que en la lápida de un barrio judío de París escribieron que de aquel lugar varios miles de niños franceses fueron llevados a los campos de Polonia para no volver jamás, olvidando que aquellos niños eran judíos y que fueron deportados no por ser franceses, sino por ser judíos, como tuvo que recordarnos Gerda Larner”. Y aunque uno podría preguntarse también por el silencio de aquellos y estos  memorialistas de oficio o de excepción que olvidan que fueron asesinados de forma sistemática cientos de miles de niños soviéticos, la pregunta que surge es otra: ¿qué ha pasado en nuestra cultura para que esos niños soviéticos asesinados no merezcan ni el recuerdo de una frase a la par con los niños franceses, judíos, polacos o húngaros?

Y si pasman todas estas ausencias, asustan más los posibles motivos o las posibles causas. Porque todo parece indicar que no ha sido un acto realizado a propósito. No es que los autores hayan decidido de forma consciente, cada uno por separado o mediante acuerdo conjunto previo, no hablar de lo que no han hablado. Al fin y al cabo cada uno habla de lo que quiere, faltaría más. Ni tan siquiera el periódico les ha llamado, ejerciendo de ente censor y demoníaco, y les ha prohibido hablar de la gran tragedia ocurrida en aquellos años en la Unión Soviética. Nada de eso ha sido necesario. Es mucho más grave que todo eso.

No es que no se hayan acordado de la URSS, simplemente es que no existe para ellos en esta categoría de pensamiento. Pero no para ellos en particular, sino para un “ellos” mayestático. Se ha puesto tanto empeño en convertir a la URSS y a Rusia en el Imperio del Mal, que ya no nos son entendibles más allá de ese patético papel que nuestra cultura se empeña en asignarles una y otra vez. Para todo lo demás, la Unión Soviética y Rusia son conceptos que prácticamente no existen para la cultura occidental. Casi han desaparecido. Y en esta vorágine de olvidos, intencionados o no, se quedan al otro lado de la historia, fuera de la historia, como si de algo anecdótico se tratase, todas las víctimas soviéticas provocadas por la agresión del nazismo y el fascismo europeo, expresiones estas últimas, en definitiva, de un modelo concreto de capitalismo europeo que quiso convertirse en hegemónico a través de la violencia desmedida y que no pudo gracias al sacrificio y al descomunal esfuerzo del pueblo soviético.

Todos estos “olvidos” tienen además mucho que ver con la visión eurocéntrica de nuestra historia y de nuestra cultura. Ya Hegel decía que “Europa es absolutamente el término de la historia universal». Para el filósofo, el resto de pueblos, como en los casos de China o la India, permanecían estáticos, en estado de vegetación, y los pueblos eslavos, y Rusia como su más importante manifestación política, no habían intervenido en el progreso de la historia universal. “Encontramos además en el este de Europa la gran nación eslava, … Sin embargo quedan excluidos de nuestra consideración, porque constituyen un ser intermedio entre el espíritu europeo y el asiático, y porque, aunque mantienen múltiples relaciones con la historia política de Europa, no es bastante activa e importante su influencia sobre la marcha y progreso del espíritu. Esta masa de pueblos no ha penetrado aún, como un momento independiente, en la serie de las formas que la razón ha tomado en el mundo”. Para Hegel, en su devenir geográfico, desde Persia, pasando por Grecia y Roma, la historia universal llegó a Europa y encontró en el mundo germánico «el espíritu del mundo moderno cuyo fin es la realización de la verdad absoluta». La expresión máxima y perfecta de la idea de la historia universal.

A base de desarrollar y perfeccionar este planteamiento básico, la cultura europea ha terminado creyéndose sus propias elucubraciones teóricas, confundiéndolas con la realidad. Importantes vectores de la cultura europea han acabado creyendo que la “realización de la verdad absoluta” era y es el dominio del resto del planeta, y la ocupación de los “espacios vitales” que se consideren necesarios allá donde quiera que se encuentren. El “mundo germánico”, entiéndase por él el núcleo del capitalismo desarrollado y el núcleo de la cultura occidental dominante, ha acabado asumiendo y haciéndonos asumir al resto de los mortales que, efectivamente, Rusia, independientemente de la forma en que se exprese en cada momento histórico, está realmente al otro lado de la historia, fuera de la historia. Tan fuera, que en momentos concretos no se ha tenido ningún remilgo en intentar hacerla desaparecer de la faz de la tierra.

Se acercan tiempos difíciles, más de lo que podemos creer e imaginar ahora. Cuanto más nos empeñemos en situar a Rusia y a otros pueblos de Asia o África en ese quimérico “fuera de la historia”, más nos acercamos a nuestra propia catástrofe. Alemania y sus aliados, es decir, casi toda Europa, en un pasado reciente asumieron esa quimera, la interiorizaron de tal manera, que no se dieron cuenta de lo equivocados que estaban hasta que fue demasiado tarde y las “hordas rojas y asiáticas” se paseaban por las calles de Budapest, Praga, Viena o Berlín.

¿Cómo es posible que en este nuestro occidente cultural se haya establecido en nuestras mentes una visión tan simplista que nos paraliza el intelecto, nos cierra la boca, tapona nuestros oídos y nubla nuestra vista ante todo lo que esté relacionado con la Unión Soviética o con Rusia? ¿De verdad somos tan insensibles a la tragedia humana que nos olvidamos de aquellos que tanto aportaron y tanto sacrificaron para nuestro bienestar actual? ¿Dónde está nuestra razón científica? ¿Dónde ha quedado nuestro sentido común personal y colectivo? ¿En qué momento se nos han caído de nuestro instrumentario intelectual?

Sirva esta pequeña y modesta aportación para iniciar la búsqueda.


Moscú / Cieza, marzo de 2016

(Artículo publicado en la revista El Viejo Topo, número 342-343 (julio-agosto) 2016)


[1] Empleo militar equivalente en España al de Teniente General.

[2] Krivosheev, G. F., Andronikov, V. M., Burikov, P. D., Gurkin, V. V.


Velikaia Otechestvennaia bez grifa sekretnosti. Kniga poter.

Editorial Veche. Moskva – 2010

Los niños de la guerra españoles en la URSS (Contacto de culturas y de modelos antropológicos)

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

Durante la Guerra Civil española de 1936-1939 fueron evacuados de diferentes zonas de España numerosos grupos de niños que, con el fin de salvaguardar su integridad y alejarles de las zonas más peligrosas, fueron enviados a diferentes países de Europa y América. Uno de estos grupos, llegó a la Unión Soviética en varios traslados a partir del año 1937 con la esperanza de volver pronto a sus lugares de origen una vez terminada la guerra. Sin embargo, las circunstancias históricas impusieron sus duras condiciones y pasaron cerca de veinte años hasta que en 1956 se les presentó la primera oportunidad de volver finalmente a España. Muchos decidieron entonces quedarse en la Unión Soviética y otros, también muchos, de los que regresaron a España, acabaron volviendo de nuevo a la URSS, donde unos y otros entre idas y venidas hicieron el resto de sus vidas.

Son posibles muchas y diferentes aproximaciones a este particular caso histórico. Una de ellas es desde luego la aproximación humana, tanto al colectivo en su conjunto, como a cada una de estas personas en particular. Vemos en ellos todas las manifestaciones de la naturaleza humana: el sufrimiento, la alegría, la esperanza, la abnegación, el espíritu de sacrificio, la entrega… Pero todas estas manifestaciones han estado en ellos siempre condicionadas por la añoranza de unos padres y una familia que quedaron en la lejanía y de una infancia que supuestamente pudo ser y que finalmente no fue.

Cuando en el día a día se trata con ellos personalmente, acaban transmitiendo esa añoranza y ese amargo sabor por un pasado biográfico idealizado. Quizá la expresión más amarga de esa añoranza es la recriminación lanzada por algunos ellos, ya en la edad de la ancianidad, a sus padres por haberles permitido la salida de España. Sentimiento sin embargo engañoso, en parte producto de su propia memoria descontextualizada por el inexorable paso del tiempo y por la distancia, porque, al fin y al cabo, nadie podía en aquella España, y mucho menos sus propios padres, garantizarles ni siquiera la infancia en aquellas terribles circunstancias, con la guerra en las puertas de sus casas.

Hay otra forma de aproximación a ellos, a través de lo que significan y de lo que aportan a la historia y al conocimiento. Los Niños de la Guerra españoles en la URSS se han convertido con el tiempo en un particular caso histórico. Cuando la emigración de un grupo humano compacto se produce en un periodo muy corto de tiempo puede darnos un importante conocimiento cultural y antropológico. En este caso, los niños no sólo estuvieron en estrecho contacto con la sociedad soviética sino que con el paso del tiempo llegaron a incorporarse a ella, pero con una particularidad: sin dejar de ser españoles.

Conocieron todos los aspectos de la vida soviética. Se formaron y estudiaron en las guarderías, en las casas de niños (escuelas en régimen de internado), en los centros de formación profesional, en las universidades. Trabajaron en las empresas industriales, en las empresas agrícolas, en centros de investigación, en hospitales, en el ejército y en la Milicia (policía), etc.

Junto con los soviéticos, vivieron los periodos de normalidad y fueron partícipes de las situaciones extraordinarias de un siglo agitado. Vivieron durante el socialismo movilizado, durante la trágica Guerra Patria y durante el periodo de reconstrucción tras la guerra. Conocieron la estabilidad de los años 60 y 70 y viajaron por el mundo como técnicos e ingenieros soviéticos. Finalmente vivieron los años de la Perestroika, la desaparición de la URSS y la adaptación a las nuevas condiciones sociales y económicas de la Rusia postsoviética.

Todo este devenir biográfico lo hicieron desde una premisa importante: siguieron siendo españoles. Este aspecto fundamental de su presencia en la URSS y Rusia se consiguió por una decisión tomada a cuatro bandas por las autoridades de la España republicana, por los dirigentes del Partido Comunista de España, por las autoridades de la Unión Soviética y por los dirigentes del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Hay que destacar como parte de este proceso a los educadores y maestros tanto españoles como soviéticos que se encargaron de la educación y formación de los niños. Los maestros españoles que vinieron con los niños desde España llevaron a cabo una labor excepcional pocas veces reconocida y consiguieron transmitir a los niños las bases de la cultura española y evitaron el riesgo de asimilación cultural en el poderoso contexto cultural ruso-soviético. Eso si, la labor de los maestros españoles fue posible por el extraordinario apoyo y la labor pedagógica de los maestros soviéticos y del sistema educativo soviético, también poco o nada reconocida.

Esta particularidad, la de ser españoles en el contexto histórico soviético es la que le da el valor añadido a la emigración de los niños españoles en la URSS. Veamos.

Los puntos de partida de la URSS, antes Imperio Ruso, y de España son muy similares. Sociedades campesinas que no han terminado de llevar a cabo su proceso de transformación industrial y que apenas habían avanzado por la senda de la modernización según el modelo que de la misma supone la experiencia histórica de Europa occidental. Además, desde un punto de vista antropológico eran sociedades donde predominaba un modelo de hombre solidario, estrechamente vinculado a estructuras sociales y económicas de carácter colectivista. En Rusia la comunidad campesina y todas sus derivaciones, en España todo el entramado de estructuras y de tierras de usos comunales.

Sin embargo, ya desde el siglo XIX los caminos para adaptarse al mundo de la modernidad industrializada comienzan a diferir en España y Rusia. La vía que se adopta en España fue similar a la de los países de su entorno europeo, es decir disolución de estructuras colectivistas, como por ejemplo la Mesta, y privatización de las tierras de la Iglesia (desamortización de Mendizábal) y de los montes y pastos de uso comunal de los municipios españoles (desamortización de Madoz).

En Rusia, por el contrario, la liberación de los campesinos de 1861 se realizó sobre la base de la comunidad campesina (Mir), y ante la presión del capitalismo durante la segunda mitad del siglo XIX y el primer cuarto del XX, la inmensa mayoría de la población optó de forma contundente por pedir la nacionalización de la tierra. La Revolución socialista en Rusia eliminó los vestigios del breve periodo del capitalismo moderno y revitalizó las formas tradicionales de colectividad y solidaridad. En forma de Unión Soviética, Rusia se modernizó “huyendo del capitalismo” y teniendo como base su sociedad tradicional, es decir su “comunismo campesino arcaico”, en palabras de Max Weber, y su modelo antropológico colectivista, solidario y paternalista.

Por su parte, los niños que llegaron a la URSS provenían en la inmensa mayoría de familias de trabajadores que todavía mantenían estrechos lazos con el mundo campesino y agrario español y en las que estaban todavía presentes importantes aspectos de un modelo antropológico también solidario y colectivista. Sin embargo, y a pesar del discurso solidario predominante en aquellos años, la España republicana se modernizaba en el marco general de la sociedad moderna del capitalismo occidental, teniendo como referente el modelo antropológico del hombre competitivo e individualista, producto del humanismo renacentista, del racionalismo cartesiano y de los principios de la Ilustración francesa. Este modelo cultural y antropológico estaba presente entre los adultos que acompañaron a los niños desde España, en particular en el colectivo de profesores y educadores españoles. Cuando los profesores transmitieron a los niños las bases de la cultura española, transmitieron también este modelo antropológico.

Al mismo tiempo, los niños fueron educados y formados en contacto con la cultura ruso/soviética, por lo que finalmente acabaron asumiendo ambos modelos antropológicos. Los conflictos personales, sociales y políticos que han jalonado sus vidas han estado condicionados por la presencia en su conciencia y en su ser social de estos dos principios, y sobre esta dualidad han transcurrido sus vidas tanto en la URSS (ahora Rusia), como allí donde la vida les llevó.

Cuando se estudian las fuentes documentales, por cierto muy bien conservadas y catalogadas en los archivos rusos, o los testimonios orales y escritos de los Niños de la Guerra, nos encontramos, como consecuencia de esa dualidad y choque de modelos antropológicos, con un material excepcional para analizar e intentar entender aspectos claves de la historia más reciente. En primer lugar, el conflicto de concepciones del mundo que dentro de España supuso la guerra civil de 1936-1939, que sigue cerrándose en falso alrededor de conceptos superficiales que no van más allá de una verdad aparente. En segundo lugar, la naturaleza del proyecto soviético que durante todo el siglo XX significó una importante alternativa (otro camino) para el desarrollo de la civilización industrial moderna. Y en tercer lugar, el choque de concepciones del mundo que hoy día sigue produciéndose entre Rusia y Occidente.

Finalmente, sirva este texto de homenaje a los Niños de la Guerra y a todas aquellas personas e instituciones, españolas y soviéticas, que en tiempos difíciles y trágicos fueron capaces de colocar en primer plano la solidaridad entre los pueblos y la protección de la infancia. Y sirva también para llamar la atención sobre el contenido del catálogo y de la exposición fotográfica que acompaña, ya que en ellos se encuentran precisamente algunas de las evidencias de ese choque cultural y antropológico entre maneras diferentes de ver y entender el mundo.


Moscú, enero de 2015

(Publicado como prólogo en el catálogo:

LOS NIÑOS DE LA GUERRA CUENTAN SU VIDA, CUENTAN TU HISTÓRIA.

Exposición en la que los Niños de la Guerra españoles evacuados a la URSS durante la Guerra Civil española cuentan sobre su vida (1937-2014)

Ministerio de Empleo y Seguridad Social

Madrid-Moscú 2015)

Rusia y occidente (Una relación lastrada por fobias y fóbicos)

Antonio Fernández Ortiz

Historiador

Las actitudes fóbicas con respecto a la propia cultura no son nada nuevo, ni en Rusia ni en otros países, sin ir más lejos en la propia España. Estas actitudes suelen generarse en la parte más hipercrítica de los intelectuales y se extienden paulatinamente al resto de la sociedad. Generalmente se hacen más manifiestas en periodos de crisis y cambio, cuando se quiere hacer mayor hincapié en los aspectos supuestamente negativos de la historia reciente o de la actualidad. Para ello, no se duda en recurrir a la lista de supuestos agravios históricos que justifican las propias posiciones hipercríticas. En España es habitual leer en prensa o escuchar en radio y televisión el recurso a la expulsión de los judíos y de los moriscos, a la conquista de América, al Tribunal de la Santa Inquisición, al Duque de Alba en Flandes o a las maldades de la Mesta, como las partes más visibles de una larga lista de agravios históricos que justifican la condena en la actualidad de prácticamente todo lo español.

Pero no sólo una parte de los españoles somos fóbicos con respecto a nuestra historia y cultura. En la cultura europea occidental está todavía muy presente una actitud de fobia contra la historia y la cultura española. Sin ir más lejos, podemos echar un vistazo a algunas obras de investigación de historiadores holandeses del siglo XX y veremos en ellas cómo Felipe II es considerado poco menos que un ogro que se comía a los niños crudos y con mucha pimienta. Sin olvidar aquellas películas de Hollywood, en las que unos cuantos bravos piratas ingleses ponían, y ponen cuando se tercia, en ridículo a toda la flota española y a los gobernadores de las islas del Caribe o de las ciudades de tierra firme.

* * *

Rusia se caracteriza por tener muy desarrollado todo un conjunto de actitudes fóbicas en su propia cultura, las cuales se han ido manifestando con variada intensidad a lo largo de su historia más reciente. Estas actitudes rusófobas han estado siempre muy presentes en las posiciones de los occidentalistas más radicales. Para ellos Rusia se encontraba, y se encuentra, fuera del contexto de la “Civilización Universal” (en su más pura versión hegeliana) y en situación de permanente atraso con respecto a la modernidad industrializada occidental.

Desde este punto de vista, la única opción para Rusia es incorporarse a occidente, imitando su modelo histórico de desarrollo, desprendiéndose de todas sus particularidades no europeas, consideradas por algunos como asiáticas, verdadero lastre para el progreso. El objetivo principal de la intelligentsia rusa occidentalista, desde Chaadaev hasta la actualidad, pasando por Gorbachov y su “Casa Común Europea”, ha sido el de incorporar a Rusia al seno de la “Civilización Universal”. En la medida que Rusia ha ido resistiéndose a semejante objetivo, las posiciones rusófobas de su intelligentsia occidentalista se han ido radicalizando.

En 1847 el gran escritor ruso Nicolai Gogol publicó un nuevo libro titulado “Lugares escogidos de la correspondencia con los amigos”, que se convirtió en el detonante público de una gran fractura. Como el propio Gogol reconoció: “orientales, occidentales, neutrales, todos se han ofendido”. Pero fue precisamente el joven liberal Vissarión Belinskii, uno de los representantes más brillantes de la intelligentsia occidentalista de aquellos años, quien protagonizó un agrio intercambio epistolar con Gogol a partir de una muy dura crítica al libro recién publicado por el escritor. “O usted está enfermo y necesita urgentemente curarse, o no me atrevo a terminar de expresar mis pensamientos… predicador del látigo, apóstol de la ignorancia, paladín del oscurantismo, adulador de los principios morales tártaros, ¿qué hace usted?”.

Hay partes mucho más duras en la carta que no merecen ser reproducidas ahora. Durante mucho tiempo la carta estuvo prohibida y su difusión castigada con severas penas. Lo mismo ocurrió con el nombre de Belinskii, al que le fue prohibido el acceso a la prensa escrita durante largos años. Así, en abril de 1849 fueron detenidos los asistentes habituales a la tertulia de un rico propietario de tierras (Butashevich-Petrashevskii), siendo acusados, entre otras cosas, de la posesión y difusión de la carta de Belinskii. Veintiuna personas, entre ellas el gran escritor Fiodor Dostoevskii, fueron condenadas a muerte. Por cierto, sólo después de llevar a cabo todo el ritual de la ejecución, en el último segundo, cuando ya esperaban los disparos frente al pelotón de ejecución, les fue comunicada la conmutación de la pena de muerte.

Los ecos del contenido y de las formas de aquella carta siguen resonando todavía en la cultura rusa, aun a pesar de los casi ciento setenta años transcurridos desde que fue escrita. A partir de aquel momento se materializó la intolerancia y el distanciamiento total entre las dos principales corrientes del pensamiento ruso.

* * *

Hay otra rusofobia más allá de las fronteras de Rusia que impregna por completo a la cultura occidental. La hemos visto manifestarse durante estos últimos meses de crisis y conflicto en sus formas y contenidos más burdos y primitivos. Y por qué no decirlo, violentos. España no ha sido una excepción. Ha llamado la atención durante todo este tiempo la especial animadversión de la prensa escrita, la de los grandes periódicos nacionales (no vamos a nombrar a ninguno, para no herir la susceptibilidad de aquellos que por olvido queden fuera de la lista). Tanto de la pluma de sus corresponsales en Rusia, como de los artículos de autores extranjeros que han acogido en sus páginas, han mostrado sin descaro una actitud claramente rusófoba, tomando partido inmediatamente por las posiciones defendidas por Occidente y mostrando a Rusia como la principal causante de la crisis.

Es lógico y evidente que todos estos periódicos se deben a sus líneas editoriales establecidas por las empresas propietarias y por las relaciones de dependencia económica y política de estas empresas con los centros de poder. La tan cacareada objetividad e independencia periodística no es más que una declaración formal de intenciones con apenas recorrido. Todo esto no es nuevo y, como la honradez de la mujer del César, ya se da por supuesto.

Hay otro nivel interesante en el origen de posiciones rusófobas en la prensa española, aquel que está vinculado con la propia experiencia vital de los corresponsales durante su estancia en Rusia. Si tomamos un poco de distancia histórica y nos remontamos unas décadas atrás, quizá podamos entenderlo mejor. Durante los años de la Perestroika los corresponsales extranjeros, y entre ellos los españoles, estuvieron siempre bajo el control de los sectores más occidentalistas en el poder.

Con el fin de que presentaran fuera de la URSS la imagen que más interesaba a aquellos sectores, los corresponsales extranjeros fueron mimados y conducidos de la mano hasta el interior de los círculos y grupos pro-Perestroika y reformistas de aquellos años, los más occidentalistas, aquellos que no podían soportar a la Unión Soviética y que estaban empeñados en su desmantelamiento.

En el peor de los casos, los corresponsales extranjeros tenían de Rusia o de la Unión Soviética un conocimiento similar al de los turistas que volvían a España convencidos de lo mucho que habían aprendido de la maldad del régimen y de la historia de Rusia gracias a los cuentos y leyendas urbanas que les había contado su encantadora guía. Para andar por casa y contar a los amigos quizá fuese suficiente, pero no para escribir un artículo mínimamente decente.

En el mejor de los casos, envueltos en la vorágine de aquellos años, los corresponsales extranjeros sólo mostraban una parte, muy reducida por cierto, de la sociedad rusa. Una parte interesante e importante por su peso específico en aquel proceso, pero al fin y al cabo sólo una parte. El resto de los ricos matices de la sociedad soviética de la Perestroika apenas si quedaron reflejados en las crónicas de los corresponsales extranjeros de aquellos años.

En la actualidad el proceso es similar, entre otras cosas porque se mantienen los viejos contactos y amistades que se intercambian entre la reducida comunidad de periodistas. Como consecuencia, los nuevos corresponsales suelen acabar en los mismos ambientes de hace veinte o treinta años y apenas si profundizan más allá del nivel en el que se encuentran. Un limitado mundo compuesto por rusos occidentalistas hasta la rusofobia y de extranjeros expatriados que se pasan las horas hablando de lo mal que funciona todo en Rusia, de lo fríos y hoscos que son los rusos y que apenas si hablan la lengua del país en el que viven, entre otras cosas porque sólo un reducido número de ellos hace el esfuerzo de estudiarla, y cuyos conocimientos de Rusia apenas van más allá de lo que les ofrece la lectura de un par de periódicos en inglés o francés especialmente editados para ellos en Moscú o San Peterburgo.

Para mayor desgracia, el conocimiento de la literatura, el arte, la ciencia o la historia rusa se reduce a tópicos que circulan y se repiten sin cesar. Así, por poner sólo un ejemplo, la inmensa mayoría de los artículos escritos por los corresponsales españoles sobre Crimea, cuando hablan de la historia de este territorio, se ciñen a resaltar dos o tres ideas básicas de las que a continuación se relacionan: que Crimea fue ocupada por los rusos en el siglo XVIII, que la única población titular de este territorio son los tártaros de Crimea, que esta población titular fue sometida y tiranizada por los rusos, que los tártaros se enfrentaron a los bolcheviques, que Stalin deportó a los tártaros, que Jruschev entregó Crimea a Ucrania. Lo anterior, a gusto del corresponsal, se mezcla, se agita y da el siguiente resultado: Rusia no tiene ningún derecho sobre Crimea y es la culpable de la crisis en Ucrania.

Hay que tener en cuenta que el corresponsal es humano y tiene que ganarse el sueldo para dar de comer a sus hijos. Y como humano, también es perezoso y no le apetece emplear su valioso tiempo en aprender o perfeccionar su ruso para poder leer textos de historia escritos por historiadores rusos u obras literarias escritas por autores rusos. Sería interesante saber cuántos corresponsales, durante los largos años de conflicto en Chechenia, leyeron en ruso los relatos de León Tolstoi, “Cosacos”, “El prisionero del Cáucaso” o “Jadzhi-Murat”.

* * *

Bueno, todo lo anterior hay que tomarlo en su justa consideración, al fin y al cabo son cuestiones de segundo orden. Lo importante está en otro nivel y tiene un origen remoto. Hagamos un intento de mostrarlo con algo de claridad.

Tras la desaparición del Imperio Romano en occidente, aquel mundo sumido en el caos intentó buscar sus señas de identidad en el antagonismo frente a otras culturas, dando lugar a la aparición de una mentalidad dualista donde los arquetipos del bien y del mal, a través del filtro ideológico de la Iglesia Católica, se trasladaron a todas las esferas de la vida social. Occidente acabó identificándose con el mito del Imperio Romano, soñando durante largos años con su reconstrucción. Fue entonces cuando se llevó a cabo toda una formulación teórica sobre el destino de occidente, sobre su papel en el mundo, ligado a la idea de la Luz y de Dios y en continua confrontación con las culturas que podían hacer peligrar la reconstrucción del Imperio. Occidente nació por antagonismo a oriente. De allí venían los bárbaros destructores de la civilización y más tarde los infieles musulmanes, a los que se debía presentar batalla. Nació así la idea de la cruzada contra el mal, finalmente personificado en oriente. No fue un accidente que los caballeros de la Cuarta Cruzada acabaran tomando al asalto la ciudad de Constantinopla en el año 1204, saqueándola e instaurando un Imperio Latino que subsistió hasta el año 1261.

El Humanismo renacentista, la Reforma Protestante y el racionalismo cartesiano del siglo XVII llevaron a la formulación de los principios de la Ilustración francesa. Para entonces Europa occidental ya se había convertido en el centro de colonización y dominio del planeta y había reelaborado la historia eliminando o cambiado de un plumazo todo aquello que no le interesaba. Así, el Imperio Romano de Oriente, había pasado a ser Imperio Bizantino y el periodo comprendido entre la desaparición del mundo romano occidental y el Renacimiento había pasado a convertirse en la Edad Media, la edad de la oscuridad y del estancamiento de la humanidad.

La Biblia fue sustituida por la Enciclopedia y a través de ésta se acabó dogmatizando la idea de la libertad individual como categoría universal en un mundo en proceso de atomización. No obstante, durante la transformación y modernización del pensamiento europeo, determinados arquetipos culturales, relacionados con el destino universal de occidente y de la civilización cristiana, fueron incorporados al nuevo pensamiento, a la filosofía occidental. Así, para Hegel, la Historia Universal, en su devenir geográfico desde Persia pasando por Grecia y Roma, llegó a Europa y encontró en el mundo germánico el espíritu del mundo moderno cuyo fin es la realización de la verdad absoluta.

Nuevamente occidente volvió a considerarse a si mismo como elemento singular y especifico, depositario de los valores humanos universales y de la verdad universal depositada por Dios en la cristiandad, enriquecida posteriormente por la democracia. Europa occidental asumió la capacidad de juzgar cualquier cultura del planeta, determinar quién estaba, o está, dentro o fuera de la Civilización Universal y cuáles son los estadios de su evolución o sus fases de modernización.

Si en algún momento algún país no ha estado de acuerdo, la supremacía tecnológica occidental procedente de la Revolución Industrial se transformó en el mejor argumento para elevar a categoría absoluta el predominio de tan interesante explicación del mundo. Dicha supremacía tecnológica ha tenido, y tiene, muchas y variadas formas de expresarse: en forma de una buena campaña de propaganda, en forma de revolución de colores, en forma de una fragata cañonera británica en las costas de China o en forma de un sofisticado portaaviones de la VI Flota.

* * *

Mediante largas y efectivas campañas de elaboración ideológica, occidente ha conseguido identificar a Rusia con la idea del oriente bárbaro y con la idea del mal. La elección de un selecto vocabulario para referirse a la Unión Soviética durante los años de la guerra fría estuvo a cargo de un personal especializado. Cuando Ronald Reagan utilizó por primera vez en 1983 el concepto de “Imperio del Mal” para referirse a la Unión Soviética no realizó ninguna improvisación.

Una vez conseguida la asociación (Unión Soviética / Rusia = imperio del mal) el resto ya es cuestión menor. Sobre todo si llueve sobre mojado. Decenas de miles de jóvenes de todos los países europeos se unieron en su día a la Alemania nazi para luchar también contra el mal, supuestamente encarnado en aquellos momentos por el bolchevismo ruso.

Esas son las fuentes en España y el resto del mundo occidental de la fobia actual hacía Rusia y lo ruso más allá de sus fronteras. Ahí se esconde el código cultural que predispone al periodista a posicionarse de forma tan radical contra Rusia antes incluso de saber sobre lo que quiere escribir. Lo demás es pura tecnología. Las películas del agente 007, y otros productos más elaborados, sólo refuerzan y activan de tiempo en tiempo ese código cultural ya aprehendido desde la más temprana escuela.

Pero hay que llevar cuidado. Aquellas fobias creadas y cultivadas a lo largo de los tiempos y que en momentos de paz y estabilidad pueden ser consideradas como meras anécdotas históricas no exentas de cierto componente irónico, se convierten en potentes instrumentos de propaganda política en periodos de crisis. Y qué no decir en periodos de guerra. No es la primera vez que Europa recurre a estas fobias para justificar sus incursiones políticas y militares en Rusia.

La experiencia histórica acumulada por Europa tras estas guerras contra Rusia es lo suficientemente aleccionadora como para no tratar de provocar un nuevo conflicto. En este caso, las fobias contra Rusia, ya sean las que ella ha generado en el seno de su propia cultura o las que ha generado la cultura europea, pueden jugar una mala pasada a Europa, si esta última llegara a tomar, como ha ocurrido en otras ocasiones, lo imaginario como real.


Moscú, octubre 2014

(Una versión reducida de este artículo fue publicada en el portal Russia Beyond, RBTH, de 18 de diciembre de 2014)

El círculo cercano de Stalin: entrevista a Antonio Fernández Ortiz

Por Miguel Riera

 

Ensayista, novelista, Antonio Fernández Ortiz vive habitualmente en Moscú, sin perder en ningún momento su contacto con España, que visita frecuentemente. Antes de su último libro ¡Ve y lucha! Stalin a través de su círculo cercano, había publicado Chechenia versus Rusia, el caos como tecnología de la contrarrevolución y la novela Memorias de Espartania, centrada en acontecimientos de la guerra civil española.

 

—Últimamente se han publicado varios libros sobre Stalin, entre ellos el tuyo. ¿A qué crees que ha de atribuirse este renovado interés?

—Stalin sigue siendo el personaje central alrededor del cual gira la historia de la Unión Soviética. Los principales ataques a la URSS se han hecho durante décadas a través de la figura de Stalin. A nadie escapa que el ataque más virulento y el que más afectó al personaje fue el informe de Nikita Jruschov en el XX Congreso del PCUS. Por un lado, legitimó parte de las críticas y acusaciones que ya se le hacían desde los años treinta del siglo XX, principalmente por lo que vino en llamarse trotskismo, y por otro sirvió de base para una nueva oleada de críticas y condenas, que con mayor o menor intensidad, se prolongan hasta la actualidad. Fuera de la URSS y de Rusia la crítica a Stalin ha sido una constante desde los años 50 de siglo XX y cualquier historiador o “sovietólogo” que se preciara debía incluir en su trabajo una dura condena al personaje.

 

—¿Y en la URSS?

—En la URSS, a finales de los 60, durante la década de los 70 y a principios de los 80, Stalin fue a parar a un limbo histórico. Más allá del minúsculo fenómeno de los disidentes, pocos eran los que recurrían a su figura para criticar a la URSS. Esa tendencia se invirtió durante la Perestroika. En aquellos años se aplicó una elaborada campaña de desmantelamiento de la memoria histórica de la Unión Soviética y de Rusia. Fueron elegidos para su destrucción, de forma muy acertada, los elementos básicos sobre los que se soportaba esa memoria histórica, y la figura de Stalin resultó ser uno de esos soportes fundamentales. Se recurrió entonces a una condena absoluta de Stalin para desacreditar a la URSS y “clavar el último clavo en el ataúd del comunismo”, como se expresaban los arquitectos de la Perestroika. Durante décadas prácticamente no ha existido debate, sino una gran avalancha de opiniones y publicaciones que mostraban al personaje desde un único punto de vista. Tanta insistencia en la condena de Stalin ha resultado finalmente contraproducente para sus enemigos, ya que le ha hecho estar permanentemente de actualidad. A modo de espíritu de la historia, al que no se le ha dejado descansar en paz. Los continuados intentos de cerrar en falso el debate sobre el papel de Stalin en la historia soviética no han terminado de cuajar, y ahora, pasados ya bastantes años desde la derrota de la URSS, es lógico que se vuelva sobre él sin la presión que supuso la Perestroika y la caída de la Unión Soviética. Además, ahora se dispone de una gran cantidad de materiales de archivo, de memorias y testimonios de la época que permiten trabajar con mayor distanciamiento del personaje y del debate político de coyuntura.

 

—Algunos trabajos, como el de Domenico Losurdo y en cierto modo el tuyo propio tratan de contextualizar las decisiones de Stalin, poniendo de manifiesto las complejidades del momento. Sin embargo, ello no parece suficiente para exonerarle de graves responsabilidades en la eliminación física de tantas personas, comunistas y no comunistas.

—En mi caso, el objetivo de mis trabajos no es exonerar a Stalin, sino conocer y entender la historia de la URSS. Stalin y lo que ha venido en denominarse estalinismo son sólo una parte más de esa historia. Incluso se puede afirmar que, en el contexto de la historia soviética, el llamado estalinismo es algo secundario. No obstante, es evidente que precisamente esa parte de la historia soviética es la que más se ha sobredimensionado y manipulado. Si hablamos de contextualizar, no podemos referirnos sólo a entender el contexto histórico internacional y las presiones a las que estaba sometida la URSS por parte de las potencias occidentales y Japón. Habremos de contextualizar también la vida interna de la URSS hasta en sus aspectos más cotidianos. Tendremos que hablar entonces de aspectos bastante desagradables que superan la percepción romántica de la revolución y tendremos que enfrentarnos con el factor humano en todas sus dimensiones, en especial con aquellos componentes violentos de la naturaleza humana que tan bien nos muestra Dostoievski en su obra literaria.

 

—En cualquier caso, estamos ante centenares de miles de muertos, muchos de ellos viejos compañeros de luchas…

—Se ha escrito mucho sobre las represiones de Stalin, pero muy poco sabemos de lo que en realidad se esconde detrás de ese trágico capítulo de la historia soviética. Si hablamos de las cifras, las tenemos para todos los gustos. Por ejemplo, S. Cohen habló en su día de nueve millones de reclusos en el año 1939. A.V. Antonov-Ovseenko dijo que desde el año 1935 hasta el año 1941 fueron represaliadas 19.840.000 personas, de las cuales siete millones fueron fusiladas. Roi Medvedev lanzó la cifra de 40 millones de personas represaliadas, incluyendo la colectivización, su secuela de hambre y las deportaciones étnicas. O. A. Platonov afirmó que entre los años 1918 a 1955, en los campos de reclusión murieron 48 millones de personas. V. A. Chalikova dijo que entre los años 1937 y 1950 por los campos de trabajo pasaron más de 100 millones de personas, de las que murieron 10 millones. El colofón fue puesto por el Premio Nobel de Literatura Alexander Isaevich Solzhenitsin quien en un programa de José María Íñigo en Televisión Española en 1976 dijo que el número de muertos como consecuencia del sistema soviético fue de 110 millones.

Sin embargo, si estudiamos a fondo los distintos trabajos de investigadores serios que han pasado largos años investigando en los archivos soviéticos, vemos que todas esas cifras no tiene nada que ver con lo realmente ocurrido durante aquellos años. Víctor Zemskov, quien a todas luces es el investigador más serio, nos dice que la cantidad total de personas condenadas a la máxima pena (muerte) en la URSS por delitos contra la revolución y otros delitos especialmente peligrosos durante el periodo comprendido entre los años 1921 a 1953 fue de 799.455. También nos dice este autor que la mayor parte de las condenas a la pena capital se concentran en dos años. El año 1937 con 353.074 personas y el año 1938 con 328.618 personas. Por contraste, los años anteriores y posteriores ofrecen unas cifras muy diferentes. Así en el año 1936 fueron condenadas 1.118 personas. En el año 1939, 2.552 personas, y en el año 1940, 1.649 personas. Es decir en dos años fueron condenadas y ejecutadas 681.692 personas, lo que supone el 85,27% de todas las condenas a muerte del periodo comprendido entre los años 1921 a 1953.

Con estas cifras ya tenemos una idea más aproximada de la envergadura de la tragedia en cuanto a su coste en vidas humanas, y también vemos que algo extraordinario ocurrió en aquellos dos años.

 

 

Todos estos muertos, ¿fueron consecuencia de la voluntad de Stalin? ¿Fueron víctimas de Stalin?

—Evidentemente no. En lo ocurrido durante aquellos años se superponen varios conflictos. Por un lado la lucha contra la delincuencia en sus diferentes manifestaciones, en especial la corrupción, los delitos económicos y el crimen organizado. La mayoría de esos delitos, que podríamos considerar comunes, eran considerados en la URSS de aquellos años como delitos contra la revolución y se les aplicaban los mismos artículos del código penal que a los delitos políticos.

Por otro lado, tenemos la lucha contra los sabotajes en los centros de trabajo, tanto en la industria como en el campo o en centros de investigación. Luego tenemos un capítulo muy importante: la lucha contra la oposición política que decide pasar del debate político a la “acción directa”, es decir, a la organización de atentados terroristas, conjuras militares, golpes de Estado. Hay varios grupos que preparan este tipo de conjuras, que actúan por separado y que cuentan con sus correspondientes tramas militares y civiles.

Hay también otro aspecto muy importante: la existencia de grupos de poder que sin pretender un cambio de sistema político, luchan entre ellos por conseguir y mantener cuotas de poder dentro de las estructuras del Estado. En el lenguaje político y periodístico actual se suele hablar de “barones regionales” de tal o cual partido que luchan y se enfrentan entre sí de forma radical a pesar de pertenecer a una misma organización política. Bueno, pues ese tipo de conflictos no son algo nuevo. En la URSS de aquellos años se manifestaron de forma violenta dado el inmenso poder que estos “barones” tenían en sus territorios y regiones.

Hay que tener en cuenta que, en definitiva, de lo que se trataba era de una guerra interna no declarada. En ella se enfrentaron diferentes grupos que utilizaron al Estado en la lucha contra sus enemigos. Estas gentes, acostumbradas a la guerra y la lucha política durante largos años, no se andaban con muchas ceremonias a la hora de eliminar a sus contrincantes: la muerte se había convertido en algo cotidiano.

Por otro lado, aquellos conflictos generaron una dinámica muy particular en los círculos del poder, donde durante un determinado periodo de tiempo se impuso un ambiente de sospecha en el que cualquiera podría ser considerado enemigo. Esto dio lugar a que numerosas personas fuesen acusadas sin fundamento por unos u otros. Este fenómeno se vio agudizado por  determinadas prácticas. Así, por ejemplo, si en un determinado colectivo se detectaba la presencia de “enemigos”, de delincuentes, saboteadores o cualquier otro tipo de conjurados, a veces, se procedía a la detención de todo el grupo sospechoso, procediendo posteriormente a la clarificación de las responsabilidades.

 

—¿Y cómo vivía esa situación la población soviética.

Aquella guerra interna no afectaba a la sociedad en su conjunto, sino que afectaba a un sector muy reducido de la población, a aquel que por su pertenencia al partido o las diferentes instituciones del Estado se vio involucrado en el conflicto. La vida en la URSS continuaba cada día de forma habitual sin que aquella guerra fuera advertida por la inmensa mayoría de la población.

 

—¿Qué tipo de decisiones tomó Stalin en relación con esa guerra interna?

—Por paradójico que parezca la política de Stalin trató en todo momento de regularizar y normalizar el funcionamiento del Estado, persiguiendo la corrupción, los delitos económicos y el crimen organizado de forma drástica, aplicando la pena de muerte para los casos graves. En España parece que no terminamos de entender el significado real de la corrupción y los delitos económicos vinculados al dinero público. El dinero que “pierde” el Estado significa, entre otras cosas, menos hospitales, menos médicos, menos educación, menos infraestructuras, etc. La falta de financiación del sistema sanitario, por poner un ejemplo, se traduce inmediatamente en la muerte de ciudadanos. En la URSS de aquellos años este tipo de delitos se castigaban de forma muy severa.

Pero lo más importante, la regularización del funcionamiento del Estado pasaba, sobre todo, por evitar que los “barones regionales” siguieran siendo “señores de horca y cuchillo”, y, por tanto, por concentrar el monopolio de la aplicación de la violencia en las instituciones del Estado, regulando su  aplicación a través de la legislación y las normativas emanadas de los poderes del Estado. Se trataba, en definitiva, de arrebatar a los todopoderosos jefes regionales las prerrogativas de poder que ellos mismos se habían adjudicado partiendo de la base de que el poder les pertenecía por derecho de conquista, en este caso revolucionaria. Ese poder presuponía la capacidad de administrar justicia según el modelo de administración de justicia emanado del periodo revolucionario, es decir una idea de la justicia sumaria, con apenas presencia de los elementos del Derecho, con escasa relevancia o inexistencia de  la defensa del acusado, sin derecho alguno de apelación, donde el acusado se convertía prácticamente de inmediato en enemigo de la revolución y había de ser ejecutado.

 

—¿Qué tipo de medidas concretas tomó Stalin para conseguir esos objetivos?

—Las reformas de Stalin durante los años treinta fueron encaminadas a normalizar todas las facetas de la vida soviética, y en el caso que nos ocupa, a regularizar la administración de justicia, introduciendo y consolidando la figura del detenido, la presunción de inocencia, la presencia del fiscal en los procesos y el establecimiento de los tribunales ordinarios que fueron sustituyendo paulatinamente a las troikas, a las comisiones especiales o a los tribunales revolucionarios que existían desde los años de la revolución y de la guerra civil. En este sentido, la labor de Andrei Vishinskii como jurista y como Fiscal General de la URSS fue muy importante. Esta regularización del Estado no fue bien recibida por una parte importante de la élite dirigente, de la “vieja guardia bolchevique”, que vio en la regularización una pérdida de su poder y de sus prerrogativas “revolucionarias” y que se resistió por todos los medios a su alcance. Fue entonces cuando esta “vieja guardia bolchevique” comenzó a hablar de contrarrevolución, de termidor, etc. Un bonito lenguaje para ocultar cuestiones mucho más prosaicas.

Dicho esto, hay que decir que Stalin y el llamado estalinismo fueron precisamente la eclosión, la manifestación de la parte más popular del proyecto bolchevique, aquella que estaba íntimamente vinculada con una visión campesina y mesiánica de la igualdad y de la justicia social. Ese pueblo abstracto, que tanto se reivindica en el discurso revolucionario de salón, en lo concreto, en su materialización histórica, es violento y duro en su manifestación cuando se llega precisamente al estallido revolucionario. Pero al mismo tiempo, el estalinismo es también la fase en la que esa violencia revolucionaria con un alto componente nihilista es conducida hacia la reconstrucción de la sociedad. En aquel contexto ni a Stalin ni a las gentes que le rodeaban les tembló el pulso a la hora de “llamar al orden” a unos y a otros. Fuesen enemigos políticos o delincuentes comunes.

 

—“Llamar al orden”… Bueno, fue una forma de hacerlo bastante drástica ¿no?

—Todo parece indicar que para Stalin y los estalinistas la historia no era un asunto filantrópico sino una lucha en la que no había que bajar la guardia. Manuel Azaña y los gobiernos republicanos españoles de turno tal vez no entendieron esta cuestión y no quisieron pasar a la historia clasificados como personajes sangrientos. Y en vez de condenar en juicios sumarísimos a los militares golpistas españoles, se limitaron a “llamarles la atención” y a enviarles a Canarias a  bañarse y tomar el sol. A cambio, los militares, organizaron un golpe de Estado y una guerra civil sangrienta con las consecuencias que todos sabemos. Eso sí, Azaña ha pasado a la historia como un hombre bueno y un frustrado autor literario por culpa de la guerra. Por su parte, Stalin y los llamados estalinistas, no se anduvieron con demasiados remilgos. Hicieron limpieza en el Ejercito Rojo, en los ministerios, en el servicio secreto, en las empresas, etc., evitando que se llevaran a cabo varias conjuras militares, consolidando la economía y contribuyendo de forma decisiva a la posterior victoria en la guerra contra el nazismo y sus aliados europeos.

Pero cuidado, toda esta historia de las represiones es mucho más complicada de lo que hasta ahora llevamos dicho, sobre todo en lo relacionado con los comunistas y la tan admirada “vieja guardia bolchevique”.

Veamos un apunte relacionado con la “vieja guardia bolchevique”, tan llorada por muchos comunistas. Sólo un ejemplo ilustrativo. Uno de los miembros más emblemáticos de aquella vieja guardia bolchevique fue Robert Indrikovich Eije (letón). Ingresó en el Partido Socialdemócrata del Territorio de Letonia en el año 1905. En 1925 Candidato a miembro del Comité Central del VKP(b) y desde 1930 miembro de pleno derecho. En el año 1935 Candidato a Miembro del Politburó del Comité Central. Desde el año 1930 fue Primer Secretario del Comité Territorial de Siberia  Occidental del VKP(b). Conforme fue avanzando el tiempo, Eije se convirtió en uno de los jefes regionales más influyentes y con más poder dentro y fuera del partido. En el Pleno del Comité Central de diciembre de 1936, Eije realizó una dura intervención contra los antiguos compañeros de partido, acusados de trotskistas: “Los hechos, descubiertos por la investigación, nos muestran la fiera cara de los trotskistas ante todo el mundo (…) Camarada Stalin, enviamos al exilio varios convoyes de trotskistas… ¿Para qué demonios enviamos a semejante gente al exilio? Hay que fusilarlos. Camarada Stalin, estamos actuando de forma muy blanda…” En el año 1937, en el territorio bajo su control, fueron condenados a diferentes tipos de penas, incluida la pena de muerte, 34.872 personas. Ese mismo año, ante la envergadura de la catástrofe, Eije fue nombrado Narkom de Agricultura, para de esta forma alejarlo de su territorio en Siberia y de los resortes del poder que allí disponía. El 29 de abril de 1938 fue detenido y acusado de la creación de una organización letona-fascista. El día dos de febrero de 1940 fue declarado culpable y condenado a muerte. Fue fusilado ese mismo día.

Pues bien, durante la sesión del XX congreso del PCUS en el año 1956, en la que fue presentado el Informe Secreto sobre el culto a las personalidad y los excesos cometidos por Stalin, precisamente Eije fue utilizado por Nikita Jruschev como ejemplo de camarada, comunista ejemplar, condenado de manera injusta por Stalin por oponerse a sus “formas totalitarias” de ejercer el poder. El 14 de marzo de 1956 fue rehabilitado, post mortem, por el Colegio Militar del Tribunal Supremo de la URSS y el 22 de marzo del mismo año fue readmitido, post mortem, en el PCUS. Me parece que este tipo de hechos deben invitar, cuando menos, a una profunda reflexión sobre la naturaleza del denominado estalinismo y de lo ocurrido en la URSS en aquellos años.

 

Bien, vayamos a tu libro, “¡Ve y lucha!” ¿A qué hace referencia el título?

—Según diferentes fuentes, son las palabras dirigidas por Stalin a su hijo mayor Yakov cuando se marchó al frente de batalla tras el ataque alemán a la URSS el 22 de junio de 1941. Han sido también elegidas porque resumen el estado en el que se encontraba la URSS en aquellos años (aunque en realidad habría que decir que fue el estado en el que se encontró durante toda su existencia). Y también porque  reflejan la actitud de la inmensa mayoría de la sociedad soviética y de los dirigentes del partido y del Estado ante una guerra que se iniciaba de forma muy complicada para la URSS, y en la que participaron todos de forma sincera desde el primer momento. En el caso de los dirigentes, no trataron en ningún caso de poner a salvo a su familiares más directos, sino todo lo contrario, les apoyaron en sus deseos de ir al frente a luchar.

 

—¿Cayeron en la lucha algunos parientes próximos de los dirigentes más relevantes?

—Prácticamente todos perdieron en la guerra a alguno de sus hijos, amén de otros familiares cercanos. Los tres hijos de Anastas Mikoian fueron a la guerra. Vladimir, con 18 años, se incorporó al frente de batalla en junio de 1942 y apenas unos meses después murió en combate. Eso no fue un impedimento para que el menor de los Mikoian se incorporara en 1943, al mismo cumplir los 18 años, aunque con mejor destino que su hermano. La captura de Yakov, el hijo mayor de Stalin, al principio de la guerra no fue un impedimento para que Vasilii Stalin se incorporara al frente, lo mismo que Artiom, el hijo adoptivo de Stalin. Vasilii, para evitar ser capturado por los alemanes y correr la misma suerte que su hermano, volaba sin paracaídas. Yakov fue asesinado por los alemanes en un campo de prisioneros, aunque eso sólo se supo tras finalizar la guerra. También murió Timur Frunze, el hijo del legendario Frunze. Tenía 19 años cuando cayó en un combate desigual contra 8 cazas enemigos, pero, eso sí, después de derribar dos de ellos. Sergo Beria también fue a la guerra en cuanto cumplió los 18 años, pero tuvo mejor suerte y sobrevivió al conflicto. La lista de jóvenes héroes es muy extensa, y a ella hay que añadir los nombres de muchos españoles, entre ellos el de Rubén Ruiz Ibárruri, el hijo de Pasionaria, que cayó en combate en la terrible batalla de Stalingrado y que está enterrado en una alameda en el mismo centro de la ciudad.

 

 —Tu libro se desarrolla en torno a una entrevista efectuada a V.F. Alliluev. ¿Quién era este personaje?

—Vladimir Alliluev fue sobrino de Stalin. Su madre Anna Allilueva era hermana de Nadezhda Allilueva, la segunda esposa de Stalin. De él puede decirse que nació, creció y se educó en el vórtice del huracán. Su padre fue Stanislav Redens, un polaco que fue secretario personal de Félix Dzerzhinskii y que llegó a ocupar cargos muy importantes en la estructura de los órganos de seguridad de Estado. De hecho fue una de las pocas personas que en el año 1935 recibieron el grado de Comisario de Seguridad Nacional, en su caso, de Primera Categoría. Este hombre llegó a ser la cabeza de un importante “clan” dentro de las estructuras del NKVD y participó de forma muy activa en las luchas internas de finales de los años treinta. Junto con Nikita Jruschov fue uno de los responsables de las represiones en la región de Moscú y en Ucrania. Finalmente fue arrestado en el año 1938, juzgado, condenado y fusilado sin que en ningún momento le sirviera como privilegio su relación familiar con Stalin.

La madre de Vladimir Alliluev fue arrestada en 1948 y pasó cinco años en la cárcel. Las causas fueron otras, pero tampoco le sirvieron de atenuante sus vínculos familiares con Stalin, más bien al contrario.

Tras el arresto de su madre, el joven Vladimir, fue adoptado por su tío Fiodor, el hermano menor de su madre, por lo que finalmente cambió su apellido paterno, Redens, por el materno, Alliluev. Continuó con su vida y sus estudios y con el tiempo llegó a ser un importante ingeniero que trabajó en centros de investigación relacionados con el programa nuclear soviético y con el programa de investigación del cosmos.

Tan agitada vida familiar, que en otra persona hubiese propiciado una actitud antisoviética y, por supuesto, antiestalinista, no le hizo perder la capacidad de enfrentarse a la historia de su familia y a la historia de la URSS con bastante objetividad. En el año 1995 publicó un libro muy interesante sobre su familia en el que aparecen una gran cantidad de personas del entorno de Stalin. Le conocí a través de Serguei Kará-Murzá, y finalmente accedió a que grabara un par de largas conversaciones. Me pareció en todo momento una persona muy seria, bastante objetiva y con mucho sentido común.

 

—Para finalizar: “¡Ve y lucha!” está plagado de anécdotas, que hacen que sea de lectura muy agradecida, que se disfrute sea cual sea la opinión que se tenga de esa época y Stalin. Pero al final el lector saca una conclusión: que el poder de Stalin no era omnímodo, y que su figura real no se corresponde con la imagen más divulgada por los historiadores, al menos en Occidente. ¿Compartes esa opinión?

—Si, por supuesto. El poder en la URSS fue siempre un delicado equilibrio de fuerzas entre diferentes grupos y tendencias políticas, y los enfrentamientos y las luchas estuvieron siempre al orden del día. En muchas ocasiones estas diferentes tendencias colaboraban entre si, en otras llegaron a protagonizar un enfrentamiento mortal. El bolchevismo, en su origen, fue un movimiento que albergaba en su seno a diferentes proyectos de construcción social. Y esa pluralidad, que se mantuvo en todo momento, estuvo detrás de la constitución de estos grupos. En época de Stalin el poder se ejercía de forma colegiada, incluso durante la guerra, que fue el periodo en el que Stalin concentró un mayor poder personal.

Esto no quiere decir que Stalin no dispusiera de un gran poder. Lo tuvo, efectivamente, pero no fue el mismo en cada momento. Durante mucho tiempo tuvo que compartir y repartir el poder con otras gentes y otras tendencias, y en algunas ocasiones estuvo a punto de perderlo. Esto último, perder el poder, no era tan difícil. Sírvanos de claro ejemplo lo ocurrido con Lavrenti Beria apenas unos meses después de la muerte de Stalin.

En cuanto a la figura de Stalin, resulta evidente que ha sido manipulada y tergiversada hasta el absurdo. De forma intencionada se ha creado un personaje imaginario que no se corresponde en nada con el personaje histórico ni con su significado e importancia para la historia del siglo XX. Por desgracia para todos, la historiografía sobre la Unión Soviética adolece de graves y serios problemas y, en general, la actitud del historiador en relación con la URSS ha sido hasta ahora, cuando menos, patética. Pero esa es, valga la redundancia, otra historia que habrá que abordar en su momento.


Moscú, enero de 2013

Publicada por primera vez en la revista El Viejo Topo, en el número 301 de febrero de 2013

Paracuellos y la mano de Moscú

La historia y el sentido común (Paracuellos y la mano de Moscú)

  

Antonio Fernández Ortiz

Historiador 

1.- Don Santiago y el agente de Moscú.

Con motivo de la muerte de Santiago Carrillo, aparecieron en la prensa española diversos artículos en los que se hacía referencia a la vinculación de  Santiago Carrillo con los sucesos de Paracuellos del Jarama que se saldaron con el fusilamiento de una gran cantidad de personas, presos procedentes de diferentes cárceles de la ciudad de Madrid. Las cifras, que varios autores  sitúan alrededor de las 2.000 personas, oscilan hasta llegar a las 8.500 dependiendo de la orientación ideológica de los autores y medios de comunicación.

En lo que todo el mundo está de acuerdo es que dichos sucesos tuvieron lugar y que fueron ajusticiadas de forma indiscriminada un gran número de personas. Si con las cifras de muertos hay diferencias importantes, cuando se habla de los responsables las diferencias se convierten en acusaciones y falta poco para llegar a las manos.

Para el franquismo y la literatura afín, Paracuellos del Jarama se convirtió en la gran arma arrojadiza contra la República y en la coartada, no sólo del Alzamiento, sino de toda la política de represión y terror que tuvo lugar durante y después de la guerra civil. Además, Paracuellos fue utilizado, y lo sigue siendo al día de hoy, para desacreditar a políticos y personajes históricos vinculados de una u otra manera con la República y en especial con la izquierda comunista.

Para los antifranquistas, Paracuellos pesaba y sigue pesando como un lastre que no permite salir del todo a la superficie. Si la violencia sistemática fue un instrumento de la derecha española en aquel conflicto, ¿cómo se explica lo de Paracuellos? ¿Cómo pudo ser que aquella República tan idealizada, aquel proyecto de futuro en libertad, protagonizara un acto violento tan difícil de explicar (no digamos ya de justificar)?

Y es entonces donde aparece, para tranquilidad de todos, la terrible mano de Moscú. Y todo queda explicado y solucionado en un instante. Aquí paz y después gloria. Y para muestra un botón. En el diario El País, edición digital de 21-09-2012, aparece publicado un artículo en el que sus cuatro autores (Ángel Viñas, Fernando Hernández, José Luis Ledesma y Paul Preston) realizan unas “Puntualizaciones sobre Paracuellos”. Veamos algunas cuestiones de forma y fondo que se plantean en dicho artículo.

La iniciativa o “chispazo que condujo a Paracuellos provino de uno de los agentes de la NKVD llegado a Madrid mes y medio antes”. Sorprende de principio la utilización del concepto de agente del NKVD. Decir eso y decir nada es lo mismo porque nada nos aclara. NKVD son las siglas de Narodnii Komissariat Vnutrennij Del, es decir, Comisariado Popular de Asuntos Internos, un equivalente a Ministerio del Interior. En el contexto de la Unión Soviética de aquellos años, un ministerio amplio y numeroso, con infinidad de departamentos, y escenario en aquellos tiempos de terribles luchas en su seno entre diferentes grupos y familias políticas enfrentadas unas a otras.

¿A qué departamento pertenecía aquel agente? ¿A la Dirección General de Seguridad del Estado, a la Sección con Poderes Especiales, a la Dirección General del Registro Civil o a la Milicia Obrera y Campesina? Supongamos que trabajaba en la Dirección General de Seguridad del Estado, pero, ¿en qué sección? ¿En la de Contraespionaje, en la Operativa, en la de Extranjero (espionaje en el exterior), en la Político-secreta?

Sorprende también la afirmación de que “La liquidación masiva de enemigos había sido una práctica habitual en la guerra civil rusa … la NKVD no dudó en recomendar la misma “profilaxis”. Los españoles, ingenuos de nosotros, no sabíamos, hasta aquel momento, lo que era la liquidación masiva de enemigos. Tuvo que venir un agente comunista a explicárnoslo. Por cierto, al otro bando, al de Franco, ¿quién le explicó lo de la liquidación masiva? ¿Otro agente de Moscú?

Por la historia hemos pasado siempre de puntillas sin mancharnos las manos. Gracias a ese comportamiento ejemplar sometimos a medio mundo bajo un imperio en el que no se ponía el sol. Claro que hay algunas voces que a lo largo de nuestra historia nos han recordado que no hemos pasado precisamente de puntillas. Por ejemplo, Bartolomé de las Casas y sus seguidores. Tampoco reaccionan muy bien en los Países Bajos cuando se nombra al Duque de Alba. Podemos hablar de tiempos más cercanos, como por ejemplo las Guerras Carlistas a lo largo todo el siglo XIX o la pacificación de Asturias llevada a cabo por el General Francisco Franco en 1934.

Leyendo a estos autores da la impresión de que la eliminación masiva de enemigos la inventaron los comunistas bolcheviques en su revolución, y que semejante práctica no tiene nada que ver con otros pueblos de la historia civilizada. Vamos, como si no tuviéramos otros maestros de los que tomar ejemplo. Napoleón, revolucionario ilustrado, fue un santo y sólo se le fue la mano un poco en Madrid. Claro, que el maestro Goya, que estuvo al quite, aprovechó para sacarle, de una vez y para siempre, los colores al emperador Bonaparte. En la I Guerra Mundial, alemanes, británicos, franceses y austro-húngaros tampoco emplearon técnicas masivas de liquidación de enemigos. No, era la gente la que se empeñaba en morirse de susto en las trincheras.

Justo después de decir que la liquidación masiva de enemigos había sido una práctica habitual y que el NKVD no dudó en recomendar la misma profilaxis, se pone como ejemplo claro de “liquidación masiva” que “a finales de octubre de 1936 el embajador soviético ya sugirió recuperar a los presos dispuestos a servir a la República. Como se había hecho con los oficiales zaristas para que se unieran a los bolcheviques”. ¿Es ésta acaso una práctica de liquidación masiva? Más bien todo lo contrario. Es una actitud conciliadora. Actitud que, por cierto, a los bolcheviques exterminadores les dio gran resultado. Más de la mitad de los oficiales del antiguo ejército imperial se unieron a los bolcheviques. Unos por afinidad ideológica, pero la mayoría porque vieron en ellos a la única fuerza capaz de restablecer el Estado.

No se entiende lo de que “el agregado militar, coronel/general Goriev, informó crípticamente a Moscú de la labor desarrollada por la NKVD durante el asedio de Madrid en un despacho del 5 de abril de 1937 y mencionó un nombre, el de Alexander Orlov”. Críptico significa oscuro y enigmático. No parece muy probable que un mando militar con el rango de coronel/general (en realidad General-coronel) enviara un informe oscuro y enigmático a Moscú. Todo lo contrario, el informe debería ser claro y concreto. En todo caso enviaría un informe secreto, reservado, codificado, lo cual, por cierto, es la forma habitual de enviar este tipo de informes y no parece que sea un invento de los comunistas de Moscú.

Curiosamente, resulta que en un borrador de dicho documento que hay en el archivo histórico del PCE falta precisamente la referencia al NKVD. Pero más curioso resulta constatar el rigor con el que se trabaja: “Se nos ha dicho que cuando un investigador ruso quiso consultar el despacho en los archivos moscovitas el legajo había sido declarado inaccesible. Otra casualidad”. ¿Quién lo ha dicho? ¿La tía Manolita? ¿La tendera de la esquina? Por favor, un poco de rigor. ¿Qué investigador ruso? ¿En qué archivo? ¿En qué fondo está catalogado el enigmático documento? Además, se plantea la dificultad del acceso a los documentos como una particularidad de los archivos rusos. En todos los archivos del mundo, incluidos, por supuesto, los españoles, hay materiales a los que los investigadores no tienen acceso. Hay que esperar a que venzan los plazos establecidos para hacerlos públicos.

Luego entonces, si en el borrador falta la referencia al NKVD, y no se puede consultar el original del documento por ser “inaccesible”… ¿cómo sabemos que ese enigmático documento habla precisamente de la actividad de este ministerio? ¿Y si se refería al Servicio de Información Militar del Ejército Rojo, o al Ministerio de Asuntos Exteriores, o al MOPR (Organización Internacional de Ayuda a los Luchadores por la Revolución), o a la red de contraespionaje de la III Internacional? Insisto, este aspecto es de fundamental importancia.

Por cierto, el agregado militar soviético en Madrid entre septiembre de 1936 y octubre de 1937 fue Vladimir Efimovich Gorev, un hombre con una biografía intensa que le había llevado a luchar en la guerra civil en Rusia, a combatir en China como asesor militar soviético y a ser agente soviético clandestino en los EE.UU., antes de acabar en la España republicana como agregado militar. Conviene indicar que en aquellos años no existían en el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos los rangos de coronel o general, abolidos durante la revolución, sino los de comandante de brigada, comandante de división, comandante de cuerpo de ejército o comandante de ejército. Sólo a partir de 1940, estos rangos fueron reintroducidos de nuevo. Gorev fue ascendido en 1937 a comandante de división, komdiv en el argot militar soviético de la época. En octubre de dicho año volvió a la URSS donde publicó artículos en el periódico Krasnaia Zvezda (Estrella Roja) y en revistas militares hasta que fue detenido en enero de 1938. Juzgado, fue condenado Por el Tribunal Militar Superior de la URSS a la pena de muerte por su participación en una organización terrorista contrarrevolucionaria y fusilado en junio del mismo año.

 

2.- Alexander Orlov.

Continuemos. El general/coronel (komdiv) Goriev menciona en su informe el nombre de Alexander Orlov como el del agente del NKVD autor del “chispazo” causante de la matanza. ¿Quién era Orlov? En realidad su nombre no era Alexander Mijailovich Orlov. Tampoco era el de Lev Lazarevich Nikolskii, ni el de Igor Konstantinovich Berg, algunos de los varios nombres que utilizó a lo largo de su vida. Su verdadero nombre era el de Leiba Lazarevich Feldbin, y no era ruso, era judío de la región de Minsk (actual Bielorrusia), de los muchos que utilizaban nombres y apellidos rusos para ocultar su verdadera identidad.

Orlov (Feldbin), participó en una de las redes encargadas de vender en el extranjero obras de arte y joyas pertenecientes a la Iglesia rusa. Con aquel dinero se financiaba la Rusia bolchevique de los primeros años revolucionarios y sirvió, entre otras cosas, para la financiación de la incipiente red de contraespionaje soviética en todo el mundo. Por cierto, una parte de aquel dinero y de las joyas y obras de arte se quedó en el camino y sirvió luego para financiar a los grupos que lucharon contra la línea política que representaba Stalin.

Feldbin (Orlov), estrechamente vinculado con varias de las “familias” políticas de aquellos años, participó desde muy pronto en las luchas intestinas que protagonizaron estas familias. Se destacó por la fabricación y falsificación de pruebas que sirvieron para eliminar a contrincantes políticos. Tuvo diversos destinos en el exterior: Francia, EE.UU., Alemania, Checoslovaquia, Austria, Suiza y, finalmente España, donde llegó en septiembre de 1936. Durante su estancia en España participó de forma activa en la organización de los servicios de contraespionaje de la República y en la organización de la lucha guerrillera en las zonas bajo control de Franco. Tuvo un papel relevante en la organización de la operación para el traslado de las reservas de oro de la República española a la URSS. Más tarde participó en la organización del secuestro y muerte de Andreu Nin.

En julio de 1938, Feldbin (Orlov) recibió la orden de regresar a Moscú. Independientemente de los casos en los que Moscú ya había constatado su deslealtad, el Servicio de Inteligencia Militar soviético en España había comunicado a Moscú de las sospechosas actividades en las que Feldbin había participado. Informado de que en la URSS no le esperaba precisamente un recibimiento caluroso, Feldbin desapareció misteriosamente, eso sí llevándose 60.000 dólares USA de la caja de su “oficina”, y sólo apareció más tarde en los EE.UU., donde había llegado a través de Canadá.

La mayoría de la documentación relacionada con su huida sigue inaccesible para su consulta en los archivos (otro ejemplo del secretismo ruso-comunista) y por lo tanto, al día de hoy, no se puede valorar en toda su dimensión el daño que supuso para la red soviética de contraespionaje su actividad desleal. Sí es de dominio público que ayudó a desmantelar la red de informadores y agentes introducida alrededor de Trotski, y que informó a éste del detalle de los planes para su liquidación. Luego, lo que ya es más conocido, participó en las campañas de propaganda de la CIA durante la guerra fría, con la publicación de libros sobre los “crímenes del estalinismo”.

¿De quién recibía instrucciones Feldbin? ¿De los soviéticos, de los franceses, de los alemanes, de los británicos o de los norteamericanos? Parece más probable que de todos al mismo tiempo. Vamos a suponer que recibía instrucciones solamente de la URSS ¿Quién era entonces su jefe inmediato? ¿De quien dependía políticamente? ¿Cuál era la vertical de poder de la que dependía Feldbin? ¿Recibía las órdenes directamente del Narkom (ministro) de Asuntos Internos o acaso las recibía del propio Stalin? Después de conocer esta pequeña semblanza biográfica del personaje Feldbin, es difícil asegurar que era un “agente” de Stalin.

 

3.- Asesores soviéticos.

Es necesario hacer una pequeña incursión por la historia soviética para entender por qué son tan importantes estos detalles. Junto con Feldbin, otros asesores soviéticos estuvieron en la España republicana durante los años de la guerra. Algunos de ellos muy conocidos, otros, no tanto. Veamos algunos ejemplos.

Mijail Efimovich Koltsov es de los más conocidos. Su verdadero apellido era Fridliand, judío, originario de la ciudad de Kiev. Fue redactor jefe de las revistas Ogoniok y Krokodil. Miembro de la redacción colegiada del diario Pravda y corresponsal de este periódico en el extranjero (de 1922 a 1938), fue un “nómada de la revolución”. También fue uno de los directores de la Sección Extranjera de la Unión de Escritores de la URSS y delegado en el Congreso Internacional en Defensa de la Cultura en París en 1935 y en Valencia en 1937.

Llegó a España en 1936 como corresponsal de Pravda. Sus artículos fueron publicados regularmente en Moscú, donde en 1938 fue editada una recopilación de estos artículos bajo el título de Diario español. En junio de 1938, ya en Moscú, fue elegido diputado del Soviet Supremo de la RSFSR. En la noche del 12 al 13 de diciembre de 1938 fue detenido en la redacción del periódico Pravda. Fue juzgado, y el 1 de febrero de 1940 fue condenado a muerte. Para autores como Ian Gibson, Koltsov tuvo una relación directa con los fusilamientos de Paracuellos y es considerado como el agente personal de Stalin en España. Sin embargo, más allá de la peregrina idea de que Stalin le mando matar (a él y a otros de los que pasaron por España) para eliminar testigos incómodos, estos autores no aciertan a explicar que pasó realmente para que Koltsov fuese juzgado y fusilado en 1938.

Otro importante asesor soviético en España fue Iosif Grigulevich, cuyo verdadero nombre era Iuozas Griguliavichus, judío karaim originario de la ciudad de Vilnius, capital de la actual Lituania. Desde muy joven comenzó a trabajar en el extranjero a través del MOPR. La mayor parte de su carrera la desarrolló en Iberoamérica. De hecho llegó a la España republicana procedente de Argentina. Al llegar a Madrid adoptó el nombre de José Ocampo. Trabajó con Naum Belkin, con Feldbin, Naum Eitingon, Koltsov, Eremburg, etc. (todos ellos también de origen judío).

Trabajó en la lucha contra las bandas de ladrones en Madrid y en la persecución de los grupos que se dedicaban a realizar “paseos”. Participó en el desmantelamiento de más de 200 de las llamadas checas de Madrid, muchas de las cuales “pedían” dinero a los detenidos con el que se “autofinanciaban”. Estuvo en Barcelona en los sucesos de mayo de 1937, participó en los combates en la ciudad y más tarde escribió sobre estos sucesos reconociendo la dureza de los combates. Participó en la detención de anarquistas en Barcelona y en la detención de dirigentes del POUM, entre ellos Andreu Nin, al que trasladaron a Madrid.

Junto con Siqueiros fue uno de los organizadores y participantes en el atentado fallido a Trotski de mayo de 1940. Trabajó después en Argentina, Chile, Uruguay, Brasil e Italia. Finalmente, alcanzó la cima de su carrera como agente secreto cuando, con el nombre de Teodoro Castro, fue nombrado embajador de Costa Rica ante el Vaticano. Ya de vuelta en la URSS, en 1957, defendió su tesis doctoral: “El Vaticano. Religión, finanzas y política”. Desarrolló una intensa vida académica publicando una gran cantidad de trabajos científicos. Fue miembro del Instituto de Etnografía de la Academia de Ciencias de la URSS y uno de los fundadores del emblemático Instituto de América Latina, también de la Academia de Ciencias de la URSS.

German Gansovich Yagan, también judío, en esta ocasión de Estonia. Coronel y asesor militar en la España republicana entre 1936 7 1938. De vuelta a Moscú fue fusilado el 8 de julio de 1938.

Semión Moiseevich Krivoshein, también judío. Durante su estancia en España dirigió varias unidades de tanques. Lucho contra los japoneses en el lago Khasan en 1938 y contra los finlandeses en 1939-1940. Más tarde, luchó durante toda la Guerra Patriótica, destacándose en la toma de Berlín. Héroe de la Unión Soviética. Profesor en la Academia Militar Frunze de Moscú. Murió en 1978.

Grigorii Shtern. Judío. Militar. En 1937 y 1938 fue asesor militar en España. Participó en la batalla de Jaljin-Gol y en la guerra fino.soviética de 1939-1940. Héroe de la Unión Soviética. El 7 de junio de 1941 fue detenido, juzgado y condenado a muerte, siendo fusilado el 28 de octubre del mismo año.

¿Qué tenían en común estas personas? Unos eran agentes de diferentes servicios de contraespionaje soviético y otros eran militares. Unos acabaron fusilados al poco tiempo de pasar por España. Otros no, y tuvieron larga vida y éxito profesional.

En ellos hay un nexo de unión, el hecho de que todos eran judíos, que nos puede ser de utilidad para entender las particularidades de la presencia de “la mano de Moscú” en la guerra civil española. Vayamos por partes.

 

4.- Origen étnico-nacional y clientelismo político.

El 10 de julio de 1934 el Comité Central Ejecutivo de la URSS creó el Comisariado Popular de Asuntos Internos de la URSS. Genrij Yagoda, fue nombrado Narkom (ministro) de Asuntos Internos (su verdadero nombre era el de Enoj Gershenovich Yegoda). En noviembre de 1935 en los servicios de Seguridad Nacional del NKVD fue establecido un sistema de grados y empleos similar al militar, aunque con diferente nomenclatura. La máxima graduación era la de Comisario de Seguridad Nacional (equivalente a general), que podía ser de primera, segunda y tercera categoría. Treinta y siete personas recibieron el grado de Comisario de Seguridad Nacional.

Si analizamos la composición de este importante contingente de altos cargos del NKVD, no desde su afiliación política, sino desde su pertenencia étnico-nacional, observamos que de ellos, veinte son judíos, nueve eslavos (rusos, ucranianos, bielorrusos, sin incluir a polacos), cuatro letones, dos polacos y dos georgianos. Llama la atención el elevado porcentaje de judíos, el 54%, frente al 24% de eslavos, cuando el porcentaje total de población judía en la URSS no llegaba en aquellos años al 2%. Esta composición étnico-nacional del “generalato” era extensible al resto del Comisariado, aunque en la propia dirección del NKVD la proporción estaba más equilibrada, alrededor del 40% para cada uno de los dos grupos mayoritarios  (eslavos y judíos) (Naumov, L.A. “Borba v rukovodstve NKVD 1936-1938”. Moskva Yuza – 2009). Veamos.

Hay una amplia bibliografía en la que se estudia las transformaciones que tuvieron lugar en la numerosa comunidad judía existente en el Imperio Ruso y en la URSS desde el último tercio del siglo XIX hasta el inicio de la II Guerra Mundial. En una parte importante de esta bibliografía se destaca el sobresaliente papel jugado por los judíos en la revolución rusa, sobre todo por los más jóvenes, los cuales, procedentes de las aldeas situadas en los territorios en los que históricamente dentro del Imperio Ruso se había permitido el establecimiento de judíos, se incorporaron con gran energía al movimiento revolucionario ruso a partir del último tercio del siglo XIX.

Desde finales del siglo XIX la presencia y protagonismo de las jóvenes generaciones de judíos no hizo más que aumentar con el tiempo, incorporándose a las organizaciones y partidos revolucionarios ya existentes o a otros de nueva creación. Muchos se incorporaron a los dos partidos revolucionarios más importantes, al Partido de los Socialistas Revolucionarios (ESER) y al Partido Socialdemócrata (RSDRP), en este último caso su presencia se repartía casi por igual entre la fracción menchevique y la bolchevique. Otros se incorporaron a organizaciones políticas específicamente  judías como el BUND (Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia), el Partido Socialdemócrata Obrero Judío “Poalei Tsion”, el Partido Comunista Judío “Poalei Tsion” o el Partido Obrero Sionista Socialista, por poner sólo unos ejemplos de la multitud de organizaciones políticas netamente judías.

Aunque en los momentos iniciales de la Revolución de Octubre la mayoría de estas organizaciones, como en el caso del BUND, fueron contrarias a los bolcheviques, más tarde, después de pasar por escisiones y unificaciones varias, sus militantes acabaron incorporándose mayoritariamente al Partido Comunista de toda la Unión (bolchevique), que llegó a contar con una importantísima sección judía conocida como Evsektsia (ev = hebreo + sektsia = sección).

El historiador israelí Arkadii Zeltser (nacido en la URSS en el año 1961), en su interesante trabajo “Evrei sovetskoi provintsii: Vitebks i mestechki 1917-1941” (Moskva, ROSSPEN, 2006), dice lo siguiente:

“La Revolución de febrero, al igualar en derechos a todos los ciudadanos del país, creó las bases para la promoción social de los judíos. Los bolcheviques no sólo heredaron este principio de igualdad de todos los ciudadanos independientemente de su procedencia étnica … sino que prestaron especial atención a la promoción social de todas las minorías étnicas. Las posibilidades abiertas fueron aprovechadas por muchos judíos, tanto por aquellos que se dirigieron desde las provincias a las capitales, como por aquellos que se quedaron en sus lugares tradicionales de asentamiento.”

“La emigración de los judíos aumentó de modo excepcional en los años soviéticos, cuando un potente torrente de emigrantes procedente de la periferia se precipitó en las capitales y en los centros industriales.”

“Las aldeas fueron abandonadas por el sector social más móvil: la juventud, tanto por los hombres como por las mujeres. … En el rápido ascenso social de los judíos influyó su mayor tasa de alfabetización … su actitud de respeto hacia la formación.”

“En resumen, los jóvenes judíos, de forma relativamente fácil, pasaban a nuevas esferas de actividad. En la medida que la sociedad creaba nuevos criterios que definían que actividades eran más prestigiosas, se transformaban las representaciones de los judíos sobre las ocupaciones y trabajos “ideales”. Una parte de los judíos se incorporaron a los organismos soviéticos y del partido, otros, en los años de la industrialización, estudiaron para ingenieros, otros llegaron a ser oficiales del Ejército o del OGPU-NKVD”.

Un rasgo determinante de estos jóvenes revolucionarios fue su entrega generosa a la causa que abrazaban, incorporando al movimiento revolucionario unas altas dosis de mesianismo y apasionamiento que se manifestaba, entre otras cosas, en el empeño que ponían en cumplir las misiones que les eran encomendadas. Como ya hemos visto en el texto citado anteriormente, a partir de 1917 se produjo una masiva concentración de aquellos jóvenes judíos en el Partido, en el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos y en las diferentes instituciones y órganos de seguridad del Estado. Con el paso del tiempo, ya en los años 20 y 30 del siglo XX, fueron ascendiendo en la cadena de mando y atrayendo y promocionando a nuevos jóvenes, generalmente también judíos. Eso explica, en gran medida, la alta concentración de judíos en el NKVD en la segunda mitad de los años 30. Pero lo más importante, esta forma de captación y promoción estaba sustentada sobre fuertes relaciones de dependencia y clientelismo personal y por estrechas afinidades ideológico-políticas.

Los militantes más veteranos procedían de alguna de las múltiples organizaciones políticas de las que antes hemos citado algunos ejemplos, y se trajeron con ellos sus viejas lealtades y, como no, sus viejas rivalidades. Estos veteranos militantes actuaron como aglutinantes de tendencias políticas y personales y agruparon alrededor de ellos a los más jóvenes, al tiempo que les hacían partícipes de sus fobias y filias. De tal manera que fueron creándose y consolidándose diferentes grupos y clanes familiares que con el paso del tiempo y sobre la base de rivalidades políticas o personales llegaron a un grado tal de enfrentamiento que generó una lucha sin cuartel entre aquellas “familias”.

Veamos algunas de ellas. El grupo de Yagoda, vinculado con la familia de Yakov Sverdlov, con figuras como Prokofiev, Pauker, Ostrovskki o Volovich, muy poderoso e influyente. El grupo de Frinovskii y Evdokimov, también muy influyente y que actuó como martillo de herejes contra el grupo de Yagoda, aliándose finalmente con el grupo de Ezhov. El grupo de Lev Belskii y de los hermanos Boris y Matvei Berman. El grupo de Zakovskii, jefe del NKVD en la región de Leningrado. El grupo de Beria, donde predominaban personas procedentes del sur del Cáucaso. El grupo de Ezhov, con figuras como Litvin, Shapiro o Tsesarskii, etc. Es importante tener en cuenta que estos grupos eran la expresión, en el ámbito del NKVD, de algunas de las facciones políticas y militares que se disputaban el poder en la URSS por aquel entonces.

La autoridad y el recuerdo de estos grupos se mantuvo durante bastante tiempo después de su desarticulación. Y en ámbitos muy diferentes. En los centros de reclusión y en los campos de trabajo, entre los condenados antiguos miembros del NKVD, la identificación de la antigua pertenencia a uno u otro clan generaba respeto (o animadversión, dependiendo del interlocutor). Gleb Ivanovich Bokii, Comisario de Seguridad Nacional y una de las personas con más poder dentro del NKVD (jefe durante largos años de la Sección Especial), fue detenido en mayo de 1937 durante la sustitución en las diferentes estructuras del NKVD de las personas vinculadas al anterior Narkom, Yagoda.

Revolucionario de los primeros años, Bokii era de aquellos que consideraban que el Estado les pertenecía por derecho de conquista. Cuando Ezhov le pidió el traspaso de documentos y asuntos pendientes, Bokii se negó a hacerlo. Ezhov, para reforzar su autoridad ante él, le dijo que cumplía órdenes de Stalin, a lo que Bokii le respondió: “¿quien es ese Stalin? … a mi me nombró para este cargo el mismo Lenin…” A aquellas alturas, el nombramiento de Lenin le sirvió de poco a Bokii. Fue detenido, juzgado, condenado a muerte y finalmente fusilado en noviembre de 1937. El caso es que después de muerto, Bokii seguía ganando algunas pequeñas batallas. Lev Razgon, agente en uno de los departamentos del NKVD, cuenta en sus memorias la actitud de respeto y sumisión que mostró hacia él uno de sus compañeros de reclusión, también antiguo agente del NKVD, cuando Razgon le confesó que Bokii había sido su suegro.

 

5.- Las guerras internas.

Quien piense de forma maniquea que en la URSS de aquellos años había dos bandos, los trotskistas y los estalinistas, se equivoca. Y se equivoca por partida doble el que considere que unos eran los “buenos” y los otros los “malos”. Lo mismo que se equivoca el que piense que Stalin tenía el monopolio del empleo de la violencia a través de las estructuras del Estado.

Para que no se produzcan malos entendidos, conviene aclarar que la referencia a la procedencia étnico-nacional nos interesa desde un punto de vista sociológico y para entender el proceso de formación de poderosos grupos clandestinos de presión en las estructuras del Estado vinculados por estrechas relaciones de dependencia y clientelismo personal. En un país plurinacional como la URSS, con más de 160 etnias, esta forma de agrupamiento en torno a la procedencia étnico-nacional estuvo siempre muy presente (y al final fue una de las claves de la derrota final de la URSS) y desde luego no sólo los judíos fueron los únicos actores en esta forma de hacer política a través de clanes y familias. En el caso que nos ocupa, y al ser tan mayoritaria e importante su presencia en el NKVD, nos sirven de ejemplo paradigmático en el estudio de una práctica muy extendida que ha pasado desapercibida para una gran mayoría de estudiosos de la historia soviética empeñados en ver las lineas de fractura y conflicto social sólo en el enfrentamiento ideológico-político.

Evidentemente, los grupos contrincantes fueron muchos y poderosos, y todos aprovecharon las parcelas de poder que tenían en las estructuras del Estado para emplear la violencia en la lucha contra sus enemigos. Y otra cosa, las causas de las luchas no siempre eran tan honorables como la defensa de un modelo de socialismo. Aspectos tan terrenales y prosaicos como el dinero y el poder eran, en la mayoría de los casos, el trasfondo último de aquellos conflictos.

* * *

Genrij Yagoda fue cesado como Narkom (ministro) de Asuntos Internos en septiembre de 1936. Fue arrestado más tarde, el 5 de abril de 1937. Juzgado y condenado a muerte, fue fusilado el 15 de marzo de 1938. El 26 de septiembre de 1936 Nikolai Ivanovich Ezhov, ruso, fue nombrado Narkom de Asuntos Internos. Nada más tomar posesión de su cargo Ezhov, apoyado por otros grupos (como el de Frinovskii y Evdokimov), inició una limpieza de su ministerio e inmediatamente comenzó a sustituir a todos aquellos altos cargos del Comisariado de Asuntos Internos vinculados a Yagoda, el anterior Narkom, por personas de su entorno más cercano. Un ejemplo ilustrativo. Los cuatro primeros nombramientos de altos cargos que realizó Ezhov fueron: Mijail Iosifovich Litvin, Isaac Ilich Shapiro, Vladimir Efimovich Tsesarskii y Semion Borisovich Zhukovskii. A los cambios en la cúpula siguió una cascada de cambios y sustituciones por todo el NKVD. En multitud de casos los cambios y sustituciones estaban fundamentados por actitudes de revancha, y los ceses implicaron la eliminación física del contrincante.

Apenas dos años más tarde, el 25 de noviembre de 1938, Ezhov fue cesado, más tarde detenido, juzgado y condenado a muerte. Fue ejecutado el 4 de febrero de 1940. Le sustituyó Lavrenti Beria, georgiano. Beria inició inmediatamente otra limpieza de cuadros del NKVD, y muchos fueron fusilados, pero en una proporción infinitamente menor. A partir de aquel momento la cantidad de judíos en las diferentes estructuras del NKVD descendió radicalmente. Naumov, a modo de ejemplo ilustrativo, dice que en el año 1940, en la dirección del NKVD el porcentaje de eslavos había ascendido al 80%, mientras que el de judíos había descendido al 4%. Otros, como polacos, letones o alemanes, habían dejado de estar presentes. No obstante, conviene tener en cuenta lo que dice Arkadii Zeltser, en su obra ya citada:

“Los judíos se vieron afectados por las represiones en calidad de “socialmente extraños”, como “desertores”, como “clericales”, o “nacionalistas”, y también como resultado del cambio generacional de cuadros directivos en los ámbitos de la administración estatal y del partido, en el marco del Gran terror de 1936-1938.

A finales de los años 30, una gran cantidad de personas pertenecientes a otros grupos étnicos recibieron educación en los centros superiores de enseñanza soviéticos y se convirtieron en una competencia sería para los judíos. … Contribuyendo … a la reducción de la participación judía en la administración, a la reducción de su porcentaje en el partido, etc. Sin embargo, ésta no fue una política dirigida al desplazamiento de los judíos de los cargos importantes por ellos ocupados. Indicios de antisemitismo estatal… en este periodo, no hubo. Por todas partes, … los judíos, hasta la misma guerra, ocuparon una posición suficientemente fuerte en los ámbitos de la dirección de la administración estatal y de la dirección de partido”.

Stanislav Frantsevich Redens, polaco, era uno de los Comisarios de Seguridad del Estado de Primera Categoría de la lista de la que hablábamos antes. También era cuñado de Stalin. Su último cargo fue el de Comisario Popular de Asuntos Internos de Kazajstán. Allí tuvo como Vicecomisario a Mijail Pavlovich Shreider (su verdadero nombre Izrail Mendelevich Shreider, detenido en 1938, juzgado y condenado a 10 años), quien tiempo más tarde recogió en sus memorias una conversación con su jefe Redens: “Según palabras de Redens, después de tomar unas copas en la dacha, Ezhov se sinceró con sus subordinados presentes en la reunión. ¿De qué tenéis miedo? Todo el poder está en vuestras manos. Ejecutamos a quienes queremos y a quienes queremos perdonamos. Vosotros sois jefes regionales y sin embargo les tenéis miedo a los secretarios regionales del Partido, a quienes no conoce nadie. Tenéis que saber trabajar. Vosotros comprendéis que somos los más importantes. Es necesario que todos, comenzando por los secretarios regionales del Partido, se encuentren por debajo de nosotros. Tenemos que ser las personas con más autoridad en las regiones”. En estas palabras podemos apreciar otra de las claves para entender los conflictos y la violencia de aquellos años. Stanislav Redens, cuñado de Stalin, fue fusilado ocho días después que el Narkom Ezhov. Como resumen, podemos decir que en el año 1941, de aquellos treinta y siete Comisarios de Seguridad del Estado, sólo quedaban vivos dos. El resto se había matado entre ellos en aquella guerra oscura. Durante un relativo largo periodo de tiempo quedaron neutralizados los clanes políticos.

* * *

La guerra civil española coincidió en el tiempo con el momento álgido de aquella guerra no declarada. Con la llegada de los asesores militares y de los agentes de los diferentes servicios de inteligencia soviéticos, la España republicana se convirtió en parte del teatro de operaciones en el que se desenvolvió aquella lucha. Se trajeron su guerra a otra guerra, lo que dio un carácter más dramático a sus luchas intestinas ya que en algunas ocasiones sus acciones tenían consecuencias negativas para la causa republicana. Decir que Feldbin (Orlov), Fridliand (Koltsov) o cualquier otro, era agente del NKVD o agente de Stalin, no nos aclara nada. Muchos de aquellos agentes pertenecían a facciones y grupos enemigos de Stalin y participaron en las conjuras político-militares descubiertas en aquellos años en la URSS. Es evidente que no obedecían a un único mando. Una parte de sus iniciativas o de sus acciones obedecían a las órdenes de sus jefes jerárquicos, en otras seguían las directrices de los jefes de los clanes o de las familias políticas a las que pertenecían y estaban destinadas a mermar o socavar la influencia y el poder de los otros grupos, o a eliminarlos directamente. Muchos de aquellos asesores y agentes murieron en España. Otros, una vez aclaradas sus responsabilidades, fueron encarcelados o fusilados al volver a la URSS. Otros huyeron. Otros continuaron haciendo su trabajo y tuvieron éxito profesional y larga vida.

¿Fue Stalin el único responsable de aquella guerra oculta, o fue una parte más en el conflicto? La historiografía occidental sobre la URSS, saturada de su componente antisoviético y rusófobo mete todas las víctimas de aquella terrible tragedia en una gran chistera de mago de circo y saca al público un fantasma: el del estalinismo. Y con eso lo explica todo.

 

6.- Las sacas.

Volvamos a España, Paracuellos y los comunistas españoles. “La recomendación de la NKVD la puso en marcha Pedro Fernández Checa, Secretario de Organización del PCE.” Está afirmación tampoco nos dice nada. ¿De dónde sabemos que la recomendación fue del NKVD? ¿Del enigmático documento? Suponiendo que la recomendación fuese de Feldbin (Orlov), no hay nada que nos garantice que dicha recomendación obedeció a una directriz u orden de Stalin. Pudo ser una iniciativa del propio Feldbin, o de su jefe inmediato en algún lugar de Europa, EE.UU. o la URSS. ¿A qué familia política pertenecía Feldbin, o su jefe, el que le dio la orden?

Pero bueno, supongamos que de pronto Fernández Checa pone en marcha la idea. Por lo tanto, el responsable ya no es el supuesto agente de Moscú, sino el político español. El agente de Moscú, en calidad de consejero o asesor, sugiere, propone, aconseja o asesora. Para eso le han llamado. Es el cargo político español el que toma la decisión de asumir el consejo o la sugerencia. Por tanto él es el responsable.

Aprovechando su posición de Secretario de Organización del PCE, Fernández Checa convoca a “militantes comunistas y anarco-sindicalistas quienes se encargaron de los aspectos operativos … todos colaboraron en la liquidación de la presunta quinta columna”. Vamos a suponer que eso fue así, ¿por qué ninguna autoridad impidió que durante un mes se fusilara de manera indiscriminada a un número tan elevado de personas? Sobre todo, teniendo en cuenta que se les sacaban de instituciones penitenciarias cuya custodia era prerrogativa del Estado, mediante listas nominales previamente elaboradas por quienes conocían muy bien a las futuras víctimas. ¿Dónde estaban las autoridades de la República? ¿Se habían volatilizado?

De todos es sabido que el Gobierno de la República se había marchado de Madrid huyendo de Franco. Desde los días iniciales del Alzamiento de Franco y los suyos, los presidentes de Gobierno de la República y sus ministros no supieron o no quisieron hacer nada. El Estado se convirtió en un caos. El que no dimitió, hizo dejación de sus funciones hasta ver qué pasaba… Cuando parecía que el Gobierno presidido por Largo Caballero iba a tomar las riendas de la situación, se produjo el abandono de Madrid y el traslado del Gobierno de la República a Valencia.

¿Quién se hizo cargo del poder republicano en la capital de España? La Junta de Defensa de Madrid, creada por el Gobierno de la República (momentos antes de su huida), presidida por el general Miaja y con participación de todas las organizaciones del Frente Popular. Luego entonces, la representación del Estado y del Gobierno republicano en la capital fue la Junta de Defensa de Madrid.

Continuemos. “Las primeras “sacas” se examinaron en una de las periódicas reuniones de la Junta de Defensa de Madrid. Ninguno de sus componentes pudo alegar desconocimiento sobre lo ocurrido. Dado que la presidía el general Miaja, sería difícil de exonerarle de responsabilidad. También a los demás componentes. Uno de ellos, el Consejero de Orden Público, Santiago Carrillo”. ¿Qué significa “se examinaron en una de las periódicas reuniones”? ¿Alguien leyó un informe, o una noticia en un periódico, o comentaron un chisme que les había contado la portera del edificio? Decir eso es decir, nuevamente, nada. ¿Qué examinaron? ¿La propuesta de Fernández Checa? ¿la de Santiago Carrillo? ¿la del general Miaja? ¿Cuál era el contenido de aquella o aquellas propuestas? ¿Cuál de ellas les pareció bien? ¿cuál aprobaron? ¿cuál rechazaron? o ¿se encogieron de hombros todos al unísono? Podemos entender que “se estudió la propuesta de Don Fulano de Tal, representante de tal organización para fusilar, trasladar, liberar, etc. a las personas detenidas en varias cárceles de la ciudad de Madrid…”. Después de estudiar la propuesta los miembros de la Junta se pronunciarían a favor o en contra y el Presidente de la misma ratificaría la decisión. O quizá al ser un órgano especial, la Junta no decidía por votación y las decisiones las tomaba el Presidente. Todo parece indicar que la Junta deliberó sobre ese asunto y sobre una o varias propuestas concretas y, finalmente, tomó una decisión. Por lo tanto, si eso fue así, la Junta fue la responsable de los fusilamientos, independientemente de quienes apretaran el gatillo.

Llama la atención el doble rasero con el que se escribe la historia. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y se llevó a cabo el Juicio de Nuremberg, se condenó a los jerarcas nazis por los crímenes cometidos. Sin embargo a muy pocos de los millones de soldados alemanes (y rumanos, e italianos, y húngaros, y checos, y eslovacos, y daneses, y holandeses, y suecos, y noruegos, y belgas, y franceses, y etc. etc. etc.) que se entretuvieron en la URSS en exterminar a la población civil soviética se les exigieron responsabilidades. Casi dieciocho millones de civiles fueron exterminados, que sumados a los 8,6 millones de soldados que murieron en combate y en los campos de concentración alemanes, nos da la escalofriante cifra de veintiséis millones de personas muertas (Krivosheev, Andronijov, Burikov, & Gurkin, 2010). Y nadie habla de holocausto soviético.

Aquellos soldados se limitaron a obedecer órdenes. Claro, que pusieron bastante empeño en el cumplimiento de aquellas órdenes para llevar a cabo tal exterminio de población civil. Más tarde se les perdonó todo y con el tiempo se convirtieron, paradojas de la historia, en demócratas víctimas de la ocupación soviética. Hasta tal extremo, que el ínclito John Fitzgerald Kennedy, paradigma de la democracia occidental, se subió a una tribuna frente al muro de Berlín para decir aquello de que “todos los hombres libres, donde quiera que vivan, son ciudadanos de Berlín. Y por lo tanto, como hombre libre, estoy orgulloso de decir: yo también soy berlinés”. En aquellos tiempos (1963), en Berlín vivían precisamente aquellos soldados, hombres libres, que habían llevado a cabo las matanzas de civiles en la Unión Soviética. ¿Quizá para llevar la libertad a los eslavos infrahumanos?

Es de suponer que Kennedy, cuando dijo que también era berlinés, conocía y asumía (¿aprobaba?) aquella faceta exterminadora de sus admirados berlineses, y no obstante se preocupó por la “libertad” de ellos. Sin embargo, en el caso que ahora analizamos, se hace todo lo contrario. Se exonera a los responsables políticos y militares que tomaron la decisión de los fusilamientos (por ejemplo García Oliver, Santiago Carrillo o el general Miaja), y se hace responsable a los supuestos “militantes comunistas y anarco-sindicalistas quienes se encargaron de los aspectos operativos”.

Las “sacas” se realizaron durante todo el mes de noviembre y algunos días de diciembre. Fue un acto continuado en el tiempo y un secreto a voces del que tenía perfecto conocimiento tanto el Gobierno de la República en su nueva sede de Valencia, como la Junta de Defensa de Madrid. De pronto, un buen día: “Las “sacas” se paralizaron por intervención del anarquista Melchor Rodríguez. Volvieron a reanudarse después de que éste quedara desautorizado por el ministro de Justicia, el expistolero García Oliver”. ¿Dónde está aquí el sentido común? Resulta que toda una Junta de Defensa de Madrid, que tiene bajo su mando a un gran dispositivo militar y policial, no puede hacer nada para impedir los fusilamientos, y de pronto un señor anarquista que se llama Melchor Rodríguez y que es Director de Prisiones sin confirmar en el cargo, paraliza las sacas de la noche a la mañana. ¿Cómo es posible que lo que no pudo hacer la Junta de Defensa de Madrid lo hiciera Melchor Rodríguez desde su cargo de Director de Prisiones? ¿Qué fuerzas tenía a su cargo? ¿Qué mecanismos de poder tenía para implantar su autoridad?

Pero continuamos en el asombro. El 14 de noviembre el ministro de Justicia, “el expistolero García Oliver” se presenta en Madrid con el Director de Prisiones titular, Juan Antonio Carnicero Giménez, y desautoriza a la única persona que había intervenido para detener aquella barbaridad. Y Melchor Rodríguez, un hombre al parecer responsable y consecuente, dimite. Y las “sacas” y los fusilamientos vuelven a empezar y continúan hasta el día 4 de diciembre, fecha en la que cesan definitivamente tras ser nombrado nuevamente Director de Prisiones el anarquista Melchor Rodríguez.

Pues bien, a pesar de todo lo anterior, nuestros historiadores insisten. Los responsables de Paracuellos fueron, por este orden: los soviéticos del NKVD, Fernández Checa y los comunistas españoles. No en vano la operación de Paracuellos “respondía al modus operandi comunista. El secretario de Organización era … el enlace con los servicios de inteligencia soviéticos”. Además, “Fernández Checa era también el responsable de una sección consustancial a toda organización de corte leninista: el aparato secreto o ilegal, compuesto de “cuadros especiales” que se activaban según el contexto en que se desenvolviera el partido. … Algunos se formaban in situ; otros, como Santiago Álvarez Santiago … se instruyeron en la sección especial político-militar de la Escuela Leninista en Moscú o en su seminario político”. Este párrafo parece extraído de un grotesco guión de cine… Vaya obsesión con el modus operandi comunista, con el secretario de organización, con los soviéticos, con la escuela leninista, con los cuadros especiales que se activaban… ¿Con alguna palabra mágica? ¿Con algún código numérico? etc.

Evidentemente, la actuación comunista y la “mano de Moscú” lo explica todo: el comportamiento del Gobierno de la República, el comportamiento de la Junta de Defensa de Madrid y el comportamiento concreto del Ministro de Justicia que destituye al único alto cargo de su ministerio que había conseguido, al parecer con muy poco esfuerzo, detener los fusilamientos. Si señores, un aplauso. Así se escribe la historia.

 

7.- Responsabilidades.

No tratan estas páginas de ser un pliego de descargo de los comunistas. Pero sí tratan de llamar la atención sobre el empeño de muchos autores en hacer de los comunistas los únicos responsables de cualquier tragedia o suceso negativo. El Gobierno de la República en Valencia sabía de los hechos y no sólo no hizo nada por impedirlos, sino que cuando un alto cargo del Estado, el Director de Prisiones, paralizó los fusilamientos, envió a su Ministro de Justicia para llamar al orden a tan descuidado cargo.

El Gobierno no utilizó, hasta el 4 de diciembre, los grandes recursos que tenía para impedir los fusilamientos. En cuanto a la Junta de Defensa de Madrid, desde el primer día debatió las “sacas” en sus reuniones. Y no sólo no hizo nada por impedirlo, sino que todo indica que fue ese órgano de poder del Estado el que dio la orden y el que delegó en varios de sus miembros para la ejecución de la operación. Es evidente que los comunistas, como parte del Gobierno de la República y de la Junta de Defensa de Madrid comparten la responsabilidad política de aquellos acontecimientos con las demás organizaciones políticas y sindicales (PSOE, JSU, CNT, Casa del Pueblo (UGT), Izquierda Republicana, Unión Republicana, Juventudes Libertarias, Partido Sindicalista) representadas en la Junta y en el Gobierno. Lo mismo ocurre con las personas, entre ellas Santiago Carrillo, que representaban a las organizaciones y partidos en el Gobierno y en la Junta de Defensa de Madrid.

No parece muy ético seguir intentando cerrar en falso las cuestiones históricas  pendientes culpando, de nuevo, a los comunistas de todos los males. Semejantes intentos acaban convirtiéndose en burda propaganda anticomunista y antisoviética (cualquiera diría que todavía piensan que la URSS sigue existiendo). Y desde luego no es correcto culpar en exclusiva (o al 99%, según el método porcentual con que los chinos han valorado la época de Mao) a la “mano de Moscú” y a los comunistas españoles y sus supuestos métodos estalinistas. Sin embargo, personas como Gibson no tiritan a la hora de hacer afirmaciones temerarias: “Para Gibson, Carrillo “sabía perfectamente cómo habían sido” los hechos en Paracuellos, pero “los que mandaban eran los asesores rusos, que tenían métodos estalinistas, terribles y espantosos” (Público.es, edición de 16-10-2012).

No se si se dan cuenta quienes recurren a estos argumentos, pero ya aburren con la misma cantinela durante tantos años. Los que se llaman historiadores, ¿no tienen un poquito de curiosidad para ir más allá de la repetición de las mismas tonterías durante tanto tiempo? La rica historia del periodo soviético la reducen a cuatro estereotipos que no se cansan de repetir una y otra vez. ¿De verdad piensan que todo era tan burdo como ustedes se empeñan en presentar? Podrían cambiar de tercio y dedicarse a investigar la historia del periodo soviético. Les aseguro que es apasionante.

Sólo un consejo. Si alguna vez se deciden, guarden la bibliografía anglosajona en un baúl, ciérrenlo con llave, tiren la llave al río. Vénganse a Rusia, aprendan ruso, hártense de leer la bibliografía rusa, trabajen en los archivos rusos, hablen con la gente, y luego, cuando recuperen los libros que guardaron en el baúl, verán lo ridículos que les parecerán la mayoría de ellos. No tengan miedo, no piensen que encontrarán entre los ciudadanos de Rusia una actitud unánime de defensa del pasado soviético. Todo lo contrario, son muchos los que condenan el pasado soviético, pero al menos conocerán el debate desde dentro, con la presencia de todas las opiniones y versiones.

Hay otra cuestión importante. Después de tantos años de finalizada la guerra civil española de 1936-1939, después de tantos años transcurridos desde la muerte del dictador Franco y del inicio de la llamada “transición democrática”. Después de tantos años de la desaparición de la URSS, no se entiende el silencio del Partido Comunista de España. Se puede entender que durante los años de la transición el PCE no tuviera tiempo de dedicarse a una reflexión interna sobre su propia historia. Pero después de la tranquilidad impuesta por su casi desaparición de la vida política de España, después de haber entregado a Izquierda Unida el protagonismo de la lucha política diaria, ¿por qué hasta el día de hoy el PCE no ha iniciado un proceso de reflexión sobre su historia y ha dejado que sean otros los que la han escrito y siguen escribiéndola? Resulta patética tanta dejadez y abandono. No tiene perdón tanto derroche de tiempo histórico y de biografías desaprovechadas.

Urge esa reflexión. Es necesario que clarifiquen y escriban su historia. Que reconozcan sus responsabilidades, allá donde las tuvieran. Sobre todo en los asuntos oscuros como en Paracuellos del Jarama. El silencio por respuesta ya hace tiempo que nos les ayuda en nada. Aunque hay cosas peores que el silencio.

 


Moscú – Cieza, invierno 2012/2013

Publicado por primera vez en la revista El Viejo Topo, número 300 de enero de 2013

33 tesis sobre el proyecto soviético

 Antonio Fernández Ortiz

Historiador

 

  1. En sus mil años de historia, Rusia se ha configurado como una entidad histórica particular. Una entidad que se caracteriza principalmente por su naturaleza campesina, multiétnica, multinacional, multirreligiosa y multicultural. Ya en el siglo XIX, algunos autores (Danilevskii) trataron de definir a Rusia como Civilización. En los años 20 del pasado siglo, como consecuencia de la crisis cultural provocada por la Revolución, surgió un importante movimiento filosófico-político-cultural que definió a Rusia con el concepto de Eurasia.
  2. La singularidad del proceso histórico ruso viene condicionada:
    • Por la ubicación geográfica de Rusia entre dos mundos culturalmente diferentes: Asia y Europa.
    • Por la independencia del mismo con respecto a los procesos históricos de Europa occidental y Asia, lo que ha dado lugar a la formación de una entidad histórica con sus específicos elementos constituyentes (cultura, economía, explotación de recursos, acomodación de la población al territorio y al clima, establecimiento de las formas sociales de explotación de los recursos naturales y de la agricultura, etc.).
    • Por la presencia de importantes componentes del mundo oriental asiático.
    • Por el continuado enfrentamiento con la cultura occidental europea.
    • Por la presencia, a pesar del enfrentamiento, de importantes elementos de la propia cultura europea occidental.
  3. Rusia sufre desde el siglo XVIII una crisis de modernización, es decir, está inmersa en un proceso que presupone la llegada a un punto final, un estado de Modernidad. El proceso de modernización ruso ha estado acompañando de un proceso de eclosión y elaboración cultural que ha dado lugar a la formación y consolidación de la conciencia nacional rusa. Elementos fundamentales que han contribuido a la consolidación de dicha conciencia nacional han sido la literatura rusa y soviética de los siglos XIX y XX, la filosofía rusa de la solidaridad en sus diferentes elaboraciones, la historia, la ciencia y la técnica rusa y soviética.
  4. El principal conflicto dentro de esta crisis de modernidad radica en la existencia de diferentes modelos de modernización y diferentes modelos de «objetivo final», es decir de Modernidad. Hay un proyecto de modernidad con claras influencias exógenas que presupone la imitación del modelo de modernización europeo occidental y la renuncia a las particularidades nacionales rusas. Hay otro proyecto de modernización que presupone la continuidad de la trayectoria histórica rusa, es decir un modelo de modernización, en lo fundamental endógeno y nacional que se apoya en el desarrollo de los recursos nacionales (sean estos espirituales, económicos, culturales, etc.).
  5. La intensa presión del capitalismo occidental a finales del siglo XIX y principios del XX y los intentos realizados por imitar el modelo de modernización occidental (exógeno) e incorporar a Rusia al ámbito de influencia del capitalismo europeo occidental llevaron al mundo campesino ruso al borde de su desaparición. Esta tensión produjo una situación revolucionaria que eclosionó en la Revolución de 1905-1907. Dicha revolución fue una guerra de nuevo tipo con la participación activa de campesinos y trabajadores. Los trabajadores actuaban como parte de dos mundos y adelantaban lo que posteriormente sería la característica fundamental del sistema soviético. Por un lado actuaban como obreros portadores de los atributos de esta clase social, pero por otra parte actuaban como campesinos. Su reciente «proletarización» les permitía ser todavía portadores de las concepciones del mundo del campesinado y comportarse y actuar como campesinos. Puede hablarse de una dualidad en su conciencia de clase. Por estas y otras características la revolución de 1905-1907 puede ser considerada como el ensayo y la «universidad» de la Revolución de Octubre.
  6. La Revolución de Febrero de 1917 (liberal) fue un intento de imponer de forma definitiva el modelo de modernización occidental (exógeno), y por ello un intento de cambiar la trayectoria histórica de Rusia, sacarla de su «corredor» histórico. El aspecto fundamental de aquel intento fueron las resistencias que generó en el mundo campesino ruso.
  7. La respuesta de la cultura rusa a las presiones del modelo modernizador representado por la Revolución de Febrero fueron la Revolución de Octubre (socialista) y el bolchevismo. La Revolución de Octubre no fue una revolución desde arriba, sino un proceso natural, popular, en parte espontáneo. Una respuesta desde abajo a la crisis en la que se encontraba Rusia en aquellos momentos. La Revolución de Octubre no fue una revolución obrera en un país capitalista que permitió el paso del capitalismo al socialismo. Fue una revolución de campesinos y obreros en un país no capitalista donde se daban determinados elementos de un capitalismo periférico incipiente, entre ellos una clase obrera minoritaria con comportamientos y valores de origen campesino. Fue una revolución donde el principal agente revolucionario era el propio campesinado. Mientras que el marxismo clásico partía de la idea de que, bajo la presión disgregadora del capitalismo, el campesinado debía desaparecer y dar lugar a la burguesía rural y al proletariado, la realidad rusa mostró que el campesinado ruso, pese a los elementos disgregadores del capitalismo presentes en Rusia, había conseguido digerir los intentos de los distintos gobiernos de destruir el mundo campesino por decreto y transformar a los campesinos en granjeros acomodados y en obreros. Los intentos de reforma, entre ellas las de Stolipin, chocaron siempre con la encarnizada resistencia de los campesinos, que se negaron a la destrucción de sus estructuras tradicionales de vida articuladas alrededor de la comunidad campesina, de la propiedad y gestión de la tierra de forma colectiva y de las concepciones del mundo que de ellas se desprendían. De aquel conflicto, en sus aspectos fundamentales, la comunidad campesina salió reforzada y con ella el campesinado como «clase en sí».

 

  1. El protagonismo del campesinado en la Revolución condicionó toda la evolución posterior del proyecto soviético. El bolchevismo, a pesar de su componente marxista, europeo, fue la expresión, la manifestación, la alternativa de la cultura rusa al modelo occidentalista (exógeno) de modernización. La formula de Lenin para definir el socialismo (socialismo = poder soviético + electrificación de todo el país) era en definitiva la definición del modelo de modernización del bolchevismo: por un lado la electrificación como expresión de la industrialización, y esta última incorporada al bolchevismo por el industrialismo presente en el marxismo; por otro lado, el Poder soviético, los soviets, como expresión de las formas de organización de autogobierno de la cultura campesina rusa. El Estado soviético fue un Estado de nuevo tipo que incorporó las formas tradicionales de organización campesina del poder. Los soviets (consejos), considerados habitualmente en la bibliografía sobre la historia de la URSS como la manifestación por excelencia de la autogestión obrera y del poder obrero, son en realidad la manifestación de las formas campesinas de organización del poder. Los soviets no fueron un fenómeno de la cultura del proletariado urbano ni fueron «inventados» por el proletariado ruso; son un fenómeno específico de la cultura campesina tradicional de Rusia que, con diferentes nombres (mir, obshina, obschestvo, sjod, sjodka, etc.), están presentes en la cultura de organización social y del poder del campesinado ruso. Esta cultura de lo comunal y colectivo había dado lugar en Rusia al desarrollo del que quizá fue en su momento el movimiento cooperativo (en su sentido moderno) más importante del mundo. En 1913 había en Rusia más de 30.000 cooperativas y sus miembros superaban los diez millones de personas. Fueron los soldados rusos, en su 99% campesinos, y los obreros todavía con comportamientos campesinos, los que recurrieron, en el ambiente hostil de las grandes ciudades como San Peterburgo y Moscú, y en los frentes y acuartelamientos militares, a los soviets como formas de organización y gestión de un poder que, con la disolución del Estado zarista en febrero de 1917, había quedado sin una representación y concreción efectiva del mismo. La participación de los obreros industriales rusos en los soviets urbanos tenía más que ver con la pervivencia de las formas de entender y aprehender el mundo en su componente campesino que con la expresión de su relativamente nueva cultura proletaria.

 

  1. El objetivo principal de la Revolución de Octubre y del proyecto soviético puede ser resumido con la siguiente frase: «alcanzar al capitalismo para huir de él» (Lenin y Max Weber expresaron esta idea desde posiciones filosóficas diferentes). A finales del siglo XIX y principios del XX estaba claro que la introducción en Rusia de los elementos del capitalismo occidental estaba convirtiendo a ésta en una zona periférica del capitalismo, complementaria y dependiente de la economía occidental. El desarrollo de esta tendencia llevaba implícita la destrucción de la sociedad rusa en la forma como ésta había existido hasta los inicios del siglo XX y la destrucción de la trayectoria histórica de Rusia. Contra esa destrucción se resistía el elemento mejor consolidado de la sociedad rusa: el campesinado. De forma esquemática podemos decir que los dos grandes proyectos de modernización de Rusia existentes a principios del siglo XX no pudieron responder al reto histórico planteado. La opción liberal, representada en su forma ideal por el partido Kadete, llevaba directamente a la transformación de Rusia en una economía periférica, semicolonial, dependiente del capitalismo occidental. La opción nacional, con un alto componente de socialismo, solidaridad tradicional campesina y mantenimiento de estructuras económicas y políticas propias de la tradición cultural rusa, el Populismo, no pudo conducir a la sociedad rusa por el camino por ellos planteado, incluso a pesar de los desesperados intentos de presión a través del terrorismo. La Revolución debía permitir a Rusia salir del círculo vicioso en el que se encontraba: por un lado, alcanzar al capitalismo, es decir, permitir la transformación de Rusia en una sociedad industrial; por otro lado, huir del capitalismo, es decir, evitar la transformación de Rusia en una economía periférica dependiente y subordinada al capitalismo occidental. Y de esta manera, evitar la destrucción de las estructuras fundamentales de la sociedad rusa, evitar que ésta abandonara su propia trayectoria histórica y evitar el proceso de depauperación de las clases trabajadoras, sobre todo del campesinado, tal y como había ocurrido en Europa occidental.

 

  1. El resultado de la Revolución de Octubre fue un modelo de sociedad industrial diferente al del capitalismo y no una consecuencia del capitalismo (un estadio histórico superior). La sociedad rusa, ya en su forma soviética, dio un salto cualitativo, y de sociedad agraria no capitalista y tampoco precapitalista, se convirtió en una nueva forma de sociedad industrial que no pasó por el capitalismo: el comunismo soviético. Esta sociedad industrial no es sólo consecuencia del industrialismo marxista sino que hunde sus raíces en la historia rusa y en la búsqueda de un camino propio de modernización e industrialización en el que, como ya hemos dicho anteriormente, se encuentra inmersa la cultura rusa desde el siglo XVIII.

 

  1. El bolchevismo fue una manifestación cultural específica, una cultura nueva de la modernización, de la Modernidad. Su rasgo principal fue la permanencia en su seno de elementos y culturas dispares, que en principio, y sobre la base de experiencias históricas anteriores, parecían contradictorias. En el bolchevismo se produjo la convivencia de multitud de elementos y componentes de la cultura campesina tradicional rusa junto con los nuevos elementos y componentes de la industrialización, la filosofía, la ciencia y la técnica contemporánea de vanguardia, es decir, la convivencia de dos conceptos que hasta entonces, sobre la base de la experiencia histórica europea occidental, habían sido considerados irreconciliables: tradición y modernidad. La característica fundamental del proyecto soviético es la síntesis que, de la sociedad tradicional campesina rusa y del industrialismo, se produce en su seno. Muchos de los componentes del sistema soviético continuaron en el marco de la trayectoria cultural rusa e impidieron que el proyecto soviético en su conjunto abandonara la trayectoria cultural y civilizatoria de Rusia. Sin embargo, el conjunto adquirió una nueva forma, una nueva cualidad que le hacía diferente al sistema social precedente. En su nueva forma, el modelo industrial del sistema soviético evitó que Rusia quedara convertida en una sociedad agraria patriarcal residual, periferia semicolonial del capitalismo occidental. En su nueva condición la Unión Soviética pudo crear y desarrollar un sistema industrial moderno y una ciencia y técnica de vanguardia que le permitió convertirse en una alternativa al capitalismo occidental y en un modelo a imitar por los países dominados por el capitalismo que posteriormente pasaron a denominarse, en la nomenclatura occidental, como los países del Tercer Mundo.

 

  1. Un rasgo importante y fundamental del bolchevismo fue su componente popular. En realidad, el bolchevismo fue la eclosión del mundo popular ruso, principalmente campesino. El escritor ruso Prishvin, que vivió los años previos a la Revolución y todo el periodo revolucionario en su propiedad en el campo, trabajándola con sus propias manos (y por ello respetado por los campesinos), fue testigo de la vida y de la agitación revolucionaria en el campo ruso. Él apuntó un aspecto importante: que la revolución se había producido porque el campesino ruso se había levantado en busca de la verdad. Sólo que el campesino se había levantado ya en un estado embrutecido, al que había sido conducido por las presiones realizadas sobre el mundo campesino. De hecho, en palabras de Prishvin: «el gorila se levantó a la búsqueda de la verdad». Ese componente popular se manifestó con toda su belleza y toda su brutalidad. El pueblo, idealizado tantas veces, se manifestó en ocasiones con brutalidad y de forma grosera. Aquel comportamiento y los anhelos populares de solidaridad e igualdad no fueron entendidos por importantes sectores de la intelligentsia rusa y soviética y estuvo en la base del rechazo de los intelectuales occidentales al proyecto soviético. Un ejemplo temprano de aquel rechazo de la intelligentsia soviética que puede servir de modelo para la comprensión de aquel conflicto, que en definitiva estuvo en la base de la crisis ideológica del proyecto soviético, lo tenemos en la condena que realizó Bujarin a los poetas y escritores que consiguieron expresar aquel componente campesino y «asiático» de la Revolución y del bolchevismo. La condena realizada por Bujarin fue una de las claves del conflicto que, en su vertiente política, se manifestó como el enfrentamiento entre los proyectos de socialismo de Bujarin y Stalin. Aquel enfrentamiento fue en realidad la expresión de un conflicto más profundo: el choque de dos culturas, de dos concepciones del mundo diferentes.

 

  1. El modelo antropológico tradicional ruso y soviético es la expresión de las formas de vida y de las concepciones del mundo del campesinado ruso y ha sido elaborado, en lo fundamental, por el pensamiento filosófico religioso ruso. Este modelo antropológico es la expresión de la ideología dominante, hegemónica, del campesinado ruso y de las clases populares rusas. Aquí el concepto ideología se aplica no en la acepción marxista de falsa conciencia, sino en la acepción gramsciana de «concepción del mundo de las masas» que permite a los hombres tener una visión determinada del mundo y una praxis determinada. Podemos decir que, a pesar del declarado ateísmo oficial del Estado soviético, su modelo antropológico es mayoritariamente religioso en la medida que la religión es el componente fundamental de la cultura popular y es la expresión de la ideología dominante de las clases populares, a la vez que el componente que da forma a dicha ideología. Prishvin definió al bolchevique como la «unión del camarada y del creyente ortodoxo ruso» (el camarada como la expresión de lo terrenal y material y el creyente como expresión de la sacralidad y la religiosidad). La ideología dominante del proyecto soviético incorpora importantes componentes religiosos en la medida que éste no destruyó la idea de la solidaridad campesina y religiosa (orgánica) y que no destruyó lo que Guardini denominó el «órgano religioso natural del hombre», sino que permitió su transmisión desde la sociedad tradicional campesina rusa a la nueva sociedad industrial (tradicional) soviética. La ausencia de los elementos disgregadores de la sociedad liberal en Rusia y la URSS permitió no sólo la conservación de este modelo antropológico, sino que permitió, además, el desarrollo del mismo en las nuevas condiciones de la sociedad industrial soviética. Al contrario que en Europa Occidental, en la URSS «Dios no murió».

 

  1. Este modelo antropológico tradicional ruso fue asumido, y posteriormente desarrollado, por el bolchevismo y por el proyecto soviético. Es absurdo pensar y pretender que los campesinos que apoyaron la Revolución de Octubre, el Poder soviético y el bolchevismo conocían las obras de Marx o Engels. Sus ideas de la solidaridad tenían otros orígenes: las tradiciones solidarias de la cultura rusa. Ellos identificaron en su imaginario personal y colectivo que aquellas representaciones y concepciones de la solidaridad que ellos tenían eran las mismas de las que hablaban los líderes y cuadros de la revolución. La incorporación del campesinado a la revolución, su acceso a través de las estructuras del partido, del komsomol y de los sindicatos al nivel de los cuadros medios y superiores de dirección, impregnaron el proyecto soviético de aquel modelo solidario campesino, produciéndose un sincretismo particular entre aquellas representaciones y concepciones de la solidaridad tradicional y la solidaridad de naturaleza racionalista aportada por el marxismo que estos cuadros comenzaron a conocer posteriormente en las escuelas de formación de cuadros y más tarde a través del sistema educativo soviético.

 

  1. Precisamente el sistema educativo soviético y los ámbitos científicos y tecnológicos que, en teoría, debieron contribuir a la difusión del pensamiento racionalista europeo entre el pensamiento bolchevique y desalojar de este último las representaciones y concepciones de la solidaridad de la tradición cultural rusa, contribuyeron en realidad a otro proceso diferente: a la afirmación de ambas tradiciones culturales en el seno del bolchevismo. Este proceso se había producido con anterioridad en la ciencia rusa, la cual había asumido las categorías de pensamiento de la Revolución científica europea sin desprenderse de sus categorías tradicionales de pensamiento. Esta particularidad le la ciencia rusa no sólo fue heredada por la ciencia soviética, sino que además tuvo en esta última un particular desarrollo. Un ejemplo destacado lo tenemos en la influencia del cosmismo ruso en la configuración de los soportes éticos de la ciencia soviética y en como influyó de forma determinante en todas las esferas del conocimiento en la URSS.

 

  1. El bolchevismo llevaba implícito un componente mesiánico y milenarista. Con ellos, el bolchevismo incluía el mito del eterno retorno y superaba la linealidad del tiempo newtoniano. A través de estos componentes el comunismo se veía como la vuelta a una Arcadia feliz al paraíso de la hermandad de los seres humanos. La Revolución de Octubre se convirtió en un hecho moral en la medida que en el imaginario popular se convirtió en el medio para el establecimiento del «paraíso de la justicia». Estuvo vinculada a la moralidad del medio en el que se produjo; es más, asumió como suya la moral dominante, llamémosla hegemónica, del contexto social en el que se produjo, es decir, la moral popular tradicional rusa. Los paradigmas morales tradicionales se convirtieron en los paradigmas morales del bolchevismo.

 

  1. A pesar de todos estos componentes, la Revolución de Octubre y el proyecto soviético fue un proceso «racional». El propio campesinado se expresaba en gran medida en una categoría racional. La filosofía y la ciencia rusas habían conseguido elaborar y expresar de una forma racional los elementos y componentes míticos de las concepciones del mundo del campesinado ruso y de la cultura rusa en general. El marxismo jugó también un papel fundamental en este proceso de racionalización. Fue parte inseparable de la cultura rusa con anterioridad a la Revolución de Octubre desde que en 1872 se publicó por primera vez el Tomo I de El Capital en ruso. Desde aquel momento el marxismo se convirtió en el principal instrumento teórico de la intelligentsia rusa, dominando prácticamente la conciencia social en Rusia. Casi todos los economistas rusos eran marxistas, aunque muchos de ellos odiaban o renegaban del marxismo. En su momento fueron marxistas importantes líderes del partido Kadete como P.B. Struve o Izgoev, economistas como M.I. Tugan-Baranovskii, filósofos religiosos como N. Berdiaev, S.N. Bulgakov o S. Frank. Todo el pensamiento que pretendía ser moderno tuvo que expresarse en el ámbito del marxismo, utilizando el lenguaje del marxismo. Quizá el ejemplo más brillante fue Lenin. No en vano, Plejanov, el BUND, los mencheviques, los socialdemócratas occidentales, etc., gritaban escandalizados que los planteamientos de Lenin, su estrategia, era contraria al marxismo, que sus ideas eran eslavofilismo y populismo enmascarados con el marxismo. Los obreros y los campesinos no hicieron caso a aquellas opiniones y se mantuvieron fieles a los bolcheviques.

 

  1. Precisamente, el componente marxista del bolchevismo jugó un papel determinante en la estructuración del pensamiento tradicional ruso, de sus concepciones mesiánicas y milenaristas, de las ideas populares de solidaridad y del pensamiento filosófico ruso religioso y laico. El marxismo permitió la reorganización de todo este pensamiento y la transformación de su naturaleza dispersa y fragmentada en un cuerpo teórico único. Se produjo un cambio cualitativo, abandonando todas estas facetas de pensamiento su estado semicaótico, se transformaron en un nuevo cuerpo teórico válido para ser utilizado como teoría de la práctica de la acción social, de la construcción de la nueva sociedad. Esta nueva cualidad de agente transformador de la sociedad, de agente constructor de la nueva sociedad y de agente capaz de dar respuestas a las nacesidades de modernización que Rusia estaba demandando desde bastante tiempo atrás, no había sido alcanzada antes por ninguna fuerza por separado: ni la filosofía rusa de la solidaridad, ni el liberalismo ruso, ni el marxismo ruso, ni el populismo revolucionario, ni la cultura solidaria tradicional. Sólo el bolchevismo se convirtió en aquella fuerza, y lo consiguió en virtud de su naturaleza sincrética, por la presencia en su seno de la diversidad cultural.

 

  1. La presencia de estos componentes en el seno del bolchevismo y por extensión en el seno del proyecto soviético, proporcionó a éste el impulso transformador y revolucionario inicial, impulso que se prolongó hasta los años 50 del siglo XX. Son los años del «socialismo movilizado», gran movimiento de masas que posibilitó la colectivización, la industrialización, la victoria en la Guerra Patriótica y la recuperación de postguerra.

 

  1. Como ya hemos dicho, el objetivo principal del proyecto soviético era «alcanzar al capitalismo para huir de él». Este objetivo se convirtió en una necesidad imperante en los años 30 del siglo XX y condicionó todo el periodo denominado del «socialismo movilizado» (otros autores denominan a este periodo estalinismo). De su consecución dependió la supervivencia del proyecto. En palabras de Stalin: «Nuestro atraso con respecto a los países capitalistas es de 50 e incluso 100 años. Si queremos sobrevivir tenemos que superar esta diferencia en una década». La inminencia de una guerra que se presuponía de exterminio condicionó el sentido histórico del proyecto soviético en los años previos a la misma. A mayor industrialización mayor posibilidad de victoria y menos pérdidas en vidas humanas. Todos los esfuerzos fueron dirigidos a industrializar la URSS, a su modernización en todos los aspectos. Todas las facetas de la vida se convirtieron en «frentes»: el frente agrícola, el frente minero, el frente industrial, el frente científico, el frente cultural, etc. El triunfo en cada uno de estos frentes suponía la contribución a la victoria del frente general: la modernización del país. La modernización del país suponía a su vez la victoria, con el menor costo posible de vidas, en la guerra que se avecinaba y, por consiguiente, la continuidad del proyecto y la supervivencia de la propia Rusia/Unión Soviética.

 

  1. En aquel contexto, era imprescindible la unidad de todos en torno al proyecto. Los que no estaban de acuerdo con el proyecto se convertían en un riesgo para la supervivencia del sistema en su conjunto. Al principio fueron apartados del poder, pero cuando la inminencia de la guerra era próxima, fueron eliminados físicamente. Para ser eliminado, no sólo era necesario ser disidente activo, bastaba con ser disidente pasivo, con mostrar desconfianza hacia el proyecto común. Se presuponía que en caso de grave conflicto, y una guerra de exterminio lo era, los disidentes pasivos acabarían por transformarse en disidentes activos. Su actividad provocaría grietas en el sistema y podría provocar la caída del mismo. Era por tanto necesario, en la lógica del sistema, liberarse de aquellos elementos antes de que fuesen peligrosos al proyecto. Una parte importante de las represiones políticas de la época del socialismo movilizado tienen su explicación en este contexto.

 

  1. La Guerra Patriótica de 1941-1945 supuso el examen del sistema soviético. Fueron puestos a prueba sus diferentes elementos constitutivos: el Estado, la economía planificada, la estructura social, su estructura nacional (étnica), la escuela, el sistema científico y tecnológico, etc. El examen fue superado por todos sus componentes en particular y por el sistema en su conjunto.

 

  1. El periodo de reconstrucción de postguerra fue la fase final del «socialismo movilizado», y en lo fundamental, el fin del totalitarismo. Ya desde la segunda mitad de los años 40 se trató de encontrar un camino de salida del socialismo movilizado.

 

  1. Tras la muerte de Stalin se pusieron en práctica varios intentos de salir del socialismo movilizado: la desestalinización; Kruschov y el «deshielo»; la reforma de 1965; la época de Brdzhnev y la nueva brigada intelectual; las reformas de Kosigin; Andropov; la generación de Gorbachov, el eurocomunismo y la perestroika. En todos estos intentos quedó constancia de las dificultades teóricas y prácticas de la «desmovilización» del socialismo y dieron lugar a una acentuación de les contradicciones y conflictos y a una crisis de crecimiento económico en relación con los ritmos habituales de crecimiento de la economía soviética, dando lugar a crisis intersectoriales, envejecimiento de los bienes de equipo y crisis de existencias de productos de consumo. Se cumplieron las trevisiones de Stalin sobre la «acentuación de la lucha de clases» conforme se avanza en la construcción del socialismo.

 

  1. A partir de los años 60 del siglo XX se acentuaron los conflictos «psicológicos» de las masas. La sociedad soviética se urbanizó a partir de los años 30 a un ritmo desconocido en la historia. El 70% de los centros urbanos del la URSS fueron creados a partir del inicio de la industrialización. Muchas fábricas tenían en la URSS el carácter de «creadoras de ciudad». Es decir, tomada la decisión de construir una fábrica, se construía al mismo tiempo una ciudad. Fábrica y ciudad se convertían en un todo orgánico inseparable que funcionaba y vivía con el mismo ritmo y pulso. Uno de los grandes problemas del presente postsoviético viene determinado por la imposibilidad de separar la ciudad de la fábrica tal y como pretenden imponer las reformas liberales y la privatización de la industria nacional soviética. La urbanización de la población y de la vida soviética produjo profundas contradicciones en las concepciones del mundo del hombre soviético. El cambio generacional consumó la fractura entre las concepciones del mundo campesinas dentro de la población urbana. Estas concepciones, con sus representaciones de una solidaridad orgánica, cuasi religiosa, fueron suplantadas en el ámbito de una sociedad urbanizada por nuevas formas de construir y percibir psicológica y sociológicamente la realidad social. Fueron creados nuevos modelos urbanos y la población necesitó del consumo de estos nuevos modelos. Los soportes ideológicos de la sociedad soviética ideocrática comenzaron a ser insuficientes en los nuevos ámbitos urbanos una vez desaparecidas las generaciones todavía portadoras del componente tradicional campesino ruso. De hecho se produjo una profunda fractura cultural e ideológica entre la ciudad y el campo. El campo ruso, la aldea rusa, continuó siendo soviético, mientras que las grandes ciudades comenzaron a distanciarse de aquel modelo cultural primordial y comenzaron a elaborar sus nuevos patrones culturales, al tiempo que también comenzaron a asumir los modelos y patrones culturales del mundo occidental. En su faceta ideológica, las grandes ciudades soviéticas sufrieron un proceso de occidentalización que se manifestó de forma abierta durante la perestroika y la Reforma de Yeltsin. De hecho, los soportes de la perestroika y la Reforma proceden de las grandes ciudades soviéticas. En el caso de Rusia, un papel fundamental lo jugaron las ciudades de Moscú, San Peterburgo y Ekaterimburgo.

 

  1. En este contexto de crisis «psicológica» de la población urbana de la URSS, comenzaron a fraguarse las premisas de la perestroika. Se produjo la disolución de los componentes ideocráticos de la sociedad soviética y el inicio del proceso de disolución ideológico del proyecto soviético. El hecho más significativo de aquel proceso fue la renuncia de la intelligentsia soviética al proyecto soviético (el ejemplo más destacado lo tenemos en la llamada generación de los 60). Se puso de manifiesto la incapacidad del sistema soviético de dar una respuecta coherente a su crisis de identidad. Esto vino determinado en gran medida por el desconocimiento de la naturaleza del sistema por los propios soviéticos. Se había producido un desdoblamiento intelectual del discurso oficial soviético que continuaba expresándose en un lenguaje marxista, pero que era incapaz de realizar un análisis adecuado de su propia praxis desdoblamiento entre el discurso formal oficial y la realidad. No en vano Andropov manifestó: «no conocemos la sociedad en la que vivimos». Aquel desconocimiento se transformó en una crisis total del sistema sólo unos años más tarde.

 

  1. Otro fenómeno que acentuó la crisis ideológica de la sociedad soviética fue la aparición y paulatina consolidación de un estamento privilegiado. Aquí el concepto estamento ha sido utilizado de forma consciente. Una parte importante de la bibliografía sobre la URSS habla de la nomenclatura y su entorno como de una clase social. La aplicación de este concepto no es adecuada. El proceso es más complejo y dio lugar a la aparición de un estamento privilegiado que disfrutaba concretamente de «privilegios», fenómeno muy diferente al de clase social. Su incidencia sobre el proyecto soviético fue ideológica y no económica. Los privilegios de los que disfrutaba la nomenclatura y su entorno no suponía ni el control de medios de producción, ni de capitales, ni mucho menos la propiedad de ellos. Asimismo, los privilegios no supusieron en ningún momento un lastre para el sistema soviético. Su incidencia económica fue insignificante en el marco de la economía soviética. El conflicto que generó este estamento fue ideológico, en la medida que la población soviética percibió esta situación de privilegio, y lo que es más importante, percibió que esa elite asumía comportamientos cada vez menos solidarios, menos soviéticos. Esta percepción de la naturaleza no-soviética de ese estamento acentuó la fractura social y la crisis ideológica del sistema. Este fenómeno se encuentra en los orígenes del propio sistema soviético y fue percibido por el propio Lenin. Tanto Lenin como Stalin dedicaron grandes esfuerzos a combatirlo, aunque no pudieron establecer una definición precisa del fenómeno, y quizá por eso no pudo ser atajado (otra parte de las represiones de los cuadros de dirección del Partido y del Estado soviético tiene su explicación en la persecución de esta «maldita casta», como la calificaba Stalin).

 

  1. En los años previos a la perestroika se produjo la ruptura entre los distintos niveles de percepción y expresión del sistema. Se produjo la ruptura de las percepciones y expresiones de la conciencia colectiva popular del proyecto soviético. Esta ruptura dio lugar a la debilitación y desaparición del mito colectivista de la construcción del Paraíso de la Hermandad, del Reino de Dios un la Tierra». La quiebra del mito colectivista de la construcción del «Reino de Dios en la Tierra» llevó pareja la quiebra de la «Idea rusa», y con ella la quiebra de la idea de nación. Es importante tener aquí en cuenta que la filosofía rusa ha pretendido establecer y fijar desde el siglo XIX los aspectos fundamentales de la conciencia nacional rusa. Esta conciencia nacional rusa recibió en las reflexiones de diferentes filósofos el nombre convencional de «Ruskaia Idea» («Idea rusa») y en ella trabajaron filósofos de todas las corrientes, desde eslavófilos y occidentalistas, pasando por los filósofos cosmistas rusos o los pensadores euroasiatistas. La conciencia nacional rusa, la «Idea rusa», no se refiere a la construcción de una «nación» al estilo europeo occidental, sino a la construcción de un ente solidario, el «Reino de Dios en la Tierra», ente que, en la conciencia colectiva popular, se materializó en el Estado soviético. La quiebra del sistema soviético ha supuesto por tanto la quiebra de la conciencia nacional rusa, de la «Idea Rusa». Se produjo también la ruptura del discurso formal oficial marxista y pseudomarxista con la realidad. Este discurso fue incapaz de explicar la propia realidad, la propia «praxis» del comunismo realmente existente, y fue incapaz de racionalizar las percepciones míticas del proyecto soviético en la conciencia colectiva.

 

  1. La perestroika fue una revolución realizada en la superestructura del sistema soviético. Esta revolución pretendía la incorporación de la URSS/Rusia al ámbito de la civilización occidental (una de las principales metáforas de la perestroika fue la de «la vuelta al seno de la Civilización Universal» y la de «construcción de la Casa Común europea»). La intelligentsia soviética renunció a la trayectoria histórica de Rusia/URSS y pretendió «incorporarse» a la supuesta Civilización Universal imponiendo en la URSS un modelo de socialismo occidental, una mezcla de eurocomunismo y socialdemocracia, asumido por una parte de la intelligentsia soviética a través de la ideología de los partidos eurocomunistas y de la disidencia polaca y checoslovaca. Pronto este primer objetivo fue desbordado y los paradigmas ideológicos «socialistas» de la perestroika fueron suplantados por los paradigmas de la sociedad liberal occidental. Esta revolución pretendía el abandono del modelo nacional de modernización y el modelo nacional final de Modernidad representado por el proyecto soviético y la asunción de un modelo diferente, el representado por el del capitalismo occidental europeo.

 

  1. En sus aspectos tecnológicos, la revolución de la perestroika fue realizada según la teoría de Antonio Gramsci: la agresión molecular al núcleo cultural de la sociedad soviética. Esta agresión molecular supuso la destrucción de los soportes ideológicos del proyecto soviético y su sustitución por la ideología liberal. Especialmente sensible a esta acción fue la intelectualidad soviética, que incluso pretendió dar a todo este proceso una justificación científica. La historia soviética fue deslegitimizada y con ella perdieron su legitimidad todos los institutos de la sociedad soviética, incluido el Estado. En la URSS de la perestroika fue llevado a cabo un proyecto sin precedentes de ingeniería social que implicó la manipulación de la conciencia social a una escala hasta entonces impensable. Los medios y métodos de esta acción de ingeniería social fueron varios y diversos: televisión, prensa, radio, cine, teatro, literatura, destrucción de símbolos, mitos y modelos primordiales a través de los cuales la conciencia social percibe, construye y asume la realidad social. La URSS/Rusia se convirtió en una sociedad del espectáculo: provocaciones políticas de todo tipo, alteración de los equilibrios interétnicos, creación de anti-mitos sobre el proyecto soviético que contribuyeron a distorsionar la percepción del pasado y ayudaron a la difusión y asunción de los nuevos mitos sobre el modelo social que se pretendía imitar o incorporar: el modelo liberal europeo.

 

  1. La crisis de identidad del proyecto soviético no llevaba implícitamente a su destrucción. No era ésta una consecuencia inevitable, tal y como se ha pretendido presentar. El sistema soviético no era un sistema agotado en sí mismo. La confluencia del factor externo con la crisis interna es lo que condujo definitivamente a la derrota de sistema soviético. Y aquí el concepto “derrota” no ha sido utilizado de forma casual. Realmente se trata de la derrota en una guerra de nuevo tipo que tuvo su comienzo inmediatamente después de la finalización de la II Guerra Mundial. Nos referimos a la Guerra Fría. La derrota de la URSS era deseada por sus enemigos occidentales, quienes contribuyeron desesperadamente a ello por todos los medios posibles desde 1945. El alza agresiva del neoliberalismo de los años 80 del siglo XX y su coincidencia con la crisis interna de identidad del sistema soviético dieron como resultado la derrota del mismo.

 

  1. Una de las explicaciones más habituales de la caída de la URSS está relacionada con los supuestos defectos de la economía planificada y su incapacidad para competir con efectividad con la economía de mercado del capitalismo. Esta idea fue una de las principales metáforas de la perestroika y una de las principales ideas asumidas como axioma por la intelligentsia soviética para la justificación de su alejamielto y condena del proyecto soviético. Hay evidentes razones para hablar de problemas en la economía soviética, pero de estos problemas no se desprende la inevitabilidad de la destrucción del sistema soviético. Quienes hablan de la incapacidad económica del sistema soviético, o no entienden el alcance de la crisis del proyecto soviético, o tienen la intención de desinformar. El crecimiento económico anual de la URSS en los años previos a la pgrestroika no descendió del 3% anual, cuando Europa occidental en aquellos mismos años todavía se encontraba en una profunda crisis económica que en algunos países se manifestaba en un crecimiento económico negativo, o, en el mejor de los casos se mantenía en 0%. La crisis del sistema soviético no fue una crisis económica, fue una crisis sistémica que se manifestó con más agudeza en su superestructura. Dadas las características orgánicas del sistema soviético, no podía ser de otra forma. Las respuestas a aquella crisis debían afectar por tanto a todo el sistema. No era posible contener el proceso aplicando soluciones parciales. Estas no ayudaban, e incluso empeoraban la situación, aunque fuesen aplicadas con la mejor de las voluntades.

 

  1. Con la renuncia al proyecto soviético, consciente o inconscientemente, se estaba renunciando a la trayectoria histórica rusa. El desconocimiento de la naturaleza del proyecto soviético contribuyó a esta situación. No en vano, ya en los años 90, el filósofo ruso Alexander Zinoviev dijo que «apuntamos al comunismo pero acertamos en Rusia». El proyecto soviético y Rusia formaban un todo único imposible de separar. Las Reformas del periodo postsoviético vienen a significar la acentuación de ese camino de renuncia a la trayectoria histórica y cultural rusa y la asunción de un modelo de modernización foráneo: el capitalismo occidental. En este contexto, mientras se mantenga esta renuncia, la crisis de la sociedad rusa postsoviética no hará más que agudizarse. Los posibles escenarios de evolución son varios y diferentes. El abanico de posibilidades incluye cono escenario posible la desaparición de Rusia como entidad estatal y la definitiva desestabilización de la región, con la aparición de nuevas entidades políticas con sus correspondientes repartos de poder y zonas de influencia. Otro escenario posible pasa por el estallido de un conflicto generalizado al que difícilmente se podrá clasificar dentro de los modelos de agitaciones sociales conocidos. Un conflicto sin una definición ideológica de referencia conocida en el que se mezclarán la lucha por la tierra, los enfrentamientos interétnicos, religiosos, etc. Hay otros escenarios, en apariencia menos violentos pero no por ello menos trágicos, que parecen más factibles. El languidecimiento paulatino de Rusia, la muerte de una parte considerable de su población con un fuerte regreso demográfico que ya se está haciendo notar, la creación de una reducida clase urbana de nuevos ricos y la existencia de una amplia base social empobrecida y embrutecida (por cierto que hasta ahora, y a pesar de más de diez años de crisis generalizada, no se ha producido el embrutecimiento de la población, lo que demuestra el nivel alcanzado por las instituciones soviéticas que, como la escuela, se encargaban del proceso de socialización de la persona). Este parece ser el escenario que más interesa al mundo occidental en la medida que supondría un control aceptable sobre las tensiones que el proceso actual está generando. Pero el escenario más deseable no es siempre el escenario definitivo, sobre todo teniendo en cuenta que los modelos de respuesta de la cultura rusa a las situaciones de crisis difieren sustancialmente de los modelos occidentales y que además las situaciones de crisis social en Rusia son comprendidas con bastante dificultad por el mundo europeo occidental.

Moscú/2001

(Artículo publicado por primera vez en el año 2002, en la revista El Viejo Topo, número doble 160-161)